jueves, 7 de marzo de 2013

¿Cuál es el verdadero legado de Hugo Chávez?

Homar Garcés (especial para ARGENPRESS.info)

Al rememorar los años de gestión de gobierno del Presidente Hugo Chávez Frías, el alcance de sus iniciativas sociales, su empeño en lograr la integración efectiva y complementaria de nuestra América (sin subordinaciones a ningún poder hegemónico) y la revitalización que le dio al socialismo revolucionario en el cual ya pocos creían, se podría extraer la esencia de su pensamiento revolucionario, de modo que no sea la simple referencia de un momento histórico determinado sino la resolución de llevar a cabo la titánica labor de construcción de un modelo de sociedad realmente emancipatorio, incluyente y democrático.

Cierto, no será tarea fácil sistematizar todo lo hecho y proyectado por Chávez al frente del gobierno y del proceso revolucionario venezolano, sin embargo, es una tarea que no puede obviarse si estamos convencidos de la necesidad de profundizar y de consolidar sus logros, teniendo en cuenta que los mismos deben sustentarse, de forma permanente, en el accionar constituyente del poder popular.



En verdad, una de las más constantes preocupaciones del Presidente Chávez se centró en la organización de un poder popular dotado de una efectiva conciencia revolucionaria que le permitiera, además, darle direccionalidad y sustentabilidad al proceso revolucionario bolivariano. Ello podría abarcar el legado más importante de Chávez al hacerle ver a los sectores populares excluidos la posibilidad de ser actores de los cambios políticos, sociales, culturales, institucionales y económicos que definirían finalmente lo que es el socialismo bolivariano. En tal sentido, se hace imprescindible emprender una labor de formación sostenida que contribuya a derribar aquellos parámetros inculcados por los sectores dominantes que le hicieran creer al pueblo la imposibilidad de ser protagonistas de su propio destino. Sin embargo, dicha formación tiene que orientarse hacia la promoción, la activación, la conciencia y la organización autónoma y revolucionaria del poder popular, de modo que éste consolide y profundice lo iniciado por Chávez. Corresponde, por tanto, al pueblo organizado (más que a los partidos políticos y a los gobiernos chavistas) concretar esta importante línea de acción revolucionaria, impulsando al mismo tiempo el desmontaje definitivo de las bases económicas y las relaciones de dominación impuestas desde hace siglos por el sistema capitalista. Sin la participación efectiva y constante de los sectores populares se hará imposible, más que difícil, la transición hacia el socialismo bolivariano, lo cual representa una cuestión medular que no se puede evadir en ningún momento o circunstancia.

Todo lo anterior -sumado a la preservación y defensa de la soberanía de nuestros pueblos- constituye, sin duda, el mayor legado de Hugo Chávez a las venezolanas y a los venezolanos de esta era, extendiéndose más allá de sus fronteras. Difundirlo, ampliarlo, definirlo y ponerlo en práctica será el mejor homenaje que se le pudiera hacer, creando en todo momento las condiciones objetivas y subjetivas que harán del socialismo bolivariano la guía necesaria para alcanzar la emancipación integral de las personas y de los pueblos en general.

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Chávez, toda América levanta tus banderas

Marcos Alfonso (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

Hugo Rafael, jamás estarás muerto. Tus banderas flamean alto en toda nuestra América. Tu herencia, retos, proyectos, ideas, viven en los pueblos de estas tierras a las cuales consagraste tus mejores energías.

Aun en los últimos dos años, cuando batallaste contra el implacable cáncer que te arrancó la vida, no dejaste de blandir el estandarte bolivariano de la dignidad y tu amor por la existencia de todos nuestros pueblos.



La patria, el futuro, la unidad, la batalla y tu fe inquebrantable en la victoria, colman el sentir de los hombres y mujeres de esta nación gigante que se yergue desde el Río Bravo hasta la Patagonia.

Todos sabemos el luto que embarga al mundo porque te reconoce en los grandes y hermosos proyectos por la vida y la prosperidad continental llevados a cabo bajo tu influjo combativo e imbatible.

La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la Unión de Naciones del Sur (UNASUR), tienen la impronta de tus ideas y se convierten cada día en valiosas herramientas por la independencia y en la lucha contra el subdesarrollo y por el bienestar de los pueblos de esta parte del orbe.

En cada proyecto hecho realidad, tanto fuera como dentro de tu amada Venezuela, están el sentimiento y las ideas de Simón Bolívar de convertir a las tierras americanas en una enorme nación plena de libertad y justicia social. Ese mundo mejor posible ya anda gracias a tu indoblegable quehacer.

Los venezolanos han perdido físicamente a un gran hijo. Su obra está latente y presente en cada barrio y municipio, entre los pobres y los indios, en las universidades, en las fuentes de trabajo, en las viviendas, la salud y en todas y cada una de las Misiones acometidas o en vías de hecho en aras de demostrar que tus ideas sobre el socialismo del siglo XXI no son quimeras.

Legas una patria libre e independiente, y el dolor que hoy embarga a todos, hombres y mujeres de muchas latitudes, se revertirá en librar las nuevas y grandes batallas que tienen por delante tu patria y el resto de las naciones del planeta en las cuales sembraste las ideas de la dignidad y la justicia social como hechos posibles y realizables.

Comandante Presidente Hugo Rafael Chávez Frías tu sonrisa y la manera de decir siempre acompañarán a todos los hombres dignos en cualquier sitio en que se hallen.

Este cinco de marzo pasará a la historia como un día infausto porque nos dejaste físicamente. Pero tus retos, proyectos, batallas y victorias nos hacen sentirnos como tú; Chávez.

Hombre gigante, el gran dolor que embarga a toda la América nuestra, hace entonar aquella canción de Alí Primera quien, sin proponérselo en el momento de escribirla, te sintetiza en uno de sus párrafos: “Los que mueren por la vida, no pueden llamarse muertos”.

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El papel irrepetible de Hugo Chávez

Guillermo Almeyra (EL CORREO)

Hugo Chávez ha muerto tras una terrible y valiente lucha por su vida. Se ha cerrado la larga fase de su liderazgo y se abre el postchavismo en Venezuela y en toda América Latina.

El vacío político existente desde el Caracazo y el consiguiente desenmascaramiento de los viejos partidos (Acción Democrática y Copei) como instrumentos de la oligarquía y del capital financiero internacional y el fracaso del efímero auge de Causa Radical fue llenado por el golpe fallido que convirtió en héroe popular a un joven militar nacionalista que hasta entonces contaba sólo con el apoyo de un grupo de seguidores en las Fuerzas Armadas. Chávez personificó una esperanza masiva y le dio primero su nombre y después su forma a esa exigencia popular masiva preexistente de cambio social y de independencia nacional. Los trabajadores venezolanos, el pueblo pobre, los intelectuales antiimperialistas reconocieron a Chávez y lo reforzaron frente a sus compañeros de armas y, cuando un golpe cívicomilitar proimperialista lo encarceló, lo salvaron y rescataron y, con su movilización, inclinaron la balanza política y moral en las fuerzas armadas a favor del comandante, que estaba inerme. Los explotados y oprimidos de Venezuela ungieron a Chávez, lo hicieron su líder, reconociendo en él –y en el odio hacia él de los enemigos de clase- la posibilidad de instaurar una alternativa, de cambiar radicalmente el país.

Chávez fue el resultado del chavismo que no tenía aún ese nombre ; es decir, de una exigencia de cambio social profundo, de liberación nacional, de una ola de nacionalismo antiimperialista, de una necesidad de desarrollo nacional y de democracia que encontró con él un cauce en Venezuela e impulsó después cambios similares en otros países de la región.

Se estableció así una fecunda interrelación entre Chávez y los pobres de Venezuela en la que la iniciativa y la voz cantante no siempre correspondieron al primero. En realidad, tanto el redescubrimiento parcial de Trotsky como la presión de Chávez a favor de la autoorganización popular y su rechazo a la burocracia, vinieron de abajo, como también la idea de formar una Vª Internacional, que pronto degeneró en un intento sin principios de juntar a los enemigos de Washington (Teherán, antes Gaddafi, Basher Assad y otros por el estilo) y fue rápidamente enterrada por la derecha del aparato chavista. Sobre todo Chávez recogió la necesidad de tener un partido con ideas y militantes, lo que dio origen al PSUV donde no todo es carrera burocrática, electoralismo y verticalismo, y a los organismos de poder popular, que están en gran parte asfixiados o no se pudieron desarrollar debido a los controles de la burocracia y del ejército. Lo que Chávez no pudo hacer, debido a su propia confusión ideológica (pues ha mezclado las ideas y prácticas de la ex Unión Soviéticas en su versión cubana, con un cristianismo social e ideas trotskistas sobre la autoorganización y autogestión) es abrir una discusión democrática sobre cuál debe ser el contenido esencial de un socialismo que no repita la experiencia deletérea del “socialismo real” y cuáles deben ser la estrategia y el instrumento político que, en un Estado capitalista dependiente, permitan comenzar a cambiar la subjetividad de los trabajadores y sentar las bases para el socialismo, entendido como participación política plena, solidaridad, control de la economía por los trabajadores mismos y construcción de cultura y ciudadanía en la vida cotidiana.

