jueves, 28 de noviembre de 2013

Cambio de Gabinete: Ratificación del rumbo y varios retrocesos

Jorge Cardelli (ACTA)

El regreso de Cristina a la gestión de gobierno vino con algunas definiciones que son importantes en cuanto a orientaciones. La primera de ellas y quizás la más notable es la designación de Jorge Capitanich a cargo de la Jefatura de Gabinete.

Es claro que entre Capitanich y Abal Medina hay una distancia bastante grande, sobre todo en lo que hace a “peso propio”. Abal Medina construyó su peso a partir de la delegación racionada de poder que le fue dando Cristina. Capitanich ha ganado dos elecciones a gobernador en Chaco, ha sido jefe de Gabinete de Duhalde, ha sido funcionario de Menem y está claramente comprometido con la Iglesia. A su vez juega con fuerza adentro del universo justicialista.

Dicho de otro modo, alguien con capacidad para jugar en una interna justicialista con buenas posibilidades de éxito. Seguramente Scioli por dentro y Massa por fuera deben ver en él, un competidor de fuste. La designación de Capitanich es todo un mensaje. Todo haría pensar que la Presidenta se posiciona en el debate interno del justicialismo, y hasta en el caso de que hubiese interna para el 2015.

Desde una perspectiva más ideológica la orientación que se visualiza apunta a cerrar por derecha el debate político-ideológico en el Kirchnerismo. No solamente ratifican la política de entrega en el plano de beneficiar a los oligopolios imperialistas y sus socios, las burguesías intermediarias, de asociarse con el latifundio y el agronegocio y de seguir orientando la economía en función del mercado mundial, con prioridad hacia aquellos espacios donde predominan los países del denominado “capitalismo emergente”. En este espacio algunos son más que emergentes ya que tienen una clara vocación imperialista como es el caso de China. O sea que con el nuevo Gabinete ratifican continuar profundizando el modelo dependiente, aunque reformulándolo desde una vía neodesarrollista.

En esta ratificación por derecha, quedan en el camino algunas expectativas que tenían los movimientos sociales campesinos en torno a cierta democratización del acceso a la tierra, parando en primera instancia los desalojos y luego promulgando una ley que hiciese posible el acceso a la tierra a los pequeños campesinos. Los desalojos han continuado y no los pararon nunca. Hoy los siguen padeciendo los pequeños campesinos y los pueblos indígenas. Estos últimos siguen clamando por la tierra de la que siempre vivieron y que les fue arrebatada en la conquista iberoamericana, aparte de estar hoy reconocida constitucionalmente.

En el mismo sentido también se van destiñendo las reivindicaciones latinoamericanistas y cada vez más, Venezuela y Bolivia van entrando en un cono de sombras en el discurso oficial. En todos estos aspectos tienen el beneplácito de la oposición con peso mediático, especialmente en el tema de América Latina, que siempre gusta hablar de los “países serios” (léase Estados Unidos, el amor de Carrió, y la Europa Atlántica, el amor de Binner y Alfonsín. Seguramente Massa comparte alguno de estos amores). El golpismo norteamericano operando en Venezuela no es algo que les quite el sueño. Más aun, algunos tienen hasta fantasías Caprilistas.

Pero también están apareciendo algunos intentos rectificacionistas o retrocesos, que por vía de Capitanich se pueden canalizar mejor. Es claro que están intentando volver al mercado internacional de capitales. La designación de Lorenzino como embajador en la Unión Europea, cierto reflotamiento de la figura de Boudou por su ligazón con sectores del capital financiero imperialista (por ejemplo Fondos Buitres y relaciones históricas con el gurú internacional y hombre del capital imperialista inglés, Mario Blejer) y una serie de signos que indican alguna reaproximación a los EE.UU, que desde antes del cambio de gabinete apuntan a este objetivo.

En estas horas están negociando pagar a Repsol la “media” expropiación de YPF, olvidándose del saqueo de años y la salvaje depredación ambiental. La designación de Capitanich es también un signo en este sentido (no olvidemos que Capitanich les abrió el Chaco al ingreso a una base norteamericana). Toda esta ingeniería para arreglar con el capital imperialista del Norte y mas particular el norteamericano (el acuerdo con Chevron también hay que verlo en este camino) tiene como condición de partida un ajuste. El gran desafío es como reducen su impacto antipopular y a su vez como lo enmascaran.

Enmascarar un ajuste en este país es como querer inventar la rueda cuadrada. Los trabajadores y el pueblo van a resistir el ajuste con la fuerza y la convicción que lo vienen haciendo desde hace más de cincuenta años. Una muestra de ello la dieron los trabajadores nucleados en la CTA que dirige nuestro compañero Pablo Micheli en la movilización del 20 de noviembre al Ministerio de Trabajo, reclamando un adicional salarial de Fin de Año de 2000 pesos, la reapertura adelantada de paritarias y por supuesto del Consejo del Salario y muchas otras reivindicaciones que son expresión de las inmensas necesidades que tiene hoy nuestro pueblo.

