lunes, 25 de marzo de 2013

A 10 años del asesinato del periodista José Couso en Irak (Parte II): Un abogado y un juez sacaron adelante el Caso Couso en España

Ernesto Carmona (desde Madrid, especial para ARGENPRESS.info)

El abogado Enrique Santiago Romero lleva 10 años bregando ante la justicia por el asesinato del cámara José Couso Permuy, muerto el 8 de abril de 2003 por el disparo de un carro blindado contra el Hotel Palestina de Bagdad al comenzar la invasión de EEUU a Irak.

Hoy siguen vigentes las órdenes de búsqueda y captura dictadas en 2005 por el juez español Santiago Pedraz contra el sargento Thomas Gibson; el capitán Philip Wolford; y el teniente coronel Philip De Camps -aplicando a estos tres una fianza o embargo de bienes por un millón de euros por responsabilidad civil- y desde 2011 aparecen imputados otros dos altos superiores de la cadena de mando, el general Bufort Blount y el coronel David Perkins.



Difícil pelea judicial

La acción iniciada por el abogado Santiago y la familia Couso en la Audiencia Nacional (AN) de España invocó “delitos contra personas internacionalmente protegidas” de las Convenciones de Ginebra de 1949 sobre DIH, reconocidos en España por el Art. 611 del Código Penal y el articulo 139 del mismo código.



“Desde el principio de las actuaciones judiciales, el gobierno español [José María Aznar, 1996-2004] se ha opuesto a la instrucción de la causa a través de la Fiscalía General del Estado, alegando falta de jurisdicción española, por haberse cometido los hechos fuera de España, como ausencia de delito, al no tratarse, según su criterio, de una acción intencionada del Ejercito de EEUU, sino de un triste ‘accidente’”, dijo el abogado.

En 2005 Pedraz dictó “ordenes de prisión incondicional y de busca y captura internacional a efectos de extradición” contra el sargento T. Gibson; capitán Philip Wolford, que autorizó disparar a Gibson; y el teniente coronel Philip De Camps, jefe de la brigada acorazada de los carros de combate. La Fiscalía General del Estado apeló esas órdenes internacionales y logró que la Sala de lo Penal (SP) de la AN cerrara las actuaciones. Sin embargo, el Tribunal Supremo (TS) acogió un nuevo recurso de la familia Couso y en diciembre de 2006 ordenó reabrir la causa. El TS estableció que España era competente y tenía jurisdicción para conocer esos hechos.

Entonces el juez Pedraz renovó en 2007 el procesamiento de los tres militares de EEUU y reiteró las órdenes de busca y captura internacional y de prisión incondicional. Pero la resolución de nuevo fue apelada por el Fiscal y el 13 de mayo 2008 la SP de la AN anuló el procesamiento, las órdenes de prisión y las órdenes de búsqueda y captura, alegando que en los imputados no existían indicios suficientes de culpabilidad.

Cerrojazo judicial del caso

Pero, por efecto de la sentencia anterior del TS, de diciembre 2006, la SP de la AN no pudo ordenar el archivo de las actuaciones, de modo que siguió la instrucción de la causa. El 20 de mayo 2008, acordó practicar 7 nuevas pruebas, entre ellas admitir la declaración de una testigo propuesta por la acusación particular, Adrienne Kinne, ex sargento del ejercito de EEUU miembro de la inteligencia militar durante los hechos.

En una entrevista por TV en EEUU, el 14 de mayo 2008 Kinne denunció (1) que el hotel Palestina fue designado "blanco militar" por el ejército de su país, pese a estar protegido por las Convenciones de Ginebra y a despecho que allí estaba concentrada la prensa internacional por orden expresa de los militares de EEUU.

El juez también citó a declarar, como perito de la acusación particular, al general de la Guardia Civil española Gonzalo Jar Couselo, especialista en derecho internacional humanitario de la Cruz Roja española y autor de una investigación jurídica que califica como crimen de guerra la muerte del periodista.

El juez solicitó, además, practicar pruebas periciales de técnicos especialistas del cuerpo de artillería del ejército español y citó a declarar a los ex ministros de J.M. Aznar Ana Palacio, titular de Exteriores al momento del asesinato de los periodistas, y a Federico Trillo, de Defensa en ese instante, quienes dieron a conocer por escrito las explicaciones ofrecidas en su día al gobierno español sobre los asesinatos por las autoridades de EEUU, tanto de forma oficial como de manera extraoficial.

De inmediato, el 21 de mayo de 2009, el juez instructor ordenó un nuevo procesamiento y renovó la orden de detención internacional de los imputados. Entonces, la Fiscalía de la Audiencia Nacional de nuevo apeló esta resolución y el 14 de julio 2009, la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional no sólo admitió el recurso y revocó los procesamientos y órdenes de detención, sino además -y contra el criterio del Tribunal Supremo- ordenó al juez instructor que concluyera el sumario y elevara la causa a la SP de la AN para que ésta procediera a cerrarla, lo que el juez instructor hizo el 16 de julio 2009.