Eso permitió el desarrollo en las capas acomodadas de la sociedad de la corrupción y de la boliburguesía, esa burguesía advenediza surgida al calor del Estado y, en las capas más bajas, formadas en una economía rentista y corrupta, de una vasta delincuencia. O sea, de los sectores que refuerzan social y políticamente a la derecha proimperialista y amenazan el proceso revolucionario nacional y democrático en curso. También permitió, en el aparato estatal, la cristalización de una alianza entre tecnócratas y burócratas con ideología capitalista, la cual tiene lazos también con sectores de las fuerzas armadas, pues éstas están acostumbradas al decisionismo vertical. La falta de independencia de los dirigentes elegidos por su fidelidad más que por su personalidad intelectual y su capacidad hace que ese sector de seguidores del Líder, sin el estímulo de Chávez, no pueda actuar suficientemente como contrapeso a las influencias de la derecha.

La derecha « escuálida » mantiene sus lazos con el imperialismo y conserva su peso económico que deriva del carácter capitalista y monoproductor de la economía venezolana pero, en lo inmediato, no es el principal peligro si no consigue arrastrar una parte de las fuerzas armadas y del mando chavista.

Como dijo el mismo Chávez, el verdadero peligro capitalista reside en los Termidorianos, en la derecha conservadora en el aparato estatal, en los que quieren evitar el control y la organización popular, en los militares de derecha que quieren « orden », su « orden », en los burócratas que desean enriquecerse maniobrando con el mercado que depende del capital internacional. Muerto Chávez, lo reemplazará muy probablemente un directorio o gobierno colectivo que actuará como frente único entre los diferentes personajes y tendencias del actual chavismo, con excepción de la revolucionaria, plebeya, que no forma parte del aparato.

La presión de la derecha política oligárquica y de Washington se haría sentir muy fuerte y la política económica actual, con su apoyo a Cuba y al ALBA y sus proyectos de integración sudamericana, sin duda sería rediscutida y recortada fuertemente para poder reforzar en lo inmediato, en nombre del nacionalismo, pero para la preservación del aparato, una política asistencial y de importaciones que calmase el frente social. Ese es el peligro que sólo la movilización y la autoorganización de los trabajadores puede obstaculizar.

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Chávez, la cultura esencial

Luis Toledo Sande (CUBARTE)

Quizás a muchas personas les causó asombro el momento en que, a finales de 1994, el teniente Hugo Chávez fue recibido en La Habana con altos honores por el líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro. Meses atrás el visitante venezolano, desconocido o escasamente conocido entonces en Cuba, había salido de la prisión que le costó el haber encabezado una rebelión contra la podrida política oficial campeante en su país. Pero aquel recibimiento, inseparable de la perspectiva de un anfitrión hecho a ver como zahorí en la trama de la política y las relaciones internacionales, marcó un punto ostensible en la trayectoria del comandante presidente que acaba de morir, cuando había alcanzado estatura continental, de alcance planetario incluso.

En esa trayectoria creció ante sus contemporáneos, y no errará quien augure que seguirá creciendo en significación histórica, una de las figuras de la política revolucionaria latinoamericana más productivas en los dos lustros finales del siglo XX y lo que va del XXI. Su última batalla se la ganó la muerte, pero él legó un ejemplo de entereza en el afán de mantenerse vivo al servicio del proyecto justiciero que había abrazado. En ese ideal sus continuadores tienen ahora camino que recorrer, desafíos y peligros que vencer, dignidad y hermosuras creadoras que seguir protagonizando. Por mucho y muy justamente que se admire y se alabe al revolucionario que ha muerto, ningún homenaje será más digno de su memoria que el mantener vivos y en realización ininterrumpida los empeños a los cuales él se entregó tesoneramente y con clara voluntad de superación.

Otros tuvieron desde sus primeros pasos una instrucción que los preparó para hacer un mejor uso de las armas del pensamiento, y su mérito más alto estuvo en haber sabido utilizarlas al servicio de las mejores causas. A Chávez, formado en el fogueo de la vida cotidiana ante desafíos que lo pusieron a prueba una y otra vez, y frente a los cuales no siempre podría reaccionar con gestos de salón, se le veían aquí y allá las huellas de su extracción popular. Tal vez esa fue una de las causas —no la única seguramente, pero sí una de ellas— de que, a diferencia de lo ocurrido en otros lares, como en la Cuba revolucionaria, desde el inicio el proyecto bolivariano no tuviera en la intelectualidad nacional una acogida mayoritaria, a la altura de la que merecía recibir.

Sería injusto ignorar que tuvo de su lado incontables intelectuales. Los tuvo, sí; pero incluso no pocos de aquellos que le daban y dan su apoyo resuelto han reconocido en distintos momentos la atmósfera de aprensiones y rechazos que en algunos círculos asomaba con respecto a la figura de Chávez. En la Feria del Libro Universitario Mérida 2000, cuando la ola bolivariana crecía con Chávez en el centro —el año anterior había llegado a la presidencia del país—, un debate sostenido en un salón del recinto evidenciaba que era predominante el apoyo a esa ola, pero a menudo el respaldo se apreciaba junto con señales de desconfianza hacia un líder en quien algunos echaban de menos, y le reclamaban, una fineza más notoria. Sería ingenuo desconocer el papel que en el cultivo de esa imagen tuvieron también los medios de “información” enemigos, que a la larga se estrellaron contra el crecimiento del líder.

Un escritor cubano presente en el debate guardaba silencio, preocupado por la inclinación internacional a confundir el criterio de una persona cubana con un pronunciamiento oficial de su país; y pronto un participante del patio le dio la razón: quiso saber “cómo se pensaba sobre el tema desde Cuba”. El interrogado respondió: “Puedo decir cómo yo lo veo. Una valoración en nombre de mi país habría que buscarla. Pero, si quieren una revolución perfecta, y dirigida por seres perfectos, tendrán que ir a hacerla en el cielo, con ángeles y arcángeles, y esos no están en la tierra”. Lo demás, pudo haber añadido, radica en la resolución y el acierto del pueblo y sus instituciones para impedir que los defectos individuales corroan la revolución.

Fue en la tierra, particularmente en su pueblo venezolano, pero con una ejemplar tesitura latinoamericanista, hija de Bolívar y de Martí, donde Chávez se propuso encabezar una obra terrenal que puede valorarse justamente por sus resultados, y, en primer lugar, por sus beneficiarios principales. A emigrantes venezolanos que en los primeros años de la avanzada bolivariana viajaron a otras tierras cargando el odio contra Chávez, una trabajadora, no venezolana y poco informada sobre lo que sucedía en Venezuela, les preguntó por qué él ganaba las elecciones si era tan malo, y uno de aquellos emigrantes le respondió: “Imagínate, votan por él los pobres”. La trabajadora no vaciló en responder: “Entonces yo tengo que votar también por él”.

Ese es el núcleo cultural del proyecto encabezado por Chávez: una transformación dirigida a hacer justicia a las mayorías que se veían privadas de ella. No se trata de negar el significado de acciones concretas como las destinadas a extender la enseñanza entre los sectores poblacionales que no habían podido disfrutar de ese bien mayor, mientras él mismo crecía como dirigente por su voluntad de luchar y aprender, sin renunciar a su impronta de hombre de pueblo, de la cual tenía derecho a sentirse orgulloso. Pero en la Venezuela bolivariana los planes educacionales, como los desplegados al servicio de la salud del pueblo en general, y especialmente de los más necesitados —con lo que a tantos enfermos se ha curado y a tantos ciegos se les ha dado o devuelto la vista—, son parte de la labor abarcadora que ha dado al proyecto bolivariano legitimidad de revolución.

Todo ello se vincula orgánicamente con la forma como la dirección venezolana ha asumido los retos de la información en un entorno donde el gobierno revolucionario se ha caracterizado, quizás como ningún otro en la historia, por tener que enfrentar, y hacerlo diariamente bien, la avalancha desinformadora, calumniosa, de los medios enemigos. La Revolución Bolivariana ha tenido por divisa el empeño de ofrecer una información cada vez más clara y amplia.

Lo demostró concretamente con el plan de hacer masiva y gratuita la televisión digital, con asistencia dirigida a los más pobres para facilitarles el acceso a su disfrute. Y lo está demostrando ejemplarmente en medio del dolor y los peligros que representa la muerte del revolucionario que, para rabia de opresores, puso a Venezuela en los primeros planos de la política y el interés informativo en el mundo, y que —en el camino allanado por la Revolución Cubana— ha contribuido a fortalecer e institucionalizar, como nunca antes en la historia, la unidad de nuestra América frente al imperialismo.

El telúrico dirigente venezolano contribuyó decisivamente a la fundación del ALBA, golpe demoledor contra los designios imperiales. Fue el líder que reconoció, para serle fiel, la estirpe histórica y revolucionaria en la cual supo ocupar un sitio de vanguardia junto a su hermano Fidel. Como otros hijos e hijas de nuestra América, interesada en marchar en concordia y dignidad con todos los demás pueblos del mundo, vio que el ALBA, Alianza Bolivariana para las Américas, es también la Alianza Martiana, el ALMA.

