viernes, 13 de diciembre de 2013

México: La gran ausente en la reforma energética

Eduardo Ibarra Aguirre (FORUMENLINEA)

Me lo advirtieron con anticipación suficiente: “La reforma legislativa en materia energética es un asunto de los políticos, no de la sociedad”. Por supuesto que impugné la tesis que, sin embargo, parece abrirse paso hasta hoy. También escuché una idea menos categórica y excluyente: “Todo parece indicar que la gente no va a salir a las calles a rechazar la iniciativa de ley de Enrique Peña”, convertida prácticamente en realidad legislativa por el Senado y la Cámara de Diputados.

Por supuesto que está por recorrerse un camino que esperemos sea más deliberativo y menos de monólogo, como el escenificado en el Congreso, aunque desemboque en la aprobación por dos terceras partes de los congresos de las 31 entidades federativas. Pero lo menos que es dable esperar de las reformas llamadas de gran calado, es el estudio y debate que trascienda las exclusivas paredes de San Lázaro y de Reforma e Insurgentes.

El hecho es que la mayoría legislativa que construyó o cooptó, para el caso es lo mismo, Emilio Gamboa Patrón con todo y ser impresentable para sus numerosos críticos, y Manlio Fabio Beltrones a pesar del popular alias de Don Beltrone, como operadores políticos del proyecto presidencial, salió adelante en tiempo y acaso también en la forma, aunque 46 por ciento de los denominados líderes de opinión y 47 por ciento de los ciudadanos estimaban que el tema fue “mal tratado”.

Tan “mal tratado” que César Camacho fue la cara más vista por los televidentes a la hora de defender el proyecto de Peña Nieto, que al final, concesiones políticas y materiales de por medio, hicieron propio el Partido Acción Nacional y la franquicia familiar Verde Ecologista, también compartida con los amigos de Jorge Emilio González.

Pero las muestras son una instantánea para medir opiniones y estados de ánimo que distan mucho de mutarse en conducta pública, como lo evidencia en forma por demás patética la apabullante ausencia en la plaza pública del 66 por ciento de los mexicanos que rechazaron, sólo en las encuestas, la “privatización de Petróleos Mexicanos”.

Con las izquierdas todavía incapaces de auspiciar siquiera iniciativas en los amplios y laxos márgenes de la unidad en la acción, el principal dirigente de aquellas momentáneamente inhabilitado para hacer acto de presencia en el significativo movimiento de rechazo a la mayor apertura de Pemex al gran capital –que por supuesto no tiene patria y acude adonde se reproduce más rápido y mejor–, resultan comprensibles los alcances de las movilizaciones que no lograron involucrar ya no digamos a una porción importante de los 67 de cada 100 mexicanos que rechazan la “privatización de Pemex”, sino siquiera a los militantes y adherentes del Partido de la Revolución Democrática que según sus informes son varios millones, pero tampoco a los del Movimiento Regeneración Nacional.

Es claro que las activas y actuantes son siempre las minorías, aquí y en cualesquiera latitudes, ayer y hoy, pero si ni siquiera involucraron al grueso de los afiliados del PRD, Morena, Partido del Trabajo y el denominado Movimiento Ciudadano de Dante Delgado con su ridículo promocional televisivo de “Las buenas acciones” y el silencio cómplice en la reforma energética, pues resulta prácticamente imposible atraer la atención de porciones de la sociedad de entre los que pintaron su raya con la privatización aún mayor de Pemex y la Comisión Federal de Electricidad, la empresa que presumía ser de “clase mundial” bajo el gobierno de Felipe Calderón, el guerrerista y destructor de sindicatos, pero promotor de trasnacionales como Grupo México.

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