lunes, 2 de diciembre de 2013

Argentina, Córdoba. Megacausa La Perla: “Los Comandos Libertadores de América operaban desde 1974”

Katy Garcia (PRENSA RED)

Así lo aseguró Carlos Hairabedián, sobreviviente de la dictadura cívico militar, detenido el 27 de marzo de 1976. Pasó por los campos de concentración La Perla, La Ribera y el D2, fue alojado en la UP1 y trasladado varias veces a La Plata. Quedó en libertad vigilada a fines de 1979. También declaró Ceferino Reato quien afirmó que Pietragalla y Jensen fueron las primeras víctimas del aparato parapolicial.

El testigo comenzó por su historia personal “que no se agota en mí, sino que implica a miles de argentinos”, aclaró. Fue citado además por la muerte de Hugo Estanislao Ochoa, militante de la Juventud Peronista y delegado del Sindicato de Empleados Públicos (SEP), secuestrado el 12 de noviembre de 1975, a la madrugada y asesinado por el Comando Libertadores de América (CLA) cuando estaba a punto de denunciar la presencia de fuerzas irregulares, armadas, ajenas al sector. Sobre este hecho manifestó que a su real entender fue así. “Absolutamente. No podrían haber actuado sin la aquiescencia y el respaldo del Estado de aquél entonces”, afirmó. Y añadió que desde 1974 se encontraba operando.

En primer término se refirió a la antesala del Golpe que ubicó aún antes del Navarrazo. Consideró que todo comenzó en junio de 1973, cuando fue nombrado Juez de instrucción por el gobierno de Ricardo Obregón Cano y Atilio López. “Casi inmediatamente a la asunción de mis funciones, comenzaron una serie de amenazas que iban aumentando progresivamente. Por aquél entonces dispuse el procesamiento de un oficial de policía por el delito de tortura”, afirmó. Agregó que el clima de violencia se agudizó con el Navarrazo aunque. la derecha peronista antes del golpe institucional puso en marcha “su formidable aparato atemorizante, de intimidación, con publicación de solicitadas, volanteadas y la toma de la desaparecida LV2. Los ataques estaban dirigidos según el testigo “a tres personas que ellos sindicaban como de penetración y dominio marxista: Obregón Cano, Erio Alfredo Bonetto, ministro de gobierno, y el juez de instrucción, que era yo”, expresó.

Al otro día del golpe policial, ocurrido el 27 de febrero de 1974, fueron a buscarlo pero no se encontraba en su domicilio. Durante la jornada habían sido detenidos cerca de setenta funcionarios del gobierno y explotaron tres bombas en los domicilios: “una por un error cerca del domicilio del doctor Bonetto, otra en mi domicilio y la otra en lo de Obregón Cano. Eso terminó con la caída del gobierno y yo continué mis funciones judiciales”, amplió.

Recordó además que en un episodio anterior fusilaron a cinco cooperativistas de Amstrong, provincia de Santa Fe, en enero de 1974. Y que ese mismo año durante el aniversario del Cordobazo un grupo irrumpió en un domicilio que se encontraba en construcción con la intención de matarlo. Y que tuvo que refugiarse en la casa de su vecino García Montaña “que no tenía ninguna simpatía conmigo pero me alojó y protegió del grupo armado que después supe era de origen policial”, comentó.

En relación a la explosión de las bombas dijo que tuvieron amplia repercusión pública. No obstante el automóvil que le había sido asignado también fue atacado. Ante esta situación de “una represión feroz e implacable muchos me dijeron que me vaya del país, a México o España”, pero no lo hizo. Entre los que lo aconsejaron citó a los doctores Ricardo Núñez y Antonio Hernández, este último secuestrado y asesinado después en Buenos Aires.

Aviso

Tiempo después, un oficial de apellido Carranza que trabajaba en el mismo juzgado fue secuestrado y llevado al campo de La Ribera. Al regresar lo alertó sobre inminencia de un Golpe “que me iba a producir consecuencias inolvidables para mi vida”, rememoró.

Se retrotrajo a la vida universitaria donde se reconoce como “un agitador” al que identificaban como “filocastromarxista” pero que era peronista. Trabajaba en radio Municipal, tomada en 1963, durante el conflicto de Azules y Colorados.

En 1969 se incorporó al diario Los Principios, de orientación católica, y tenía a su cargo la sección tribunales. Durante el Cordobazo, en la esquina de Arturo Bas y San Juan donde cayó muerto Máximo Mena, lo llevaron preso y puesto a disposición del PEN y trasladado a la cárcel de Encausados junto a Lucio Garzón Maceda. “Hablé con (Albano) Harguindeguy, en esa época se podía, y en ese momento me sacaron la disposición del PEN”, comentó. La medida fue tomada al conocer su pertenencia al periódico citado. “Eso forma parte de esta historia, que va quedando archivada”, señaló.

