jueves, 4 de julio de 2013

México: El afán modernizador

Gerardo Fernández Casanova (especial para ARGENPRESS.info)

Moderno, del latín: modernus, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, es lo reciente, que existe desde hace poco o que es acorde con el tiempo actual. Para el muy afamado Diccionario de la Lengua Entaco, el vocablo viene del anglo mother: madre, de donde moder-no significa ausencia de moder, a sea falta de madre; de ahí que hacer moderno o modernizar se pueda entender como desmadrar; ejemplo: Peña Nieto quiere modernizar a Pemex o sea que lo quiere desmadrar.

Así también han pasado cinco sexenios de gobiernos dedicados celosamente a darle en la madre a la paraestatal que fue el soporte del desarrollo nacional, modernizándola. De manera que la experiencia registrada otorga mayor acierto al Diccionario de la Lengua Entaco (o en escabeche que también aplica). Otro término etimológicamente estudiado es el de “privatizar”, del totonaca pri: cueva de bandidos y vatizar: hacer para los vatos o los amigos; de donde privatizar significa: hacer para los amigos de la cueva de bandidos. Acepto que el tema es de tal trascendencia que no debiera ser materia de chistoretes como ésta mi interpretación etimológica, pero me parece adecuado para describir el esotérico lenguaje empleado por la cúpula tecnocrática (Peña Nieto, Videgaray & Co.) conforme a la cual la noche es día y el blanco es negro, al muy depurado estilo Chimoltrufia, “como te digo que sí te digo que no”.

Es de lamentarse que no sea posible entablar un debate serio sobre la pretendida modernización de Pemex y sobre los cambios legales que se van a proponer. El tema se mantiene en secreto mientras pasan las elecciones del domingo venidero, de manera de que no influya en el ánimo de los votantes o para que su debate se diluya entre las luchas poselectorales. De cualquier manera lo que se intenta es engañar y confundir a la opinión pública, todo menos debatir con argumentos, muestra fehaciente de la nocividad del proyecto: si fuera idóneo por qué no demostrarlo para convencer.

Los argumentos falaces: falta de recursos y de tecnología ya han sido abundantemente respondidos por especialistas y comentaristas autorizados. Ahora se inventa una nueva falacia con el tema de la competencia para progresar, que tampoco resiste el más simple análisis: en el plano internacional, mientras se registre la escasez de petróleo el mercado estará en poder de los vendedores con precios al alza y sin competencia; en el nacional los precios de los combustibles no los determina el mercado sino la SHCP con criterio fiscal más que productivo. Incluso, suponiendo que se liberara el precio al juego del mercado no podría operar el subsidio que dicen que hoy se otorga y se intenta reducir, ello significaría precios aún mayores y ningún beneficio de la competencia para el consumidor.

La insistencia en el error sólo lleva a especular sobre las verdaderas intenciones detrás del afán modernizador:

1.- Exigencia de los organismos financieros internacionales.- Es un hecho real que los acuerdos de renegociación de la deuda externa incluyen el compromiso por la privatización de la actividad energética, con la aplicación de restricciones indirectas sobre la inversión de recursos públicos para construir las refinerías que se requieren y para expandir la actividad productiva más allá de la simple extracción de crudo y su exportación primaria. La tecnocracia criolla lo asume como de iniciativa propia y en ejercicio de la soberanía nacional, ocultando su origen.

2.- Corrupción superlativa.- La terquedad con que se defienden las falacias argumentales sólo lleva a considerar la prevalencia de los intereses personales en la operación privatizadora (modernizadora dicen), sea por las comisiones a cobrar en efectivo o por ser el boleto para asegurar el respaldo a su gobierno afectado de ilegitimidad. Cualquiera que sea el caso, se trata de un delito de traición a la patria.

Regresando a la etimología no queda más que expresar: ¡Que poca madre!

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