jueves, 25 de julio de 2013

La respuesta latinoamericana a la “contraofensiva” de Estados Unidos (Parte I)

Roy Daza (BARÓMETRO INTERNACIONAL, especial para ARGENPRESS.info)

Ahora estamos en el momento decisivo de una confrontación histórica.

La complejidad y la fluidez de los acontecimientos que tienen lugar en este momento en América Latina, derivan de la crisis del sistema capitalista y de la disputa entre dos grandes proyectos que se contraponen: la democratización radical y el neoliberalismo. La calle y las urnas electorales, los medios de comunicación, los espacios de la cultura y de las religiones, las universidades y los cuarteles, las oficinas y las fábricas, los centros comerciales, las organizaciones sociales, los parlamentos, los partidos, los gobiernos… son escenarios de una confrontación histórica.

La izquierda y la derecha se despliegan en zafarrancho de combate. En algunas naciones la derecha mantiene sus posiciones y la izquierda se dispersa, en otras, la izquierda avanza y la derecha retrocede. La democracia se fortalece en medio del fragor del combate a los golpes de Estado. La dominación imperialista es cuestionada a fondo.

Nunca antes la integración de Latinoamérica y el Caribe había alcanzado los niveles actuales, aunque estemos lejos aún de la unidad política que promovieron Francisco de Miranda, Simón Bolívar, José de San Martín, José Gervasio Artigas, Francisco Morazán, José Martí y el Che Guevara. La integración, tantas veces aplaudida y tantas veces aplazada, cuenta hoy con instancias institucionales de peso, como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, la Unión de Naciones Suramericanas, el Mercosur y la Alba, al lado de otra que opera en sentido opuesto, como es la Alianza del Pacífico.

La izquierda avanza y la derecha contra-ataca en medio de la tormenta que no cesa de la crisis global del capitalismo.

La crisis orgánica, múltiple y simultánea.

No es la primera vez en la historia del capitalismo que se registra una crisis de envergadura. Son muchos los análisis que se conocen sobre el crack de 1929 y las políticas económicas aplicadas en Estados Unidos y Europa, después de la Segunda Guerra Mundial, con la impronta ineludible de Keynes.

Si se trata de analizar un fenómeno complejo y multifactorial como la crisis, hay que acudir a la caracterización que de ésta hace el economista cubano, Oswaldo Martínez, cuando afirma que la misma es: “orgánica, múltiple y simultánea”. En la actualidad, como nunca antes, convergen tres crisis: la ecológica, la energética y la financiera. Cabe recordar que a la crisis del Pacífico de fines del siglo pasado, siguió la de la economía que gira alrededor de las nuevas tecnologías, luego la de las hipotecas, y en septiembre de 2008, el colapso de los bancos y de los centros financieros mundiales, para después desbordar las posibilidades de los Estados, que –ahora- enfrentan una deuda descomunal y déficits insostenibles-. El origen del crack está en la aplicación de una política que no se fundamenta en la producción y en el comercio real, sino en la especulación financiera más irresponsable de la que se tenga noticia. Resulta útil subrayar una y mil veces la explicación del profesor Joseph Stiglitz:

“Un mercado desregulado, inundado de liquidez y con unos tipos de interés bajos, una burbuja inmobiliaria mundial, y unos créditos de alto riesgo en vertiginoso aumento eran una combinación peligrosa. Añádase el déficit público y comercial de Estados Unidos, y la correspondiente acumulación en China de ingentes reservas en dólares –una economía global desequilibrada- y resultaba claro que las cosas estaban terriblemente torcidas. Lo que era distinto en esta crisis respecto a las numerosas que le habían precedido durante el último cuarto de siglo era que esta crisis llevaba la etiqueta “Made in USA”. (1)

¿Cómo se llegó a un punto tan complicado como éste? ¿Cuáles son los antecedentes de esta situación? ¿Pueden verse en el horizonte los límites históricos del capitalismo?

