martes, 19 de noviembre de 2013

Inauguran en Argentina muestra permanente del Imperio Egipcio

Bruno Geller (AGENCIA CYTA - INSTITUTO LELOIR)

Hace 50 años, un arqueólogo argentino rescató tesoros milenarios a orillas del Nilo. Hoy podemos ver sus descubrimientos en una muestra diseñada por su propia hija, Elsa Rosenvasser Feher, y el equipo de museología del Museo de La Plata.

“El valle y lo creado en él por el hombre quedarán cubiertos para siempre bajo las aguas”. Con esta frase escrita a principios de los 60, Abraham Rosenvasser, doctor en leyes y experto argentino en jeroglíficos del Antiguo Egipto, se refería a la construcción del dique Sadd El-Ali en Aswán que convirtió un importante tramo del valle del Nilo en un lago de unos 500 kilómetros de extensión. Antes de que sucediera eso, entre los años 1961 y 1963, Rosenvaser y su equipo rescataron importantes tesoros arqueológicos que ahora el público puede disfrutar en la muestra permanente “Fragmentos de Historia a orillas del Nilo”, que se inauguró en el Museo de La Plata.

Para evitar la desaparición de los testimonios de las diversas civilizaciones que habitaron esa región, conocida como la Nubia, los gobiernos de Egipto y Sudán pidieron asesoramiento y colaboración a la UNESCO. Este organismo internacional ideó un plan de acción internacional en 1959 que buscó la cooperación de todos los países del mundo. Con el apoyo del CONICET y la Universidad Nacional de La Plata nació la Misión Arqueológica Argentina dirigida por Rosenvasser, quien falleció en 1983. Las piezas expuestas ahora fueron donadas por el gobierno de Sudán en reconocimiento a la labor efectuada por esa misión.

“Recuerdo a mi padre, sentado en la arena frente a cada hallazgo, anotando en su cuaderno los jeroglíficos para descifrarlos”, relata su hija, la doctora Elsa Rosenvasser Feher, ex directora del Reuben Fleet Science Center, un Museo Interactivo de Física de San Diego, en Estados Unidos, y especialista en museología y enseñanza de las ciencias.

Aksha, el sitio donde trabajó el arqueólogo argentino, era una pequeña localidad a orillas del río Nilo, ubicada a la altura de la actual frontera entre Sudán y Egipto. Fue habitado por pueblos de distintas culturas que dejaron sus huellas a lo largo de los últimos 10.000 años.

“Pueblos del paleolítico, nubios, egipcios, meroíticos, cristianos y musulmanes construyeron en la profundidad del tiempo la historia de Aksha: una historia que tuvo por testigo al Nilo, el río que la vio nacer, florecer y sucumbir en reiteradas ocasiones, hasta que terminó sepultada bajo las aguas del embalse”, señala Sebastián Preliasco, integrante de un colectivo de científicos y artistas que colaboraron en la concepción museológica de la muestra.

¿Por qué su padre investigó una cultura tan lejana? le preguntan muchas veces a Rosenvasser Feher. “Mi padre había nacido en la colonia de Mauricio, en la provincia de Buenos Aires. Era un gaucho judío que iba a la escuela montado a caballo. Su conexión con esa cultura provenía del estudio de la Biblia, de la historia de Moisés en Egipto y otros relatos”, afirma.

La mayor parte de la exhibición -fragmentos de muros con jeroglíficos, joyas, vasijas muy bien conservadas, frisos y dinteles- refleja la grandeza del imperio de Ramses II, hijo de Seti I y Tuya.

La puesta en marcha de la muestra fue posible gracias al trabajo de un numeroso equipo de especialistas, coordinados por María Marta Reca, que encabeza la Unidad de Conservación y Exhibición del Museo de La Plata. Cabe destacar la labor de Kent Severson, especialista subvencionado por la Fundación Getty de los Estados Unidos, que entrenó al personal del Museo de La Plata con el propósito de conservar las piezas milenarias.

La colaboración y el riguroso asesoramiento de la egiptóloga Perla Fuscaldo, discípula de Rosenvasser, también resultó clave para el desarrollo del proyecto.

“Tengo noticias de los 28 cajones despachados desde Sudán. Están ahora en Londres y el empresario marítimo pide un depósito de 120 libras para hacerlo llegar a Buenos Aires. Por otro lado, desde Wadi Halfa me escribe Gamal diciendo que le debo 71 libras y pico porque las 148 que le dejé no alcanzaron. Como ves el flete insumirá una friolera de más de 900 dólares”, escribió Rosenvasser en una carta dirigida a su familia. Y agregó: “Es de esperar, que en conjunto, la cosecha resulte realmente buena”. Quienes visiten la muestra en la ciudad de La Plata podrán confirmarlo.

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