Por sus aciertos, no por los defectos que le atribuían los medios dominantes para denigrarlo, Chávez suscitó que un monarca heredero del fascismo cometiera un desplante: el monarca lo mandó a callarse, y con ello dio ante el mundo una muestra más de la arrogancia y la desfachatez con que piensan y actúan quienes desconocen la dignidad de los pueblos y sus verdaderos representantes. Pero Chávez no se calló entonces, ni se callará a partir de ahora la voz de su ejemplo.

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La muerte de un revolucionario de Nuestra América

Renán Vega Cantor

"La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida."
José Martí

El martes 5 de marzo de 2013 quedará en la historia de este continente como el día en que falleció el comandante Hugo Chávez Frías, presidente constitucional de Venezuela, un revolucionario a carta cabal de nuestra América, cuya imagen, ideal, y proyecto ya forman parte de la legendaria constelación de luchadores antiimperialistas y anticapitalistas de este lado del planeta.

En esta hora de profundo dolor para los luchadores del mundo, es necesario recordar el carácter revolucionario de la vida y obra de este líder de Venezuela, con independencia de las incertidumbres políticas que el futuro inmediato le depare a ese país y a toda Latinoamérica, por la temprana desaparición física de este notable personaje.1
Sin pretender ser exhaustivo en momentos en que la tristeza nubla el pensamiento, basta mencionar algunos de sus aportes revolucionarios. Para empezar, la figura y proyecto de Hugo Chávez emergieron cuando el neoliberalismo –es decir, el capitalismo realmente existente- se pavoneaba orondo por nuestra América y por el mundo, sin desafíos ni obstáculos a la vista, enceguecido por las falacias del “fin de la historia” y el “choque de civilizaciones”, propagadas por el imperialismo estadounidense y sus súbditos locales. Este neoliberalismo venía acompañado de la retórica de la globalización, como una supuesta realidad irreversible ante la que nada se podía hacer y a la que debían someterse los países, lo que significaba en la práctica aceptar el dominio de las Empresas Transnacionales y soportar como algo normal el saqueo de los recursos naturales.

Eran los momentos de borrachera, euforia y esplendor del “nuevo orden mundial”, que había sido proclamado por George Bush padre luego de la Primera Guerra del Golfo (1990-1991) y la disolución de la Unión Soviética (1991) y que había conducido en Estados Unidos al apogeo de la “nueva economía” durante el gobierno de Bill Clinton (1993-2001), y a suponer que esa efímera prosperidad especulativa, basada en la burbuja punto.com, iba a ser eterna.

Pues bien, para el imperialismo esa borrachera se convirtió en una amarga resaca cuando en Venezuela se empezaron a producir notables cambios a partir de 1998, año en el que Hugo Chávez ganó las elecciones y convocó a una Asamblea Constituyente que puso fin al dominio bipartidista del punto fijismo y cuestionó el modelo neoliberal que había hundido en la miseria a la mayor parte de los venezolanos. El primer aporte revolucionario de Hugo Chávez estriba, entonces, en haber nadado contra la corriente, en instantes en que nadie se atrevía a hacerlo, y todos aceptaban como evidente al fundamentalismo de mercado, la globalización y el Consenso de Washington. Cuestionar el neoliberalismo y embarcarse en un proyecto diferente, visto en perspectiva histórica, se convirtió en un hecho revolucionario porque rompió aguas en medio de la aceptación sumisa del orden existente. Eso supuso en la práctica que desde Venezuela se impulsaran propuestas encaminadas, por ejemplo, a rediseñar a la Organización de Países Exportadores del Petróleo (OPEP), lo que conllevó la recuperación del precio del crudo para los países petroleros, algo que hasta ese momento se consideraba como herético, porque supuestamente los precios de las materias primas no podrían subir porque así lo determinada el “mercado”.

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En segundo lugar, y acompañando a lo anterior, el discurso y la práctica de Hugo Chávez asumieron una postura antiimperialista, porque rápidamente se evidenció que Estados Unidos – en concordancia con su vocación histórica de considerar a nuestro continente como su “patio trasero”- no tolera ninguna política nacionalista, soberana e independiente y está dispuesto a hacer todo lo que sea para liquidar a los líderes y gobiernos que se atrevan a cuestionar su hegemonía. Y, efectivamente, en la medida en que el proyecto bolivariano en Venezuela planteaba una recuperación de la soberanía nacional y energética y proponía políticas redistributivas de tipo interno, inmediatamente los intereses coaligados de las clases dominantes locales y los de Estados Unidos entraron a operar para impedir la consolidación de ese proyecto, como se ha evidenciado durante estos 15 años, pero cuyos hechos más evidentes fueron el fallido golpe de Estado de 2002 y el paro petrolero de PDVSA entre finales del mismo año y comienzos del 2003.

El antiimperialismo de Chávez se manifestó en los más diversos escenarios, en donde, a diferencia de todos los cipayos proestadounidenses (como los de la Unión Europea o de América Latina), habló claro y llamó al pan, pan y al vino, vino. Fue de los pocos que en mundo se atrevió a criticar los crímenes imperialistas en Irak y Afganistán, así como las acciones genocidas de Israel contra los palestinos o contra el Líbano, un hecho notable en medio de la aceptación de esos crímenes por parte de la mayor parte de los gobiernos de Latinoamérica. Pero lo más significativo, en cuanto a logros, de esta lucha antiimperialista se manifestó en el entierro del proyecto imperial del ALCA, que feneció en el 2004 en las tierras de Argentina, y que no pudo ser impuesto al continente en la forma original cómo había sido concebido por los Estados Unidos, que buscaba tener un mercado abierto y a su disposición para sus inversiones, que cubriera desde el norte de México hasta la Patagonia. El hundimiento del ALCA está directamente relacionado con la decisiva actuación de Hugo Chávez, quien se encargó no sólo de denunciarlo, sino en proponer otras formas de integración para el continente.

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Justamente, este es un tercer aporte revolucionario de Hugo Chávez, porque recuperó el legado integracionista de Simón Bolívar, José Martí, José Artigas, César Augusto Sandino y otros luchadores de nuestra América. Esos proyectos de integración, que antes eran simples ideas, han empezado a convertirse en realidad (como el ALBA y MERCOSUR), gracias a la decisiva participación del gobierno bolivariano de Venezuela y a su propósito de buscar otros caminos diferentes a la falsa integración neoliberal hegemonizada por los Estados Unidos. Por supuesto, esto se basó en la actualización del ideal bolivariano de una patria grande, en la cual los pueblos se ayuden mutuamente, algo que Chávez hizo efectivo con el establecimiento de mecanismos comerciales solidarios, como los que efectuó con Cuba y con otros países del Caribe. Se podrá decir que esa integración está en pañales y que no ha avanzado tanto como debía, pero ese hecho cierto no puede ignorar que en el continente latinoamericano se volvió a hablar de un tema tabú para las clases dominantes de cada país, como es el de la integración más allá de los Estados Unidos y sin los Estados Unidos.

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En cuarto lugar, Chávez volvió a poner sobre el tapete de discusión y reflexión el horizonte del socialismo, porque se atrevió a plantear, contra las corrientes dominantes incluso en el seno de una izquierda timorata y plegada al capitalismo, que era necesario construir otra tipo de sociedad, diferente a la hoy imperante a nivel mundial. A ese proyecto él lo denominó el “socialismo del siglo XXI”, con lo cual rescató una palabra que había sido olvidada en el mundo tras el colapso de la URSS a comienzos de la década de 1990 y cuando se pensaba que ese asunto había desaparecido de cualquier agenda política, ante lo que se consideraba como un irreversible triunfo del capitalismo.

Aunque se aduzca que ni en Venezuela ni en otros países de la región se ha avanzado en la construcción de tal socialismo, no puede desconocerse la importancia de volver a preguntarse, cómo lo hizo el fallecido presidente venezolano, si el capitalismo es eterno, e inmodificable y si las luchas que contra él se emprendan no pueden bosquejar otro tipo de sociedad. Esto hace parte del abc de cualquier programa revolucionario anticapitalista desde el siglo XIX, que se creía sepultado, pero que en Venezuela fue recuperado y nuevamente aparece en el imaginario de importantes luchadores y pensadores anticapitalistas de América y el mundo. A raíz de esta recuperación conceptual de tipo político, sectores de la izquierda volvieron a hablar en voz alta y sin temores de la necesidad de construir otro orden, que vaya más allá del capitalismo, que aprenda de las experiencias negativas del siglo XX, sin abjurar del carácter igualitario y democrático de un proyecto anticapitalista.