De manera sintética diremos que la reestructuración del capitalismo a escala universal, basada en el desarrollo explosivo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y que tuvo como objetivo salir del atolladero que significó la caída tendencial de la ganancia, en la década de los años 70 del siglo veinte, alcanzó su mayor vigor con la llamada “Revolución Conservadora”, que comandaron Ronald Reagan desde la Presidencia de Estados Unidos y Margaret Thatcher, como premier del Reino Unido, con la guía ideológica de las tesis neoliberales, convertidas en doctrina de las organizaciones financieras internacionales (FMI, OMC y BM) seguidas por casi todos los gobiernos de Europa y América Latina y, no sólo por los partidos de la derecha, sino por los partidos socialdemócratas que claudicaron en sus posiciones y se sumaron al festín neoliberal. Esta ofensiva estratégica del neoliberalismo se registra en el momento de un giro espectacular en la geopolítica contemporánea, como fue la desaparición de la Unión Soviética (1991) y del campo socialista europeo, el muy discutible cambio de orientación de la política de China, el retroceso que significó el período especial en Cuba y la derrota de la revolución sandinista.

Es verdad que una buena parte del mundo se alineó a los planteamientos neoliberales, es verdad que cambiaron las condiciones de la lucha política con el fin de la Guerra Fría y con la constitución de un mundo unipolar, en el cual Estados Unidos es la única potencia, pero no podemos dejar de lado un hecho históricamente constatable: la resistencia tenaz de los pueblos latinoamericanos al “paquete” neoliberal. En toda la izquierda se producen deslindes y realineamientos ideológicos. Algunos se suman a “ola” neoliberal, pero una buena parte de la izquierda resiste y da un salto que tendrá consecuencias en los años venideros: retoma para la izquierda la bandera de la democracia e identifica las tres grandes tareas de ese momento: el estudio de la realidad económica, cultural, social y político-ideológica, la formulación de un programa revolucionario, un nuevo tipo de vínculo con el movimiento popular y la unidad de las fuerzas antineoliberales.

Especial significación tuvo el “Encuentro Mundial sobre la Deuda Externa”, convocado por el comandante Fidel Castro, en La Habana, en 1985. Un evento de gran amplitud en el que se discutió un tema crucial para la vida de nuestros pueblos. Se producen avances electorales de la izquierda en México, Venezuela, Brasil y Uruguay. Explosiones sociales en República Dominicana y el “Caracazo” en 1989, que abre las puertas a un nuevo tiempo histórico. Otro hecho de importancia fue el nacimiento del “Foro de Sao Paulo” (1991) que reúne a todas las corrientes de la izquierda, levanta las banderas de la democracia, la lucha contra las desigualdades y la exclusión social. La historia del “Foro”, con sus altas y sus bajas, es la confirmación de que la izquierda sí es capaz de unirse, al contrario de lo que dicen quienes “claudicaron” frente al imperialismo.

La izquierda resistió la contraofensiva neoliberal, ahora, en nuevas condiciones le ha propinado duras derrotas a la derecha y al imperialismo en diversos escenarios. Antes de continuar, es necesario responder esta interrogante: ¿Cuáles son los fundamentos de las tesis neoliberales? Algunos de los postulados de la teoría neoliberal partían del criterio según el cual, lo más importante era el control de la inflación y del déficit, que para ello era necesario provocar algunos “cambios estructurales” en política económica, cuyo contenido se puede resumir en la desregulación del mercado laboral, el monetarismo por encima de la producción y el comercio real, la privatización de las empresas estatales y la apertura sin límites a los llamados “capitales golondrina”. “La mano invisible del mercado” y el “Estado mínimo” fueron los conceptos fundacionales de una teoría que condujo a la hecatombe del 15 de septiembre de 2008, cuando se derrumbó todo el andamiaje del sistema financiero internacional. A casi cinco años de ese hecho histórico la crisis continúa.

El neoliberalismo en América Latina agudizó los problemas sociales, derrumbó economías sólidas y no pocos sistemas políticos de la región se desbarataron. La ideología de la derecha ataca con furia, señala que la desaparición de la Unión Soviética y la adopción por parte de China del “socialismo de mercado”, representan la derrota del socialismo como alternativa al capitalismo. Y, además, los reaccionarios de siempre vuelven con un antiguo y lapidario argumento: la clase trabajadora ya no existe. Para los teóricos del neoliberalismo, los de viejo y los de nuevo cuño, afirmar que no existe clase trabajadora es muy importante. Se trata de eliminar del ideario político a la clase que puede unificar a todos los sectores populares y convertirse en el eje de un nuevo bloque histórico por el cambio. Insisten en decir que ya no hay clases ni lucha de clases, pero la realidad, la terca realidad, dice lo contrario.

