viernes, 27 de diciembre de 2013

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (CIX): “Una retirada ordenada”

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS.info)

En los primeros días de otoño de 1971 el Dictador Alejandro Agustín Lanusse comenzó a delinear lo que había dado en llamar “la salida política”, buscando lograr consenso en las direcciones de los partidos tradicionales y en el peronismo.

Los mando militares había arribado a la conclusión de que el modelo económico, político y social que intentaran imponer, luego de derrocar al presidente Illia, se había enfrentado a la férrea resistencia de la case trabajadora y el pueblo.

La misma estaba organizada en la CGT de los Argentinos, en la Intersindical liderada por Agustín Tosco, en los gremios clasistas de Córdoba, en el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, en los centros de estudiantes y en los productores del campo nucleados en las Ligas Agrarias, entre otros.

Además, se sumó a esta firme oposición, el surgimiento de organizaciones revolucionarias que, por primera vez en la segunda mitad del Siglo XX, cuestionaban el poder real de las clases dominantes y se proponían la Liberación Nacional y el Socialismo.

El partido militar, fogoneado por el capital financiero, se había propuesto, en la asonada del 28 de junio de 1966, recuperando el proyecto del golpe contrarrevolucionario del 16 de setiembre de 1955, privatizar las empresas en manos del Estado, reducir el sistema ferroviario para darle primacía al transporte automotor, cercenar las conquistas logradas por los trabajadores en el primer peronismo -1946-1955- y ubicar al país en el esquema diseñado por Washington de división internacional del trabajo.

En síntesis un modelo de agro negocios con preeminencia del capital bancario.

En lo político intentaban domesticar a una dirigencia peronista dispuesta a pactar.

La circunstancia de haber logrado el apoyo de la burocracia sindical liderada por Augusto Timoteo Vandor, José Alonso y Rogelio Coria que participó del acto en el que fue ungido Presidente de la Nación el Dictador Juan Carlos Onganía, aumentaba sus expectativas.

Las insurrecciones urbanas que tuvieron como epicentro a las ciudades de Córdoba, Rosario, Corrientes, y Tucumán entre otras, le pusieron punto final, por el momento, a este proyecto; generando la decisión, para lograr una retirada momentánea ordenada, de convocar a un gran Acuerdo Nacional, previo al llamado a elecciones.

La designación, en el Ministerio del Interior, del ex presidente de la Cámara de Diputados durante el gobierno radical, Arturo Mog Roig facilitó el apoyo de Ricardo Balbín al consenso reclamado por el régimen castrense.

En el Movimiento, el General había designado como su delegado personal a Jorge Paladino, un dirigente casi desconocido que había ocupado la gerencia, durante varios años, de la Editorial “La Ley” de propiedad del Ex Ministro de Relaciones Exteriores peronista Jerónimo Remorino.

El “delegado”, como luego lo admitiera el mismo Perón, mas que un interlocutor entre este y la Dictadura se transformó en un vocero de esta última asegurando un apoyo incondicional al GAN; que no era la intención del inquilino de Puerta de Hierro.

En lo que hace al movimiento sindical el nombramiento realizado por el Confederal de la CGT de Azopardo de José Rucci como Secretario General de la única central reconocida por la Dictadura, le aseguraba a Lanusse que no habría sorpresas y que esta, en ningún caso, apoyaría al sindicalismo combativo y de base.

Este, discípulo de Lorenzo Miguel, había comenzado su carrera en el gremialismo como interventor de la Seccional de la UOM de San Nicolás, donde había facilitado los despidos de los trabajadores díscolos que no aceptaban los “pactos” de la dirigencia del gremio.

Con ese escenario y, pese a algunas dificultades, el Dictador pensó que tenía asegurada la retirada, sin embargo la resistencia popular se seguía manifestando con toda firmeza y alteraba sus planes.

En la docta el Comando de Gremios en Lucha y el Plenario de Gremios Confederados de la CGT Regional dispuso un paro activo de 14 horas y un acto, rechazando la supuesta “institucionalización” con la que se pretendía ocultar las medidas propatronales y proimperialistas del “Lanussimo”.

La respuesta de la Dictadura fueron nuevas detenciones y órdenes de capturas para los compañeros que encabezaban a los sindicatos mas combativos.

