jueves, 8 de agosto de 2013

Terrorismo: Dos listas

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Cuba no debería estar en la lista de los países terroristas sino en la de los aterrados; la misma en la cual, a partir del 11/S de 2001 se inscribieron los Estados Unidos. El derribo de las Torres gemelas de Nueva York, alteró una bucólica rutina de más de 200 años, introduciendo paradigmas de seguridad que alteraron el estilo de vida norteamericano.

A favor del orden interno había estado el poderío estadounidense que sólo Japón se atrevió a retar y la eficacia de sus organismos policiacos y de seguridad. A pesar de una guerra civil y dos mundiales, cinco magnicidios, un intenso y violento conflicto racial prolongado por doscientos años, el gansterismo, el macartismo y la oposición a la guerra en Vietnam; así como altos índice de delincuencia y criminalidad, hasta el debut de Al-Qaeda el terrorismo político era desconocido en Estados Unidos.

De modo todavía inexplicable, Estados Unidos toleró que a partir de 1959 hasta fecha, desde su territorio se planearan, organizaran e incluso se realizaran acciones de terrorismo contra Cuba, incluso con el empleo de aviones y embarcaciones artilladas.

En lugar de aplicar sus leyes y paralizar a la contrarrevolución, las sucesivas administraciones norteamericanas la emularon y superaron. El Plan Mangosta, la invasión por bahía de Cochinos, los complots para asesinar a Fidel Castro y la protección a terroristas de la catadura de Luis Posada Carriles, convirtieron al terrorismo en estrategia y doctrina oficial.

Como resultado de esa política criminal e ineficaz, no hay en la Isla un equivalente al 11 de septiembre, sino cientos; algunos emblemáticos y recientes otros pasados y casi olvidados pero todos cruentos y repudiables. Ninguno alcanza la cifra de muertos en las Torres Gemelas (+ de 3000) pero la suma los cuadriplica.

En la larguísima lista de actos terroristas en Cuba y contra ella en el extranjero se cuentan: embajadas, oficinas comerciales y líneas aéreas, aviones, buques, puertos y aeropuertos, plantaciones y fábricas de azúcar, cines, centros de recreación, hoteles, cabarets, playas y comercios. Ni siquiera instalaciones que albergaban niños y centros de salud fueron perdonadas y estar cerca de Fidel Castro, además de un honor era un peligro.

No discuto la necesidad y la obligación del gobierno de los Estados Unidos de defender su población y sus instituciones del terrorismo; cosa que no los habilita para practicarlo. La alerta que vive hoy Norteamérica y prácticamente todo el mundo es una evidencia del fracaso de la política de combatir con terror al terrorismo.

Habitualmente, sin ninguna base jurídica ni moral, Estados Unidos elabora una lista de elementos, organizaciones y estados presuntamente vinculados al terrorismo, en realidad esos records deberían ser dos: el de las víctimas y el de los victimarios. Nadie discute que Estados Unidos forme parte de la primera, pero es absurdo y mendaz incluir a Cuba en la segunda. Allá nos vemos.

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