Asimismo, la lucha entre la izquierda y la derecha es particularmente aguda en lo que se refiere al debate sobre el “Estado”, los neoliberales y no pocos postmodernistas repiten la cantaleta del “Estado mínimo”, pero cuando se trata de salvar a los bancos de la quiebra -como en la crisis actual- acuden corriendo al Estado, con lo que queda develada su inconsistencia teórica. Resulta de sumo interés analizar los aportes que sobre el tema exponen analistas ecuatorianos:
“El neoliberalismo alteró los términos de la relación entre Estado y sociedad, confiando al Estado no menos tareas o capacidad de intervención, sino una labor enteramente regulada por la rentabilidad mercantil privada: la desregulación del mercado laboral o financiero, la privatización de empresas públicas o la apertura de nuevos espacios sociales a la inversión privada no son ejemplos de reducción del tamaño del Estado, sino de redireccionamiento de su intervención. Es en ese sentido que el neoliberalismo supuso una salida ofensiva de la clase dominante a la caída de la tasa de ganancia a escala global, de modo que el Estado sirviese a una masiva redistribución regresiva de la riqueza”. (2)

El capital es una relación social y los Estados son la expresión política de esa relación social. En períodos de crisis profundas, como el actual, además de ser “aparatos de dominación”, los Estados pueden ser, a la vez, territorios en disputa. La “lucha de clases” colocada en su punto de mayor efervescencia. La unidad de acción que hoy exhiben los gobiernos democráticos de la izquierda en la región es un signo distintivo de estos tiempos de cambio. La refundación de las repúblicas, los procesos constituyentes y las reformas políticas son temas prioritarios en la agenda política de un número cada vez mayor de países del área.

En una entrevista concedida al semanario “Il Manifesto”, el Vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, argumenta: “Chávez abrió el camino para una nueva concepción del Estado, no sólo como aparato, trinchera, bastión distante del pueblo, a conquistar y destruir con las armas, como intentaron hacer los revolucionarios del siglo pasado, sino como poder constituyente, que la sociedad, desde abajo, construye y transforma, con base en nuevas relaciones sociales, una nueva hegemonía. Puso en evidencia una relación entre socialismo y democracia, concebida no sólo como mero ejercicio del voto, sino vinculada a la distribución de la riqueza, a la toma de decisiones respecto a los bienes comunes, al antimperialismo. Afirmó la importancia del amor en la construcción de un nuevo proyecto político y de la mujer en la lucha por la libertad de todas y todos”. (3)

¿Cómo construir una nueva concepción del Estado, la sociedad y la economía, en un momento decisivo de la confrontación histórica en América latina, en esta alborada del siglo XXI?

La disputa en las calles por el poder político

Acontecimientos recientes colocan la lucha en una nueva dimensión, la dolorosa pérdida del líder histórico de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, tiene un impacto difícil de analizar en este momento. El “chavismo” venció en los comicios presidenciales del 14 de abril de 2013, pero, resulta ineludible anotar un dato: el avance electoral de la derecha. El mundo se ha quedado atónito frente a las multitudinarias manifestaciones de protesta que se han registrado en Brasil, la presidenta Dilma Rousseff propone adelantar la reforma política que ya se estaba discutiendo o convocar a una Constituyente, en los próximos meses no sólo Mundial de Futbol habrá en el gigante del sur. Y la sorpresa no fue menor, ante al anuncio del Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, de solicitar ingreso de ese país a la OTAN. Independientemente de las aclaratorias posteriores, el hecho político es de significación y dibuja el complejo panorama que se está configurando en el Continente. La afrenta contra el Presidente Evo Morales no deja dudas de lo que es capaz el gobierno de Obama.

