domingo, 29 de diciembre de 2013

El asesinato de Benazir Bhutto. Significado de una investigación (Parte II)

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Formas de construir naciones

A Nelson Mandela, el “Enemigo Número 1”del Apartheid, los detentores del régimen no lo sacrificaron hasta el punto de asesinarlo. Algunos podrán pensar que condenarlo a una larga cárcel podría ser una jugada de pulsar el día a día e ir analizando los qué convenía más: Un Mandela inhabilitado para incidir en la política, o mantener la vigencia de un líder nacional para negociar una futura transición. Hay algo de visionario en el hecho de que un grupo no menor de Afrikáners, no quisieran deshacerse definitivamente de Mandela y contribuyeran a mantenerlo como un símbolo para reducir la posibilidad de la desintegración completa de una nación que era un anatema y un régimen cuestionado universalmente. Mandela entendió el contexto y lideró una compleja transición, no exacerbó, tampoco se adaptó. Escogió un camino para construir una nación diferente a la anterior.

A Benazir Bhutto, el sistema que ella combatía se le negó esa posibilidad eliminándola. Las autoridades pakistaníes involuntariamente o a conciencia, no permitieron que la “visión Bhutto” pudiera participar en la transformación de una nación en permanente convulsión y transición hacia algo aun indefinido.

Ambos líderes comparten objetivos, épocas y determinantes que resolvieron que el destino final de sus vidas fuera diferente en la inmediatez que exige la política en su fase despiadada. Son contextos diferentes, pero hay coincidencias en la época, en los objetivos de construir nación desde el escenario post colonial todavía en gran parte indescifrable. Ambos lideran vastos grupos de personas integrados en estructuras sociales en transformación. La constante presión de las condicionantes externas -guerra fría, supremacía de potencias, desequilibrios de poder en las relaciones internacionales, papel de las corporaciones transnacionales-, sobre el desarrollo nacional, ha impedido en las naciones del mundo post colonial compactar una identidad propia con pleno reconocimiento de un lugar de pertenencia, con ideales propios acerca del tipo de sociedad a la que se aspira.

En los momentos en que se le rendía un homenaje universal a una figura incuestionable como un líder en pos de una mejor humanidad, la segunda parte de la entrevista enfocada en la investigación del asesinato de una líder como Benazir Bhutto es contingente en el período actual en que los estados, instrumentos decisivos para formar naciones, enfrentan un clima de variadas amenazas, fundamentalmente provenientes del gran capital y especialmente del capital de las corporaciones transnacionales. El sistema capitalista desde su origen ha batallado con esa contradicción que genera la lógica de su dinámica de protección: Se construye el “aparato” – el estado- que permite el juego entre dominación e intermediación, pero al mismo tiempo hay que controlar a ese Leviatán que apareció al límite de destruirlo, que es también el estado.

¿Son Sudáfrica y Pakistán lo que aspiran sudafricanos y pakistaníes que sean? O, deben ser lo que los determinantes globales obligan... ¿Cuál es el equilibrio? En ambas experiencias se pueden sacar lecciones vitales.

Entrevista Parte II

JFC: Se abordó la relevancia política, veamos el proceso, resultados.

HM: Fue una investigación muy difícil que duró un año y tres meses, más o menos. Fuimos varias veces a Pakistán. Íbamos y salíamos, fuimos a varios otros lugares. Estuvimos en Londres en largas reuniones con Scotland Yard, porque Scotland Yard inmediatamente después del asesinato realizó una investigación forense para averiguar la causa de la muerte de Benazir. Como había desconfianza en las autoridades forenses pakistaníes, Musharraf aceptó, bajo presión, que viniese un equipo de Scotland Yard. Fue una historia notable porque las sospechas de quién había cometido el asesinato se incrementaron cuando inmediatamente después de perpetrado el asesinato, la policía local hizo mojar toda la zona del asesinato en vez de protegerla para buscar evidencias. Simplemente usaron mangueras de bombero para limpiar todo y por lo tanto cuando llegaron los policías a investigar, no encontraron piezas suficientes. De hecho, Scotland Yard y la policía local alcanzaron a recolectar algo así como unas 27 piezas. En un asesinato de esa naturaleza se estima que puede haber decenas de miles de pedazos de evidencias.

