miércoles, 24 de julio de 2013

Carraca o portaaviones

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Con cartas marcadas y deseos de “hacer la puñeta”, las manipulaciones a las que se presta el ejecutivo panameño pueden convertir al “Chong Chon Gang”, una vetusta carraca norcoreana, en un sofisticado portaaviones cargado con Mig 21 fuera de servicio, mezclados con sacos de azúcar mal estibados, en una amenaza para la neutralidad del canal de Panamá.

De buena fe, con prontitud y exactitud, Cuba explicó la procedencia del equipo militar y las razones por las cuales se encontraba a bordo. La Habana no usó argumentos de más ni realizó descargos a su favor, sino que aportó la información demandada. No especuló acerca de los motivos de las autoridades y del propio presidente de Panamá para obrar como lo hicieron, ni asumió responsabilidades que conciernen a la tripulación y a los armadores, aunque tampoco rehuyó las suyas.

Dado que la nave nunca entró en el canal de Panamá (fue abordada a 50 kilómetros), no hubo necesidad de que los gerentes de la vía acuática intervinieran, ni de que el status de neutralidad fuera invocado. Tampoco fueron encontradas las drogas que, según las fuentes panameñas, motivaron el registro. El gobierno istmeño pudo asumir como buena la explicación cubana, tratar el asunto a nivel de Estado y seguir un curso más expedito y razonable, cosa que hasta hoy no han hecho.

Ningún país en América Latina ni en todo occidente tiene necesidades militares tan apremiantes ni dificultades mayores para solventarlas que Cuba, que a la escasez de dinero y créditos para fines militares, une la ausencia de proveedores solidarios, por lo cual, para mantener sus capacidades defensivas, realiza enormes esfuerzos con vistas a tener de alta y en disposición combativa el armamento que hace décadas le suministró la Unión Soviética.

Con ese fin los ingenieros y técnicos de la Isla se esfuerzan por devolver a envejecidos tanques de guerra, helicópteros, aviones y piezas de artillera sus cualidades combativas originales. Acudir a un suministrador que cuenta con refacciones o capacidad para fabricarlas, ofrece buenos precios y facilidades, no es vergonzoso ni ilegítimo, excepto, claro está, como es el caso que ese país tenga prohibido el trasiego que es lo único que pudiera alegarse en el caso Chong Chon Gang. Ninguna resolución de la ONU prohíbe a las fábricas coreanas de armamento reparar armas convencionales de algún cliente.

Es probable que por parte de Cuba se trate de una desafortunada elección del medio y la forma de hacer llegar algunas de sus vetustas armas a Corea del Norte para que fueran reacondicionadas allí. De haberlo hecho en un buque cubano o de otra nacionalidad cuya tripulación cumpliera las formalidades usuales en el despacho de buques, las autoridades de la República de Panamá o del Canal, no hubieran tenido nada que alegar al respecto.

Desde mi punto de vista, peor que la cuestión del alijo de vetustas armas, ya explicado, preocupa más la alegada sospecha de que el buque podía transportar drogas. No hace mucho, Cuba aplicó sanciones definitivas a personas que incurrieron en tales delitos. Es probable que con sus poderosos medios de espionaje los norteamericanos hayan detectado la subida a bordo del material militar y armado, el resto de la historia.

Aunque carezco de mandato para hablar en nombre de otros, tengo la certeza de que Cuba ofrecerá las explicaciones que legítimamente se le demanden, como ya ha hecho, y asumirá las responsabilidades que correspondan, sin permitir que una anécdota, que comparada con los volúmenes del comercio mundial -legal e ilegal- de armas es trivial, manche su reputación o desacredite su política al respecto. Allá nos vemos.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.