lunes, 2 de diciembre de 2013

Uranio si, bombas no

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Desde las Guerras del Opio (1840-1841) (1856-1857), ningún conflicto político de envergadura ha tenido como eje un producto natural y ninguno había comprometido la existencia del planeta. El diferendo del cual Irán ha sido eje ha obligado a quienes quieren entenderlo a incursionar además de en la política, en la Física.

El uranio es una sustancia natural que existe formando parte de otros minerales y en concentraciones ínfimas. En ese estado las radiaciones emitidas suelen ser insignificantes e inocuas. Enriquecido y convertido en bombas atómicas es el arma más terrorífica que jamás haya existido y la única que pueden acabar con el género humano, incluso destruir físicamente el planeta.

Como el carbón y el petróleo, el uranio forma parte de casi todos los suelos, conviviendo con otros minerales, el agua, las plantas, la fauna silvestre y los seres humanos; sobre los yacimientos de uranio pueden edificarse ciudades y plantarse huertos y jardines. Jamás en la naturaleza se producirá una explosión atómica y es poco probable que alguien sea dañado por la radioactividad.

El uranio es el único elemento natural capaz de emitir espontánea, perennemente y en cualquier ambiente, energía por unos 4 000 millones de años. Es comparable a un fuego que arde eternamente sin ser alimentado o una lámpara que alumbrara por siempre, en el aire o bajo el agua, con oxigeno y sin él y que no necesita de algún estimulo, iniciador o agente externo para producir luz, calor, movimiento, vibraciones o cualquiera de las formas en que la energía se manifiesta.

Las reservas mundiales de uranio se estiman en unos 2 500 000 toneladas de las cuales se extraen unas 40 000 anualmente. Además de para crear armas nucleares y mover submarinos y portaviones, el uranio se utiliza para alimentar los casi 500 reactores que generan cerca del 20 por ciento de la energía eléctrica producida a nivel mundial..

La minería de uranio no se diferencia mucho de la realizada con otros minerales y, como en otros casos, de las minas de uranio se extraen rocas que son trituradas y mediante diversos procedimiento, con agua, se separan los componentes vegetales, la tierra y otros minerales hasta conseguir una pasta que pasa por diferentes procedimientos químicos para formar una solución rica en uranio, que es la materia prima de grandes y complejas plantas químicas que producen el uranio.

Lo que hace al uranio temible no son sus propiedades naturales sino el “valor agregado” que al refinarlo, se convierte en el explosivo más potente que se conoce. Para los usos pacíficos usuales (producir electricidad, empleos médicos y agrícolas) es suficiente con un enriquecimiento en torno al 5 por ciento, mientras que para crear mortíferas armas nucleares se requieren rangos por encima del 20 por ciento.

Tal vez nunca se sepa por qué si Irán no pretendía tener armas nucleares, se empeñó en invertir miles de millones de dólares y correr riesgos enormes para procesar el uranio hasta niveles que no necesitaba y cuyo almacenamiento implica riesgos y gastos incalculables.

En cualquier caso lo importante es que se ha ratificado el derecho al uso pacífico de la energía atómica, incluso a enriquecer uranio sin producir armas: Ojalá el peligro vivido por el pueblo iraní y la humanidad se convierta en una página vuelta. Allá nos vemos.

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