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En quinto lugar, socialismo quiere decir en sentido profundo luchar por la igualdad –que no es sinónimo de homogenización y erradicación de las diferencias-, una palabra que casi había desaparecido de la conceptualización política e incluso del léxico corriente, y que fue sustituida por un vocablo que ha sido intoxicado por el neoliberalismo –vía Banco Mundial- como es el de equidad. Este término, en esta lógica mercantil, no tiene nada que ver con la igualdad, sino que es el reconocimiento de las desigualdades como algo natural, a nombre de lo cual se afirma que se deben proporcionar iguales oportunidades en la competencia –entre un gerente de una multinacional y un trabajador asalariado, por señalar un caso, para que ambos compitan en las mismas condiciones por ocupar un lugar en la clase ejecutiva de un avión transcontinental. Como encarnación de un proyecto socialista, Chávez enfrentó la desigualdad en Venezuela, con resultados positivos en cuanto a la disminución de la pobreza en ese país, por haber permitido el acceso a la educación, a la salud, a la recreación y a la cultura a importantes sectores de la población, antes excluidos de todos esos derechos.

Con sus políticas redistributivas, Chávez volvió a evidenciar la importancia del Estado como un actor fundamental de la sociedad, lo que llevó a impulsar el gasto público en dirección de las mayorías sociales, en momentos en que, los países europeos, en donde tanto se presumía de haber construido sociedades de bienestar más o menos igualitarias, asumen a fondo el proyecto neoliberal y aumentan las desigualdades, al tiempo que privatizan la salud y la educación.

La lucha por la igualdad ha llevado a que en Venezuela importantes sectores de la población, hasta no hace mucho tiempo subyugados por su condición de clase y de “raza”, hayan adquirido conciencia de sus derechos, de su fuerza colectiva y de su poder de decisión, ya que fueron los soportes esenciales de los 14 triunfos electorales de Hugo Chávez, y quienes impidieron que se consolidara el golpe de Estado de abril del 2002. De ahí el gran carisma y ascendiente de Chávez entre esos sectores ninguneados y olvidados por el capitalismo periférico venezolano, que en los últimos años –desde el caracazo de 1989- han emergido como el sujeto social más importante de la historia contemporánea de ese país. Y de ahí también el odio visceral que contra ellos manifiestan las clases dominantes y las clases medias de Venezuela y del resto del mundo, porque finalmente lo que no se acepta y se desprecia es que los pobres, los zambos, los afros, los indígenas, las mujeres pobres tengan derechos y se proclamen como iguales a los “blancos” proimperialistas.

Este mismo hecho explica esa gran oleada internacional de racismo desplegada contra el comandante Hugo Chávez en la autodenominada “prensa libre” del mundo, en la que se incluyen la radio, la televisión y los medios impresos, que en los últimos 15 años han batido todos los records de sevicia desinformativa, de mentiras y embustes, cuando de hablar de Venezuela y de su presidente se trata. Esta campaña forma parte ya de la historia universal de la infamia, en la que sicarios y criminales, con micrófono y con procesador de palabras, han recurrido a todas las mentiras para enlodar la vida de Chávez y para calificarlo como “dictador”, “tirano” y otros epítetos entre los que aparecen denominaciones racistas, que no vamos a recordar acá por su bajeza moral.

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Hugo Chávez fue un personaje notable en la política venezolana y latinoamericana por su carisma, su influjo popular, su capacidad discursiva, su vivacidad, su ingenio, su inventiva, sus dotes histriónicas, pero, sobre todo, por actuar como un educador y pedagogo práctico. Este es otro de sus aportes revolucionarios, que ya se evidencio desde cuando participó en un fallido golpe de Estado contra el régimen neoliberal de Carlos Andrés Pérez en 1992, porque las palabras pronunciadas en el momento de rendirse tuvieron gran impacto en la población, y lo dieron a conocer ante Venezuela y el mundo. De ese momento en adelante, las miles de reuniones, asambleas, charlas y conferencias en las que participó se convirtieron en eventos de tipo educativo, que le confirieron un carácter revolucionario a su acción y a su palabra, esto es, fueron dardos contundentes contra las evidencias establecidas como verdades incuestionables sobre el capitalismo, el neoliberalismo y la globalización.

Para entender este asunto, es bueno recordar que los políticos contemporáneos se desempeñan cual si fueran muñecos amaestrados, como los presentadores de televisión, que se limitan a repetir siempre el mismo discurso, frío, aburrido, sin alma y sin vida, sin abandonar el guion preestablecido y entonando siempre su insoportable jerga neoliberal. Chávez rompió con todo eso al emplear un lenguaje simple, descomplicado, directo, sin usar eufemismos y atreviéndose a llamar a los criminales por su nombre (como hizo con Georges Bush en la ONU o con un ex presidente colombiano al que calificó, como lo que es, de mafioso), porque se basaba en la máxima atribuida a José Gervasio Artigas, y que le gustaba citar, “con la verdad ni ofendo ni temo”.

Pero hay otro aporte revolucionario de Hugo Chávez en sus alocuciones y conferencias, la reivindicación de la lectura. Esto es importante recordarlo en un momento en que nadie lee nada, empezando por los presidentes y funcionarios gubernamentales – o acaso alguien con dos dedos de frente cree seriamente que alguna vez han leído un libro personajes tan “cultos” como Carlos Menen, Álvaro Uribe Vélez, Juan Manuel Santos, José María Aznar, Juan Carlos de Borbón, George Bush o Mariano Rajoy-. En las charlas y encuentros que realizaba Chávez solía citar y aludir a autores diversos de la tradición socialista y revolucionaria de nuestra América y el mundo, y valga recordar sus menciones a Eduardo Galeano, Itsván Mészaros, León Trostky, Noam Chomsky, entre algunos. Y al mismo tiempo que en sus charlas mencionaba libros y autores también anunciaba la necesidad de difundirlos, cosa que efectivamente se hizo porque en Venezuela se han editado millones de ejemplares a bajos precios de clásicos del pensamiento revolucionario universal.

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Sin agotar el asunto en esta nota, tales son algunos de los principales aportes revolucionarios de Hugo Chávez, cuya figura y realizaciones ya forman parte de la historia del continente y, sobre todo, de la historia de los olvidados y de los vencidos. Chávez, como lo proclamaba sabiamente José Martí, fue un hombre de su tiempo y de todos los tiempos, porque supo encarnar en el momento adecuado un proyecto antineoliberal y antiimperialista para enfrentar lo que se concebía como inatacable en su país y en continente. Él supo entender las necesidades más sentidas del pueblo venezolano, empobrecido y humillado por el capitalismo neoliberal, y en ese esfuerzo por afrontar la miseria que ese sistema genera ha hecho aportes reales al ideario anticapitalista del mundo. Como alguna vez lo dijo Jorge Plejanov al analizar el papel del individuo en la historia: "Un gran hombre lo es no porque sus particularidades individuales impriman una fisonomía individual a los grandes acontecimientos históricos, sino porque está dotado de particularidades que le convierten en el individuo más capaz de servir a las grandes necesidades sociales de su época". Y eso se aplica a cabalidad al caso de Chávez, que ha servido a las necesidades sociales no sólo del pueblo venezolano sino de los pueblos de todo el continente.

Por supuesto, Chávez fue, como todos nosotros, un ser humano de carne y hueso, con sus propias contradicciones y limitaciones, tanto en sus formulaciones como en sus realizaciones prácticas. Es elemental que los revolucionarios son seres humanos y no dioses, en razón de lo cual aciertan y se equivocan, pero justamente son revolucionarios, porque mayores son sus aciertos que sus errores, porque están convencidos de la importancia de luchar contra el orden establecido a cambio de lo cual lo dan todo, hasta la vida misma, y porque con su lucha dejan un destello de ejemplo y dignidad, que los engrandece ante sus contemporáneos y sirve de legado a otras generaciones. Chávez ha sido un formidable revolucionario –un vocablo que no tiene nada que ver con las capillas de iluminados de todas las sectas de izquierda- que ha hecho más aportes reales a la lucha por otra sociedad que cientos de doctrinarios puristas, que tanto hoy como ayer lo han calificado como “populista”, “caudillo” o cosas por el estilo.

Y su carácter de revolucionario queda evidenciado en estos momentos si nos fijamos en quienes lo lloran y quienes se alegran por su muerte. Lo lloran los pobres de su país y muchos pobres de otros lugares del mundo. Lo lloran quienes entienden lo que significa la pérdida de un valioso líder de la izquierda internacional. Lo lloran los que en Venezuela y otros países han sentido lo que significa la solidaridad, en instantes en que se ha impuesto como si fuera parte de la naturaleza humana el egoísmo e individualismo neoliberal. Estos son los que nos importan, mientras las bestias carroñeras de la muerte (encabezados por el Partido Republicano de los Estados Unidos) se relamen de felicidad por la muerte de un peligroso enemigo, como lo expresan sin aspavientos a través de sus pornográficos medios de incomunicación, llámense El País, Clarín, El Tiempo, CNN, Caracol, RCN o como sea.

Chávez ya es un patrimonio de los revolucionarios del mundo y su nombre permanecerá en la memoria no solamente del pueblo venezolano sino de los pueblos de nuestra América y esto debe enorgullecer a los revolucionarios, por dolorosa y dura que sea su partida, y por los difíciles e inciertas que sean las luchas que se avecinan. Mientras tanto, todos sus detractores y sus enemigos del capitalismo y del imperialismo, entre esos muchos pigmeos morales e insignificantes individuos que se desempeñan como presidentes de muchos países –representantes incondicionales de los explotadores y de las clases dominantes- no quedaran siquiera en el basurero de la historia y más rápido de lo previsto serán olvidados.

