lunes, 2 de diciembre de 2013

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (CV): “Tránsito pacífico al socialismo”

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS.info)

El 3 de noviembre de 1970 asumía la presidencia de la República de Chile Salvador Allende; hecho saludado con alegría por todos los pueblos del Tercer Mundo.

Debió sortear múltiples obstáculos para llegar al Palacio de la Moneda, ya que estaba claro que Washington no estaba dispuesto a aceptar en el Continente “una nueva Cuba”;como lo había proclamado, con todo desparpajo”, el Secretario de Estado Henry Kissinger.

Días antes, como preanunciando el futuro, un comando de la organización de ultraderecha Patria y Libertad, con el respaldo de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense, había asesinado al General René Schneider; decidido partidario del respeto al gobierno democráticamente elegido y de la subordinación al mismo, por parte de las Fuerzas Armadas.

Numerosas delegaciones de todo el mundo concurrieron al acto de asunción del líder de la Unidad Popular, entre las que se destacaba una, del máximo nivel de Cuba, encabezada por Raúl Castro, y otra del Frente de Liberación de Vietnam.

Al terminar el juramento y, antes de empezar el discurso que dirigiría a una muchedumbre que colmaba la plaza frente al Palacio de la Moneda, se anunció el reestablecimiento de las relaciones con la patria de Martí, la posible visita de Fidel Castro y el reconocimiento, como beligerante, del Frente de Liberación de Vietnam.

Por la Argentina, además de la delegación oficial de la Dictadura, que fue saludada con abucheos por el pueblo chileno, concurrieron representantes de diferentes partidos democráticos y un grupo de dirigentes sindicales encabezados por Agustín Tosco, en representación de la Intersindical y de la CGT de los Argentinos; que habían sido invitados por la Central Única de Trabajadores del país trasandino.

La misma había consignado en la nota de invitación:…”Para esta Central es una gran responsabilidad el triunfo obtenido, ya que se trata de impulsar el cumplimiento del programa de la Unidad Popular y de conducir, aún mejor, la lucha social y estar vigilantes contra las acechanzas de los enemigos del pueblo y de los trabajadores.
La muestra de solidaridad internacional que hemos recibido de vuestra parte nos llena de orgullo y nos compromete a la reciprocidad, pues comprendemos que esta lucha vuestra y nuestra por la liberación nacional, necesita de mutuo apoyo y comprensión”.

Entre los delegados presentes se encontraba nuestra compañera Alicia Eguren; amiga entrañable del Presidente, que había llegado unos meses antes para colaborar con este.

La misma nos había presentado, el año anterior, a Miguel Enríquez, Secretario General del Movimiento de Izquierda Revolucionaria -MIR-; que conducía esta organización desde 1967.

Este, un medico proveniente del Partido Socialista, recuperó el mensaje del Che y en abierta discrepancia con el reformismo de izquierda, fundó, con otros destacados compañeros, este nucleamiento que se proponía disputarle el poder a las clases dominantes por la vía armada.

Tenían una gran desconfianza en los mandos militares, y frente a la elección que le diera el triunfo a la Unidad Popular, plantearon un apoyo crítico a dicho gobierno, al mismo tiempo que, en la clandestinidad, se preparaban para lo que consideraban inevitable: un enfrentamiento armado con la fracción de las Fuerzas Armadas que respondía a los dictados de la Casa Blanca.

En el documento, en el que dieron a conocer su posición señalaban “…reconocemos a Allende la representación de los intereses de los trabajadores y a Tomic y Alessandri -sus opositores- la de los intereses de las clases dominantes”.

Salvador tenía un gran respeto por estos compañeros, entre los que estaba su sobrino Andrés Pascal Allende, por lo que dispuso la libertad de los militantes del MIR que se encontraban en prisión y le ofreció a Miguel el Ministerio de Salud.

Este, rechazo el ofrecimiento, sin perjuicio de lo cual, junto con integrantes del Parido Socialista, conformó el GAP -Grupo de Amigos del Presidente- encargado de la protección del mismo; frente a posibles atentados organizados por la CIA.

