jueves, 29 de agosto de 2013

México: Tremenda irresponsabilidad

Gerardo Fernández Casanova (especial para ARGENPRESS.info)

Voy a abordar el tema de la reforma energética desde la perspectiva de la inversión extranjera de manera complementaria a las argumentaciones de orden económico y técnico ya expuestas. Aplico la misma referencia usada por la iniciativa oficial que pretende cobijarse en el pensamiento del Gral. Lázaro Cárdenas.

Dice Peña Nieto en la exposición de motivos de su iniciativa de reforma constitucional en materia de petróleo: “También es conveniente darle al país la oportunidad de contratar a otros operadores petroleros para campos convencionales y no convencionales, con el objeto de que la extracción de nuestros recursos pueda darse en mejores condiciones para el país.”Por su parte dijo Lázaro Cárdenas en su discurso por la expropiación petrolera: “La experiencia de todos conocida en esta misma materia del petróleo, obliga al gobierno a obrar en lo sucesivo con gran cautela, máxime cuando, según se reconoce ya, a través de concesiones sobre los recursos naturales se crean con mayor facilidad vínculos cuya terminación constituye después un problema para el país que otorgó dichas concesiones, pues entonces inclusive sus buenas relaciones con otros países se ponen en peligro.”

Dirían los tecnócratas: “No hay de qué preocuparse, estamos en la globalización”. Decimos los mexicanos: “Lo que me preocupa es su manera de asumir la tal globalización, que no significa otra cosa que renunciar a nuestra capacidad soberana para diseñar y decidir el camino y el destino del país, conforme a los intereses nacionales”. Los vendepatrias reviran: “Eso es obsoleto, propio de mentes trasnochadas; hoy lo que cuenta es la competencia entre los países basada en sus ventajas comparativas”. De nuevo los nacionalistas: “No puede ser obsoleto el afán por vivir mejor, ni trasnochada la certeza de que, sólo por excepción, el interés del gran capital internacional va a coincidir con el interés de México”. Es el cuento de nunca acabar, la razón se estrella contra el dogma y cada bando acusa de dogmático al otro, aunque la experiencia histórica coloca la razón del lado de los patriotas, mientras que los tecnócratas sólo ofrecen una ilusión comprobadamente fallida.

La cautela recomendada por Cárdenas no hizo más que reconocer las brutales presiones ejercidas por las potencias sobre el México independiente, siempre basadas en la promoción de sus intereses: la expansión yanqui sobre el territorio nacional, la invasión francesa, la traición a Madero orquestada por el embajador gringo, la expedición punitiva de Pershing, las cañoneras yanquis en Tampico y Veracruz, los tratados de Bucareli, entre muchas otras formas de presión ejercidas entonces. Hoy agregamos: la inducción al endeudamiento en los años 70 del siglo pasado, la renegociación de la deuda externa con Salinas, la firma del TLC, la intervención de la hacienda pública por el FMI y el Banco Mundial, el virtual embargo del petróleo mexicano para garantizar la seguridad energética de los Estados Unidos, la manipulación del asunto de los migrantes, como nuevas fórmulas de presión que pesan más que mil cañoneras en los puertos. Pero si esto no fuera suficiente para entender lo grave de la cesión implícita en la iniciativa de reforma, baste revisar las actuales guerras de intervención yanqui en el mundo, todas en la defensa de sus muy particulares intereses: Irak, Afganistán, Libia, Siria, tan sólo en el Oriente Medio. No olvidar tampoco a la United Fruit que derrocó a Arbenz en Guatemala o a la American Telephone and Telegraph (ATT) que derribó a Salvador Allende en Chile, entre los cientos de agresiones sufridas por todo el hemisferio.

Una vez instalada la inversión extranjera se genera un estado de excepción por el que el gobierno queda sometido al arbitrio de la Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) del Banco Mundial, que siempre actúa en protección de los intereses de particulares y en contra de los de los gobiernos. Podemos imaginar el costo que implicaría la recuperación de los recursos de la minería nefasta: no alcanzaría con todo el presupuesto nacional. Eso se llama traición a la Patria. Qué pasará cuando las operadoras petroleras a las que se les brinde la oportunidad de participar resulten inconvenientes para el país: las tendremos que soportar. Pregunten a los argentinos cuánto les costó zafarse de la Repsol española, cuya operación devastó las reservas petroleras de esa nación hermana, por no decir del caso de Venezuela que ante ello optó por liberarse del Banco Mundial y de sus trastupijes proteccionistas del capital.

Señor Peña Nieto: Si quieres revivir al Tata Lázaro hazlo bien, aprende de sus lecciones y entérate que juraste defender a México, no entregarlo. Tus mandantes te exigimos que cumplas.

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