JFC ¿Todo fue financiado por la ONU?

HM: Varios países contribuyeron, incluido Pakistán…

JFC: ¿En cuál departamento de la ONU dependía la investigación?

HM: Recayó directamente en el Secretario General. Yo respondía directamente al Secretario General. El fondo que financiaba todo esto estaba provisto por contribuciones de varios países. Pakistán por cierto, EEUU, Reino Unido, un par de países árabes del golfo.

JFC: Fue el mayor crimen político post Guerra Fría. No hay otro en una zona tan clave. El de Indira Gandhi fue un propio guardia de protección de cultura Sikh. El de Rajiv Gandhi fue una mujer suicida de origen Tamil.

HM: Bueno, esa es la gran interrogante: Quién cometió el asesinato.
En el libro Getting Away with Murder está mi tesis.

JFC: El título lo dice todo. “Getting away with murder” ¿Puedes entrar a Pakistán con ese título?

HM: Bueno, los editores del libro están pensando hacer una versión en urdu. Les dije, háganla pero no voy a ir a Pakistán a presentarlo. Lo dije a los editores entre broma y serio. Primero, porque no tengo tiempo y segundo, porque no creo que sería considerable.

JFC: Debe haber sido un trabajo lleno de sorpresas, laberintos, trabas...

HM: La investigación misma fue un proceso muy difícil. Fuimos a Pakistán, a Londres, a varios lugares. Entrevistamos a mucha gente. A Musharraf lo entrevistamos en EEUU, en Pennsylvania en la casa de un amigo donde estaba. Fuimos a todos los lugares indicados donde se debía ir. Entrevistamos a más de 250 personas entre autoridades de gobierno, gente del mundo de los DDHH, por cierto a todas las personas que estuvieron cerca del atentado, a todas las personas que estuvieron en los vehículos, a todos los policías que estuvieron involucrados. Hubo algunas entrevistas que fueron complejas.
El proceso comenzó bastante bien. Nuestro interlocutor era el Ministro del Interior Rehman Malik, quien fuera el asesor principal de seguridad de Benazir. Sin embargo, a nosotros nos dijo que él no era su encargado de seguridad, que él tenía responsabilidades más bien de seguridad nacional; pero todo el mundo nos decía que no, que era el encargado de seguridad. Lo concreto es que empezamos a adentrarnos en la investigación… En un comienzo fuimos muy bien recibidos. En un momento yo percibí que esa recepción inicial ya no era tan calurosa, no recibíamos toda la ayuda expedita que habíamos recibido desde el comienzo y se debió a que empezamos a hacer una investigación seria y profunda.
Empezamos a desenredar una madeja donde había distintos tipos de responsabilidades incluyendo del entorno de Benazir. Rehman Malik a fin de cuentas, era el encargado de seguridad, él iba en un vehículo blindado alternativo para el de Benazir Bhutto y sin embargo él parte antes que el vehículo de Benazir. Vienen los disparos, estalla la bomba del bombero suicida y sin embargo el vehículo que tenía que estar con Benazir, porque era el alternativo, parte, escapa del lugar, sale antes.
Nunca logramos establecer con precisión cuanto antes sale el auto de reemplazo. Y se va a la casa de Benazir cuando sus ocupantes sabían que había habido el estallido de una bomba, cuando su responsabilidad era quedarse ahí porque era parte de la cápsula del convoy, y sin embargo se van. Tratamos de pedirle más datos a Rehman Malik en su condición de asesor de seguridad y de haber estado en el vehículo alternativo que no está en el momento que se necesitaba, puesto que el vehículo de Benazir queda sin llantas y no es capaz de llegar al hospital y queda varado a medio camino, sin auto alternativo. Sin ningún vehículo de hecho que la pueda trasladar, y es un auto privado de una dirigente política del partido el que se detiene y ahí trasladan a Benazir. Todo eso probablemente hace que no llegue a tiempo para que se la logre resucitar y salvar. Todos esos detalles que yo cuento en el libro, van emergiendo y van creando una situación un poco tirante con las autoridades.
Luego, el empeño que tuve de entrevistar a todos los actores relevantes, incluyendo al Jefe del Ejército y al jefe de la ISI, es decir el servicio de inteligencia, creó un fuerte roce; cuando yo planteo esa posibilidad, públicamente se me responde negativamente. Se me dice: “No, el ejército está fuera de la investigación”, y eso sale en los titulares de los diarios. Reclamaron una cierta inmunidad. Yo dije, no vuelvo a Pakistán; el próximo viaje programado no voy, porque de acuerdo a las reglas que se habían establecido podíamos tener acceso a toda persona relevante para la investigación.

