lunes, 11 de noviembre de 2013

Argentina: Esta es la crisis de la salud mendocina

MDZOL

Recorrimos salas de centros de salud de la provincia. Las quejas de los usuarios no cesan, la infraestructura es deficiente y los profesionales tienen miedo por la violencia en los barrios en los que trabajan. Hay sitios de atención pública donde la suciedad es tremenda.


Foto: Baños clausurados en un centro de salud. / Fuente: Nacho Gaffuri - MDZOL

Baleados, con baños fuera de servicio y una espesa suciedad en pisos, paredes e instalaciones de la mayoría, y hasta con algún perro durmiendo en los pasillos. Sumemos atención sanitaria sólo tres veces a la semana por escasez de profesionales, con pérdida de personal que se jubila mientras no se nombran reemplazos, más la realidad de atender a la gente con lo que hay. Así y a pesar de todo, siguen en pie los centros de atención primaria de la salud en Mendoza para asistir a la mitad de la población sin cobertura social, según el Informe de Desarrollo Humano de la Organización Panamericana de la Salud en 2011. En Mendoza, son más de un millón seiscientos mil personas al año la que pasan por la periferia de la salud sufriendo todo tipo de desatenciones, mientras los intendentes aun del oficialismo ya se paran frente a los micrófonos de los medios a quejarse de que ni médicos tienen, y que deben venir a gestionarlos cada tanto a la Casa de Gobierno. Hemos hecho una recorrida para asomarnos a la verdad del sistema de salud, a aquello que ni funcionarios, del ministro para abajo, ni médicos ni administrativos atinan a resolver.

El sistema de salud público de la provincia de Mendoza está al borde del colapso, con gremios tironeando de cada paritaria por sueldos que no gana casi nadie en el resto de la administración, y por otro montón de puntos que casi nunca se cumplen. En medio de eso, encontrar un médico a tiempo completo preocupado por la salud de la población trabajando en el terreno es casi un milagro. Muchos tienen un argumento: los ataques vandálicos y la inseguridad atemorizan a los médicos y profesionales que deben trabajar todos los días en comunidades atravesadas por la violencia. Es el caso del Centro de Salud Nº8 del Barrio Huarpe, donde sus recursos humanos se encuentran en alerta por las continuas balaceras a la que queda expuesto el centro. Los trabajadores analizan cerrar las instalaciones por la seguridad del personal, en caso de que no les llegue la custodia policial que han pedido. Cintia Urdanivia, por caso, se desempeña como técnica en Farmacia y es delegada gremial, denunció que “la salita está expuesta a balaceras constantes, por las riñas que se desatan entre bandos del barrio”. “Acá el juramento hipocrático o la vocación de servicio se ponen en conflicto con la preservación de la vida de los pacientes y del personal”, contó Urdanivia y agregó, “sin ir más lejos, el domingo pasado un niño de 8 años llamado Alan sufrió un impacto de bala en el maxilar porque quedó en medio de una pelea”.


Foto: Lavarse en la pileta de un centro de salud es una aventura contaminante. / Fuente: Nacho Gaffuri - MDZOL

La escasez de medicamentos es otra de las realidades del sistema de atención primaria. En Lavalle, los vecinos del paraje “Alto del Olvido” (un nombre muy apropiado a lo que ocurre) que asisten al Centro San Francisco, deben compartir los medicamentos para niños porque no llega la suficiente medicación para todos.

Soledad (29), mamá de tres hijos, relató su desgracia: “en época de gripes, entre los vecinos racionalizamos los medicamentos porque acá hay muchos chicos”.

La infraestructura del lugar no muestra mejor gestión, “no hay calefacción en la sala de espera. Todo lo que existe es una vieja salamandra que no funciona y un sillón ahuecado para la espera de los pacientes”, agregó la joven. Por si fuera poco, el teléfono público no funciona. Para esta comunidad alejada y con insuficientes recorridos de colectivo, es fundamental la asistencia de la atención primaria. Sin embargo, el servicio no cumple con las expectativas de la gente.



Gisela (22) contó, “el otro día mi hijo se hizo un corte en la cabeza y no quisieron atenderlo porque justo era el horario de cierre. Estos centros no funcionan en la tarde, te tenés que ir hasta el hospital que te queda a 10 kilómetros”.

Por su parte, Graciela (45) contó que “prácticamente todo se deriva, los estudios ginecológicos no se hacen, a veces venís a la guardia y te atiende la enfermera porque no está el médico de familia que atiende tres veces a la semana. Acá hacen lo que pueden”.

En Godoy Cruz, el micro- hospital Néstor Kirchner tiene dificultades en la entrega de medicamentos, sobre todo aquellos que corresponden al programa de Salud Reproductiva y Sexual. Aunque por la noche, la guardia “no cuenta ni con Paracetamol”, dijo Yolanda (56).

Los usuarios del lugar denunciaron que el centro no tiene ambulancia, tampoco la suficiente cantidad de profesionales, por eso todo se deriva a otras instituciones.

Trato desigual

“Acá para que te atiendan tenés que aguachar la cabeza”, dijo Ariel (35), al referirse al servicio del Centro de Salud de Barrio San Miguel, en el departamento de Las Heras.

Las críticas apuntan a la recepción y a la entrega de turnos. Por día se entregan cuatro turnos para el control de niño sano, y otros cuatro para pacientes pediátricos con algún tipo de patología. “Me parece una vergüenza que sean tan pocos turnos para la cantidad de chicos que viven en el San Miguel”, opinó.

