lunes, 11 de noviembre de 2013

Maduro da pelea afuera y adentro de su gobierno

Emilio Marín (LA ARENA)

El 8 de diciembre próximo serán las elecciones municipales en Venezuela. Y para el gobierno de Nicolás Maduro es crucial lograr una victoria holgada, que no tuvo en las últimas presidenciales.

Tras la muerte de Hugo Chávez hubo elecciones presidenciales en Venezuela, el 14 de abril pasado, y fueron ganadas por Nicolás Maduro, a quien aquél había designado como sucesor y candidato. Esa victoria fue inobjetable pero a la vez tuvo un margen estrecho, pues Maduro superó al candidato empresarial y derechista Henrique Capriles, de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), por sólo 1,7 puntos, equivalentes a 262.000 votos.

Aprovechando esa ventaja tan escasa, Capriles y su socio mayor, la administración Obama, aprovecharon para tildar lo ocurrido de "fraude", aún cuando los resultados fueron confirmados por el Consejo Nacional Electoral. Es la autoridad de un sistema electoral de óptimo funcionamiento según la opinión de expertos internacionales, entre otros los del Centro Carter.

La MUD fue una pésima perdedora porque en vez de aceptar los resultados adversos promovió desórdenes callejeros (guarimba), ataques a chavistas y locales del Gran Polo Patriótico, con un saldo de muertos y heridos.

Esa furiosa oposición fue en vano porque rápidamente Maduro asumió el cargo con apoyo de la Unasur y otros organismos regionales. Hasta Colombia, de mayor afinidad con Capriles, quien fue recibido en Bogotá por el presidente Juan M. Santos, debió meter violín en bolsa y acatar el escrutinio definitivo del CNE. Solamente Washington y Tel Aviv permanecieron como hostiles reductos a admitir la nueva titularidad de la democracia.

Ambos países tenían sus malas razones para ese desconocimiento de la legalidad en Caracas. El imperio, como ha confirmado una nota publicada por el diario The New York Times el 3 de noviembre pasado, tenía a Venezuela como prioridad de su espionaje. Junto a China, Corea del Norte, Irán, Irak y Rusia, estaba en la "lista de objetivos de largo plazo" para los espías de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA). La fuente de esa información, que nadie se atrevió a poner en tela de juicio, fue el ex topo de la NSA y de la CIA, Edward Snowden.

Con defensas antiaéreas

Esa categoría de "máximo enemigo" donde había sido colocada Venezuela en 2007 con George W. Bush, siguió ocupándola hasta 2010, ya con Barack Obama, interesado en espiar las relaciones de Chávez con Beijing, Moscú y Teherán, de índole comercial, política y militar.

Las razones de Israel para desconocer la victoria de Maduro pasan por la continuidad de su enemistad con el comandante Chávez. Este había sido muy solidario con los iraquíes, palestinos, sirios, libios y particularmente con Irán, sobre todo durante los dos mandatos de Mahmud Ahmadinejad. Y todos esos pueblos y sus respectivos gobiernos han sido objetivo de agresiones por parte de Benjamin Netanyahu y sus antecesores en el cargo. Eso explica que una vez más y van..., el sionista Estado de Israel hiciera causa común con la Casa Blanca contra un gobierno del Tercer Mundo.

Ese desconocimiento por parte de EE UU de las presidenciales en el miembro de Mercosur, su aliento a las acciones desestabilizadores y violentas de la oposición oligárquica, la labor de espionaje de la NSA pero también desde la embajada en Caracas, etc., han puesto la relación bilateral en el peor momento de los quince años transcurridos desde la primera victoria de Chávez en diciembre de 1998. Hace tres años que las embajadas recíprocas no tienen embajador sino encargados de negocios. A principios de octubre pasado tres diplomáticos estadounidenses incursos en espionaje fueron expulsados por el gobierno bolivariano y como réplica la administración Obama hizo lo propio con tres venezolanos en Washington, aunque no pudiera enrostrarles delito alguno.

Y esta semana la escalada llegó a rozar lo militar. Maduro informó el jueves 7 la instalación de baterías antiaéreas de defensa en todo el territorio nacional, incluyendo Caracas.

El objetivo es "garantizar que jamás una aviación militar enemiga, extranjera, imperialista, entre a la ciudad", explicó. Ludmila Vinogradoff, de Clarín, escribió que el jefe de Estado habló de "una potencia extranjera que no identificó". ¿Hacía falta ponerle nombre y apellido o era demasiado obvio que el bolivariano se estaba refiriendo a EE UU?

