viernes, 13 de diciembre de 2013

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (CVII): “El vivorazo”

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS.info)

En el verano de 1971 se incremento la protesta y el rechazo popular a la Dictadura Militar que daba señales de serias rupturas en su seno al advertirse las diferencias, que tomaban estado público, entre el Dictador el” norteamericano” Roberto Marcelo Levingston y el Comandante en Jefe del Ejercito, Alejandro Agustín Lanusse.

En nuestro “pequeño lugar en el mundo” y luego del acuerdo con las FAR, conformamos un grupo operativo al mismo tiempo que manteníamos nuestra presencia entre los estudiantes y en el movimiento obrero.

En este último, jugaban un rol destacado, el Secretario General del Sindicato de Obreros y Empleados del Transporte Automotor de Pasajeros Luis María González y el delegado de la oposición a Coria, en el gremio de la construcción, Mario Broin.

Por otro lado y, sin perjuicio de ratificar nuestra decisión de participar de la lucha armada y de sostener duras polémicas con la izquierda reformista, apoyábamos todas las iniciativas que fortalecieran la unidad popular.

En esa dirección concurrí a la reunión del Encuentro Nacional de los Argentinos que se llevó a cabo en Rosario, en el mes de febrero.

Agustín Tosco, que presidio el mismo, al destacar la importancia de este emprendimiento señaló “…El frente revolucionario y democrático no está en una elite, sino que se levanta en todos los frentes que hoy vemos erguirse frente al gobierno. Por eso nuestra consigna fundamental debe ser: continuar la lucha. No debe haber un verano pacífico para la Dictadura. Sólo desertan de la lucha los que no tienen conciencia de clase “.

Algunos de los presentes intentó plantear una condena a las acciones de las organizaciones revolucionarias suscribiendo la postura antiguevarista de los comunistas argentinos, lo que fue rechazado por el dirigente cordobés que considero que todas las formas de lucha, en el combate antidictatorial, debían ser apoyadas.

Coincidente con esta posición y al cumplirse un año de la intervención del Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba y con la consigna “mas vale honra sin sindicato, que sindicato sin honra” miles de trabajadores invadieron el centro de la ciudad, ratificando, una vez más su respaldo a la conducción gremial en la resistencia.

Al mes siguiente, el 4 de marzo el Plenario de Gremios Confederados de la “docta”, dispuso un paro general con movilización, que fue acompañado por el movimiento estudiantil.

El mismo culminó con un acto en el que una multitud ovacionó a la dirigencia obrera y popular.

La respuesta del régimen fue la de dictar una orden de captura de los principales dirigentes sindicales, los que a su vez conformaron un Comando de Lucha clandestino integrado, entre otros, por Agustín Tosco (l y f), Atilio López (UTA)Mario Bague (SMATA ) y Adolfo Cortez (Molineros ).

El interventor militar en la provincia era un conservador Camilo José Uriburu, conocido como “el conejo” porque tenía 14 hijos, designado por Levingston el 1º de marzo de ese año.

Este, sobrino del tristemente célebre autor del golpe contra el presidente radical Hipólito Yrigoyen en 1930, manifestó, el día que asumió el cargo, que la “palabra de Dios era la de los gobernadores y que su único deseo era cortar de un solo tajo la cabeza de la serpiente marxista, infiltrada entre los cordobeses, que perturbaba a la Revolución Argentina”.

Estas declaraciones indignaron a todos los sectores sociales de esta provincia y el 9 de marzo, los líderes obreros desde la clandestinidad, dispusieron un paro general a realizarse tres días después al que adhirieron industriales, comerciantes y estudiantes.

De esa forma se fue preparando esta segunda gran insurrección popular.

La CGT de los Argentinos dispuso movilizaciones solidarias, lo mismo hizo la Federación Universitaria Argentina y los centros de estudiantes en todo el país.

Nosotros realizamos actos relámpagos en varias plazas de la ciudad que fueron reprimidos por la policía sin que se produjeran detenciones.

Al mismo tiempo, y ya como FAR, colocamos banderas en varios puentes con consignas de apoyo a la lucha popular que tenía como epicentro a la ciudad de Córdoba.

El paro se llevó a cabo con ocupación de las fábricas y los lugares de trabajo.

En Ferreyra, zona en que estaba instalado el complejo FIAT, los trabajadores se enfrentaron con la guardia de Infantería, siendo apoyados por compañeros que integraban el Ejército Revolucionario del Pueblo, las FAR y Montoneros.

Resulto muerto en la refriega, el trabajador de esta empresa Adolfo Cepeda, lo que generó mayor reacción ya no sólo de los obreros sino también de los vecinos que acompañaron a los mismos.

Durante las primeras horas de la tarde la ciudad estaba virtualmente ocupada por quiénes expresaban su rechazo a la Dictadura y las barricadas se levantaban en todos los barrios, entablándose verdaderas batallas entre represores y un pueblo indignado.

Luego de tres días de intentar vanamente recuperar el control de la ciudad, el Tercer Cuerpo de Ejército la declaró zona de emergencia.

A la mañana siguiente el gobierno nacional aceptaba la renuncia de Uriburu. Con el tradicional humor cordobés el matutino “La Voz del Interior” publicaba, en la tapa, una caricatura en la que una serpiente se comía al conejo; como era apodado el interventor.

Al mismo tiempo que estos sucesos se producían en nuestro país y crecía el prestigio en Chile del gobierno de Salvador Allende, en Medio Oriente, mas precisamente en una ex colonia italiana Libia, triunfaba un movimiento revolucionario que encabezaba Mohamed Gaddaffi que derrocaba a una monarquía proimperialista y la Organización para la Liberación de Palestina ratificaba, en la jefatura de la misma, a Yasser Arafat; lo que anunciaba nuevas batallas contra el sionismo y el imperio.

¿De que forma se produjo el nuevo cambio “gatopardista” del régimen militar ¿Cuál fue el impacto del encarcelamiento de los principales dirigentes sindicales de la oposición? ¿Como se combinaba la lucha en las calles con las acciones de las organizaciones revolucionarias? Serán algunos de los temas que abordaremos en nuestra próxima nota.

Manuel Justo Gaggero es abogado. Ex Director del diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.