En Corralitos, en el Centro de Salud Puente de Hierro, María Ángeles (18) cada vez que tiene que asistir a controlar a su bebé, sale de su casa a las 6 para llegar a sacar el turno, “si tenés un problema y llegás tarde te quedás sin hacer atender a tu hijo”. “Te tratan como a una tarada, yo que tuve a los chicos por cesárea y necesito cuidarme para no volver a quedar embarazada. Opté por no venir a pedir la inyección porque no la tienen y te tratan de mala manera cuando las pedís. De todas maneras, te dejan los preservativos ahí a la vista de todos para que los saques, la gente todavía tiene prejuicios y le da mucha vergüenza”, señaló, Marcela (38) sobre la asistencia en el Néstor Kirchner de Godoy Cruz.

No hay reemplazo del personal

Cintia Urdanivia, delegada gremial de ATE, se sinceró, “muchas veces la mala atención responde a que trabajamos con poco personal o no se repone el que está de licencia o el que se jubila”.


Foto: El Centro de salud Huarpes II. / Fuente: Nacho Gaffuri - MDZOL

La profesional subrayó que hay muchos empleados del sistema que se encuentran bajo tratamiento psicológico por las situaciones de estrés, una de ellas la inseguridad en los barrios más violentos de la provincia.

Un poco de lavandina

A la mala atención y los malos modos que en ocasiones los empleados tienen para con la gente, sobre todo la humilde, que se arrima a los centros de salud, se agrega la mugre. Realmente provoca asco. Semanas atrás, un periodista de este diario debió concurrir al Centro San Antonio de la 4ta Sección, detrás del Hospital Pereira, sobre la Calle Videla Correa. “Lo primero que me impactó fue el olor asqueroso a orín y excrementos. Eran las diez y media de la mañana. Afuera se notaba que algunas personas usaban las paredes como baño público. En el hall de entrada me llamó la atención la cantidad de gente fumando, el humo ingresaba al centro sin que a nadie le importase demasiado. Los pisos estaban terriblemente sucios…En un costado, un chico que sufría dolores de estómago hizo un vómito enorme sobre el piso. Pasaron quince minutos hasta que alguien apareció a limpiarlo” relató. “No fue lo peor. Me dio mucha tristeza ver a un nene de unos cinco o seis años, muy flaquito, recoger del piso las colillas que tiraba la gente grande, entre ellos su padre, y darles la última pitada. Nadie parecía verlo” contó. “Era obvio que en ese lugar, no se veía un litro de lavandina hacía rato” dijo.

Las explicaciones oficiales

Ricardo Miatello, la autoridad máxima de los centros de salud de la provincia, reconoció la problemática de las salas de atención primaria de la salud y dijo, “estamos trabajando en una serie de cambios para brindar un mejor servicio a la gente, pero pese a todas las dificultades estamos atendiendo”. En relación a la situación de inseguridad al que se ve amenazado el Centro de salud de Barrio Huarpe manifestó, “el lunes se incorporaría la custodia y se realizarán recorridos policiales”.

Consultado acerca de las carencias y la falta de una infraestructura acorde explicó, “esta realidad tiene que ver con la historia de la gestión, y esto porque en muchos casos la salud estaba municipalizada, es decir los intendentes construían edificios que después no se sabía cómo se iba a solventar los gastos en insumos y en profesionales”.

Miatello relató que luego pasaron a la órbita del Ministerio de Salud, teniendo que reestructurar todo el sistema. El funcionario ponderó el crecimiento de las cifras de usuarios del sistema de atención primaria entre el 2010 y 2012. De 1.335.000 personas, trepó a 1.695.309.


Foto: Otro centro en Las Heras. En la mayoría faltan elementos y la atención es deficiente. / Fuente: Nacho Gaffuri - MDZOL

“Esto quiere decir que la gente sigue concurriendo a las salas” valoró. No obstante, hay que decir que la mitad de la población debe volcarse al sistema por falta de cobertura.

Miatello subrayó que el porcentaje de vacunación en todos los grupos es del orden del 98%, y destacó los bajos índices de la provincia en la mortalidad infantil. La Coordinación de los Centros de la Salud apuesta a mejorar las prestaciones con la incorporación de equipamiento como una unidad móvil de diagnóstico por imagen, laboratorios para la realización de estudios médicos y la compra de vehículos para el traslado de pacientes, dijo el profesional.

Epílogo

La gente va a los centros de salud porque no tiene cobertura social para ir a otro lado. Salvo las emergencias, los pacientes que se ven van de la pobreza más absoluta a la clase media muy empobrecida. En la mayoría de los casos deben ir varias veces para hacer un trámite relacionado a la atención, y soportar largas colas para recibir atención o hacerse estudios, la mayoría de las veces con profesionales que –se nota- en buena parte de los casos tienen poca paciencia.

La descentralización hospitalaria fue una buena herramienta para conseguir que los hospitales se descongestionen. Pero falta de todo: limpieza, desinfecciones, médicos y enfermeros, laboratoristas, especialistas, medicamentos, insumos. Es increíble que en Mendoza y a pocas cuadras entre sí existan centros de alta complejidad, limpios, de excelencia, y otros lugares propios de países que ni siquiera podrían considerarse emergentes, sino sumergidos. Esa es la realidad de la salud de Mendoza.

Producción periodística: Melisa Stopansky

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