lunes, 18 de noviembre de 2013

Estados Unidos y la necesidad de nuevos polígonos de poder

Homar Garcés (especial para ARGENPRESS.info)

El gobierno tras bastidores de Estados Unidos (aquel que algunos suponen que su sede se halla en el extranjero) está más que decidido a instaurar una dictadura consensuada a nivel planetario junto con sus socios de Europa y Japón, a los cuales podrían unirse eventualmente Rusia y China, explotando a su favor el estado caótico padecido en la mayoría de las naciones -gracias a la crisis estructural del sistema capitalista que estos mismos han propiciado desde el FMI y el Banco Mundial- y la necesidad de sus ciudadanos de disfrutar de cierto clima de gobernabilidad y de seguridad personal, sin importarles que esto pueda significar para ellos mismos una restricción y un cercenamiento de los derechos civiles, como ya ocurre desde hace algunos años en el propio territorio estadounidense, a partir del gobierno neoconservador de George W. Bush.

Esta situación -que para muchos resulta irreal y paranoica- ya tiene sus antecedentes en varias latitudes de la Tierra, excusándose Estados Unidos tras una inacabable lucha contra el narcotráfico y el terrorismo internacionales, sirviendo de referencia para esta afirmación lo acontecido en Afganistán, Iraq, Libia y Siria, y, más cercanamente, en México y Colombia. En el caso de estos dos últimos países, sin conseguir resultados efectivos, a pesar de la existencia de planes militares de vieja data suscritos con la gran potencia imperial para cumplir con dicho objetivo y del uso de una alta tecnología de vigilancia desde sus respectivas fronteras. Toda esta realidad en su conjunto (sin excluir lo propio de la crisis económica que roe a todo el sistema capitalista neoliberal mundial) le serviría a Estados Unidos para justificar la imposición de un régimen supranacional que, por supuesto, estaría bajo su guía directa, reconfigurando entonces el orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial y ajustándose a sus propios intereses. Algo que los grandes jerarcas político-militares-empresariales gringos ya delinearan previamente en lo que se dio a conocer como el Nuevo Siglo norteamericano, buscando subordinar todos los pueblos y todos los poderes existentes mediante la eliminación preventiva de hipotéticas amenazas a su seguridad nacional, tal como lo exponen abiertamente Barack Obama y su equipo de gobierno en algunas de sus intervenciones públicas.

Esto cobra ahora mayor sentido de urgencia para quienes aspiran el control total de la economía, el poder político incondicional y los recursos naturales estratégicos de nuestro planeta cuando los mismos han visto surgir ante sus ojos a una heterogeneidad de movimientos sociales, políticos y culturales contestatarios que desafían la continuidad de un orden unipolar y plantean en su lugar el surgimiento de nuevos polígonos de poder. Un claro ejemplo de esta nueva realidad lo tenemos en nuestra América con la aparición de gobiernos progresistas, populares y/o revolucionarios que se oponen a la sempiterna hegemonía imperial yanqui, lo que ha supuesto la implementación de nuevos planes injerencistas que incluyen la utilización de artimañas legalistas y la vieja fórmula del golpe de Estado para derrocar a aquellos gobiernos que no acaten sus directrices, valiéndose para ello de la complicidad disciplinada de grupos antinacionales y abiertamente pro-fascistas; lo que exigiría de los sectores revolucionarios, populares y progresistas disponer de una claridad ideológica y política para comprender adecuadamente lo que se halla en juego actualmente en cuanto a la autodeterminación de los pueblos y la preservación misma de la vida sobre la Tierra que permita contrarrestar las intenciones imperiales estadounidenses, de un modo realmente efectivo y permanente.

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