Las acusaciones particular y popular apelaron la resolución de concluir el sumario acordada por el instructor en cumplimiento del Auto de la Sala de lo Penal del 14 de julio 2009. Y así, un nuevo Auto de la Sala de lo Penal del 23 de octubre 2009 ratificó la conclusión del sumario y determinó el sobreseimiento de las actuaciones, con el único voto en contra de la magistrada Clara E. Bayarrri, quien hizo constar la necesidad de continuar la instrucción del sumario, mantener los procesamientos y proceder a practicar las pruebas pendientes, relató Santiago.

La justicia suele ser injusta

El abogado Santiago recordó que en esta etapa del Caso Couso, entre el Auto del 21 de mayo 2009, en que el juez Pedraz acordó el nuevo procesamiento, y la fecha de interposición del recurso de casación ante el Tribunal Supremo impugnando el sobreseimiento libre de las actuaciones, los órganos legislativos españoles reformaron el artículo 23.4 de la Ley Orgánica del Poder Judicial.

La reforma cercenó y limitó hasta lo irreconocible el principio de jurisdicción universal extenso de la legislación, que hasta entonces había permitido a los tribunales españoles abrir casos de persecución efectiva de delitos -como el enjuiciamiento de Pinochet-, con el consiguiente prestigio internacional adquirido por la justicia hispana.

“En el Caso Couso nos encontramos con la clara resistencia de la justicia española a aplicar los principios de perseguibilidad universal, contradiciendo así lo establecido en las Convenciones de Ginebra de Derecho Internacional Humanitario de 1949 y en los Protocolos Adicionales de las Convenciones de 1977, a pesar de ser tratados internacionales de cumplimiento obligado para nuestro país por haberlos signado y ratificado”, afirmó el abogado Santiago. (Continuará)

Ver también:
- A 10 años del asesinato del periodista José Couso en Irak (Parte I): Avanza causa contra asesinos del Hotel Palestina, con la oposición del PP y PSOE
http://www.argenpress.info/2013/03/a-10-anos-del-asesinato-del-periodista.html

Ernesto Carmona es periodista y escritor chileno.

Notas:
1) Ver http://www.democracynow.org/es/blog/2008/5/14/denunciante_seala_que_hotel_de_bagdad_atacado_por_eeuu_estaba_en_lista_de_objetivos_militares

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Peligros de la “defensa” antimisil de los Estados Unidos en Asia-Pacífico: ¿Al borde de una guerra nuclear?

Leyde E. Rodríguez Hernández (especial para ARGENPRESS.info)

El secretario de Defensa de los Estados Unidos, Charles Hagel, anunció, el 15 de marzo de 2013, que el Pentágono reforzará el sistema de “defensa” antimisiles en la costa occidental de su país, con 14 nuevos interceptores antibalísticos en tierra. Una parte de estos medios se ubicarán en la base militar de Fort Greely, en el estado de Alaska; y otros en Vandenberg, California, en un plazo de hasta dos años y a un costo total de más de 200 millones de dólares.

Según esas declaraciones, el objetivo es incrementar las capacidades para derribar en vuelo cohetes de largo alcance enemigos antes de que estos lleguen al territorio continental estadounidense. Esta concepción, típica de la “guerra fría”, está respaldada por unos 30 interceptores en Alaska y Vandenberg, pero la administración de Barack Obama había demorado desde 2009 la instalación de los nuevos medios. La declaración estadounidense tuvo lugar tras la reciente advertencia de la República Popular Democrática de Corea de lanzar un ataque preventivo contra los Estados Unidos; después de que a instancias de la nación norteña y otras potencias, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobara más sanciones contra Pyongyang por su programa nuclear.

En estas notas, el lector podrá darse cuenta que este conflicto no es nuevo, y que, por sus serias implicaciones geoestratégicas, hace peligrar la paz y la estabilidad mundial, porque la más mínima guerra en la región Asia-Pacífico, podría convertirse en una catástrofe nuclear de imprevisibles consecuencias para la humanidad.

Para comenzar, hay que resaltar que la República Popular China, que históricamente rechazó los planes estadounidenses de militarizar el espacio cósmico, fue una de las primeras naciones opuestas al Sistema Nacional de Defensa Antimisil (SNDA), y a los intereses de extenderlo a la región asiática –una especie de “miniguerra de las galaxias”- con el objetivo de proteger a los aliados de los Estados Unidos en esa zona del planeta. La política exterior china fue invariable en los temas relacionados con el desarme y contra la carrera armamentista desde la década de los años 80’ del siglo XX, cuando los Estados Unidos iniciaron la Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE) o “Guerra de las Galaxias”, en los tiempos de la administración de Ronald Reagan.

Para China el establecimiento de un sistema de armas nucleares en el espacio resultó muy delicado. Su consecuencia principal sería unas relaciones soviético-norteamericanas aun más tensas, lo cual aumentaría el peligro de guerra mundial. La creación de armas espaciales acrecentaría la precisión de las armas nucleares como no nucleares, y las técnicas militares se aplicarían en nuevas direcciones. i

El gobierno chino de la época percibió que la expansión hegemónica estadounidense y el proyecto de “defensa” antimisil constituían una amenaza para la seguridad y para la estabilidad mundial. Estas acciones del Pentágono representaron las ansias de supremacía absoluta de los Estados Unidos, lo que en el ámbito militar acabaría con el equilibrio estratégico, desencadenaría una nueva carrera armamentista y minaría la seguridad internacional, porque los estados recurrirían al rearme para protegerse de la superpotencia mundial.