Nosotros suscribimos la posición de esta corriente revolucionaria ya que la experiencia histórica demostraba la imposibilidad de recorrer pacíficamente el camino hacia la Liberación Nacional y la Patria Socialista; sin perjuicio de lo cuál integramos, en nuestra ciudad, un Comité de Solidaridad con el pueblo de Chile.

Por su lado, con la firma del dirigente luzyfuercista de Córdoba, el entrañable Agustín, la Intersindical señaló, en una nota dirigida a la CUT “Debemos decirles que todos los trabajadores argentinos seguimos con profunda expectativa e interés la marcha del gobierno popular y que las medidas adoptadas ratifican el cumplimiento del programa de la Unidad Popular y constituyen factores de importantes transformaciones en la vida económica, política y social de Chile”.

Evidentemente el “Chicho”, como cariñosamente llamaban al líder chileno los sectores populares, no estaba dispuesto a dejarse amedrentar por los anuncios desestabilizadores que provenían de la capital del imperio, por lo que envió al Congreso el proyecto de nacionalización de las minas de cobre, sin indemnización alguna a las empresas norteamericanas que las explotaban en ese momento, al mismo tiempo que anunciaba la puesta en marcha de una profunda reforma educativa que garantizara la educación gratuita y obligatoria.

En nuestro país, se seguía debilitando a la Central sindical opositora, mediante las maniobras ejecutadas, en el interior de la misma, por la corriente que lideraba el telefónico Julio Guillan, la que, con argumentos macartistas, planteaba la necesidad de llegar a un acuerdo con el sector nucleado en la llamada CGT de Azopardo, quebrando la unidad con sindicalistas comunistas, socialistas y radicales que se había logrado en el Congreso “Amado Olmos”;del que hemos hecho referencia en notas anteriores.

Al mismo tiempo la Dictadura reprimía e intervenía las organizaciones nucleadas en la CGTA; para desalentar la oposición obrera.

Por su lado, la burocracia política y sindical pactista seguía alimentando la idea de posibles negociaciones con el régimen militar reuniéndose con el Comandante en Jefe del Ejército Alejandro Agustín Lanusse; en la búsqueda del llamado a elecciones.

En esos días una noticia nos conmovió, y nos mostró la verdadera cara del Terror, ejecutado desde el Estado.

El 16 de diciembre, en la zona donde se encuentran ubicados los Tribunales en la ciudad de Buenos Aires, fue secuestrado nuestro colega Néstor Martins y su cliente Nildo Centeno.

Lo había conocido en una reunión del equipo de abogados de la CGTA realizada en la ciudad de Tucumán.

Nos vimos nuevamente, cuando acompañado por Mario Landaburu, me visitó en la “leonera” de Tribunales a la que yo había sido trasladado, desde la cárcel la Caseros, para ratificar la querella por calumnias e injurias que presentara, junto con Francisco Santucho y Homar Valderrama, contra el Jefe de Coordinación Federal.

Afectivo, y de profundas convicciones ideológicas, asumió la representación de la familia del secuestrado-desaparecido Alejandro Baldú, integrante de las FAL, demostrando, luego de una profunda investigación que este había sido asesinado, mediante brutales torturas, por efectivos de la policía política de la Dictadura.

Esto le valió el odio de estos represores que fueron imputados, en un proceso judicial plagado de irregularidades.

De esta forma se cerraba un año pleno de avances y retrocesos como se da, en todas las épocas de la historia, la lucha popular.

¿De que forma se organizó el reclamo por la aparición con vida de Néstor Martins y su cliente Nildo Centeno? ¿Cómo se siguieron dando los combates del pueblo que culminaron en el “vivorazo”? ¿Como se produjo un nuevo cambio “gatopardista” en el régimen militar?. Serán algunos de los temas que abordaremos en nuestra próxima nota.

Manuel Justo Gaggero es abogado. Ex Director del diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

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