jueves, 8 de agosto de 2013

Abu Dhabi y los niños de Villa Muñecas; hambre y camellos

Silvana Melo (APE)

Hay tantos mundos en un solo mundo. Abu Dhabi y sus arenas movedizas están tan lejos del barrio Villa Muñecas que sólo puede unirlos José Alperovich y su esposa, Beatriz Rojqués. El, gobernador del Tucumán. Ella, senadora, tercera en la sucesión presidencial. Como el mundo es tantos mundos, sólo unidos por un eslabón remoto, José y Beatriz, montados en camello en el arenerío de Emiratos Arabes tienden un delgado hilo hasta Villa Muñecas, allá se prohíbe la desnutrición (la palabra, no el hambre), allá donde asesinaron a Mercedes, de seis años. Donde Beatriz dijo “no podemos tener al señor Estado a la par de una familia que está borracha” y “deja jugar a una nena de 6 años en la vereda”.

Muñecas es acaso un símbolo feroz. Una villa con nombre de juguete. Donde a una chiquita olvidada la asesinan otros desclasados que alguna vez fueron niños olvidados. Donde los pibes están desnutridos pero gracias al vicegobernador – ministro de Salud de la Nación no figuran en los registros. Porque en una pirueta vil, cambiaron los parámetros para medirlos. Entonces no están. Aunque estén.

Fue Tucumán la ilustre creadora de un cuartito de atrás para esconder a los desnutridos, allá por 2010. Pero el cerebro es uno solo, que es a la vez el vicegobernador tucumano y el Ministro de Salud que la Presidencia y la Gobernación comparten y candidatean cuando es necesario. Consiste, en principio, en desterrar la palabra. Lo que no se nombra no es. Si desnutrición se reemplaza por bajo peso, habrá una preocupación menos y una variable menos para el ataque. La victoria fue rotunda: de los más de 22.000 desnutridos de 2010 Tucumán pasó a tener un número que arrastra (con la misma exactitud) desde hace más de dos años: 3.690.

Para lograrlo fueron necesarios algunos decretos disciplinadores que obligaran a los médicos de la salud pública a ignorar, para el diagnóstico, el detalle de la edad. Y sólo tuvieran en cuenta la relación estatura – peso. "Una de las consecuencias de la desnutrición es la baja estatura: por eso es fundamental medir si el peso del niño es acorde no sólo a su talla, sino a su edad. Un niño de tres años que pesa determinados kilos y mide determinados centímetros puede ser normal, pero si esos datos se aplican a un niño de seis, estamos ante un caso grave de desnutrición", explicó al diario El Aconquija el Doctor Eduardo Gómez Ponce, Director del Centro de Atención Comunitaria (CAC) N° 10 de Tucumán. Sólo en sus barrios (Villa Amalia y Alejandro Heredia) hay 175 niños que deberían ser registrados como desnutridos si no hubiera primereado el Ministerio de Salud. Que a la vez no reciben la atención imprescindible. Que crecerán devaluados, les costará comprender, la escuela los abandonará en el camino y no habrá trabajo donde califiquen. Se los ocultó como hambrientos (con la ayuda inestimable de la Organización Mundial de la Salud (1), como escribió el doctor Ignacio Pizzo en julio de 2012) y se los olvidará en los guetos marginales del sistema.

De vez en cuando Tucumán genera figuras que impactan a la ciudadanía (que se toma la cabeza ante una Barbarita o un Fabricio ocasionales en pantalla y luego hace zapping por las dudas) pero siempre descuellan las otras figuras, las glamorosas de José Alperovich festejando que los tucumanitos “aumentaron de talla”, porque “los negocios que hacen delantales para la época en la que juran la bandera los chicos de cuarto grado vendían más talles de 8 a 10. Este año comenzaron a venderse mucho más de 10 a 12”. O de Beatriz celebrando al pibe paquero muerto porque “ya no andará en la calle”. O la de ambos en Abu Dhabi fatigando camellos.

En la Provincia hay unos 180.000 niños menores de seis años. 70.000 son pobres, dice el doctor Gómez Ponce a El Aconquija. Es decir, el 40 por ciento. Un buen aporte a las estadísticas nacionales: un 38,8 de los chicos menores de 18 son pobres en el país. Un 9,5, indigentes. (Observatorio de la Deuda Social de la UCA). No se sabe cuántos estarán desnutridos. Aunque en los barrios de Ponce o en Villa Muñecas haya pibes extremadamente flaquitos, cansados, que se duermen en clase, que se enferman seguido, petisos y de chuzos resecos.

Pero como no existen en las estadísticas oficiales, no son atendidos ni reciben refuerzos nutricionales ni se piensan políticas para ellos. No existen. No son.

Dicen en Tucumán que el Ministro de Salud de la Nación (que fue hasta 2007 ministro de Salud de la provincia) ordenó “inscribir como fetos a los niños nacidos con 500 gramos o menos. De esta manera, su muerte no engrosaría las cifras de mortalidad infantil, sino de muertes fetales”. Dice El Aconquija que no sólo se trata de cambio documentario sino que directamente no se asistiría a los nacidos con menos de 500 gramos.

Un protocolo no escrito que rige de hecho en tantos hospitales públicos del país. Que condena en Tucumán, en Formosa, en Misiones, en el Chaco a tantas Luz Milagros prematuras por las que no vale la pena invertir presupuesto. Y que una vez en un millón dan una señal de vida debilucha en la cajita congelada de la muerte. Para morirse inexorablemente un año después, porque las condenas son implacables.

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Por eso, acaso, un diputado del PRO quiere prohibir que los chicos marchen. Julián Obiglio, se llama. No los quiere ver en la calle sosteniendo una consigna contra el hambre criminal. Ni convencidos de que el futuro no debe prescindir de uno solo de ellos. Es que son peligrosos en sí mismos. Son transformadores y desinhibidos. Son capaces de patear el tobillo del funcionario que no los mira. Hasta que los ve.

Por eso, tal vez, se los neutraliza a fuerza de desarrollo cognitivo arrasado por el hambre. A fuerza de debilidad en cuerpo y cabeza.

Por eso, tal vez, las Primarias de agosto empujaron el día del niño al tercer domingo. Las Primarias que casi nadie sabe qué son ni para qué. Que postergan el Día del Niño del Alvear Palace, con Sunday Brunch en L´Orangerie a 650 pesos la entrada y el niño sin día que los violenta, morochos y en puntas de pie, limpiándoles de prepo los parabrisas de los audis.

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Son tantos mundos en un solo mundo. Tantos de Villa Muñecas sin camellos ni Abu Dhabi. Tantos en Villa Tranquila sin Alvear Palace. Tantos niños en uno solo.

Tantos niños pero uno. Que será desnutrido y fundacional. Rebelde y descalzo. Insolente y solo. Moreno y victorioso. Uno y todos.

Nota:
1) http://www.pelotadetrapo.org.ar/agencia/index.php?option=com_content&view=article&id=7215&Itemid=0

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