Desde el anuncio por la administración Clinton del SNDA y el Sistema de Defensa Antimisil de Teatro (SDAT), los líderes políticos y militares chinos no perdieron oportunidades para denunciarlo y exigir la eliminación completa de las armas nucleares. China consideró que si negociaba la eliminación completa de las armas nucleares, proceso que sería largo, no habría necesidad de establecer ningún sistema antimisil. De no ser así, China no podría quedarse con los brazos cruzados.ii De este modo, China solicitó a la administración Clinton que tuviese en cuenta a la opinión pública internacional y desestimara la continuación del despliegue de los sistemas antimisiles.

Con la insistencia de la diplomacia china y europea en los organismos internacionales y la presión del factor tecnológico, Clinton se vio compulsado a postergar el despliegue del SNDA, antes de abandonar sus responsabilidades en la Casa Blanca. Es importante tener en cuenta que Clinton había otorgado a la potencia asiática la condición de “socio estratégico”. Sin embargo, el fallo de Clinton a favor de suspender el controvertido sistema, aunque constituyó una victoria de todos los gobiernos, incluida China, duró muy poco tiempo. Con la llegada al poder de George W. Bush, la visión sobre el SNDA cambió sustancialmente y fueron desoídos los argumentos de los estados opuestos a las “defensas” antimisiles.

Los círculos militaristas estadounidenses impusieron una política exterior de fuerza en aras de afianzar, por un largo período, el rango de superpotencia de los Estados Unidos. Se percataron que ninguna potencia del sistema internacional podría enfrentar o cuestionar de modo decisivo, en los próximos 25 años, el enorme poderío militar de los Estados Unidos. El creciente fortalecimiento tecnológico y logístico del ejército chino, todavía no contaba con capacidades reales que contribuyeran a frenar, en una posición de igualdad de fuerzas, las agresivas acciones militaristas estadounidenses.

A pesar de la retórica de los Estados Unidos de que el programa del SNDA y el SDAT solo proporcionarían una defensa adecuada a Taiwán, Japón, Corea del Sur y Australia, ante los peligros de ataques de los llamados “estados villanos”, China consideró que el sistema antimisil estaba más bien dirigido contra su territorio y fuerzas armadas. Por su vulnerabilidad tendría que protegerse mediante la expansión de sus fuerzas estratégicas. Se pensó que podía dotarlas de ojivas nucleares múltiples, si los Estados Unidos desarrollaban la estrategia antimisil.

Evidentemente, China temió el efecto de estos sistemas en el balance de poder regional, por la sencilla razón de que su puesta en funcionamiento constituía una clara desventaja en materia de confrontación militar con los Estados Unidos en el sensible caso de Taiwán: la provincia separatista considerada, por razones históricas y culturales, parte indivisible de su territorio continental, sin renunciar a su reunificación con la aplicación del principio de “Una sola China” esgrimido, desde el año 1949, por el histórico líder Mao Zedong.

Un área de indiscutible conflicto en las relaciones chino-norteamericanas fue la objeción de China al SDAT, con la participación de Taiwán y Japón. Esta situación, el bombardeo estadounidense que, “por error”, destruyó la embajada china en Belgrado, en medio de la agresión de los Estados Unidos y la OTAN contra Yugoslavia, en el año 1999, y la crisis del avión espía que violó el espacio aéreo chino, exacerbó la conflictividad de las relaciones chino-estadounidense y paralizó el diálogo que sobre desarme desarrollaban ambas potencias. Para poder reactivar las conversaciones bilaterales de desarme, las autoridades chinas expusieron dos razones relacionadas directamente con la estrategia antimisil: el cese de la venta de armas a Taiwán y el retiro de la idea de cubrir ese territorio con un “escudo antibalístico”, que sería una versión reducida del diseñado para el territorio continental norteamericano. Los chinos valoraron en ese sistema una amenaza directa contra su integridad nacional.

Las motivaciones para el despliegue del SDAT trataron de justificarse en un estudio de los estrategas del Pentágono sobre la capacidad de China para cruzar, en caso de un ataque militar, en solo cinco minutos las 95 millas del estrecho de Taiwán. Con este escenario, el gobierno de los Estados Unidos proveyó a la isla separatista de novedosos armamentos. Por ejemplo, de un sistema de radares llamado “Strong Net” que proporciona la advertencia a los 90 segundos del comienzo de la ofensiva y de radares de alto rango que incrementaron la efectividad de los misiles Patriot taiwaneses, lo que demostró la preparación de la ínsula para una guerra.

Sin embargo, China hizo pocas pruebas de su fortaleza militar en la región. Solo recurrió a ellas durante las crisis provocadas por los dirigentes separatistas isleños o debido a la agresiva intromisión de los Estados Unidos en el conflicto. En los años de la “guerra fría”, y tras el deshielo en las relaciones Este-Oeste, China confirmó sus capacidades de potencia en las acciones diplomáticas emprendidas y en el manejo del poder destructivo de sus fuerzas armadas. Por otro lado, instigada por los Estados Unidos, la isla separatista, en su inferioridad territorial y demográfica, buscó dotarse de un sistema antimisil para reforzar su condición de punto clave en el balance de poder imperialista en el Asia-Pacífico, región que, por su importancia económica en la era de la globalización, activó los intereses geoestratégicos de los Estados Unidos.

