viernes, 20 de septiembre de 2013

Konversos (Parte II)

Alfredo Grande (APE)
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“yo sé porque piensas tú, soldado que te odio yo, no somos la misma cosa, tu y yo”
(aforismo implicado, con la comprensión dulce de Nicolás Guillén)

“El suegro del líder del Frente Renovador criticó a Daniel Scioli y afirmó que el intendente de Tigre y los gobernadores de Buenos Aires y Córdoba deberían ir a una interna, para definir quién es el representante del justicialismo en las elecciones presidenciales de 2015.

Sobre el gobernador bonaerense, Galmarini señaló: "Creo que es un tibio, hablando metafóricamente y haciendo una comparación con el fútbol, es como los jugadores que no ponen tan fuerte la pierna". "Tiene poca fe, poca decisión, poco compromiso. Creo que le falta audacia para conducir a la Argentina", disparó. 

En cuanto a cómo debe ser la figura del próximo líder, el ex funcionario menemista consideró que el futuro Presidente debe ser "un hombre o una mujer capaz de establecer la unidad, de amigar a los argentinos". (Infobae)

El converso apela con frecuencia a la memoria heroica, pero huye de la memoria histórica y mucho más del recuerdo. La frase “nadie resiste el archivo” da cuenta de los prontuarios secretos de los conversos más exitosos. Desde ya, el converso puede quedarse a mitad de camino en su proceso de matamorfosis psicosocial y política. Quizá ese sea el sentido de la enigmática sentencia: “a los tibios los vomita Dios”.

Cuando es apenas un tercio, un cuarto o medio converso, no encuentra amparo ni en aquello que abandonó ni en aquello que nunca encontrará. Esos conversos fallidos, son los que intentaron no quedarse en el 45 pero tampoco llegaron al 2000. Por cierto no los encontró unidos y por lo tanto quedaron abandonados. Son los rencorosos de la historia que luego de haber quemado las naves de pasados gloriosos, valientes, luchadores, de sueños posibles, apenas rasguñaron piedras y cactus. Son el vómito de los Dioses, que en el Olimpo de las políticas de Estado encuentran otra forma de la inmortalidad.

A estos conversos frustros les cabe el apodo “Ni”. Ni una cosa, ni la otra, no tienen el pan y tampoco la torta. Mano de obra desocupada y alienada apta para ser alquilada por los mariscales de las derrotas populares. Lumpenaje. Pero muy especialmente lumpenaje político, de los que se duermen con el arroró de 6,7,8 y se despiertan con los salmos matinales de TN.

Lumpenaje político y social, que desde el alarido visceral que proclama no ser yanquis ni marxistas, pueden abrazarse con el peronismo de la derecha más diestra. Sin embargo, la mayor hipótesis de conflicto es lo que denomino converso al cuadrado. Converso a la segunda potencia, es decir, multiplicación de su ser converso. La solidez de esta metamorfosis potenciada es temible. La frase que lo define es: “no le entran las balas”. En realidad, tampoco las palabras. Ni las ideas. Ni las decencias. Ni la ética. Ni la coherencia. Ni la humildad. Ni la sencillez. Ni la honradez.

Como no teme quedar al descubierto, inventó el deleznable refrán “sarna con gusto no pica”. Se rasca, se rasca, pero al converso2 no le pica. El converso multiplicado por si mismo hace del vicio virtud y de la carencia, abundancia. De lo incompatible, contradicción y del tartamudeo, elocuencia. Aplaude con la misma facilidad con que las focas de mundo marino reciben las órdenes del domesticador. ¡¡Arriba las palmas!! Lo que menos se plantea es qué o a quién aplaude. Aplaude a rabiar la entrada al default y aplaude sin rabiar la salida del default. Aplaude con la risa de una hiena la privatización de los activos del Estado (eufemismo para encubrir el robo cobarde del patrimonio público) y aplaude con la risita del perro patán la nacionalización de empresas energéticas o de transporte.

