miércoles, 25 de septiembre de 2013

Gases en Damasco: Enigma o engaño

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Con algunos restos fósiles como testimonio; equipos multidisciplinarios de arqueólogos, paleontólogos, geólogos, astrónomos, físicos biólogos y otros especialistas auxiliándose del equipamiento apropiado reproducen la fisonomía de animales y criaturas que vivieron hace miles de años y sólo con el impacto calculan el volumen, el peso y la trayectoria de meteoros que chocaron con la tierra hace millones de años. Teniendo un cráneo, biólogos y forenses recrean rostros de personas fallecidas hace siglos.

En cambio, en Siria, donde convergen las miradas de los servicios de inteligencia de las grandes potencias e Israel, un país es sometido a la escucha de sus comunicaciones y a una estrecha vigilancia satelital y donde se conoce el día y la hora del ataque químico en Ghouta, acción de la que existen testigos y sobrevivientes, se dispone de restos y muestras de los misiles y las municiones, se pretende hacernos creer que es imposible determinar desde dónde se dispararon los misiles y quién los utilizó.

El hecho de que militares y expertos sirios y extranjeros, no hayan podido determinar inequívocamente el responsable, evidencia una gestión de ocultamiento o revela que quienes dispararon los cohetes portadores de gas Sarín contra la población civil en las afueras de Damasco, intencionadamente crearon una escena del crimen plagada de enigmas. La idea de una detonación accidental o de cualquier improvisación debe ser descartada.

La balística consta de tres ramas: el disparo, la trayectoria de los proyectiles y el impacto. En Damasco los investigadores y especialistas tienen los datos necesarios para modelar y reproducir todo el proceso con elevados coeficientes de exactitud. A su disposición están: los misiles, las municiones y el lugar de llegada; además del día y la hora, cosa que permite examinar los factores meteorológicos que influyeron sobre la trayectoria de los proyectiles.

Con los datos que se poseen no existe ninguna dificultad para determinar la velocidad inicial de los proyectiles o misiles y estimar la altura de la trayectoria, dato importante para calcular la distancia, incluso exactamente el lugar desde donde partieron los cohetes.

Conociendo el misil utilizado y su destino final, es posible reconstruir su trayectoria mientras que la balística terminal o de impacto y los efectos mecánicos del choque del proyectil contra el blanco suministran elementos para calcular la velocidad y el ángulo. Siguiendo el inverso del trazado de la trayectoria se puede saber el lugar desde donde se disparó, elemento muy importante para averiguar quién lo hizo o quien no puedo hacerlo.

Los militares entrenados en la estimación de distancias y conocedores de las posibilidades de las armas y de los proyectiles, no tienen dificultades para apreciar con bastante exactitud el lugar y la distancia desde donde se les dispara o bombardea, con qué armas se hace y cual es la pericia del tirador o artillero; cuando son diestros, les basta con el reflejo o el sonido.

La acumulación de conocimientos y el instrumental científico permite crear modelos y realizar experimentos y simulaciones en laboratorios o en el terreno y extraer conclusiones que excluyen los misterios. Sólo personas muy calificadas serian capaces de crear condiciones que ocultan hechos en considerable medida evidentes. Este puede ser el caso. Allá nos vemos.

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