No puede perderse de vista que, en la retórica y el pensamiento estratégico estadounidense, China representa una “amenaza” latente a la estabilidad de la región del Pacífico asiático, porque es una potencia con intereses vitales aún por resolver en lo relacionado con Taiwán y el mar meridional, además le molesta el papel hegemónico de los Estados Unidos en la zona. En las percepciones norteamericanas, a China le agradaría cambiar a su favor el equilibrio de poder en Asia. De ahí que, con la implantación del SDAT, las relaciones de China con los Estados Unidos, y su enclave Taiwán, entraron en una crisis de graves consecuencias, porque la potencia asiática tuvo legítimo derecho a desplegar misiles en su territorio para evitar la separación de la isla. La entrada de Taiwán en el SDAT representó una alianza militar con los Estados Unidos, afectando las relaciones entre las dos potencias nucleares.

Este sistema antimisil, que en una primera fase estuvo conformado por Japón, Corea del Sur, Taiwán y Australia, entraría en funcionamiento en la primera década del siglo XXI. Los Estados Unidos buscaron reforzar su presencia política y militar en la prometedora región Asia-Pacífico, con la presencia de unos 100 000 efectivos en sus bases militares, en Japón 50 000iii. y en Corea del Sur 37 000, los cuales en una situación de conflicto bélico encontrarían “protección asegurada” en el SDAT.

El temor de las naciones asiáticas a este proyecto militarista partió de la histórica alianza de los Estados Unidos con Japón, una suerte de apéndice de la OTAN en el lejano oriente. En el año 1999, el parlamento nipón votó una ley dirigida a reforzar la participación militar de Japón en el seno de la alianza. Esta iniciativa fue mal acogida por China y rechazada por otras naciones del área. Con esta decisión del órgano legislativo nipón quedó claro que “el futuro de las relaciones de los Estados Unidos con Japón constituye la piedra angular de la seguridad asiática”.iv

La idea del presidente William Clinton de transferir a Asia un SDAT, para enfrentar la supuesta amenaza de un grupo de países que desean romper el equilibrio de poder regional, tuvo receptividad en Japón, y sugirió solidificar la estrategia estadounidense hacia el Este asiático, a través del mantenimiento de sus posiciones militaristas en el área. De este modo, los Estados Unidos se mostraron proclives a proporcionar mayor apoyo a sus operaciones militares con el fin de que Tokio contribuyese con el peso financiero de esas misiones, expandiendo sus fuerzas militares, a despecho del artículo 9 de la constitución pacifista y de las preocupaciones de los países vecinos víctimas del pasado colonialista nipón.

No puede soslayarse que, desde las últimas décadas del siglo XX, para los Estados Unidos fue prioritario el fortalecimiento del lugar de Japón como garante de los intereses económicos y políticos occidentales en Asia, y la intención de tenerlo preparado para compartir las tareas de seguridad vinculadas con su estrategia en las proximidades de las islas japonesas.v

Corea del Sur resultó otro coligado incuestionable de los Estados Unidos que integraría el SDAT. Con el pretexto de que Corea del Norte lanzó, en junio de 1993, el primer misil balístico No-Dong-1 de un alcance de 1000 km y luego, en 1998, disparó, de forma sorpresiva, un misil balístico Taepo-Dong-1que sobrepasó el territorio de Japón, el ejército estadounidense continuó el desarrollo de las maniobras militares en los límites fronterizos con Corea del Norte, y, desde 1998, cambió su campo de batalla simulado para incluir un ataque aplastante contra ese país, debido a las “evidencias” sobre la vulnerabilidad de sus tropas, acantonadas en el sur, a un sorpresivo ataque de los misiles balísticos de Pyongyang.

Y en el Océano Pacífico, en la isla de Guam, el ejército norteamericano desplegó, en agosto del 2000, decenas de misiles cruceros en nítida señal de la capacidad de sus fuerzas misilisticas para alcanzar en muy pocas horas cualquier punto en la región Asia-Pacífico. En junio de 2001, el ejército taiwanés efectuó con éxito una prueba de los misiles Patriot, con el lanzamiento de tres misiles desde la base de Chiupeng, ubicada al sur de la isla. Estos fueron los primeros misiles de este tipo desplegados fuera del territorio continental de los Estados Unidos.

Con esta escalada, a pesar de los contactos y negociaciones al más alto nivel entre las dos Coreas, para la reunificación y la desnuclearización de la península, los Estados Unidos persiguieron perpetuar el clima de tensión en la península y las amenazas de guerra contra China, lo que certificó la persistente mentalidad de “guerra fría” contra la única región del sistema internacional que concentró varios estados socialistas tras el derrumbe de ese sistema social en el Este de Europa.

