jueves, 25 de julio de 2013

Devolver los medios de producción, el caso de Marruecos

Ricardo Gayol (especial para ARGENPRESS.info)
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"Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida". (Proverbio chino).

Este pensamiento de la sabiduría popular china, que resulta tan recurrente en nuestro mundo occidental dominante, se convierte en una falacia cuando se pretende hablar de la cooperación al desarrollo y la solidaridad, especialmente cuando con ello se intenta justificar la falta de compromiso social y de voluntad política de los gobiernos de los países dominantes en la lucha contra la pobreza y sus causas estructurales.

Obviamente, no se trata de "regalar el pescado" pero tampoco se trata únicamente de "enseñar a pescar", como si los pueblos o países más desfavorecidos lo fueran porque son tontos.

En palabras de Jean Ziegler, “La solución al hambre no es dar más, sino robar menos”.

De lo que se trata en definitiva es de devolver a esos pueblos los medios para que ellos mismos puedan pescar su propio pescado. Es decir, devolver la propiedad sobre los MEDIOS DE PRODUCCIÓN y promover su desarrollo tecnológico, para romper definitivamente con la dependencia de los pueblos, y garantizar así su soberanía e independencia política y económica, además de alimentaria y energética.

Pero llevemos esta cuestión a un caso concreto, porque conviene tenerlo muy en cuenta para analizar el acuerdo pesquero UE-Marruecos estos días, que beneficiará notablemente a los países europeos, y especialmente a España y la flota pesquera andaluza, tan necesitada de empleo.

¿Acaso no existe otra fuente de empleo y otra forma de desarrollo que no suponga en la práctica limitar el acceso de otros pueblos a sus propios recursos?

Al rey de Marruecos, Mohamed VI, no le cuesta nada ceder una parte significativa de los recursos naturales de su país que podrían alimentar a su población (y evitar así que muchos de sus ciudadanos tengan que salir del país en busca de su pescado a tierras lejanas y desconocidas, arriesgando sus vidas en pateras), a cambio de 40 millones de euros al año, que obviamente jamás llegarán a esa población, con una monarquía que vulnera grave y reiteradamente los derechos más elementales de su pueblo.

Mohamed VI, gran amigo del rey Borbón de España, que lo visitó hace pocos días encabezando un grupo de empresarios interesados en saquear y expoliar un poco más su país, ocupa el honorable séptimo puesto de la lista Forbes de monarcas multimillonarios, con una fortuna de 2.500 millones de dólares, por delante del emir de Qatar, o el de Kuwait.

Es más que probable que la mayoría de esos 40 millones de euros anuales que recibirá Marruecos a cambio de ceder la explotación de sus aguas para la pesca europea (fundamentalmente española), sirva para financiar la monarquía, cuyo presupuesto es 60 veces superior al del Elíseo (la presidencia de Francia).

Según recientes investigaciones de los periodistas franceses Cathérine Graciet y Éric Laurent, el rey de Marruecos es el primer banquero de su país, propietario de empresas aseguradoras, de exportación y de agricultura, así como del sector agroalimentario, la distribución comercial y la energía.

Y es en este contexto donde considero que debemos preguntarnos si es justo, si es legítimo o es lícito que nuestro desarrollo, nuestro crecimiento económico, el empleo de nuestros trabajadores de la mar, y el abastecimiento de nuestros mercados alimentarios (para el consumo descontrolado de especies marinas) se aprovechen de la “depredación autárquica” (como definen en su libro “Le roi prédateur” Cathérine Graciet y Éric Laurent) del rey tirano, de la conveniencia oportunista del rey español y de la pobreza de la mayoría del pueblo marroquí, que por otro lado nos convierte en la práctica en cómplices del trato criminal y violador de los Derechos Humanos del reino de Marruecos con el pueblo de la República Árabe Saharaui Democrática.

La poderosa industria pesquera europea, necesita desplazar sus barcos cada vez más lejos para satisfacer sus necesidades de mercado (interior y exterior), dado que sus caladeros están cada vez más agotados. Y actualmente mantiene acuerdos pesqueros similares a los de Marruecos en casi toda la costa occidental de África, con países muy vulnerable que tienen serios problemas de seguridad alimentaria, como Mauritania, Cabo Verde, Senegal, Guinea Bissau, Guinea, Costa de Marfil, Gabón, Gambia, Guinea Ecuatorial, Kenia, Tanzania y Angola.

Parece que no aprendemos de las lecciones que nos está dando esta crisis financiera. En lugar de resolver las causas que la originan y el consiguiente empobrecimiento masivo de nuestras poblaciones; en lugar de replantearnos nuestro actual modelo de desarrollo (a todas luces insostenible, depredador y generador de tanta injusticia social), nos empeñamos en profundizar más el sistema y con ello perpetuar la crisis, la pobreza y la dependencia.

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