martes, 4 de junio de 2013

Represión en Suecia: El placebo capitalista

CORREPI

Llega la noticia desde un sitio inesperado para muchos. La policía mató a un viejo inmigrante con problemas psíquicos, lo fusiló en su propia casa ubicada en las afueras de Estocolmo, Suecia. Los pobres del lugar se expresaron con la lucha callejera: quema de autos, enfrentamientos con los asesinos uniformados, toma de lugares públicos. La pueblada se generalizó, y a los primeros inmigrantes se fueron sumando los otros pobres del lugar. La policía, al grito de "monos, ratas" generalizó la represión con el aval de los gobernantes.

Pero el conflicto, lejos de ser un episodio aislado, puso en evidencia la real situación de la economía capitalista sueca: la que registra el mayor crecimiento de la desigualdad en las economías desarrolladas, con el abandono estatal, el racismo y una desocupación juvenil que ronda el 20%.

Si había una economía en la que los negadores de la lucha de clases solían correr por izquierda a quienes la postulamos, esa era la sueca. "Sin corrupción, con presencia asistencial del estado, ordenada y sin protestas", Suecia era algo así como el ejemplo de un "capitalismo humanizado" o "socialismo moderado", ese engendro muy preciado por el capitalismo a secas, útil para desbaratar todo clamor revolucionario en el resto del mundo.

"Estado de bienestar con propiedad privada y todo" solían regodearse los socialdemócratas que gobernaron al país de 1982 a 1991 y de 1994 a 2006. La mundialización del capital no era ajena y entonces, los gobiernos y el aparato estatal adaptaron sus mecanismos y compromisos a las necesidades de aquél. El resultado está a la vista: abandono y desocupación, racismo y represión.

Los interesados directos en que cunda la enfermedad capitalista suelen recurrir al efecto placebo, ese resultado aparentemente positivo obtenido con medicación falsa y en absoluto desconocimiento del paciente. Pero los pobres de Suecia ya saben, y se niegan a seguir con la ingesta. Por eso la policía dispara balas y más balas en las calles oscuras y neblinosas de las barriadas de Estocolmo.

Los pobres de Suecia, frente a la policía, bajo ese cielo permanentemente cubierto de nubes que, sin embargo, no puede ocultar al sol que siempre está. Como la lucha de clases, que aunque no se vea, siempre está.

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