La administración de W. Bush consideró a China un rival estratégico que no sería “amenazado”, pero sí “controlado y contenido”. Los estrategas militares de los Estados Unidos se adelantaron a predecir que en el escenario asiático del año 2025, los conflictos, sobre todo con China, representarán, a largo plazo, el mayor reto para la “seguridad nacional”. Una estrategia eficiente y realista de los Estados Unidos hacia China propuso combinar el mantenimiento de la interacción económica a la vez que se contiene su poderío y sus aspiraciones en materia de seguridad.vi

En ese contexto, el estado de las relaciones chino-estadounidenses dependieron, en gran medida, de las acciones que los Estados Unidos proyectaron en respaldo a la política separatista de Taiwán, y los intentos de desplegar el Sistema de Defensa Antimisil de Teatro (SDAT), con el cual se pretendió la protección de la ínsula y los aliados de los Estados Unidos en Asia-Pacífico.

Después de que Corea del Norte aumentó la tensión con el lanzamiento de una prueba de siete misiles en el Mar de Japón, el 5 de julio de 2006, los Estados Unidos dieron el visto bueno para la instalación de un sistema de “defensa” antimisil en el sur de Japón, con el objetivo de mantener el poder militar disuasorio de los Estados Unidos en la región y fortalecer la seguridad nipona.

Por primera vez, los Estados Unidos desplegaron en Japón misiles tierra-aire destinados a defender al país asiático y a sus fuerzas estacionadas en él. El sistema consistió en la instalación de unas 24 plataformas de lanzamiento de misiles Patriot Advanced Capability-3 (PAC-3), en la base norteamericana de Kadena del archipiélago de Okinawa, en el extremo sur del país. Los misiles PAC-3 fueron diseñados para interceptar en el aire otros proyectiles en la última fase de su trayectoria, cuando ya han regresado a la atmósfera y descendido a altitudes de unos 12 kilómetros.

Los PAC-3 complementaron a los Standard Missile-3 (SM-3), que fueron instalados, en el año 2008, en barcos estadounidenses y japoneses dotados de un sistema de seguimiento y captación Aegis, con la misión de interceptar misiles cuando aún se encuentren fuera de la atmósfera. Con estos dos misiles y el sistema Aegis, con un radar capaz de registrar hasta cien blancos simultáneos y detectar misiles nada más ser disparados, se completó el controvertido sistema antimisil que blindaría los cielos japoneses.

En octubre del 2008, Israel acordó con su aliado de la OTAN las bases para el emplazamiento de un radar antimisil y la presencia permanente de militares de los Estados Unidos en el territorio hebreo. Este fue un nuevo paso de la militarización indirecta de Asia, que apuntó al acorralamiento de Rusia, China y sus aliados. Washington también contó con sus sistemas antimisiles en Japón, Alaska, California, Groenlandia y las Islas Aleutinas, en el mar de Bering. Es decir, desde Europa del Este, a Medio Oriente, y hasta el Extremo Oriente: todo bajo el control de los famosos sistemas de “defensa” antimisiles.

Algunas de las provocaciones estadounidenses en la península coreana fueron las siguiente: en un primer momento, a finales de julio del 2010, tras el hundimiento de la corbeta antisubmarina surcoreana "Cheonan"vii, los Estados Unidos y Corea del Sur pretendieron hacer ejercicios navales en el Mar Amarillo, pero, como recibieron las fuertes advertencias de China, lo trasladaron al mar del Japón. Luego Corea del Sur hizo sus propios ejercicios navales en sus costas occidentales. Y desde el 16 al 26 de agosto de ese año, los Estados Unidos y Corea del Sur continuaron con sus provocaciones, esta vez en el Mar Meridional de China. Estos ejercicios navales se denominaron "Ulchi Freedom Guardian" y contaron con la participación de 30 000 soldados estadounidenses y 56 000 soldados de Corea del Sur.

Los Estados Unidos pretendieron conformar una especie de OTAN en Asia con la participación de Corea del Sur, Japón y Australia. Incluso, en un término propagandístico, hicieron alardes de sus relaciones de cooperación con Vietnam, sin tener en cuenta que allí persiste el síndrome del "genocidio yanqui" de los años 70´ del siglo XX.

En ese contexto, China advirtió a los Estados Unidos que respete su área de influencia. Sus opciones abarcan las 200 millas marítimas sobre el mar frente a sus costas, pero los estadounidenses reclamaron que son aguas internacionales y exigieron la libre navegación en la zona. Desde Washington, se pretendió imponer sus intereses en la región, porque existe cierta desesperación por contener a China y aislarla del ámbito de naciones que conforman la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN).

Un "informe anual" del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, emitido el 16 de agosto de 2010, criticó los avances de China en materia defensiva. La defensa de un país es una opción única y exclusiva de esa misma nación sin injerencia de otras, pero la clase política estadounidense insistió en la emisión de juicios sobre la seguridad interna del gigante asiático, lo que constituyó una injerencia externa en sus asuntos internos.

