lunes, 30 de diciembre de 2013

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (CX): “Doble discurso”

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS. info)

El dictador Alejandro Agustín Lanusse, con el absoluto respaldo de la cúpula militar, puso en ejecución un plan que tendería a asegurarle una transición pacífica hasta la fecha en que asumiera el nuevo gobierno constitucional.

Por una parte, mediante el Gran Acuerdo Nacional, se aseguraba el respaldo de las dirigencias políticas de los partidos tradicionales y de la burocracia sindical.

Ricardo Balbín por el radicalismo y Jorge Paladino -delegado del General- sostenían fluidos contactos con el designado Ministro del Interior Arturo Mog Roig, al mismo tiempo que el Secretario General de la CGT pactista José Rucci, era un visitante asiduo de la Casa Rosada.

Como contracara de esta postura dialoguista acentuaba la represión al movimiento popular y revolucionario.

Se levantaron algunas órdenes de captura dispuestas durante el interregno de Levinsgton, manteniendo, sin embargo, las libradas contra Agustín Tosco, Raymundo Ongaro, Jorge Di Pasquale y Atilio López, entre otros.

Al mismo tiempo son encarcelados los principales dirigentes de las organizaciones revolucionarias, los que son sometidos a brutales torturas y confinados en penales de máxima seguridad.

Pese a todo ello la lucha popular continúa y se extiende, expresándose en nuevos paros y movilizaciones en distintas ciudades del país.

En este contexto el 28 de abril de ese año 1971 se anuncia la llegada a la ciudad de Córdoba del Dictador y de su Ministro del Interior a los efectos de anunciar el llamado “tercer acto de la Revolución Argentina” y el gran acuerdo nacional.

Como señala el “Gringo” en una reflexión posterior “…el día anterior a esa fecha conversamos con varios dirigentes sindicales para preparar una declaración pública, ratificando las posiciones y reivindicaciones de la clase trabajadora cordobesa, señalando que, esencialmente nada había cambiado, sólo las formas con el mismo contenido; que se mantenían los mismos propósitos de marginar de los medios y de los fines del régimen gobernante, las verdaderas aspiraciones del pueblo…”

“Que casualidad -agrega- que fue esa noche cuando me detuvieron. Que sugestivo que fuera en la madrugada de ese día en que llegaba el Dictador y su amanuense y que el decreto que me pone a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, firmado por ambos lleve la fecha de ese 28…”

Esta detención generó un repudio generalizado. Al día siguiente la CGT cordobesa decreta un paro general que paraliza toda la provincia exigiendo la libertad de Agustín.

A nivel nacional y, pese a su debilidad, la CGT de los Argentinos resuelve realizar paros y movilizaciones en los lugares de trabajo exigiendo la libertad de los presos sociales y políticos.

Este tiene un impacto importante en Tucumán ya que se adhiere al mismo la FOTIA que lleva a cabo una gran movilización que culmina con un acto en el que hace uso de la palabra Benito Romano.

En el mismo aparecen en la multitud banderas del ERP, de Montoneros y de la FAR, que son saludadas efusivamente por los trabajadores.

En nuestra ciudad, con la participación de los gremios que componían la Delegación Regional de la CGTA y de compañeros del Frente Único de Resistencia organizamos actos relámpagos.

En el sector de productores agrarios se había puesto en contacto conmigo un tambero, Jorge Ackerley, que todas las noches escuchaba Radio Habana, simpatizaba con el Che y quería organizar a su sector: expoliado por las supuestas “cooperativas” lecheras.

Así nació el Movimiento Agrario Entrerriano que tomó contacto con las Ligas Agrarias que se estaban organizando en las provincias del Chaco y Corrientes.

Esta incipiente organización, además, canalizó el reclamo de los productores avícolas, que preparaban una estruendosa manifestación de repudio para el día que visitara la provincia el Dictador, .

Tosco, desde la cárcel de Devoto, enviaba mensajes a su gremio -Luz y Fuerza- y a todos los trabajadores denunciando la falsa solidaridad del Consejo Directivo de la CGT encabezado por Rucci que, según la prensa, se había entrevistado con Lanusse solicitando la libertad de los presos sociales, distinguiéndolos de los “subversivos” para los que pedía el “máximo rigor de la ley”; en una cara prueba de su complicidad con el régimen.

Por su lado, desde Madrid, el General “ya en su laberinto” junto con su Secretario José Lopez Rega y su esposa Isabel Martinez enviaba mensajes contradictorios que reflejaban su preocupación por quedar al margen de las componendas de la burocracia peronista con la Dictadura, por lo cuál seguía “fogoneando” a las “llamadas formaciones especiales”, advirtiendo, que no suscribía ningún movimiento revolucionario que pusiera en cuestión al poder real.

Ese escenario nacional se enmarcaba en un contexto latinoamericano y tercermundista muy singular.

En la tierra de Pablo Neruda se afirmaba y lograba mayor consenso el gobierno de la Unidad Popular, al mismo tiempo que la visita de Fidel Castro al hermano país, había generado una reacción violenta del Departamento de Estado norteamericano que dejaba traslucir que apoyaría cualquier intento golpista, ya que no permitiría una “nueva Cuba”.


En la patria de Artigas la detención de Raúl Sendic y los principales dirigentes del Movimiento de Liberación Nacional -Tupamaros-no logró disminuir el desarrollo del movimiento revolucionario y de su expresión política el Frente Amplio.

Del otro lado del Océano el crecimiento y desarrollo del Movimiento guerrillero en Angola, Mozambique y Guinea Bissau preanunciaba una pronta Liberación.

Al mismo tiempo en los días finales del invierno de 1971 ya se anunciaba el posible retiro de las tropas invasoras estadounidenses de Vietnam, Laos y Cambodia.

En nuestro “pequeño lugar en el mundo” en la madrugada del 18 de setiembre recibí una llamada de mi hermana Susana que trasmitía la profunda angustia que la embargaba.

En la noche del día anterior-según me describió - en un departamento en la ciudad de Buenos Aires ubicado en la confluencia de las calles Paraguay y Canning habían sido detenidos varios integrantes del Ejército Revolucionario del Pueblo entre los que estaba su compañero Luis Pujals.

Todos habían sido “legalizados”, es decir la policía política de la Dictadura había reconocido el procedimiento y entregado la lista de los encarcelados. En la misma no figuraba “el flaco”.

Sin duda se repetía lo que había ocurrido con Baldu, Martins y Centeno, por lo que aumentaba nuestra zozobra.

Esa misma noche viaje a la Capital para encontrarme con ella y formar parte de la comisión que se estaba conformando por la aparición con vida de quien era para mí un hermano y un gran revolucionario.

¿Cómo se organizó la búsqueda del “flaco” Pujals?

¿Cuál fue la respuesta del Dictador al pedido, incluso de sus familiares, que eran amigos del padre de Luis, Enrique?

¿De que forma enfrentó el movimiento popular y revolucionario esta nueva escalada represiva?

Serán algunos de los temas que abordaremos en nuestra próxima nota.

Manuel Justo Gaggero es abogado. Ex Director del diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

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