martes, 24 de septiembre de 2013

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (XCII): “El congreso de los compañeros”

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS. info)

Como relatábamos en nuestra nota anterior mientras se desarrollaba el Plenario de las agrupaciones peronistas de apoyo a la CGTA, la noche anterior al Congreso que se llevaría a cabo en nuestra ciudad, en los últimos días del verano de 1970, nosotros esperábamos, con mucha ansiedad, el resultado del amparo que habíamos interpuesto contra la decisión de la intervención militar de prohibir el desarrollo del mismo.

Sin perjuicio de ello, participábamos activamente en el debate, que era crucial para el desarrollo del que, sin duda, constituía el más importante polo opositor a la Dictadura Militar.

Había dos posturas claramente diferenciadas.

Por una parte un sector liderado por el telefónico Julio Guillan entendía que las directivas del General indicaban que había que tender puentes de acercamiento al núcleo de sindicatos alineado en la denominada CGT de Azopardo; más allá de las posiciones de estos y de sus evidentes vínculos con el régimen castrense.

Asimismo y. teniendo como vocero al Secretario del Frente Estudiantil Nacional -FEN -Roberto Grabois, cuestionaban el protagonismo en la Central de dirigentes, supuestamente vinculados al Partido Comunista, cómo Agustín Tosco.

Cuándo lo escuchaba a este último, recordaba lo que decía John William Cooke, de los que provenían de la izquierda y se habían peronizado: “se montan por la izquierda y se bajan por la derecha”.

Este era el caso típico.

En 1964, este personaje lideraba una agrupación en la facultad de Filosofía y Letras de la UBA, que se asumía marxista denominada LIM-TAU.

Desde la Juventud Universitaria Peronista comenzamos un proceso de acercamiento con este sector convencidos, porque así lo entendían Alicia y John, que era fundamental, para fortalecer a nuestra corriente dentro del Movimiento, incorporar jóvenes que asumieran y enriquecieran al peronismo revolucionario.

Sin duda de que la prevención del “Bebe” sobre como terminarían, se tornó correcta.

Confrontando a esta estaban Jorge Di Pasquale, del Sindicato de Farmacia, Benito Romano, representante de la FOTIA tucumana, Ricardo De Luca de Navales, entre otros, y nuestro agrupamiento; que era el que había asumido la organización de este Congreso.

Entendíamos que lo que hacia fuerte a la CGTA era su carácter plural, que no solo agrupara a las organizaciones de trabajadores que se identificaban con un programa antiimperialista, sino que también sumara al movimiento estudiantil, a los pequeños empresarios, a los intelectuales y a los nuevos movimientos de cristianos tercermundistas.

Se hacía difícil encontrar una síntesis ya que eran posturas absolutamente diferentes, sin embargo la decisión del representante de la Dictadura en nuestra Provincia de prohibir el Congreso, obró de catalizador y postergó, sin fecha, la resolución de esta polémica.

Mas aún cuándo, en la medianoche, la Secretaria del Juzgado María del Carmen Coll nos convocó a su despacho, notificándonos de que se había hecho lugar a nuestro petitorio y que se le ordenó al Brigadier Ricardo Favre que se abstuviera de realizar acción alguna que impidiera el desarrollo del encuentro y la llegada de las delegaciones.

La ciudad estaba literalmente ocupada por efectivos policiales reforzados por un contingente de la guardia de Infantería de la Policía Federal, enviados por el gobierno nacional.

En la madrugada de ese domingo la intervención apeló la decisión judicial y en menos de una hora el Juez concedió la apelación, aclarando que la misma no suponía suspender lo ya resuelto, por lo que el Congreso se podía desarrollar sin ningún obstáculo.

En las primeras horas de la mañana me instalé en el salón que habíamos alquilado con la orden judicial que concedía el amparo la que le exhibí al Jefe de la Policía de la Provincia, solicitándole que retirara del lugar a los policías a sus órdenes.

Este, visiblemente molesto, dio las órdenes correspondientes.

En horas de la mañana comenzó el Congreso presidido por el Consejo Directivo integrado por Raymundo Ongaro, Amancio Pafundi, Enrique Coronel, Antonio Scipione y Benito Romano, entre otros.

Raymundo, al iniciar el mismo, le pidió a Agustín Tosco que se sumara a la Mesa Directiva; en homenaje al pueblo cordobés que había protagonizado el “cordobazo”.

En el frente habíamos colocado un gran cartel con la consigna “Sólo el pueblo salvará al pueblo”.

En el discurso de apertura el Secretario General hizo especial hincapié en el hecho de que este evento se hacía pese a la prohibición del régimen militar y gracias a la valentía de un Juez, que honraba a la justicia -el Dr. Ardoy-.

Centenares de delegados de todo el país rubricaron la decisión de que la CGTA continuara existiendo, pese a los embates de la Dictadura y a las maniobras confusionistas de los que, desde el interior, pretendían socavar la unidad de acción alcanzada.

Al mediodía las compañeras habían preparado cientos de empanadas que fueron servidas, con gaseosas, a modo de almuerzo.

En las conclusiones se ratificaron los objetivos del Programa del 1º de Mayo y todas las declaraciones, denuncias y manifiestos dados a publicidad, desde sus inicios; manteniendo la fidelidad a la clase obrera y al pueblo.

Se reafirmó la oposición inclaudicable frente a la Dictadura y al imperialismo; levantando las banderas de liberación y ruptura de la dependencia.

Se leyeron centenares de adhesiones, entre otras. la del Mayor Bernardo Alberte, de Hipólito Solari Irigoyen, del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo y de la revista “Cristianismo y Revolución”.

Antes del discurso de cierre llegó la noticia de que los trabajadores que ocupaban, desde hacía 19 días, el obrador del complejo “Chocón-Cerros Colorados” habían sido desalojados violentamente, siendo detenido y puestos a disposición del Poder Ejecutivo los delegados democráticamente elegidos por los mismos, liderados por Antonio Alac y el sacerdote tercermundista Pascual Rodríguez.

Cómplice de la brutal represión era el Secretario General de la Unión Obrera de la Construcción Rogelio Coria; con quién pretendía el General que se llegara a un acuerdo.

Se votó una jornada de movilización en repudio al encarcelamiento de los compañeros y la preparación de una huelga general, cuya fecha sería decidida por el Consejo Directivo.

La actividad final fue un acto que realizamos en un terreno baldío cercano.

En el mismo fueron oradores centrales Ongaro, Tosco y Scipione. Para demostrar la amplitud de esta formación sindical, se entonaron la Marcha peronista, la Internacional y “Bandera Rosa”-una canción anarquista-.

Grabois y sus acompañantes, entre los que estaba su compañera Matilde Svatez, no podían disimular su indignación.

Luego de este encuentro nuestro grupo salió fortalecido y tomamos contacto con compañeros de organizaciones revolucionarias que empezaban a operar.

En esos días, además, nos sacudió la denuncia del secuestro de dos compañeros de las Fuerzas Armadas de Liberación -FAL.

¿De que forma se desarrollaron estas primeras actividades de las organizaciones guerrilleras? ¿Cual fue el criterio que adoptamos para sumarnos a las mismas? ¿Cómo respondió la Dictadura, ya en el ocaso del Onganiato?. Serán algunos de los temas que abordaremos en nuestra próxima nota.

Manuel Justo Gaggero es abogado. Ex Director del Diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

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