Y fue de esa manera, porque la administración Obama corroboró la importancia geoestratégica de la región Asia-Pacífico, para los intereses de los Estados Unidos. Al punto de concebir el intervencionismo militar en esa región de forma permanente con el despliegue de un contingente de 2 500 infantes de marina en Darwin, Australia, entre los años 2011 y 2012. Al margen de las importantes relaciones económicas y políticas con Australia, el Pentágono planificó una significativa presencia militar en este país, recibiendo el rechazo de China, porque el acuerdo militar con Australia vulneró sus intereses pacíficos que son contrarios a la expansión de alianzas militares en la región. Ese destacamento militar en Darwin, aumentó la influencia de Washington en el Pacífico Sur, y estrechó su alianza con Camberra, en medio de una velada estrategia de contención hacia la República Popular China.

Esto ocurrió mientras los Estados Unidos anunciaba el cierre de la guerra en Iraq y la transición en Afganistán, lo que le permitiría concentrarse de forma vigorosa en la zona Asia-Pacífico, un mercado de enormes posibilidades de bienes y servicios, mientras Europa estaba devorada por la crisis económica. Las motivaciones estadounidenses en la región Asia-Pacífico, también se relacionaron con una presencia militar por pretensiones geoestratégicas, siempre justificadas con el argumento de las “garantías de seguridad”.

Esta tesis quedó ratificada con la firma de un acuerdo con Filipinas, aún en contra de la voluntad popular, para mantener allí sus marines, así como en el esfuerzo del Pentágono de perfilar una arquitectura de seguridad en la región, acorde con las necesidades estratégicas de los Estados Unidos en el siglo XXI.

Con la misma concepción, los Estados Unidos incrementó su presencia militar en la base sudcoreana de Kunsan, donde agregó nuevos aviones cazas de combate y tropas militares. Washington justificó esa acción con el pretexto de una reafirmación del compromiso de crear una fuerza disuasiva para defender a Corea del Sur. Se dispuso la construcción de una base naval estadounidense en la isla sudcoreana de Jeju, la cual permitiría la presencia de portaaviones nucleares y otras fuerzas similares en territorio sudcoreano, perturbando la paz y la seguridad en la zona. Lo anterior dio continuidad a las maniobras militares anuales que desarrollan, desde hace décadas, los ejércitos de Corea del Sur y los Estados Unidos, en medio de un clima de verdadera tensión y amenaza contra Corea del Norte.

El expansionismo militar estadounidense provocó que China tomara sus propias medidas de fortalecimiento militar. Una campaña de ensayos de misiles en el Mar Amarillo lanzó especulaciones sobre la obtención de un arma que podría cambiar las reglas del juego estratégico en la región, pues se trató de un liquidador de portaaviones capaz de enfrentar la hegemonía naval de los Estados Unidos en el Pacífico occidental. Este misil balístico antiportaaviones (ASBM, siglas en inglés), denominado Dongfeng 21-D, podría hacer más complicado el despliegue de un grupo aeronaval estadounidense en el mar de China, en caso de crisis en torno a Taiwán. China desplegó cinco nuevos satélites Yaogan, en apoyo a esa nueva arma. Los expertos reconocieron que el lanzamiento de un misil balístico contra un barco podría tener graves consecuencias porque, en caso de un error de cálculo, el adversario podría parecerle un ataque nuclear con ese tipo de arma.viii

El avance de China en el terreno científico y militar le permitió el lanzamiento al espacio del primer módulo de lo que será su primera estación científica espacial. La nave, bautizada con el nombre de Tiangong-1 o Palacio Celestial, despegó con éxito desde una plataforma en Jiuquan, en el desierto de Gobi. A fines del 2011, China había lanzado al espacio unos 20 cohetes y 25 satélites, cifras que evidencian el creciente desarrollo del país asiático en esta esfera de competencia entre las principales potencias mundiales.

China es la segunda potencia económica mundial, será también un influyente protagonista de la política internacional para el 2030-2050, y deberá comenzar a remodelar el sistema internacional junto a otras potencias: Brasil, Rusia, India, Sudáfrica, entre otras que, posiblemente, irían sumándose al grupo BRICS, que ya contiene en su seno la configuración multipolar de las relaciones internacionales del siglo XXI. Eso no implicaría, en las próximas décadas, una salida de los Estados Unidos del juego de la política mundial, sino que el sistema internacional será más equilibrado, como no lo ha sido desde hace 250 años, y que occidente está perdiendo su lugar central. Desde el punto de vista histórico, estas evoluciones representan el regreso a la configuración de relativa igualdad internacional que prevaleció antes de la revolución industrial europea.

Pero, aunque China juegue a un efectivo equilibrio del poder en la región, el plan de Obama se puso en marcha. Y fue mucho más amplio y militarista que el de su predecesor, con el fin de inclinar a los países asiáticos hacia la órbita de influencia de los Estados Unidos. Con Obama, al margen de la retórica del cambio, se ejerció sutiles presiones sobre China por la cuestión de Taiwán. Los portaaviones de propulsión nuclear dotados de decenas de aviones de combate, con bases permanentes en Japón, estuvieron activos para controlar la zona.

Aunque Washington asistió con impotencia a la consolidación de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), todo pareció indicar que seguiría aumentando su rol injerencista en la región Asia-Pacífico, en su tentativa de recrear una unipolaridad estratégico-militar -ya casi inexistente-, y restablecer los vínculos de dominación sobre otros estados soberanos en esa parte del sistema-mundo, al riesgo, incluso, de llevar el conflicto con Corea del Norte al borde de una guerra de carácter nuclear, en las condiciones del rearme actual de los principales actores políticos en la región Asia-Pacífico.