Siguiendo con los retrocesos, el gobierno de Cristina al igual que la oposición con peso mediático, han descubierto que es bueno estar bajo la sotana de Francisco. También para esto Capitanich es un camino que ayuda. Las reculadas de algunas de las pocas cosas buenas que venían con el código civil lo están mostrando. Todo esto es música para los oídos de la Iglesia. Además en ésta saben que en Argentina, el mejor custodio de la “verdad” de la Iglesia Católica institucionalizada, es el justicialismo.

Recordemos que todo esto del cambio de Gabinete vino a cuento de que, en una mirada cuantitativa, al gobierno le fue mal en las elecciones. Sufrió una fuerte derrota y de ahí la necesidad de dar una respuesta. Más allá de que siga conservando cierta mayoría en las cámaras y siga siendo la primera minoría electoral perdió más de 4 millones de votos. Pasó del 54% al 32%. El contenido del voto fue claramente contra la inflación, contra la inseguridad que cada vez mas afecta a los sectores más empobrecidos o que viven en villas o asentamientos en la periferia de las grandes ciudades y contra la precarización laboral que se da de la mano con el débil crecimiento de la economía. A los aumentos salariales de la primera mitad del año se los va devorando la inflación. Este problema afecta a la mayoría de la población. No se puede negar el carácter de voto castigo.

La cuestión de fondo es que el modelo neodesarrollista de política económica no tiene como objetivo concreto romper con la dependencia. Sigue ratificando la fantasía de un capitalismo serio, autónomo y en los marcos de la mundialización imperialista. Sueñan con una burguesía nacional que hasta ahora no son más que intermediarios y socios del capital imperialista y del agronegocio, y que crecieron de la teta del estado y de manera mafiosa. Son los amigos del Kirchnerismo, que se han ido incorporando en áreas productivas donde el capital imperialista les ha ido dejando espacio. Han avanzado en la apropiación de la tierra y se han ido constituyendo en componentes activos de las clases dominantes.

Por supuesto los capitanes de la industria de Alfonsín, heredados de la dictadura no lo eran menos pero en esa oportunidad no llegaron tan lejos. La ofensiva neoliberal estaba en toda su potencia. Tuvieron que ser socios muy menores. De ellos, Carrió y el universo radical nunca hablan porque en realidad no hablan de la dependencia. Hablan de las corrupciones de los políticos que están en la escena mediática. Cuando salen de la misma pasan al olvido que, en buena parte de las ocasiones es transitorio.

La realidad es que este modelo es el que está en crisis y cada vez se profundiza más. Como siempre sucede con la dependencia la crisis llega por el déficit de balanza de pagos. En vez de avanzar hacia una industrialización autónoma, retroceden y se neoliberalizan. Uno de los dinamizadores industriales, la industria automotriz, no llega al 20% de partes nacionales, además de dejar un agujero en la balanza comercial. Lo mismo con los electrónicos del sur. No hemos salido de la armaduría. En el caso del gas y del petróleo vamos a la dependencia del capital imperialista y del saqueo de nuestro recurso. Dependencia financiera y tecnológica para la extracción no convencional o de fractura hidráulica. No avanzamos en la modificación de la matriz energética, en la exploración de los modos tradicionales de producción de hidrocarburos y en la reducción del consumo.

En este modelo, el Estado busca intervenir en la regulación de los flujos comerciales internos y externos pero no en la modificación de las estructuras productivas. Están enamorados de la macroeconomía Keynesiana y de los “controles estatales” o “acuerdos” (por supuesto no populares) de precios. Desde allí quieren gobernar las variables macroeconómicas y la economía. Siempre se les rebela producción. Los empresarios oligopólicos siguen haciendo de la inflación la herramienta para garantizar la baja de los costos salariales y una buena tasa de ganancia. También se olvidan que el imperialismo y la dependencia son una realidad. Esa realidad obstinada se expresa en que la sustitución de importaciones no garantiza la industrialización autónoma. El déficit de la balanza comercial termina regresando.

Aunque tengan diferencias, los empresarios de los diferentes “clubs neocoloniales” están felices con este marco discursivo. Saben que conduce al ajuste y también saben que el pueblo lo va a resistir. En el caso de que la resistencia se profundice prefieren que antes venga la “debacle económica y política”. Nada les asusta más que la movilización popular bajo consignas emancipadoras.

En este marco de crisis, donde la polarización social es lo que se profundiza, la inseguridad se vuelve un problema y el narcotráfico se expande (aquí es bueno aclarar que el narcotráfico es una herramienta funcional del imperialismo, conviven con el por qué lo necesitan. Es un control social de las posibles rebeliones sociales en las villas de emergencia, en la periferia de las grandes ciudades del Tercer Mundo).

La oposición con peso mediático nunca plantea el problema en términos integrales porque no les interesa hablar del imperialismo. Para ellos el problema de nuestro país es de gestión, de corrupción (lo cual es una parte de la realidad, es estructural y está ligada al modelo neodesarrollista de dependencia. No es sólo un problema moral) y de mala imagen en el mundo (por supuesto en el mundo del Norte). Para ellos el problema se soluciona con ajuste, mercado de capitales y créditos internacionales, todo por supuesto de manera aggiornada. El problema que tienen es quien hace el ajuste y quien paga el costo político.

