viernes, 20 de septiembre de 2013

La ONU con el veto y sin el (I)

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Conforme a derecho ningún acuerdo entre dos países como el adoptado entre Estados Unidos y Rusia obliga a terceros y no impone a Siria el desarmarse químico, excepto que el arreglo sea convertido en Resolución del Consejo de Seguridad. La mala noticia es que occidente exige una alusión al Capítulo VII (uso de la fuerza) cosa que Rusia amenaza con vetar. Sin resolución no hay acuerdo y probablemente no haya desarme: ¿Habrá entonces guerra?

La ONU, surgida en diciembre de 1945 es fruto de la excepcional coyuntura histórica asociada a la II Guerra Mundial. La guerra concluyó en mayo de 1945 con la victoria aliada y la Carta fue adoptada en diciembre del propio año. De haber transcurrir otros seis meses, la organización jamás habría existido. En 1946 comenzó la Guerra Fría.

La ONU es fruto de una necesidad histórica que tuvo como catalizador la alianza antifascista entre Estados Unidos, la Unión Soviética, Gran Bretaña y otros 20 países. La más grande obra de política internacional del siglo XX fue posible por el encuentro de tres estadistas excepcionales: Franklin D. Roosevelt, Josep Stalin y Winston Churchill.

Sería difícil encontrar tres hombres que tuvieran menos intereses y rasgos comunes, desconfiaran más unos de otros y sintieran más antipatías mutuas, elementos que fueron neutralizados por sus recios caracteres, firme voluntad y sentido de la responsabilidad histórica de cada uno. Ninguno de los encuentros de los Tres Grandes (tampoco su correspondencia) fue fraternal, nunca la expresión de afectos entre ellos trascendió el protocolo y jamás hubo nada parecido a la familiaridad. No obstante, ningún desacuerdo los paralizó.

De esa extraña mezcla de subjetividades, realismo y responsabilidad, bajo el liderazgo, entonces indiscutido de Roosevelt, como resultado de la negociación política más fecunda de todas las conocidas, surgió la ONU, una rareza institucional que combinó el imperio del Derecho con el culto a la fuerza.

La doctrina jurídica contenida en la Carta de la ONU forma la base de la jurisprudencia y de la legalidad internacional contemporánea que, entre otras cosas, establece la igualdad soberana de los estados y a la vez otorga prerrogativas excepcionales a los países más fuertes; originalmente las principales potencias aliadas: Estados Unidos, Unión Soviética y Gran Bretaña, en la época conocidos como los Tres grandes.

Llamo la atención de que ello no tiene que ver con la condición de potencias nucleares pues cuando se redactó la Carta no existía la bomba atómica, cosa que la Unión Soviética no tuvo hasta 1949, Inglaterra hasta 1950 y Francia en 1960. Hasta 1971 la minúscula Taiwán, usurpando el puesto de China fue miembro del Consejo de Seguridad. La lógica original no fue el poderío nuclear sino la condición de vencedores. Los perdedores fueron excluidos.

Esa equilibrada combinación de legalidad y sometimiento a la fuerza explica las contradicciones, los difíciles equilibrios de la Carta y la enorme disparidad de derechos y funciones entre la Asamblea General y el Consejo de Seguridad. El puente entre uno y lo otro y el vínculo entre el Derecho y la fuerza es el “veto”.

La palabra “veto” no aparece en la Carta que exige a los miembros permanentes del Consejo de Seguridad unanimidad para invocar el Capítulo VII y aplicar la fuerza. Cuando un miembro vota en contra, impide la unanimidad y paraliza al Consejo. Luego les completo la historia. Allá nos vemos.

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