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Colombia es un país supermilitarizado

Mario Hernandez (especial para ARGENPRESS.info)

De paso por Bogotá, ciudad a la que regresó en diciembre pasado luego de sufrir amenazas de muerte que lo obligaron a permanecer en Argentina durante 4 meses, entrevistamos al historiador y escritor colombiano Renán Vega Cantor.

Mario Hernandez (MH): Estaba leyendo en un diario local que Colombia y Perú lideran el auge de la clase media en América Latina.

Renán Vega Cantor (RVC): Quién sabe cuáles serán las variables que utilizan quienes llegan a esta conclusión, porque si alguna clase está en crisis en Colombia es precisamente la clase media. Es la que más soporta los golpes de la crisis general que atraviesa la economía colombiana que no se ha librado de la crisis general del capitalismo.
Esta clase media tiene cada vez menos oportunidades laborales, el desempleo profesional en Colombia es bastante elevado, los costos de la vivienda se han incrementado al punto que en las grandes ciudades se ha creado una burbuja hipotecaria que no tiene nada que envidiarle a las de EE. UU. y Europa, con las cuales se inició la crisis que estamos viviendo actualmente. Gran parte de esta población quiere irse del país a trabajar en mejores condiciones en otros lugares. No sé cuando hablan de la clase media exactamente a qué se están refiriendo.

Colombia es una de las sociedades más desiguales del mundo

MH: Otro de los datos que recababa en la prensa colombiana es el descenso de la pobreza extrema. Al comienzo del gobierno de Santos se ubicaba en el 12.3% y en la actualidad se ha reducido al 10,6% y 40.000 familias han salido de la pobreza extrema.

RVC: La estadística, se suele decir, que es una forma científica de decir mentiras y en Colombia se aplica tal cual, no es una metáfora sino una realidad. Sencillamente la pobreza extrema ha bajado porque han cambiado la forma de medirla, de tal manera que los indicadores de pobreza afectan a menos población. El DANE (Departamento Nacional de Estadística), que es el instituto encargado de llevar las cifras de la economía y la sociedad colombiana, estableció una nueva forma de medir la pobreza en la cual ya no son pobres muchos que antes eran considerados como tales. Me refiero al límite mínimo de ingreso que se debe tener para considerar a la gente pobre, por ejemplo, o incluir a mayor cantidad de gente de la familia en el ingreso, etc. Mediante esas medidas se ha bajado la pobreza que en realidad sigue siendo uno de los problemas más graves. En aras de la discusión podríamos aceptar que haya bajado la pobreza, pero la pregunta sería si se ha reducido la desigualdad.
Colombia es una de las sociedades más desiguales del mundo. ¿Cuánta es la diferencia que hay entre los pobres y los más ricos de este país? Esa diferencia en lugar de disminuir ha aumentado.

MH: Ahí sí la prensa colombiana te da la razón ya que en desigualdad Colombia es solo superada por Sudáfrica entre 23 países emergentes. También te quería consultar por la alta tasa de desempleo y sobre todo por la informalidad laboral que afecta al 51% de la fuerza laboral.

RVC: Eso es cierto. Habría que señalar un contexto histórico relativamente reciente de los últimos 20 años, después de la apertura económica que se adoptó en 1991. Allí se destruyó la poca base industrial que existía y también la agricultura. Desaparecen los cultivos de exportación, que hicieron famosa la economía colombiana entre 1950/80, y el resultado inmediato es la generalización del desempleo. Entonces, la gente se ve obligada a recurrir a lo que aquí se llama la “economía del rebusque”, que es simplemente la informalidad. La gente, de cualquier manera, monta en la calle un puesto para vender lo que sea, y eso se ha generalizado. En algunos departamentos del país se dice que el 80/90% de la población está en la informalidad, no tienen garantía laboral ni ingreso fijo, no cuentan con ninguna protección ni seguridad social y la mayor parte de la población colombiana está sometida a este tipo de régimen laboral.
No solo se trata de la informalidad tradicional, sino que ésta se ha ido apoderando de la economía formal que se ha informalizado de tal manera que los trabajadores han perdido sus derechos, se ha extendido la jornada de trabajo, ni siquiera se percibe el salario mínimo que solo cubre a una porción muy pequeña de la población.
El gobierno de Santos continuamente suele decir que ha reducido el desempleo a cifras inferiores a dos dígitos, menos del 10%, pero son resultados coyunturales, rápidamente se regresa a las cifras de desempleo reconocidas oficialmente del 10,5/11% que tampoco tienen nada que ver con la realidad por la forma de medirlo que ha sido modificada para no incluir el desempleo disfrazándolo de subempleo. ¿Cómo lo hacen? Si un colombiano en los últimos seis meses trabajó durante una hora de un solo día se considera que durante aquel período no estuvo desempleado, por lo tanto, no entra a formar parte de las cifras del desempleo. Con todas estas argucias estadísticas el desempleo en Colombia parece ser muy bajo, pero a pesar de eso en el conjunto de América Latina la CEPAL dice que el país con mayor cantidad de desempleados es Colombia.

