viernes, 29 de noviembre de 2013

Ginebra II. Poner fin a la guerra en Siria. Poner fin a la injerencia extranjera

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

La Coalición Nacional de la Oposición Siria, principal organismo opositor al gobierno del presidente Bashar Al -Assad, anunció el pasado miércoles 27 de noviembre su voluntad de participar en la conferencia internacional a celebrarse el 22 de enero en Ginebra. Dentro del optimismo que esta decisión pueda generar, garantizar que ocurra y que traiga beneficios para la paz, tratándose de una oposición fragmentada y presionada por la actividad terrorista, es una situación que requiere de una gran dosis de realismo.

Se presentan más dudas que certezas sobre la planificada conferencia de paz llamada Ginebra II. Si no se suspenden los ataques terroristas diarios en las ciudades populosas de Siria, es descabellado exigirle al ejército Sirio – como lo hace el canciller británico William Hague y otros en la misma postura-, suspender sus operaciones y que el terrorismo avasalle.

Si no se le pone fin al apoyo indirecto y directo a la actividad terrorista, la conferencia puede resultar en apenas un intento de acercamiento de las partes. Aunque esto puede constituir en sí un gran avance, en una guerra prolongada innecesariamente por derrocar a un gobierno, lo esencial es detener el plan. Este es el tema. Aquí tal vez resida el por qué del aumento de los atentados terroristas mientras se aproxima la fecha de Ginebra II. No hay explicación posible de lo que es el fracaso de una operación que nunca debió implementarse.

Con todo, después de dos años de arduas negociaciones patrocinadas por Naciones Unidas y la Liga Árabe, es probable que se realice esta conferencia porque se produce en un momento en que las partes negociadoras que rodean a los dos bandos en conflicto, parecieran haber llegado a un “acuerdo marco”, similar al que se ha llegado con Irán y su proceso de desarrollo nuclear: Hay que disuadir una crisis mayor; se debe negociar y no hacer explotar el reguero de pólvora en la región.

China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia, como países miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con poder de veto permanente, han participado en estas negociaciones. Irán como país gravitante en la región, también se ha hecho parte en el proceso de disuasión de una guerra interior (en Siria) que finalmente adquirió una fuerza expansiva de imprevisible impacto regional y más allá.

Cada una de estas naciones miembros del consejo, lo han hecho desde la perspectiva de su posicionamiento frente al conflicto armado que completa tres años el próximo marzo de 1014. China y Rusia decididamente preservando el núcleo irreductible del principio de no intervención en los asuntos internos de Siria. El resto de los tres miembros nombrados, decididamente empeñados en derrocar el gobierno mediante una intervención militar para derrotar al ejército Sirio.

El conflicto Sirio ha desafiado la aplicación consistente del derecho internacional y la Carta de Naciones Unidas como ningún otro fenómeno con carácter de crisis internacional post guerra fría. “El principio de no intervención ha colocado en mano de los pueblos la responsabilidad de su destino y entre sujetos estatales tiene un sentido igualador, democratizador. El carácter progresista del principio de no intervención ha de presumirse; el de la injerencia (humanitaria o democratizadora) ha de probarse caso por caso”. (Brotóns et. al; Derecho Internacional Madrid.1997).

Además, quién garantiza que los que toman las decisiones, saben representar la sociedad internacional y están preparados y dispuestos a aplicar los principios de manera objetiva. Esta advertencia apunta al problema central de esta guerra inventada para derrocar un gobierno. Los que representaron a la sociedad internacional para intervenir, no solo no aplicaron el principio de no injerencia con un mínimo de sigilo, sino que se arrogaron el derecho de aplicar principios en función de ciertos intereses políticos que ultrapasaron el de la injerencia por razones humanitarias o democratizadoras.

Es probable que estas consideraciones no estén en las negociaciones en Ginebra II, aunque ciertamente forma parte del telón de fondo. En este tema de Siria se ha violado en forma permanente la carta de Naciones Unidas y los principios del derecho internacional.  

El conflicto Sirio ha sentado precedentes principalmente en incorporar el terrorismo transnacional para derribar un gobierno sin que la comunidad internacional condene el hecho. Por el contrario, el empeño que ha permanecido fuera de toda ortodoxia en la historia del intervencionismo, ha recibido el apoyo de la Europa Comunitaria, Estados Unidos, Israel Turquía y Arabia Saudita, naciones que han sustentado el plan de derrocar al presidente en Siria. Es probable que la conferencia de Paz Ginebra II vuelva a sentar un precedente en que efectivamente se lleve a cabo mientras las partes que negocian continúan despedazándose en el terreno.

En este sentido, las recientes declaraciones del canciller Británico William Hague, apelando a que “el ejército Sirio interrumpa sus operaciones militares”, que en gran parte consiste en contener la actividad terrorista, contribuyen a que la parte agresora no deponga las armas, y como se ha visto en la últimas semanas, el terrorismo ha aumentado.

Las conferencias de paz para detener una guerra por lo general no son concluyentes mientras la parte agresora no haga un definitivo alto al fuego. Entre ortos antecedentes, se demostró en la guerra de las dos Coreas (1950-1953), en las guerras en Mozambique, Angola, Sur del Sudán. Por otra parte el alto al fuego en general es producto de la victoria de un lado.

Bashar Al Assad no fue derrocado. El estado Sirio no se desintegró. Eso sí está casi diezmado por la destrucción y la destitución de población. Las razones humanitarias deben primar en la conferencia planeada para cerrar el capítulo de la guerra. Para que esto ocurra el plan de derrocar al presidente debe darse por cerrado y los gobiernos de las naciones que lo propusieron, financiaron e implementaron, deberán responder a sus poblaciones de por qué fallaron. La clave de Ginebra II para poner fin a la guerra es poner fin a la injerencia extranjera.

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