jueves, 23 de mayo de 2013

La Política de lo Anónimo

Damián Solanas (INFOSUR)

El reciente Decreto 566 del Poder Ejecutivo Nacional, que establece la creación del ente Belgrano Cargas y Logística Sociedad Anónima, resulta ser un mal comienzo en la idea de reactivación del transporte de cargas del Ferrocarril Gral. Belgrano.

Si bien el Estado Nacional es el que finaliza el contrato de la última gerenciadora -manejada por Macri & Co desde 2006- y, por otro lado, también es el que promueve la creación del nuevo ente, los controles de la explotación del mismo seguirán siendo poco transparentes y sujetos a una futura privatización. Es decir, se trata de una nueva Sociedad Anónima sujeta a la Ley de Entidades Comerciales cuyo único control (pobre) será el que provea la oscura Inspección General de Justicia. Cabe preguntarle al Gobierno Nacional ¿a qué intereses responde crear una nueva sociedad anónima?

Por otro lado, el nuevo ente estará conformado y financiado por tres estamentos diferentes: La ADIF, la SOFSE y la Administración General de Puertos. En este punto, resulta paradójico que algo que se concibe literalmente como “estratégico” esté conformado por tres organismos independientes, ya que resulta lógico que la celeridad y el avance y alcance de los objetivos que se planteen estarán minados por visiones e intereses múltiples, a mucha distancia de lo que se considera “eficiente” en la misma normativa.

No obstante es bueno que se le haya quitado la concesión a SOESA, la visión estratégica que tiene el Gobierno Nacional del uso del Ferrocarril Belgrano es funcional-ex profeso- a los intereses chinos puestos en el país y en la región. Todos ellos son, fundamentalmente, de carácter netamente extractivista de materias primas – visión neocolonial-, muy lejos de la impronta de desarrollo que se le quiere hacer creer a la ciudadanía.

Flaco favor se le hace a los trabajadores de los Talleres de Tafí Viejo –a los que el Decreto 566 incluye dentro de la nómina del nuevo Ferrocarril Belgrano- si la apuesta hacia los capitales chinos incluye la importación llave en mano de vagones y locomotoras sin ninguna transferencia tecnológica, como bien lo viene anunciando el Ministro del Interior y Transporte.

Por último, resulta claro y contundente que esta medida no viene a sanear el abandono gubernamental de más de veinte años de los pueblos del interior donde albergan pequeños y medianos productores agropecuarios, ni mucho menos, a levantar de sus cenizas a la industria ferroviaria argentina. La creación de esta nueva sociedad anónima y la actual dirección de la política ferroviaria constituyen una respuesta solapada a la necesidad de profundizar el modelo de concentración rural sojero a cambio de la compra de trabajo calificado chino. Sin dudas, una estrategia profundamente antinacional.

Damián Solanas es economista.

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