Porque como dijo con intensidad César Vallejo en su vibrante poema Masa, que parafraseamos: “No mueras comandante, te queremos tanto”, y cuyo bello texto es una alegoría de la manera como la memoria del revolucionario Hugo Chávez permanecerá en nuestra América:

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: “No mueras, te amo tanto!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
“No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando: “Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: “¡Quédate, hermano!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporase lentamente
abrazó al primer hombre; echóse a andar...

Renán Vega Cantor es historiador. Profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional, de Bogotá, Colombia. Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 1998-1999; Gente muy Rebelde, (4 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad; El Caos Planetario, Ediciones Herramienta, 1999; entre otros. Premio Libertador, Venezuela, 2008.

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Chávez vive y la lucha sigue

Gerardo Fernández Casanova (especial para ARGENPRESS.info)

Me duele la noticia: Hugo Chávez dejó de existir. Me duele como la muerte de un ser querido; me duele la pérdida de un compatriota indo-afro-latinoamericano que luchó por la emancipación de Nuestra América; me duele la desaparición física de un dirigente social que hizo visible y posible la alternativa liberadora, un compañero de lucha. Ya mucho escribí en estas páginas sobre la personalidad y el talante democrático del líder de la Revolución Bolivariana y ya mucho leí esta mañana de tantas plumas autorizadas que hacen su panegírico. Lo poco que puedo agregar es que me sumo al dolor de las y los venezolanos por el deceso de su amado presidente y me incluyo entre los dolientes nuestroamericanos que aprendimos a amarlo.

Amor fue su bandera. Amor fue su entrega. Amor es su premio. Amor con amor se paga. Pero también odio; odio a la injusticia; odio a la muerte de un niño que pudo haber recibido atención médica y vivir; odio al hambre y la miseria de los marginados del progreso. Y también odio con odio se paga por quienes son los que ganan con la miseria ajena, los que medran con la ignorancia y la procuran; odio del imperio que se sostiene con los recursos de sus dominados; odio de quienes se dicen cristianos en medio del boato y la hipocresía santurrona; odio de quienes se suponen dueños de las mentes y los destinos. Hoy los venezolanos de Miami y sus congéneres de la derecha continental hacen fiesta y celebran que el tan odiado Chávez se haya ido. Obama, el mal nacido afro de Chicago, dio la nota: “Hoy se abre una nueva página en la historia de Venezuela en la que los Estados Unidos apoyará la democracia”. Sólo le faltó brindar por la buena nueva. Cínico.

La educación popular de los venezolanos confiere un buen grado de irreversibilidad al proceso revolucionario, pero va a hacer falta Chávez. La continuidad está muy asegurada bajo la dirección de Nicolás Maduro que también tiene lo suyo. Pero se esperan tiempos de gran riesgo; Washington está muy envalentonado con sus jugadas de Libia y de Siria que provocan y financian guerras civiles a su antojo, siempre contra regímenes que les son adversos o, por lo menos, independientes. La Venezuela Bolivariana y Chavista es una roca en el zapato de Obama y ha hecho todo por deshacerse de ella. Ahora lo intentará con renovado brío aprovechando el natural desequilibrio ante la ausencia del líder. Hará falta mucha solidaridad para arropar al nuevo dirigente y desear fervientemente que Maduro madure como tal y que, además de convocar, pueda controlar las naturales ambiciones de otros compañeros. Se requiere del liderazgo fuerte para conducir la nave hacia la emancipación y el progreso.

Por cierto que esta mañana en el noticiero de Carmen Aristegui participaron Lorenzo Meyer y Enrique Krause para comentar el caso Venezuela. Ambos coincidieron en lo lamentable que resulta ser el hecho de requerirse del “hombre fuerte” en nuestros países; Meyer estimándolo como mal necesario y Krause como aberración absoluta. Me temo que es el caso de confundir el fondo por las formas; lo importante de la democracia es que sea el pueblo quien mande y que mande para su propio interés, mas no que necesariamente se deba seguir una alternancia de personas o partidos en el poder. Claro que es importante que el mandato del pueblo se convalide periódicamente en procesos electorales plenamente libres pero, si tal característica se cumple, el pueblo puede reelegir cuantas veces quiera al dirigente que le es satisfactorio. Eso es perfectamente democrático, lo contrario no es más que invento del imperialismo yanqui. Hugo Chávez fue un demócrata ejemplar sometido al casi permanente escrutinio popular y ratificado en el mando por voluntad de su pueblo; hizo la revolución por la vía electoral y respetó al vencido; la derecha retrógrada y apátrida sigue viva y creando conflicto, pero también son pueblo que goza de libertad. Así funcionaba el “dictador” Hugo Chávez.

Chávez seguirá vivo en el alma indo-afro-latinoamericana y su amor seguirá inspirando la lucha popular, pero vamos a extrañar su presencia física y su entusiasmo contagioso, su vigor y valentía para defender a la Patria y para procurar la mayor suma de felicidad posible en nuestros pueblos. ¡Chávez no debió de morir!

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Chávez vive y la lucha sigue

Gerardo Fernández Casanova (especial para ARGENPRESS.info)

Me duele la noticia: Hugo Chávez dejó de existir. Me duele como la muerte de un ser querido; me duele la pérdida de un compatriota indo-afro-latinoamericano que luchó por la emancipación de Nuestra América; me duele la desaparición física de un dirigente social que hizo visible y posible la alternativa liberadora, un compañero de lucha. Ya mucho escribí en estas páginas sobre la personalidad y el talante democrático del líder de la Revolución Bolivariana y ya mucho leí esta mañana de tantas plumas autorizadas que hacen su panegírico. Lo poco que puedo agregar es que me sumo al dolor de las y los venezolanos por el deceso de su amado presidente y me incluyo entre los dolientes nuestroamericanos que aprendimos a amarlo.

Amor fue su bandera. Amor fue su entrega. Amor es su premio. Amor con amor se paga. Pero también odio; odio a la injusticia; odio a la muerte de un niño que pudo haber recibido atención médica y vivir; odio al hambre y la miseria de los marginados del progreso. Y también odio con odio se paga por quienes son los que ganan con la miseria ajena, los que medran con la ignorancia y la procuran; odio del imperio que se sostiene con los recursos de sus dominados; odio de quienes se dicen cristianos en medio del boato y la hipocresía santurrona; odio de quienes se suponen dueños de las mentes y los destinos. Hoy los venezolanos de Miami y sus congéneres de la derecha continental hacen fiesta y celebran que el tan odiado Chávez se haya ido. Obama, el mal nacido afro de Chicago, dio la nota: “Hoy se abre una nueva página en la historia de Venezuela en la que los Estados Unidos apoyará la democracia”. Sólo le faltó brindar por la buena nueva. Cínico.

La educación popular de los venezolanos confiere un buen grado de irreversibilidad al proceso revolucionario, pero va a hacer falta Chávez. La continuidad está muy asegurada bajo la dirección de Nicolás Maduro que también tiene lo suyo. Pero se esperan tiempos de gran riesgo; Washington está muy envalentonado con sus jugadas de Libia y de Siria que provocan y financian guerras civiles a su antojo, siempre contra regímenes que les son adversos o, por lo menos, independientes. La Venezuela Bolivariana y Chavista es una roca en el zapato de Obama y ha hecho todo por deshacerse de ella. Ahora lo intentará con renovado brío aprovechando el natural desequilibrio ante la ausencia del líder. Hará falta mucha solidaridad para arropar al nuevo dirigente y desear fervientemente que Maduro madure como tal y que, además de convocar, pueda controlar las naturales ambiciones de otros compañeros. Se requiere del liderazgo fuerte para conducir la nave hacia la emancipación y el progreso.

Por cierto que esta mañana en el noticiero de Carmen Aristegui participaron Lorenzo Meyer y Enrique Krause para comentar el caso Venezuela. Ambos coincidieron en lo lamentable que resulta ser el hecho de requerirse del “hombre fuerte” en nuestros países; Meyer estimándolo como mal necesario y Krause como aberración absoluta. Me temo que es el caso de confundir el fondo por las formas; lo importante de la democracia es que sea el pueblo quien mande y que mande para su propio interés, mas no que necesariamente se deba seguir una alternancia de personas o partidos en el poder. Claro que es importante que el mandato del pueblo se convalide periódicamente en procesos electorales plenamente libres pero, si tal característica se cumple, el pueblo puede reelegir cuantas veces quiera al dirigente que le es satisfactorio. Eso es perfectamente democrático, lo contrario no es más que invento del imperialismo yanqui. Hugo Chávez fue un demócrata ejemplar sometido al casi permanente escrutinio popular y ratificado en el mando por voluntad de su pueblo; hizo la revolución por la vía electoral y respetó al vencido; la derecha retrógrada y apátrida sigue viva y creando conflicto, pero también son pueblo que goza de libertad. Así funcionaba el “dictador” Hugo Chávez.