Ojalá que esas defensas no tengan que usarse. Por las dudas se aclaró que esos cohetes son "de los más modernos del mundo". Con razón la NSA espiaba para saber de las compras venezolanas de material militar a Rusia.

¿Una victoria amplia?

Para los comicios municipales falta exactamente un mes y los pronósticos no son coincidentes.

La Mesa de Unidad Democrática no tiene candidatos únicos como el 14 de abril y varias agrupaciones se han desgajado del viejo tronco hegemonizado por Capriles y el partido "Primero Justicia". Esto puede complicar y hasta revertir los aires triunfalistas autoinsuflados en estos meses.

Una óptica opuesta, quizás demasiado optimista para con las posibilidades del gobierno, es la del veterano periodista y político José Vicente Rangel, ex vicepresidente de Chávez. En sus programas periodísticos, Rangel vaticinó que el bloque bolivariano ganará el 80 por ciento de las alcaldías y consejos municipales.

Está bien que pesa aquella dispersión relativa al interior de la MUD y que el gobierno de Maduro está haciendo un gran esfuerzo para ganar las municipales, pero en principio, desde el exterior y sin un conocimiento detallado de la situación interna, parece que el triunfo del oficialismo puede ser una realidad, pero no por el amplio margen que asegura Rangel.

Es que en el medio, desde que se abrieron las urnas de abril hasta estos treinta días previos a la nueva compulsa electoral, han sucedido algunos fenómenos negativos, sobre todo en la economía venezolana que podrían restar votos a los candidatos del Polo Patriótico.

A saber, la inflación, el desabastecimiento, la fuga de dólares, la lentitud en poner en marcha una economía diversificada y no mono dependiente de la renta petrolera, etc.

Para explotar ese punto flaco del gobierno, la oposición realizaba ayer una protesta nacional argumentando que la caída en la actividad económica es culpa del chavismo; que los empresarios no tienen incentivos para producir y les faltan divisas para importar sus productos. Cualquier parecido con pliegos empresariales de la UIA, AEA e IDEA de Argentina, no es pura coincidencia.

La demora, grave problema

La inflación y el desabastecimiento son dos gravísimos problemas de los que resulta fácil echarle la culpa al gobierno. Así razona mucha gente en Caracas y Buenos Aires. Salvan de responsabilidad a los formadores de precios, que suelen remarcar los precios porque dominan el mercado y eluden los controles del Estado, y de ese modo disparan la inflación. Esos mismos monopolios y oligopolios desabastecen el mercado para provocar faltantes, con lo que fuerzan el aumento de precios ante productos escasos.

En uno y otro caso, esas empresas hegemónicas consiguen un doble propósito: obtienen una rentabilidad extraordinaria y generan una profunda irritación social que desgasta a Maduro en un caso y Cristina Fernández en el otro.

En Venezuela hay un factor extra en la lista de daños para su población y gobierno. El Estado licita dólares obtenidos de la renta petrolera, para que empresas y comercios importen bienes de capital o consumo. El Banco Central de Venezuela reportó la fuga de 160.144 millones de dólares, que no fueron afectados a por los bancos privados a aquellos verdaderos fines sino que terminaron en el mercado negro, o directamente fugados a cuentas bancarias en los paraísos fiscales.

¿De quién es la culpa? Para Capriles y sus sponsors nacionales y extranjeros no hay duda de que Maduro es el único responsable. Los empresarios amigos del gobernador del estado de Miranda y aspirante presidencial, quedan afuera de toda sospecha, pese a que son los culpables centrales.

Maduro viene apretando las tuercas y el jueves pasado anunció mayores controles estatales de precios, la intervención cívico-militar para impedir el acaparamiento y desabastecimiento de mercaderías, y más dominio estatal sobre el mercado de cambios y adjudicación de dólares.

Por otro lado, debido al fenómeno de corrupción que corroe por dentro a la administración bolivariana, el presidente viene tomando medidas y depurando funcionarios. Por ejemplo, acaba de reunir a las Misiones Sociales (diversos programas educativos, sanitarios, culturales, etc.) en un nuevo viceministerio llamado de "Suprema felicidad del pueblo venezolano". Más allá del polémico nombre, parecen medidas tomadas en la buena dirección. Lo que hay que remarcar es que llegan con bastante demora, cuando buena parte del daño está causado a la población y al prestigio del gobierno.

Maduro, como ex chofer del Metro de Caracas, sabe que el bus debe llegar a tiempo. Si se demora mucho, la economía sufre pérdidas de horas hombre, los usuarios se resienten y se pierden votos para la causa. De acá al 8/12 cada hora con llegada tarde son como 10.000 votos menos en cada municipio.

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