El Golpe

El 27 de marzo de 1976, frente a lo que es hoy el complejo Dinosaurio de Rodríguez del Busto, y donde había un cuerpo de vigilancia policial fue detenido, esposado y llevado a la Unidad Regional donde “nadie me dijo nada, ni me preguntó nada, hasta que a las cero hora de esa noche, el oficial de guardia me llama porque irrumpe una dotación militar. Y me dice al oído el oficial de guardia: lo lamento doctor pero lo tengo que esposar y vendar y que dios lo ayude”, dijo. De ahí fue llevado en un camión. “Pensaba en mi familia y en las advertencia que me había hecho Carranza. Era un país sombrío, aterrorizado, pero no sabía que iría a pasar con el conjunto de la sociedad, y con mi familia y mis hijos que eran niños de 8 y 6 años”, reflexionó.

De ahí lo llevaron a La Perla y “paradojalmente, sin violencia, fui depositado en un pozo. Pensaba que era el pozo fúnebre. No podía separar el pozo de la muerte, para mí era eso. Pasó una hora y recuerdo que estaba vestido de Juez de saco y corbata. No hicieron alusión a mi situación y en horas de la madrugada me llevaron en un auto, vendado, a la guardia de la Escuela de Aviación militar. El corto trayecto me hizo pensar que no había ido a otro lugar que no fuera La Perla”, aseveró.

Sustitutos de Dios

En ese lugar lo hicieron recorrer el predio donde pudo ver a los funcionarios de Bercovich Rodríguez, Risso, Figueredo y Tejada y que le hicieron un simulacro de fusilamiento. “Dispararon las armas mientras me colgaban del cuello de la camisa, como corriendo, haciéndome prever el final como si fuera un fusilamiento”, describió. El grupo de cadetes era el que gatillaba las armas pronto a reanudar los cursos lectivos en ese centro educativo. En esta línea analizó que la fuerza aérea no quería prisioneros y que un vice comodoro le manifestó que “habían decidido darme una lección porque tenían una idea de justicia superior a la sucia que yo representaba. Y de acuerdo a esa fuerza habían sustituido a Dios”, explicó.

En la UP1

Tras ese periplo fue a parar a la Unidad Penitenciaria donde ingresó en la madrugada del 15 de junio, día en el que asesinaron al médico René Mouckarcel, militante del PRT, estaqueado, en un patio interno del penal.

Hairabedián narró su estadía en el Pabellón 10 al que dscribió como “un lugar tenebroso, con algunos colchones, donde unas 80 personas privadas de su libertad, ignorantes de lo que pasaba afuera, encerrados, con una tesitura propia, cada uno, entre los que se encontraban los que venían de antes del 24 de marzo, donde tenían a los que iban a matar. Entre los que recuerdo estaba un amigo el doctor Miguel Hugo Vaca Narvaja”, recordó.

En la UP1 se encontró con varios conocidos muchos de los cuales creyeron que iba como funcionario judicial. Tras el golpe había sido cesanteado, sin embargo, fueron a la prisión a pagarle los haberes correspondientes.

Pegar por pegar

El testigo avanza y retrocede en el tiempo. Los recuerdos lo invaden. Así, narró una requisa acompañada de una golpiza general donde los prisioneros, desnudos, eran arrojados uno encima del otro. Las autoridades carcelarias -estimó- no tenían ningún tipo de control y después íbamos a saber que había tensiones entre el director Torres y los militares.

El abogado contó que había dirigentes sindicales, comunitarios, de la universidad, políticos, y personas que no tenían militancia alguna. “Otros estaban por error, por ser amigos de los que estaban presos, gente que no tenía militancia como el decano del IMAF y podría seguir con la lista”, consideró.

Entre los últimos, nombró a Carlos Bergman, Jaime Pompas y miembros de la Comisión del Festival de Cosquín. Y entre los primeros a Carlos Zanini, los hermanos Gioja, la conducción del Smata excepto Rene Salamanca que había desaparecido el 24 de marzo.

De la Sota

También se acordó de la presencia de José Manuel de la Sota, detenido en el pabellón 9 y sus continuas “críticas y quejas” porque había ido a parar a un lugar que “era un nido de subversivos”. Y prosiguió diciendo que el actual gobernador se vestía en esa época con “ropa negra” y que estaba en las “antípodas de mi pensamiento”.

El querellante Miguel Ceballos le preguntó sobre la alusión a De la Sota y su vestimenta. “Antes (de caer preso) estaba de campera negra y yo lo asocie mucho con ideas de derecha típicas, no podía estar con esta gente que era de izquierda. Personas que lo habían aislado y no le daban bola”, dijo citando a Juan Gelman y la inclusión del término “boludo”.