Chávez seguirá vivo en el alma indo-afro-latinoamericana y su amor seguirá inspirando la lucha popular, pero vamos a extrañar su presencia física y su entusiasmo contagioso, su vigor y valentía para defender a la Patria y para procurar la mayor suma de felicidad posible en nuestros pueblos. ¡Chávez no debió de morir!

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Chávez y el esperpento español

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

¿Cómo se atreven en España a hablar de sombras de Chávez cuando aquí, tras unos años de bambalinas y espejuelos, todo son sombras y personajes cuando menos grotescos? Incluso la manera de tratar los medios de mayor difusión al Chávez ya desaparecido y a su política, es un indicador elocuente del bajísimo nivel democrático de este país. A duras penas ha podido leerse u oírse a lo largo de los años elogios a un dirigente como Chávez que, desde el principio hasta su infeliz final y por encima de todo, se ha ocupado de su pueblo; a diferencia del gobierno español que sólo piensa en favorecer a los ricos y a los bancos, y desatiende tanto a millones de ciudadanos que ya ni perciben subsidio, como a los centenares de miles que son desalojados de sus viviendas por culpa de los abusos bancarios, del desempleo y de una salvaje política constructora que les ha deparado a esos políticos comisiones millonarias...

Los logros y el esfuerzo de Chávez ponen en evidencia y acusan a tantos politicastros y gobernantes españoles de estos 35 años, de haber utilizado un régimen que llaman democracia pero es una suerte de dictadura encubierta usada en su exclusivo provecho y en el de los constructores; una dictadura que no está personalizada en un sólo individuo, sino que se reparte entre estamentos completos; una dictadura que ha heredado los tics de la otra cuya memoria aún perdura en conductas de los dirigentes de los dos partidos mayoritarios, que sólo toleran como "correcto" sus respectivas ideologías y demonizan lo que no sea su pensar...

España, como la Iglesia Católica maestra en hipocresía y disimulo, se vistió en el año 78 con los ropajes de democracia capitalista. Pero ha funcionado y funciona en el fondo y en las formas como un régimen controlado por minorías civiles, económicas y religiosas cortadas con los mismos patrones que las de la dictadura franquista. Las libertades formales que tanto alaban esas minorías y los medios afines aun cuando se vendan como progresistas, son teoría. Y la libertad de mercado, la principal ficción. En la práctica, como en todos los países del sistema, la libertad personal verdadera sólo la disfrutan quienes tienen recursos para vivir como quieren y donde quieren. Y en cuanto a los mercados, están férreamente controlados y dirigidos por lobbys, oligopolios y mafias más o menos identificadas. Se han pasado años cuestionando a Chávez como populista o dictador, cuando ya no hay en España quien no piense que quien menos poderes tiene para gobernar es el pueblo que da nombre a la palabra democracia.

Hay otros focos que apuntan a una farsa permanente. La persecución subrepticia o declarada de la diversidad ideológica. En cuanto no se ajusta a los deseos e intereses de los principales, se declara inconstitucional. Sean las ideas que rechazan el mercado, sea el derecho a decidir, sea la propia monarquía... Esa persecución la practican los poderes institucionales, los fácticos y la práctica totalidad de los medios oficialistas de difusión nacional. Todo constata que vivimos en una farsa permanente de democracia. Los verdaderos dueños del poder legislativo, ejecutivo, judicial, religioso y económico, así como los medios alineados por acción u omisión con ellos, nos constriñen constantemente a creernos una mentira tras otra y a tragar la ideología neoliberal tan nefasta para el pueblo que, sin prisa pero sin pausa está laminando a millones de españoles. Y no sólo eso, también coartando gravemente la libertad de quienes, entre otros motivos, por sentir vergüenza de pertenecer políticamente a este país, desean desvincularse territorialmente de España...

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James Petras: “Debemos tener bien claro que Chávez muere, pero su legado vive. Vive en todas partes del mundo donde se luche por la justicia social”

CX36 RADIO CENTENARIO

Radio Centenario mantuvo este miércoles una programación especial desde la tarde del martes 5 de marzo debido al fallecimiento del líder de la Revolución Bolivariana, presidente Hugo Rafael Chávez Frías. “Hugo Chávez va a entrar en la historia como una figura a la altura de José Artigas en Uruguay, José Martí en Cuba o Simón Bolívar en toda América Latina”, dijo en la oportunidad el sociólogo norteamericano James Petras, columnista exclusivo de CX36 en español y que transcribimos a continuación.

Efraín Chury Iribarne: En esta programación especial de CX36, Radio Centenario, es imprescindible la presencia, las palabras, el análisis, de nuestro columnista James Petras. Bienvenido Petras, buenos días, te escuchamos.



James Petras: Buenos días.
Lo primero es que sentí un gran golpe, es una gran pérdida para América Latina.
Pero después de algunas reflexiones, debo decir que Hugo Chávez vive. Es decir, físicamente muere, pero deja un legado muy amplio, muy profundo, que afecta no sólo a Venezuela y América Latina, sino al mundo entero.
Hablando concretamente, Chávez demuestra como un pequeño país puede enfrentar y derrotar al imperialismo, mantener las tradiciones democráticas, implementar programas muy avanzados socialmente, apoyar una integración regional poderosa, y dar un ejemplo de conducta ética en la política en un mundo tan corrupto, tan salvaje, donde presidentes como Barack Obama, pueden tomar decisiones de asesinar a cualquier ciudadano sin ningún proceso judicial.
Frente a este panorama, Hugo Chávez va a entrar en la historia como una figura a la altura de José Artigas en Uruguay, José Martí en Cuba o Simón Bolívar en toda América Latina.
Debemos tener en cuenta que Chávez realizó grandes construcciones a nivel institucional, pongo como ejemplo las instituciones de integración, como ALBA, CELAC.
En segundo lugar, estableció normas políticas para tratar las agresiones imperialistas, como la convocatoria a reuniones latinoamericanas condenando los golpes de Estado en Honduras, Paraguay.
Pero más que nada, aquí en Estados Unidos tenemos recuerdos muy claros de la posición de Chávez en el momento en que el presidente George Bush lanzaba la guerra contra el terrorismo. En un momento de grandes tensiones, Chávez declaró frente a eso: “No se puede luchar contra el terrorismo utilizando los métodos terroristas”. Y eso causó la ira y la histeria en la Casa Blanca, pero Chávez fue el único Presidente en el mundo que se atrevió a decir que el terrorismo de Estado es tan condenable como el terrorismo de los fanáticos. Esto me parece que marcó con gran astucia el camino que otros tomaron después, declarando que los asesinatos hechos pro la CIA eran tan graves como los atentados contra las Torres Gemelas en Nueva York.
En ese sentido, Hugo Chávez entra en la historia como el primer y más importante Presidente que define la nueva política ética y humanitaria.
Chávez nunca mató adversarios. Obama, Hollande, todos los OTAN Presidentes cometieron crímenes contra sus propios ciudadanos e invaden otros territorios. Pero Chávez no, Chávez manda petróleo incluso a los pobres en los Estados Unidos para que la gente pueda calentar sus casas. Chávez manda médicos y ayuda humanitaria a países en vez de armas, marines y agentes asesinos. No se puede subestimar la importancia de esto.
Esta mañana cuando abrí la computadora, encontré declaraciones desde Asia, Malasia, hasta China y América Latina, de todas partes del mundo. No era una figura venezolana ni latinoamericana; es una figura histórica mundial, y seguirá teniendo impacto, teniendo influencia en la institucionalidad en América Latina, en las nuevas prácticas de ayuda mutua, en el comercio sur-sur; creó una ideología que justifica programas sociales, y va contra la corriente en la política económica. Mientras Obama en Estados Unidos y Cameron en Inglaterra están recortando programas, imponiendo austeridad, Chávez avanza en los programas sociales, aumenta la inversión en atención a la Salud, Educación, ayudando a pequeños productores con préstamos baratos. Mientras que aquí y en otros países de Europa crece la malnutrición infantil, se recortan los programas dirigidos a los más pobres.
Chávez va contra la corriente reaccionaria y definió que es posible, incluso en la crisis, continuar los programas sociales y no sacrificar al pueblo por un puñado de mercaderes en la Bolsa.

EChI: Dejó también elementos de integración Latinoamericanos importantes, su mira estuvo puesta más allá de su país, al que le dio la vida.

JP: Si. Chávez murió en su querida Patria, en brazos de sus familiares, saludando a sus camaradas y compañeros. Vivía una vida plena, profunda y querida.
Recuerdo mis encuentros con Chávez, siempre con una gran sonrisa y gran apoyo para la humanidad, chistoso cuando tenía posibilidad, pero otras veces muy serio, grave, frente a las grandes amenazas a la humanidad.
Era en todo sentido un ser humano completo, no solamente políticamente, como persona que ama la humanidad. No eran simples palabras vacías, en su práctica. Era un hombre que cumplió sus palabras. Cuando tenemos en este mundo tantos demagogos que prometen cambios sociales, pero que en vez de esto recortan el Presupuesto, despiden a cientos de miles trabajadores de la Salud y maestros.
Chávez cumplió y marcó un ejemplo, que nos permite medir a todos los políticos del mundo y no alcanzan la estatura de Hugo Chávez.