Desde la Central de Trabajadores de la Argentina se viene planteando que hay que apoyarse en la movilización popular y con este concepto, se realizó la movilización del 20 de noviembre al Ministerio de trabajo. Contra todas las malas ondas, la movilización fue excelente y altamente concurrida. Pero por sobre todas las cosas marca un camino.

Para las otras centrales la prioridad es gambetear la crisis, garantizar la gobernabilidad y por supuesto no activar la movilización popular. Prefieren subordinarla a las necesidades electorales del 2015. En la realidad piensan que no hay alternativa. El único camino que ven posible es alguna variante de ajuste y el regreso a los organismo internacionales de crédito.

Las centrales kirchneristas y los núcleos más leales al kirchnerismo, plantean que éste modelo llega a buen puerto y todo lo que lo obstaculice, conduce al regreso neoliberal. Son conscientes que va a haber ajuste, pero confían que van a mantener la gobernabilidad. Para esto es clave el apoyo que le puedan dar estas Centrales y así parecen dispuestos. En cambio, la dirigencia moyanista y toda la oposición con peso mediático plantean que el modelo se agotó y entonces quieren volver a una “heterodoxia neoliberal” con ajuste y recomposición con los organismos internacionales de crédito. Tanto para unas como para otras, las alternativas que plantean se desenvuelven en probables coyunturas políticas que tienen como presupuesto de partida, cuidar la gobernabilidad o dicho en términos más criollos, que las contradicciones se salden o negocien en los marcos de la actual superestructura política. Nada que se parezca al 2001-2002.

Desde una perspectiva nacional, popular y de emancipación, claramente hay otro proyecto, y más aun, tiene una larga historia. Este no es el lugar para hacerla visible. Este proyecto alternativo va construyendo su programa de manera histórica incorporando las reivindicaciones emergentes de las luchas populares. Como antecedente importante se puede señalar, que todos los programas alternativos de carácter nacional y popular de los últimos 40 años, tienen como puntos de partida el Programa del 1º de Mayo, que en esa fecha de 1968 se publica en el Nº 1 del periódico de la CGT de los Argentinos.

Completemos esto con un pequeño relato histórico. El golpe oligárquico de 1955 puso en marcha un plan de demolición de las conquistas sociales y políticas logradas por el Movimiento Obrero Argentino a lo largo de décadas. En la resistencia a esos planes, en la lucha por impedir el avance de las patronales y el imperialismo, los trabajadores fueron elaborando propuestas políticas, sociales y económicas, que tenían el doble fin de integrar las fuerzas propias, al mismo tiempo que neutralizar el discurso de los sectores oficiales. El Programa de La Falda, de agosto de 1957, y el de Huerta Grande, de junio de 1962, son partes de este pequeño relato histórico. Este pequeño relato apunta a señalar la fuente de las ideas de un proyecto popular alternativo.

Como decíamos en el párrafo anterior, este programa se ha ido enriqueciendo a lo largo de los años y seguramente haciéndolo, hasta que el Movimiento Popular pueda arribar al Gobierno, ponerlo en marcha y desde allí transformar el estado para convertirlo en herramienta del poder popular. En esta larga marcha se fueron incorporando las reivindicaciones de los derechos humanos, el protagonismo de los trabajadores por vía de un sindicalismo autónomo y democrático, la lucha contra la opresión y por la igualdad de las mujeres, el reconocimiento a los derechos históricos sobre la tierra y su cultura de los pueblos originarios, los contenidos de las Cinco Causas con sus ejes ambientales y el desarrollo nacional autónomo y finalmente la necesidad de un camino de unidad latinoamericana que tiene como punto de partida histórico, el respeto y la valoración de los pueblos originarios que han sido salvajemente despojados por el Occidente Europeo.

Este Proyecto alternativo tiene además de su dimensión programática, la larga experiencia de haber batallado en la calle en la lucha antiimperialista y anti oligárquica. El pueblo a través de los trabajadores organizados de muchas formas y de los movimientos sociales, estos últimos con mucha fuerza a partir de los noventa, dio batalla a través de movilizaciones, pequeñas como un corte de ruta o inmensas como la rebelión popular del 19 y 20 de diciembre de 2001.

También la dio a través de las elecciones y del sufragio universal. La última vez que ambas corrientes de lucha convergieron en torno a un programa común fue el 11 de marzo de 1973. El Golpe de Estado del ’76 nos dio un duro golpe infringiéndonos una gran derrota. Pero recordemos que derrota no es lo mismo que fracaso. El movimiento popular no fracasó como lo demostró en su recomposición en la lucha posterior. Hoy sigue teniendo el gran desafío de la unidad en torno a un programa, de la convergencia con las luchas populares y de la construcción de una fuerza política que haga posible esta articulación.

Jorge Cardelli es Secretario de Formación de la CTA. Diputado Nacional.

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