JFC: ¿Ya estaba Alí Zardari como presidente?

HM: Todo esto es con Zardari. La primera cosa que hice fue ir a ver Zardari cuando llegamos en la primera visita…

JFC: Notabas una vía paralela a Zardari. El ejército es otro poder...

HM: Eso lo dicen todos los observadores internacionales, el poder en Pakistán lo ha ejercido el ejército por mucho tiempo; la mitad de los sesenta y tantos años de independencia de Pakistán han estado gobernando los militares. No es ningún misterio que los militares son un poder extremadamente protagónico. Y que muchos presidentes elegidos democráticamente han sido expulsados por mano militar.

JFC: ¿Qué sucedió después?

HM: Dije, “No vuelvo a Pakistán”. Tuve algunos consejeros pakistaníes, que no voy a nombrar ni nombraré nunca, que me ayudaron mucho. Uno de ellos me dijo, “Porque no recurres directamente al ejército y le mandas una carta a su jefe”, cosa que hice. No sé si esa carta o un conjunto de otros factores, influyó; el hecho es que al siguiente viaje, ya teniendo esa seguridad, fuimos recibidos por el General Ahmad Shuja Pashaa a cargo de la ISI, la Dirección de los Servicios de Inteligencia, y luego el Jefe del Ejército, el General Ashfaq Parvez Kayani. No sé si él fijó esa regla, pero se dijo que sólo yo podía ir, no los otros dos comisionados, y que tenía que ir bajo ciertas circunstancias: tan solo con un policía de N.U. armado, sin la escolta antiterrorista que me acompañaba a todos lados, en un solo vehículo y no blindado a la casa de él en Rawalpindi.
En Rawalpindi está la sede del ejército, y podía ir con un solo policía armado de UN, sin el resto de la escolta y sin los otros comisionados. Los comisionados se opusieron y la gente de seguridad nuestra se opuso terminantemente. Al final como yo era presidente de la comisión, decidí que había hacerlo. Me dije, “Voy en estas circunstancias porque tengo el deber de escuchar al general Kayani. Y si estas circunstancias se han impuesto. Al final soy yo el que voy a ir, el riesgo es mío”. Así lo hice y pude entrevistarlo…

JFC: ¿Está dentro de tus prerrogativas? ¿Sin consultar al Secretario General?

HM: Sí, yo tenía plena autoridad.

JFC: ¿Cuándo te juntas con este personaje?