EChI: Petras valoramos mucho su participación en este día en que Radio Centenario mantiene una programación especial.

JP: Si. Y debemos tener bien claro que Chávez muere, pero su legado vive.
Vive en todas partes del mundo donde se luche por la justicia social.
¡Chávez Presente!!
Un abrazo.

Descargue desde aquí el audio de esta entrevista en mp3.

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La Importancia histórica y planetaria del prócer Hugo Chávez Frías

Leyde E. Rodríguez Hernández (especial para ARGENPRESS.info)

Como expresó Chávez, el 4 de febrero de 1992: “(…) Es tiempo de reflexionar y vendrán nuevas situaciones y el país (Venezuela) tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor”.

No por imaginado el fatídico momento, después del desalentador comunicado sobre el estado general delicado del presidente y comandante de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez Frías, el 4 de marzo de 2013, la noticia de su fallecimiento, al día siguiente, ha dejado de ser muy estremecedora, para sus admiradores y la opinión pública mundial, que seguía día tras día, hora tras hora, la evolución de la salud del dirigente más popular y carismático de América Latina.

Conocer su ausencia física, es una novedad que conmueve a todas las personas de buena voluntad. El presidente de los pobres, el que hizo más por ellos, el que más nutrió a Venezuela de realizaciones sociales, culturales y democráticas, merece honor. Nunca antes en la historia contemporánea, un hombre, un líder revolucionario de un país del Tercer Mundo, había logrado tantos progresos, en tan corto tiempo, para su pueblo, la América Latina y el Caribe, como hizo Hugo Chávez Frías.

Debe recordarse que, cuando la historia parecía detenida y algunos teóricos de la política desconfiaban de la viabilidad del socialismo, en aquellos días del fin de la historia, de Francis Fukuyama, y terceras vías, de Anthony Blair, de rendiciones en el ideal del socialismo “real” soviético y de Europa del Este; en esos tiempos en que la humanidad caía en la confusión y el conformismo, por la supuesta victoria del capitalismo frente al eurocomunismo, hubo un hombre, que se llamó Hugo Chávez, dispuesto a luchar, desde el pensamiento Bolivariano, por la construcción del socialismo.

Sólo una voz solitaria, desde una isla en el Caribe, insistía en que el socialismo sí era posible en aquella coyuntura de desarraigo de las ideas de izquierda y progresistas. Entonces, un nuevo Quijote, Chávez, vino a acompañar a Fidel Castro, que no cesaba de advertir sobre los peligros que amenazan a la especie humana, y el fracaso rotundo de la política económica neoliberal. Cuando el campo socialista se derrumbó y la URSS se desintegró, el imperialismo, con el puñal afilado de su bloqueo se proponía ahogar en sangre a la Revolución Cubana; Venezuela, un país relativamente pequeño de la dividida América, fue capaz de impedirlo.

En ese ambiente mundial, el 4 de febrero de 1992, un gobierno consagrado en elecciones burguesas, fue desconocido e impugnado por un hecho de fuerza de carácter revolucionario: un movimiento cívico-militar asumió el liderazgo de una protesta social iniciada en el mismo mes, años antes, conocida como “El Caracazo”, ocurrido el 27 de febrero de 1989. El líder militar Hugo Chávez, quien como pocos supo comprender el sentimiento nacional de descontento, harto ya de tanta opresión y del desconocimiento del pueblo, tomó posición y emprendió una arremetida no sólo contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez, quien fungía como presidente de la República, sino también, contra las políticas que ignoraban el clamor y las necesidades populares, contra la corrupción exacerbada de los funcionarios estatales, contra la exclusión de los más desfavorecidos y la sumisión ante los intereses económicos y financieros imperiales.

La rebelión cívico-militar del 4 de febrero de 1992, fue el primer gran hecho histórico de gran relevancia para la historia reciente de Venezuela, y para los pueblos latinoamericanos y caribeños. Pronto Chávez, en 1998, convertido en un indiscutible Cristo redentor de su pueblo, se erigió en candidato insumiso a las oligarquías, ganando unas elecciones presidenciales diseñadas para impedir el triunfo de los condenados de la tierra. ¿Podría esperarse una hazaña política mayor? A partir de entonces, el gobierno bolivariano se declara antiimperialista, anticapitalista y socialista. Esta postura de construir un nuevo socialismo en el siglo XXI, es su principal legado esperanzador para la humanidad. La Revolución Bolivariana liderada por Chávez constituyó un renacer para los oprimidos de todo el mundo, en aquella etapa de apogeo del pensamiento único impuesto por el imperialismo. Desde entonces, fueron numerosos los países de las Antillas, Centro y Suramérica que Venezuela, además de sus grandes planes económicos y sociales, fue capaz de ayudar.

El principal logro de la Revolución Bolivariana se encuentra en su plena independencia y soberanía nacional, lo que le ha permitido, a Venezuela, el fortalecimiento de la democracia participativa, el incremento del gasto social, la alfabetización, el aumento de los servicios de salud, viviendas, el incremento de la igualdad de género, el acceso de la población a las nuevas tecnologías, el aumento de las pensiones, la disminución de la pobreza, la inequidad, la desnutrición, el desempleo y la reducción de la concentración de los medios de comunicación.

El mayor desafío, para la Revolución Bolivariana, es el mantenimiento de la unidad entre todos los componentes cívicos y militares del proceso político, hasta ahora victorioso bajo la dirección de Chávez. Los mismos factores comprometidos en la continuación del programa Bolivariano trazado por Chávez, con vistas al periodo constitucional 2013-2019. Esta estrategia contiene cinco objetivos estratégicos, que conforman el II Plan Socialista de la Nación “Simón Bolívar”, entre los cuales se encuentran consolidar la independencia nacional, continuar la construcción del Socialismo Bolivariano, convertir a Venezuela en una potencia no solo económica, sino también social y política; contribuir al desarrollo de una nueva geopolítica internacional que defienda la visión de una configuración de fuerza anti-hegemónica, así como la preservación de la vida y la salvación de la especie humana.

Hay que reconocer que la estrategia internacional diseñada por la Revolución Bolivariana acercó las relaciones con todos los países de América Latina y el Caribe. Los resultados concretos en política internacional se encuentran en el despliegue de los mecanismos de integración como PETROCARIBE, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (CELAC), y el ingreso al Mercado Común del Sur (MERCOSUR). De carácter estratégico, en el interés de lograr una nueva arquitectura financiera regional y mundial, es la creación del Banco del Sur, que ha sido aprobado por la mayoría de los países de la región.

La política exterior bolivariana también impactó a África. Entre los importantes avances en las relaciones con esta región, se destacan las cumbres de los países de América del Sur y África (ASA); y cada vez cobran más vitalidad los vínculos de Caracas con China, Rusia, Vietnam, Corea del Norte, Irán, Bielorrusia y, en general, con todos los países europeos, siempre en el marco del respeto a la soberanía y la libre determinación de los pueblos. En ningún otro periodo de su historia, Venezuela desarrolló una política exterior tan amplia, solidaria y diversa en beneficio propio y de otras naciones.

Una breve mirada al alcance y la contribución de los proyectos mencionados, demuestran la enorme contribución de la Revolución Bolivariana, y del liderazgo de Hugo Chávez, a la política internacional del siglo XXI. Comentaré aquí cada uno de ellos:

PETROCARIBE (Petróleo solidario para el Caribe). Esta organización fue creada el 29 de junio del 2005, en la ciudad de Puerto La Cruz, suscrita inicialmente por 14 países, como un acuerdo de cooperación energética. PETROCARIBE es una respuesta a los abusos que los buques foráneos realizaban a los países del Caribe con la venta del petróleo, imponiéndoles precios de transportación excesivos. Por eso el acuerdo está basado en la eliminación de todos los intermediarios, solo intervienen entidades dirigidas por los gobiernos. Se busca la transformación de las sociedades latinoamericanas y caribeñas, haciéndolas más justas, participativas y solidarias. La idea se concibe con la finalidad de crear un proceso integral que promueva la eliminación de las desigualdades sociales, fomenta la calidad de vida y una participación efectiva de los pueblos.

ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América). Fue creada en La Habana, el 14 de diciembre del 2004, por el acuerdo de Venezuela y Cuba, como una iniciativa de los presidentes Hugo Chávez y Fidel Castro; posteriormente ingresaron: Bolivia, Nicaragua, Dominica, Ecuador, San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda. Honduras abandonó la Alianza luego del golpe de Estado que derrocó al presidente Manuel Zelaya, el 29 de junio del 2009. Es el resultado de la lucha contra los tratados de libre comercio (TLC), que impone la estrategia de dominación de los Estados Unidos. Es uno de los más importantes mecanismos de integración en el que se aprovechan las ventajas cooperativas entre las diferentes naciones asociadas, para compensar las asimetrías entre las mismas, lográndose mediante fondos compensatorios, destinados a la disminución de las desigualdades intrínsecas de los países miembros, y con la aplicación del Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP).

