jueves, 12 de septiembre de 2013

Armas químicas. De Ipres a Damasco

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Un químico, Alfredo Nóbel (Suecia 1833-1896), hijo de un fabricante de armas y armero él mismo, inventó la dinamita y con ella se hizo inmensamente rico. Quizás motivado por remordimientos, legó la mayor parte de su fortuna para la creación de los premios que llevan su nombre.

Catorce años después, otro químico, el polaco Fritz Haber (1868-1934), avanzó trabajos sobre el amoniaco y durante la Primera Guerra Mundial actuó como Jefe del Departamento de Armas Químicas del ejército alemán que, bajo su dirección, en 1915, en Ipres, Francia, empleó por primera vez gases tóxicos como arma. Tres años después, en 1818 fue galardonado con el Premio Nóbel de Química.

Actualmente otro Nóbel, Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, único país que ha utilizado armas atómicas, se considera con derecho de arrasar a Siria porque sus gobernantes poseedores de un arsenal de tales engendros son acusados de utilizarlas contra su propio pueblo.

En honor a la verdad, las armas químicas no debieran existir en Siria ni en parte alguna, pues sobre ellas pesa una prohibición desde que en 1925 se adoptó el Protocolo de Ginebra. La prohibición ha sido ampliada y precisada mediante diversas convenciones y acuerdos sobre armas biológicas y químicas. Actualmente 195 países han ratificado todos los instrumentos. Israel es uno de los dos estados que no lo han hecho y Siria uno de los cinco que ni siquiera lo ha firmado.

El caso es que, estando vigente los tratados, las convenciones y los protocolos, las armas químicas han sido utilizadas en reiteradas ocasiones.

Durante la guerra en Vietnam estrategas norteamericanos concibieron la idea de aplicar defoliantes químicos a las selvas de Indochina. El compuesto conocido como Agente Naranja afectó a unos 4 millones de vietnamitas y a cientos de soldados norteamericanos que emprendieron acciones judiciales contra los fabricantes del compuesto.

Organizaciones terroristas han utilizado componentes químicos en sus acciones; cosa que usualmente hace también la policía y los cuerpos represivos de numerosos países. El 23 de octubre de 2002 para confrontar a un comando terrorista que en el teatro Dubrovka de Moscú tomaron como rehenes a los 850 espectadores; los comandos antiterrorista introdujeron un agente químico en la ventilación, ocasionando la muerte a 39 terroristas y 129 rehenes.

La idea de obligar a Siria a poner bajo supervisión internacional sus arsenales químicos y proceder a su destrucción pudiera hacerse extensiva a todos los países del mundo. Ojalá la acción evite la intensificación de la guerra, sirva de precedente y sea aplicable a otras armas de destrucción masiva. Allá nos vemos.

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