Al mismo tiempo que esto se daba en el país, en nuestra ciudad organizamos diferentes actividades para repudiar el Acuerdo pretendido por la Dictadura y reafirmar los objetivos programáticos trazados por el Congreso de la CGT de los Argentinos.

Al mismo tiempo, y con la dirección de los compañeros de las FAR, llevamos a cabo diferentes acciones de propaganda armada, de recuperación de armamento y pequeñas expropiaciones dirigidas a obtener fondos para financiar la actividad.

Reafirmando nuestra postura unitaria, una de las mas importantes operaciones que llevamos a cabo, que consistió en la ocupación de un tren que hacía el trayecto de Santa Fe a Rosario para distribuir volantes condenando al Gran Acuerdo Nacional, la hicimos conjuntamente con compañeros del ERP.

En esos días además, recibimos la visita de Gustavo Laffleur al que habíamos conocido en la casa de Alicia y John, que era cofundador de la Juventud Peronista Revolucionaria junto con Eduardo Salvide y que ahora militaba en la Organización Montoneros.

Estuvo varios días y aportó a la reflexión que hacíamos respecto a las contradictorias posturas del Líder que determinaban que fuéramos perdiendo el entusiasmo con el que habíamos bregado, durante esos años, por su regreso.

El era mas optimista que nosotros e insistía que, mas allá de la política pendular de este, estaba la clase trabajadora que se identificaba con el Movimiento y que tenía una consistencia revolucionaria formidable.

La misma hacía que el peronismo, mas allá de las claudicaciones de sus dirigentes, siguiera siendo “el hecho maldito del país burgués”; como decía Cooke.

En esa dinámica con que se vivía todo lo que pasaba en el país, en el Continente y en el Tercer Mundo, recibimos a unos compañeros de una organización revolucionaria de Córdoba que habían acordado, con el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros del Uruguay, instalarse en la ciudad de Concordia para prestarle apoyo logístico, -

Decidimos facilitarles diferentes contactos en esa ciudad con integrantes de nuestra corriente y de otros grupos de izquierda, con los que teníamos relaciones fraternas.

Para no perder, en la vorágine de la actividad, la necesaria preparación teórica, nos pusimos en contacto con un compañero de Rosario, Aldo Oliva para que todos los domingos por la mañana nos diera clases de marxismo.

No hacíamos cargo de sus gastos de traslado y antes de que volviera a su ciudad almorzábamos en nuestra casa lo que había, ya que eran épocas difíciles.

Las clases eran muy valiosas y el empeño que ponía Aldo nos impactaba y aumentaba nuestra estima por este verdadero maestro, del que no nos olvidaríamos nunca.

En mi condición de abogado defensor de presos políticos fui convocado por algunos amigos a Buenos Aires ya que querían ponerme al tanto de la idea de conformar una nueva asociación dirigida a nuclear a quiénes no sólo ejercíamos la profesión con una orientación clara, sino que además éramos militantes populares.

En ese contexto se vivía aquel año con fuertes polémicas con el reformismo, sin perder de vista la unidad en defensa de los encarcelados por la Dictadura y con la firme convicción que estábamos frente a sucesos que alterarían nuestra vida y la del país.

La detención del Gringo Tosco, de Atilio Lopez y de decenas de dirigentes populares, sumado a la intervención de los gremios que encabezaban la resistencia rebelaban el verdadero contenido del proyecto dictatorial que apuntaba a pactar con las dirigencias políticas y sindicales conciliadoras, asegurar la impunidad a los funcionarios del régimen responsables de secuestros y desapariciones y condicionar el llamado a elecciones.

El anuncio del posible retiro de la personería a los gremios clasistas de Córdoba se sumaba a esta decisión de reprimir al movimiento popular.

¿De que forma se estructuró la resistencia a los condicionantes impuestos por la Dictadura ¿

¿Cómo se produjo un nuevo secuestro y desaparición que me ocasionó un gran dolor personal ya que afectó directamente a las personas que mas quería ¿.

¿Con que fuerza se fue templando el espíritu revolucionario ¿.

Estos serán algunos de los temas que abordaré en mi próxima nota.

Manuel Justo Gaggero es abogado. Ex Director del Diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

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