El Gordo bueno

En octubre de 1976 fue trasladado al campo de La Ribera “una cosa ominosa, se relacionaba con la muerte”. Allí lo “atendió” un interrogador civil, le sacó la venda, lo invitó a comer torta y le dijo que lo conocía de radio Municipal. Se presentó como “El Gordo bueno” y de movida le avisó que “usted es un tipo odiado por los altos mandos del ejército”, hizo alarde de su poder para resolver el destino de muchos pero que aclaró que abajo estaba “El Gordo malo”. La conversación según lo que cuenta el testigo era desopilante. La indagación estaba orientada a conocer el paradero de una mujer de apellido Ceballos Amuchástegui – supuestamente conocida por el testigo-, que habría conocido a un militante montonero a quien se le atribuía la muerte del cónsul de los Estados Unidos en Córdoba.

El interrogador civil le dijo que la Comunidad Informativa le había bajado el pulgar. “A usted lo odian” le volvió a decir. Permaneció en la Ribera unos 10 días. Recordó que se enteró que se hallaban ahí Tucho Ruffa y Pablo Chabrol.

A usted Barreiro lo vi…

Más adelante, el abogado defensor Viola le preguntó si lo volvió a ver a Ludueña. Dijo que sí, que un día fue con su hijo –presente en la sala- a conocer el estadio y escuchó que alguien le gritaba “doctor Hairabedian, y veo a un grupo entre los cuales lo ubico”, dice mientras gira la cabeza hacia atrás. “A usted Barreiro, lo recuerdo, era rubio”- le dijo de pronto el testigo al represor-. Y completó: “Estaba en la pieza del lado”, aludiendo a los interrogatorios que le hacía el Gordo Bueno. Barreiro solo sonreía.

Luego retomó el tema sobre Ludueña a quien volvió a ver cuando intentó contar con su asistencia para un caso de “falso testimonio” que no aceptó. “Tenía inquina con los poderosos. Jugaba a ser una especie de un reparador de injusticias”, especuló.

El testigo señaló que los torturadores se ensañaron con los judíos y con los homosexuales y que se enteró que lo mismo pasaba con las mujeres.

Cuando fue trasladado a La Plata compartió la celda con el contador Fierro hasta fines de 1977 que lo traen a Córdoba y su compañero parte al exilio. En esa prisión dijo que se podía leer y destacó que el diario “La Prensa” a pesar de ser “ultraliberal” daba cuenta de noticias que otros no publicaban como las salidas de prisioneros afuera del país, habeas corpus, listados de los liberados, entre otras.

Sobre el Mundial 78 recordó que el plan era tener una fuerte dotación de prisioneros en condición de rehenes haciéndoles saber que cualquier cosa que les sucediera a los militares sería castigada según el rango del afectado con una cantidad de asesinatos de militantes.

Ese año “tuvimos unas experiencias dantescas” contó refiriéndose a una requisa brutal realizada el 11 de marzo, aniversario del triunfo electoral de la fórmula Cámpora- Solano Lima. “Cada celda tuvo un tratamiento igual de feroz. Tenían necesidad de golpear, el castigo por el castigo mismo”, remarcó. Y destacó el ensañamiento empleado para con los judíos como Pompas y con cualquier signo que indicara. homosexualidad.

Tras el mundial fue llevado nuevamente a La Plata y recién fue liberado en febrero del 1979 bajo el régimen de libertad condicional. Hace poco, tomó conocimiento que figuraba en las listas publicadas recientemente como “prohibido e irrecuperable” para trabajar en los medios.

Al mediodía se suspendió su testimonio para continuar después tras la declaración por teleconferencia del periodista Ceferino Reato propuesto por la defensa como testigo de contexto.

Testigo de cuentas

El periodista Ceferino Reato aportó los consabidos datos que hizo públicos en sus libros y que aluden a la cantidad de desaparecidos. Claudio Orosz, representante de la querella lo indagó sobre como obtuvo los facsímiles que obran en el expediente y que publica en su último libro en relación a Marcos Osatinsky. El periodista respondió que no revelará las fuentes y el abogado le aclaró que se trata de una prueba y que realizará una presentación penal.

En cuanto al CLA afirmó que fue creado por orden de Menéndez después del ataque en Formosa y que el debut oficial es el secuestro y muerte de los jóvenes estudiantes, en represalia por lo de Entre Ríos y la operación Moncholo.

Para el periodista, citado por la defensa de los imputados como testigo de contexto “hubo 7 mil desaparecidos.

“Lo más controvertido de su libro es el tema de los desaparecidos”, le dio pie Viola. Reato manifestó que antes del golpe se creó el Comando Libertadores de América y que las desapariciones empezaron en 1975. Según sus investigaciones dijo que “la mejor fuente sobre las víctimas de la dictadura es el Nunca Más y el informe de la Conadep. (…) En Córdoba hubo 438 desaparecidos y 120 ejecuciones sumarias. En total hubo 7 mil desaparecidos, según sus cuentas.

En este punto Orosz le preguntó qué conocía sobre Pietragalla y Jensen y respondió que según sus fuentes ambos habían participado en Formosa como comandos de Montoneros, que se refugiaron en Córdoba donde son secuestrados y luego fueron las dos primeras víctimas del recientemente creado CLA.

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