El ALBA-TCP es un mecanismo de integración de nuevo tipo porque otorga prioridad a la relación entre los propios países, en pie de igualdad y en el bien común, utilizando el diálogo subregional y multiplicando las alianzas estratégicas, para fomentar el consenso y el acuerdo entre las naciones latinoamericanas. En fin, el ALBA ha simbolizado un nuevo amanecer político para “Nuestra América”.

UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas). Nació el 18 de diciembre del 2004 durante la III Cumbre Suramericana reunida en Cuzco, Perú. Los presidentes de los 12 países de América del Sur firmaron la Declaración de Cuzco, mediante la cual decidieron conformar la Comunidad de Naciones Suramericanas, que fue evolucionando a través de la Cumbre de Cochabamba, celebrada el 9 de diciembre del 2006. Los mandatarios de Suramérica, reunidos en la Cumbre realizada en la isla de Margarita, el 17 de abril del 2007, decidieron renombrar a la comunidad como Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), creada sobre una región con raíces comunes.

Este esfuerzo regional dio fundación a la Unión de Naciones Suramericanas en la Reunión Extraordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno en la ciudad de Brasilia, República Federativa del Brasil, el 23 de mayo del 2008, donde se suscribió su tratado constitutivo, que entró en vigor el 11 de marzo del 2011, por lo que la UNASUR se convirtió en una entidad jurídica durante la reunión de Ministros de Relaciones Exteriores en Ecuador, donde se puso la piedra fundamental de la sede de la Secretaría. En octubre del 2011 UNASUR fue reconocida como miembro observador de las Naciones Unidas (ONU). La UNASUR es un mecanismo de integración regional sin el patrocinio de los Estados Unidos, lo que significa la preservación de la independencia y la soberanía de las naciones suramericanas.

CELAC (Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe). Fue creada el 2 y el 3 de diciembre del 2011 en Caracas, con la participación de 33 países, y manifiestamente excluidos los Estados Unidos y Canadá, a pesar de los intentos de sabotaje desde Washington y sus gobiernos subordinados en América Latina. La CELAC es otro de los notables logros del proceso de integración bolivariano. Es una respuesta estratégica a la inoperancia y obsolescencia de la Organización de Estados Americanos (OEA), convertida en ministerio de colonias estadounidenses, utilizada por los Estados Unidos como instrumento de dominación y para justificar intervenciones militares en los países de América Latina y el Caribe.

ASA (América del Sur y África). Iniciada en la Cumbre América del Sur-África, celebrada en Margarita, el 25 de septiembre del 2009, contó con la participación de 29 gobernantes africanos y ocho de Suramérica. Es un mecanismo multilateral que busca trazar objetivos comunes, con espíritu de gran solidaridad y por medio de colaboraciones estratégicas y de cooperación Sur-Sur, para estimular la capacidad de desarrollo sostenible de los países miembros. ASA busca mejorar el comercio exterior y la cooperación entre las dos regiones, así como aumentar la inversión entre África y América del Sur, además de favorecer el intercambio de tecnologías que sirvan para añadir valor a las materias primas.

Asimismo, se propone promover la participación del sector privado en dichas iniciativas a través de las asociaciones nacionales de negocios y la posible creación de una Asociación de Negocios África-América del Sur, así como la creación del Banco de Inversión Africano de la Unión Africana. ASA es el acercamiento entre dos continentes similares, ubicados en el llamado Tercer Mundo o la periferia del dominante centro capitalista. Procesos similares Venezuela intenta extender a Asia y Medio Oriente.

Un importante éxito de la política exterior bolivariana fue la entrada, como miembro pleno, de Venezuela al MERCOSUR, considerada entre las primeras cinco economías más grandes del sistema-mundo, que funciona con solidez ante la crisis por la que atraviesa el modelo económico neoliberal en los Estados Unidos y la Unión Europea.

Las substanciales contribuciones de la Revolución Bolivariana al orden, la paz y la institucionalidad de las relaciones políticas y económicas internacionales del siglo XXI, tienen como objetivo el mejoramiento de las condiciones de vida de los pueblos del Sur. Cada uno de estos procesos, mecanismos e instituciones de signo progresista y humanista en la política internacional, han podido concretarse y consolidarse porque asistimos a una época de cambio en la correlación de fuerzas en América Latina y el Caribe, a favor de los pueblos, aunque todavía no sea así al interior de todas las naciones, y sin que sea todavía un proceso irreversible, pues esta tendencia o movimiento favorable a la izquierda seguirá enfrentando múltiples desafíos y amenazas provenientes de las pretensiones de dominación capitalistas, generadas por las burguesías latinoamericanas serviles a las viejas políticas coloniales y hegemónicas de los Estados Unidos en la región.

En lo adelante, Venezuela estará inevitablemente signada por el legado trascendental y el ejemplo paradigmático del prócer Hugo Chávez Frías. Los continuadores de la Revolución Bolivariana tienen la responsabilidad histórica de continuar el ciclo de oportunidades progresistas en América Latina y el Caribe, que impulsan los procesos y mecanismos unitarios hacia un sistema-mundo más equilibrado, solidario, democrático, favorable a la cooperación económica entre los pueblos y al respeto a la igualdad soberana entre las naciones.

Como expresó Chávez, el 4 de febrero de 1992: “(…) Es tiempo de reflexionar y vendrán nuevas situaciones y el país (Venezuela) tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor”..

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La semilla de Hugo Chávez

Gilberto López y Rivas (LA JORNADA)

Ha muerto un hombre de bien, un hombre del pueblo y para el pueblo que luchó por dignificar y dar poder a los humildes de su querida República Bolivariana de Venezuela. Fue un hombre de su tiempo y un adelantado que alcanza la inmortalidad de los predestinados para dejar huella en la historia del mundo de las resistencias y revoluciones. Soñó, como su mentor Bolívar, con una América Latina unida y libre de la dominación imperialista. Como su gran amigo y consejero Fidel, puso en marcha las fuerzas telúricas de los explotados para dejar de serlo y avanzó a contracorriente de inercias, telarañas seculares y conspiraciones.

Hugo Chávez deja un enorme vacío político -nacional e internacional- por su estatura como dirigente de los de abajo, por su visión de estadista al servicio de una revolución que contra viento y marea ha logrado cambiar al país hasta sus cimientos; por su calidad humana que concitó el apoyo ciudadano mayoritario en los innumerables procesos electorales en los que participó y que lo llevaron a los varios mandatos de una presidencia golpeada sistemáticamente por una derecha recalcitrante, violenta, racista, aliada del imperio, siempre lista para el boicot empresarial, la subversión, el golpe de Estado, y el magnicidio.



El odio implacable y patológico a Hugo Chávez por parte del gobierno de Estados Unidos, de la oligarquía venezolana, de sus pares en los circuitos de la contrarrevolución y el terrorismo de Estado, en la derecha intelectual de los Varga Llosa, y en los medios de comunicación a su servicio, como el duopolio televisivo en México, o El País, en España, ofrece la medida de lo que el Comandante representa para su pueblo y los pueblos del mundo en esta compleja lucha de clases que tiene lugar en el ámbito planetario, a pesar de los esfuerzos de la dictadura mediática por negarla, ocultarla o trastocarla en su favor.

El Comandante deja un vacío, pero también una legado de incalculable valor: su confianza en el pueblo pobre y explotado para vencer las adversidades y enfrentar la violencia del imperio y la oligarquía; su capacidad para reaccionar avanzando a cada agresión de sus enemigos; su curiosidad intelectual que lo llevó a un permanente desarrollo de sus alcances teóricos sobre el entorno político e ideológico que le tocó vivir; su lealtad y congruencia para estrechar las alianzas duraderas y confiables, como las mantenidas con el pueblo y el gobierno cubanos.
También nos deja la lección de la viabilidad de la integración latinoamericana como garantía de independencia y soberanía frente al imperialismo, y en particular con la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de nuestra América (ALBA), el ejemplo concreto de que lejos de la dictadura del capital, los pueblos pueden relacionarse bajo la premisa de la solidaridad y la verdadera hermandad. Su legado político regional también incluye Telesur, Petrosur, Petrocaribe, la naciente Celac, Banco del Sur, entre otras iniciativas que, propias o conjuntas, no podrían pensarse hoy sin la participación del Comandante presidente.

No tengo la menor duda de que el chavismo logrará salir airoso de la prueba de una Venezuela sin Chávez, si permanece unido a ese legado y si radicaliza aún más la revolución bolivariana en la dirección inequívoca de profundizar la construcción del poder popular, de combatir la corrupción y la doble moral entre sus filas, de ocupar todos los espacios de la territorialidad y la política con hombres y mujeres reconocidos por su fidelidad al pensamiento y la práctica del presidente Chávez.

Murió un libertario, un irreverente, un comandante del pobrerío, pero queda la semilla de un futuro más promisorio para la Venezuela bolivariana y para la América Latina entera, para otro mundo posible, que sin la acción de hombres de la estatura del Comandante y de los pueblos como el que lo ha acompañado desde hace más de 15 años, no podríamos alcanzar.

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