miércoles, 8 de mayo de 2013

La moda euroescéptica británica

Antonio Rondón (PL)

El avance del Partido Independiente del Reino Unido (UKIP), en los recientes comicios municipales británicos, parece poner de moda el euroescepticismo y crear muchas grietas en la confianza en los partidos tradicionales.

Unos dos mil 300 puestos de concejales estaban en juego en las elecciones en 27 municipios y siete autoridades unificadas en Inglatera y Gales el 2 de mayo de este año, pero apenas poco más de 140 pasaron al control del UKIP.

Sin embargo, la proporción de candidatos favorece al partido que predica la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) y una política estricta contra la migración, pues aunque triplicaron su oferta respecto a 2009, apenas llegaron a mil 745 en esta ocasión.

El gobernante Partido Conservador (CP) se presentó con dos mil 263 aspirantes, el opositor Partido Laborista (LP) con dos mil 168 y los liberal-demócratas (LDP), el socio minoritario en el Gobierno, con mil 763.

Sin embargo, el UKIP, con casi un millón de votos a su favor, de manera general contó con el 23 por ciento de los votos, a solo dos puntos de los conservadores, quienes a su vez quedaron por debajo de los 29 puntos acumulados por el LP.

Los conservadores perdieron casi 300 plazas de concejales y 10 de las 28 alcaldías que controlaban y aunque el UKIP apenas sumó una decena, se considera el mayor avance de una cuarta fuerza política desde la II Guerra Mundial, indica el semanario The Economist.

Tal avance es lógico que se convirtiera en motivo de preocupación para los conservadores, pues se considera que las elecciones municipales son un muestreo de lo que pudiera ocurrir en los comicios generales de 2015.

Especialistas citados por The Economist reconocieron las potencialidades que posee el UKIP, dirigido por Nigel Farage, de registrar una presentación honorable en los comicios para el Parlamento

Europeo del próximo año.

Sin embargo, la publicación pone en duda de que los seguidores de Farage puedan llegar con los mismos resultados a la Cámara de los Comunes, en el edificio de Westminster.

Más allá de la figura de Farage, que hizo campaña con estridentes promesas de limitar la inmigración, tanto ilegal como legalizada, los miembros del UKIP tienen posiciones muy contrastantes y entre ellos existen personas de visiones ultraderechistas.

Pero por ahora, el partido de los euroescépticos se posiciona como la mayor fuerza contestaria del Reino Unido, por encima de otras como el Partido de los Verdes o el ultrancionalista Nacional Británico, considera The Economist.

Ello es una corriente que parece tomar fuerza en la situación de crisis económica en la región, en la cual los partidos tradicionales pueden ceder posiciones históricas a otros nuevos, como sucedió con el Movimiento 5 Estrellas en Italia, en febrero pasado.

En la historia política del Reino Unido se recuerdan casos similares, como el del Partido Socialdemócrata Británico, surgido en la década de 1980 de la escisión del ala de izquierda del LP. Su tiempo en el Olimpo político nacional fue efímero.

La pérdida de gran parte de su propio electorado, que pasó a las filas del UKIP, también podría obligar al CP a regresar a posiciones más de derecha, después que debió asumir posiciones cercanas al laborismo para retener adeptos en los dos últimos años.

Sin embargo, la política de ajuste, con severas medidas para reducir los gastos públicos, introducir una privatización solapada del Sistema Nacional de Salud, reducciones en la educación y aumento de los impuestos, parecen haberle pasado factura al CP en las urnas.

Medios de prensa británicos como The Guardian estiman que el voto favorable al UKIP parece mostrar que, en parte, los electores británicos son dados a responsabilizar a las instituciones de la UE y a la inmigración ilegal de muchos de los males sociales de la nación.

De hecho, el diario Daily Telegraph afirma que los conservadores, como promete ahora el primer ministro David Cameron, buscarán nuevas vías para recuperar los votos perdidos, antes de llegar a los comicios generales.

La ministra británica del Interior, Theresa May, declaró a la cadena de radio y televisión BBC que su partido se dispone a recuperar el terreno perdido y en ese sentido propuso hacer más creíble la promesa de realizar un referendo sobre la salida de la UE.

May opina que la mejor vía para el avance en los sondeos de los conservadores consiste en llevar la idea del plebiscito en forma de legislación al Parlamento para que no exista duda alguna de su materialización.

En efecto, Farage afirma que los partidos tradicionales (CP, LP y LDP) prometieron en su momento la realización de consultas populares, pero ninguno las llevó a cabo desde que en 1975 los conservadores efectuaron una para el ingreso a la Comunidad Económica Europea.

Más bien, todo está relacionado con el interés de los conservadores de recuperar el apoyo de los euroescépticos, acaparado por ahora por el UKIP, pues los laboristas siempre predicaron a favor de la opción europea.

Nada tampoco parece estar definido para la contienda en las urnas de 2015, pues el propio Ed Milliband, máximo dirigente del LP, reconoce que aunque ganaron casi 300 concejales en las municipales, el resultado fue un tanto más modesto de lo esperado.

The Guardian considera que a los seguidores de Milliband le fue imposible absorber todo el voto posible de castigo al Gobierno.

La oposición laborista tenía el propósito de asegurar una cómoda mayoría en las elecciones locales, comenta Telegraph, con vista a asegurar una mejor base electoral para las generales.

Además, Milliband buscaba un resultado más apegado a las encuestas de intenciones de voto de 2015, en las que el LP cuenta con 38 puntos, el CP con 34, el UKIP con 13 y el LDP con nueve.

Por cierto, los liberal-demócratas fueron los más castigados con una humillante derrota en el condado de South Shields, donde quedaron en séptimo lugar y perdieron 100 curules.

Algunos analistas citados por la televisión británica estiman que los liberal-demócratas están lejos de ser una opción como aliado para las elecciones de 2015, por lo que ya empiezan a aparecer diferencias, como las reconoce el propio dirigente del LDP, Tim Farron.

Los resultados de los comicios municipales parecen haber avivado la polémica política nacional y puesto públicamente en aprietos a los conservadores con su drástica y crítica política de ajustes.

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