Como escribiera Benedetti: “¿de qué se ríe, señor ministro, de qué se ríe?” El converso2 no se ríe para no llorar. Se ríe de todos nosotros a los que cariñosamente llama “la gilada”. Tampoco se ríe. En verdad, se burla. Que viene a ser reírse de los otros. Yo en cambio, acostumbrado a la contradicción insalvable entre estatura y apellido, sólo me río de mí y sólo me río con otros, pero nunca de los otros. Ante el converso2 la pregunta que surge siempre es: “¿nos toma por boludos?”. La respuesta es una sola: sí. Y lamentablemente, no pocas veces hacemos poco y nada para desilusionarlo.

Pero hay más. Hay otra forma de converso que resulta de multiplicarse a sí mismo y luego ir por más, incluso ir por todo, y multiplicar esa multiplicación. Es el Converso3. Es decir: el converso al cubo. Es cuadrado en alta definición y 3 D. Puede verse sin anteojos especiales, milagro de la tecnología y las política neoliberales y reaccionarias. Ser converso del converso le permite soñar, quizá sería más ajustado decir delirar, conque puede volver a su forma anterior. Primera. Cuando todavía algo de humanidad quedaba en su cuerpo y en su alma. Qué tipo de humanidad, es otra cosa.

Sin dudar, el converso3 estrella es Massa. De origen liberal, pasa como Jefe de Gabinete K luego de haberlo invitado a su amigo Boudou a participar de la fiesta gubernamental, y nuevamente pretende ser más papista que el Papa (no de Francisco, de cualquier otro Papa) e inventar un neo vandorismo municipal. Para salvar al kirchnerismo, hay que estar contra el kirchnerismo. El lobo (otro noble converso) no podría haberlo hecho mejor. Claro que una cosa es un lobo, y otro un lobizón. Y si son lobizones políticos, se transforman en las noches de urna llena.

El converso3 estrellado es, como podrán imaginarlo, Daniel “el terrible” Scioli. Probablemente, el último peronista virgen. Virgen de definiciones tajantes, contundentes, valientes. Ante el horror massista, Scioli a pesar de ser un converso3 ha sido absuelto de todo pecado de autonomía y pensamiento crítico. Delira quizá con volver a tener ese cuerpo de esbelto menemista secretario de turismo que se metamorfoseó y fue vicepresidente de Néstor Kirchner, en su apoteótico debut como converso2.

Y repitiendo la psicosis de Neustadt cuando lo veía a Menem rubio, alto y de ojos celestes, y el Turco aprobaba, ahora Daniel es un grasita, un descamisado, un humilde, un soldado de Evita y de Perón. Y todo eso exclusivamente por la magia negra que inaugura otro tigre, que no es justamente de los llanos, sino apenas de los casinos. Lo peor de esta historia de conversos, conversos2 y conversos3 es que todos y todas están subsidiados en sus metamorfosis pasadas y futuras por los Estados.

Alguna vez el pueblo uruguayo votó afirmativamente por la Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado. O sea: legalizó lo ilegítimo de la impunidad. Pronto los conversos y conversas serán auspiciados, tendrán su propio sponsor y llevarán logos de las marcas preferidas. O sea: no serán diferentes, en realidad son iguales, a tanta mercancía que circula por los pasillos y laberintos de la política de mercado.

Todo hombre y mujer tiene su precio, dijo alguien hace mucho y en el caso de los conversos, ese precio es altísimo. La metamorfosis tiene sus privilegios y los pagamos nosotros. La coherencia, la consistencia y la credibilidad, el trípode de la implicación, no cotizan en ninguna bolsa. Más bien, los que quedan sosteniendo las eternas utopías que hacen de la humanidad algo digno, están hechos bolsa porque no hay pan duro para ninguna de las formas del hambre. No saciar el hambre de dignidad, de verdad, de ternura, es el camino de la desesperación individual. A veces, de la colectiva. No se me ocurre otro antídoto que la serena y firme convicción de que, si otros mundos son posibles, en esos otros mundos, los conversos morarán por toda la eternidad al este de todos los paraísos.

Ver también:
- Conversos (Parte I)

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