miércoles, 24 de julio de 2013

La honestidad, o la paja en el ojo ajeno

Néstor Pérez (PRENSA RED)

El periodista Néstor Pérez analiza la relación entre corrupción y poder en clave de ironía. Fragmentos como el enunciado por Tato Bores: “Vos podes ir en cana por cualquier motivo, incluso podes ir en cana sin ningún motivo; ¡pero por corrupto, jamás! El que sí va en cana es el ladrón de gallinas, lo que no se sabe es si va en cana por chorro o por boludo”; son puestos sobre la mesa en plena campaña electoral.

“Ahora entramos en una etapa electoral y todos salen con los dientes nuevos y bien peinados prometiendo el oro, el moro y la máquina de hacer chorizos. Y sacan afiches ofreciendo, como gran mérito, la honestidad. Con lo cual no robar pasa a ser una especie de opcional. Vea: ningún coche hace propaganda diciendo que tiene ruedas o parabrisas. Eso es estándar. Te ponen lo distinto, lo novedoso. Y hoy parece ser que, si sos honesto, sos una especie de GTX Súper de Luxe de la política. Pero, ojo, no exageremos porque ser corrupto tampoco está del todo mal…porque ahora muchos corruptos son tapa de revista, modelos para imitar”.

Veinte años atrás, el genial hombre de la peluca como pícara distinción, y un coraje cívico inquebrantable, les decía a los argentinos, una y otra vez, que Robar no era digno de alguien que había nacido y que dejaría los huesos en esta bendita tierra. Que probablemente fuera fácil, al calor del poder de turno, pero que definitivamente no era digno.

Tato Bores se debe reír de nosotros, en donde quiera que haya ido luego de dejar tras de sí ese tremendo compromiso con el hecho político contemporáneo.

¿Qué diría él de todo esto que nos vuelve a pasar, como en un enloquecido Déja Vú?… Sigamos a Tato: “Le explico, usted después de transpirar la camiseta como funcionario ha logrado, con su modesto sueldo, adquirir una mansión que reíte de “Dinastía”. ¿Lo va a ocultar? ¿Se va a avergonzar? Eso era antes, cuando ser chorro significaba una sanción moral.

Ahora no, ahora ni bien se enteran, vienen de la revista “Tujes” a sacarle fotos a usted y a toda su familia sentados en la cama comprada gracias a sus afanes (afanes de afanar, claro). Y cuando la gente se ve en la foto, les dice a sus hijos: “Ves, nene, si querés triunfar en la vida, ni se te ocurra perder el tiempo en estudiar, ni tampoco seas tan salame de arruinarte el lomo laburando…¿entendés?”.

O sea que mi amigo Luis Barrionuevo, cuando decía que la guita no se hace laburando, la tenía reclara…era como un oráculo. Por otro lado, afanar no solo te cura la úlcera, te baja el colesterol, sino que además, es seguro. Vos podés ir en cana por cualquier motivo, incluso podés ir en cana sin ningún motivo; ¡pero por corrupto, jamás! El que sí va en cana es el ladrón de gallinas, lo que no se sabe es si va en cana por chorro o por boludo”.

Mejor lo dejamos en paz al actor cómico de la nación y retomamos el camino de la crítica a todo aquel que se beneficia de un negocio espurio, dentro y fuera del Estado, entendiendo que ese sigue siendo el imperativo de periodistas que se paran sobre sus propios pies, que se hacen cargo de su verdad, aquella que, al decir de Osvaldo Soriano, “subjetivada y todo consideran la única verdad posible” en esto de los negocios sucios.

Estén los chorros en la mesa chica municipal, en algún rincón oculto del Panal del río o tenga oficinas en Puerto Madero, la corrupción no se debe tolerar como un designio fatal.

Para no caer en la trampa de los que se amparan en proyectos colectivos para cerrar la boca y mirar al techo, rápido envuelvo a los empresarios en la disputa por la renta del retorno, los hombres de negocios sin otra ideología que la plusvalía; esos que mudan de ropaje conforme se modifiquen las firmas de los contratos que cierran tampoco pagan sus tropelías.

Hoy es Cristina, ayer fue José Manuel, mañana podría ser cualquiera que tenga los fondos necesarios. Total, después se ponen un Centro Cultural re piola, con onda, loco, y nadie se resistirá a sus encantos, mucho menos se ocuparán de escrutar en la repetición de negocios con la obra pública.

¿Hay ladrones “nuestros” y ladrones de “ellos”? ¿La pertenencia política habilita categorías semejantes?…”Somoza es un hijo de puta, pero es Nuestro hijo de puta” decía Franklin D. Roosvelt cuando la ferocidad del dictador nicaragüense hacía posibles los negocios sucios del nuevo contrato social estadounidense (New deal) ¿Eso vale? ¿Sirve? ¿A quién?…

Hay un tejido comunitario cuyas heridas tienen que ver con el olvido desdeñoso de las instituciones liberales, el negocio narco, la falta de expectativas, futuros esquivos, políticas públicas difamatorias y muchas veces fraudulentas en sus horizontes inclusivos: ahí están los antiguos dueños de la tierra, los morochos desclasados, los trabajadores debilitados día a día por la excesiva tributación, los tercerizados, y podríamos seguir enunciando lo que el discurso oficial calla.

Pero agreguemos una categoría que precisa de una sutura visible, un remedio ejemplar y continuador de la vieja costumbre de no avanzar sobre lo ajeno. Son los más chicos, esos pibes que se matan por nada. O por todo, no sé. Los que le disputan territorios a la oscuridad y, al mismo tiempo, centralizan la represión estatal.

La impunidad corrompe la pretendida horizontalidad de la democracia; la vuelve oblicua, desafía la física jurídica toda vez que vuelve elástica la norma, y por eso mismo, enteramente arbitraria e ineficaz. Pares entre dispares. Ciudadanos de primera, ciudadanos descartables.

Siempre se robó, no nos corran ahora con esa jactanciosa debilidad de los que creen que se construye un proyecto político sin afanarse algo en el camino, dirán los que antes se atragantaban son la sordidez de los negocios menemistas. Son hoy los mismos que no ceden un casillero en la carrera del crecimiento patrimonial.

En honor de los que se siguen embarrando en los suburbios de la militancia, sin apropiarse otra cosa que no sea la perspectiva política, es que deberíamos examinar los alcances estructurales de la corrupción. Porque son muchos los pibes que miran como el futuro se les escapa sin tener un lazo a mano, mientras los hombres duros del negocio político, estirando al extremo la ironía de Scalabrini Ortíz, * roban porque pueden pero además, para no pasar por otarios…

Notas:
*Raúl Scalabrini Ortiz: “Dos más dos pueden no ser cuatro…aquel que necesitado no roba un banco pudiendo hacerlo, es un otario”.

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