La línea de la derecha es la “combinación de todas las formas de lucha”, acude a las elecciones y se desboca en aventuras golpistas, no pocas veces, al mismo tiempo. Es así como lanzaron una ofensiva sin precedentes en la historia contra el gobierno del Comandante Chávez, entre 2001 y 2004, pero fueron derrotados y ello produjo condiciones excepcionales en Venezuela, para acelerar el proceso revolucionario y trazar el rumbo socialista, que ahora más que nunca se ratifica. Es así como la derecha acude a la ruta sediciosa en 2010 en Ecuador, buscando dar al traste con la Revolución Ciudadana que encabeza el Presidente Rafael Correa, y, dos años antes, en 2008, en Bolivia, los golpistas intentan ahogar a la Constituyente y derrocar al gobierno de Evo Morales y los movimientos sociales. Los zarpazos golpistas en Honduras y Paraguay se inscriben en la línea violenta de la derecha y del imperialismo.

La línea de la izquierda es conquistar amplias mayorías con complejas alianzas que han generado las condiciones para triunfos electorales en los últimos catorce años, en Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y El Salvador. Mientras Cuba actualiza su política económica. No son esos procesos iguales, las correlaciones de fuerzas internas difieren en mucho. No obstante, es posible afirmar que estos gobiernos en su conjunto han significado un giro político en América Latina y son la base para avanzar en transformaciones sociales y políticas de profundidad.

La derecha busca por todos los medios deslegitimar a los gobiernos democráticos, trazó una política alrededor del tema de la “seguridad ciudadana” que le ha dado resultado, donde la derecha es oposición, increpa a los gobiernos de violar derechos como el de la libertad de expresión, emplea a fondo la red mediática global, de manera planificada y ágil, para desplegar sus iniciativas políticas. Acompaña la política norteamericana de acusar a los gobiernos de la izquierda de “no cooperar” en la lucha contra el narcotráfico, de facilitar, “la trata de personas”, de “ayudar” a grupos terroristas, mientras reactivan la IV Flota y colocan bases militares en toda el área, además de respaldar la presencia militar británica en Las Malvinas.

La política de “guerra total” desarrollada durante los ocho años de gobierno de Álvaro Uribe Vélez en Colombia, contó siempre con la cooperación de Estados Unidos. No es posible dejar de señalar que el gobierno de Uribe invadió territorio ecuatoriano y que Uribe reconoció que “le faltó tiempo” para atacar militarmente a Venezuela. La izquierda, por su parte, despliega esfuerzos por superar la pobreza con éxitos de consideración, programas de alfabetización, atención directa a los sectores más desposeídos, combate a las desigualdades sociales, aplica políticas mediante las cuales se han alcanzado importantes cifras de crecimiento de las economías del área, cooperación entre las naciones frente al impacto negativo del crack del sistema financiero internacional, amplía los espacios de participación de los ciudadanos, promueve la democratización del sistema político, obviamente, con características particulares en cada uno de los países.

Es claro el compromiso de la izquierda con los procesos de integración, da pasos en la construcción de una nueva arquitectura económica internacional, en la defensa de la democracia, en la lucha por mantener a la región como una zona de paz y libre de armamento nuclear, en la lucha por los derechos humanos, promueve una nueva doctrina de defensa en el marco del Consejo de Defensa de Unasur y respalda el diálogo de paz que se desarrolla en La Habana entre el gobierno del Presidente Santos y la guerrilla de las FARC.
(Continúa en la próxima publicación)
Referencias bibliográficas:
1.- Stiglitz, Joseph. (2010): Caída libre. El libre mercado y su hundimiento en la economía mundial. Editorial Taurus.
2.- Bastidas Redin, Cristina e Iñigo Errejón Galván. (2011): En ¡A (re) distribuir! Ecuador para todos. Desigualdad y participación. Senplades. Quito. Alfredo Serrano. Coordinador. (P-119)
3.- García Linera, Álvaro. Este es el momento de la revolución latinoamericana, pero nadie puede avanzar solo. Entrevista a Geraldina Colotti, publicada en Il Manifesto. Roma. 2 de abril de 2013 y reproducida en Le Monde Diplomatique, (marzo-abril) de 2013.

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