HM: Debe haber sido por noviembre del 2009, en el segundo viaje. El primero había sido en Julio. No consultaba con el Secretario General, ni su equipo, excepto para cuestiones técnicas. Por ejemplo, en la primera visita, dos días antes de partir de Nueva York, el jefe de gabinete me dice: “Nos han informado que nuestras comunicaciones han sido intervenidas. ¿Qué hacemos? Quizás habría que consultarle al Department of Security and Safety de N.U. (DSS. Departamento de Seguridad y Vigilancia), y ver qué piensan ellos, es muy grave”, me dice.
Le digo, “Aquí pueden habernos interferido nuestras comunicaciones muchos actores, así que aquí no hay que preocuparse de sobremanera. Si estás pensando sólo en los malos de la película en Pakistán, pueden ser muchos actores los que intervienen nuestras comunicaciones, no hay que preocupare en exceso. Anda a hablar con la gente de DSS pero yo no voy a interrumpir el viaje”.
DSS nos dice que hagamos una evaluación cuando lleguemos a la escala Dubái. Llegamos a Dubái para tomar el avión de la conexión de vuelo y nos comunicamos con los de DSS, y nos dicen que ellos prefieren que no sigamos a Islamabad. A modo de transacción, DDS resolvió que permaneciéramos en la Zona Roja de Islamabad, que es como la Zona Verde de Bagdad. “No salgan de esa zona”, esa fue la recomendación. Entonces yo agradezco, pero pensé que lo primero que tengo que hacer es ir Rawalpindi a ver el lugar del asesinato que está fuera de la Zona Roja, porque Rawalpindi es un suburbio de Islamabad.
Ya en Pakistán, la primera sorpresa al llegar allá, es que la agenda nuestra la tenía el cocinero (de la casa de huéspedes, de nuestra casa de seguridad) que no hablaba inglés. ¿Cómo puede ser que el cocinero tenga la agenda? Alguien me explicó, que él tenía que saber nuestros horarios para preparar las comidas. Estábamos en una casa de seguridad por instrucciones de DSS. No podíamos estar en un hotel, en ningún lugar de acceso público.
Dije, “Vamos a tener que salir de la Zona Roja e ir a Rawalpindi”. Decidimos que para tratar de despistar a cualquier persona que tuviese intenciones de hacernos daño íbamos a irnos en helicóptero a las tres de la tarde, el segundo día. Lo pusimos en la agenda incluso porque la agenda les llegaba a más gente que el entorno más directo. Pero en el círculo más íntimo decidimos que partíamos a las cinco de la mañana de ese día. A las cinco de la mañana partimos. Bloquearon los accesos. La policía dispuso barreras a dos cuadras del Parque Liaquat donde murió Benazir después de dar un discurso de campaña, De repente veo a dos cuadras, como montoncitos de gente ¡qué cosa más rara! Se acerca Peter Fitzgerald, el (comisionado de policía de la delegación) y me dice: “Heraldo: ¿sabes quién es esa gente? Son periodistas”. Miramos bien y los tipos están con cámaras y teleobjetivos. Alguien les dio toda la información y sabían donde nosotros estaríamos a las cinco de la mañana.
Tanto es así que cuando subo a la tarima sobre el parque donde habló ella, los policías de N.U. me piden que abandone el lugar, que me encontraba muy expuesto a algún francotirador.

JFC: ¿Es la primera vez que estás en el lugar del crimen…?

HM: Sí, en el mismo lugar.

JFC: Esa autorización te la había dado ese funcionario importante de la seguridad pakistaní

HM: Si, si.

JFC: Ellos se oponían…
HM: Ellos no se opusieron. Quienes se opusieron era la DSS de N.U. Nos decían por precaución, “no salgan de la Zona Roja”.

JFC: ¿El ejército se negó a que Uds. pudieran visitar el lugar del crimen?

HM: El ejército nunca se opuso a eso. A lo que se opuso el gobierno y el ejército era a que nosotros entrevistáramos al Jefe del Ejército y al director de ISI. Y eso al final ocurrió
Finalmente yo acepté las reglas de entrevistar a Ashfaq Parvez Kayani, Director de los Servicios de Inteligencia (ISI.2004-2007) y General en Jefe de las FFAA, (2007-2013). Kayani es el hombre; apareció el 2010 o el 2009, en la lista de los cien hombres más poderosos del mundo.
La filtración de información reservada estaba a la orden del día. Me metí en el mundo de las conspiraciones, de líneas que se cruzan de distinto tipo en la política pakistaní donde aparecen las dimensiones religiosas, la presencia de actores externos, los factores provinciales o regionales internos. La región de Punjab versus la de Sindh. Está Balochistan por otro lado, las regiones tribales, la vecindad de Afganistán y de la India, donde se mezclan una cantidad de variables y tienes que estar muy consciente de los distintos condicionantes a considerar en la investigación.
Ver también:
El asesinato de Benazir Bhutto. Significado de una investigación (Parte I): El acecho a las naciones

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