MH: Esto contrasta con las cifras del crecimiento medio anual cercano al 5% del PBI en los últimos 10 años.

RVC: Esas cifras del crecimiento del PBI convencionalmente son muy discutidas porque en realidad no revelan el estado social de una economía sino índices de crecimiento de un año a otro y en Colombia está basado en el sector mineral que ha crecido hasta el punto que las clases dominantes del país lo quieren presentar como una nueva potencia minera en niveles similares a Chile y Perú. Para eso han abierto la economía colombiana a la inversión extranjera porque se llevan todo lo que quieren, cualquier tipo de minerales, sin ningún tipo de contraprestación, con regalías que son las más bajas de la región, sin controles ni protección ambiental. Esto ha significado que Colombia está enclavada en la economía mundial por las materias primas más tradicionales y más negativas que son los minerales. Estamos hablando de petróleo y carbón, por ejemplo. Eso significa el crecimiento principal del país, industrias casi no hay, agricultura tampoco.
El otro sector que crece son los servicios ligados al capital internacional, las inversiones financieras, pero no estamos hablando de una economía con una sólida base en el mediano y largo plazo. El problema del crecimiento ligado al sector minero es que es muy efímero y falso, coyuntural, puede durar poco tiempo mientras las materias primas en el mercado mundial sean costosas, pero cuando cae el precio internacional, inmediatamente este sector se resiente, de tal manera que el modelo colombiano se parece mucho al del resto de la región. Es un modelo primario exportador, basado en la minería, que no tiene prácticamente industria propia. Todo lo que se consume en el país proviene del exterior, casi todo de China, hasta las cosas más elementales y con los Tratados de Libre Comercio (TLCs) que acaba de firmar el país, que son más de 7, acaban de debilitar la estructura económica interna existente.

El libre comercio es para EE. UU.

MH: Justamente iba a preguntarte por el TLC con EE. UU. que lleva una vigencia de 8 meses.

RVC: Hasta ahora se están empezando a delinear las consecuencias nefastas de este tratado, aunque su impacto todavía no ha sido mayor, por una circunstancia y es que estos tratados comerciales con las potencias son de una sola vía. En realidad, lo del libre comercio es para EE. UU.
Además, para que el libre comercio funcione se necesita una infraestructura adecuada: carreteras, puertos, puentes, de tal manera que de EE. UU. lleguen todos los productos de sus multinacionales, sin embargo, el gran problema es que Colombia en términos de infraestructura, desde el punto más convencional de un país capitalista, está muy retrasada. Cuando llueve prácticamente se paraliza el país, las principales vías de comunicación quedan intransitables, prácticamente hay solo dos puertos importantes, Barranquilla y Buenaventura. Este, en el Pacífico, es el más rentable económicamente, por donde entra gran parte del comercio exterior, pero muy obsoleto y atrasado, que se comunica con una carretera que tampoco han podido terminar. Aquí nunca ha habido un sistema importante de ferrocarriles.
De todas maneras, si el impacto nefasto del TLC todavía no se ha visto en toda su dimensión es por estas circunstancias. Ahora le toca al Estado colombiano adecuar la infraestructura para facilitar la llegada de las inversiones y los productos del exterior.
A pesar de esto, su impacto ya se está viendo en cosas cotidianas. Uno entra a un supermercado y encuentra una cantidad de productos que no se veían hace un año traídos de EE. UU. y ni siquiera, porque se trata de multinacionales norteamericanas que producen en otros países como China o países asiáticos y le ponen una contramarca y los venden como si fueran de origen estadounidense. Esos productos inundan los supermercados y van a empezar a llegar una de las cosas más nefastas que se anuncian con el TLC, los productos agrícolas y, sobre todo, pecuarios como, por ejemplo, partes de pollo que en EE. UU. no consumen se van a vender aquí. Eso va a quebrar lo poco que queda de industria avícola en Colombia y las consecuencias van a ser nefastas.

MH: Estaba viendo que se habla de una reforma al sistema de jubilaciones y había cierta preocupación en el mercado accionario porque sostienen que los fondos que manejan estas empresas pasarían a la Nación. ¿Es asimilable a la nacionalización del sistema de pensiones que se llevó adelante en Argentina?

RVC: En Colombia, después de 1991, con la reforma constitucional, se hace una reforma económica general que prácticamente privatiza la mayor cantidad de actividades que existían en el país, la salud y el sistema de pensiones, entre otras. Copiando el modelo chileno, se transfiere al sector privado y se empieza a hacer una campaña publicitaria para que la gente afiliada a las instituciones estatales, que básicamente eran dos: el seguro social y una entidad de tipo nacional llamada Cajanan. Se empieza a presionar para que los afiliados se pasen al seguro privado. Se hace una campaña ideológica que efectivamente logra que un porcentaje importante de la población, que tiene la posibilidad de disfrutar el derecho a la pensión, que es una porción muy pequeña, se trasladara de la entidad pública a la privada.
Al cabo de un tiempo empieza a evidenciarse, más o menos a los 10 años, que estas entidades privadas comienzan a quebrar, entre otras razones, por malos manejos, por corrupción, y el Estado tiene que volver a asumir los costos, incluso las instituciones privadas le dicen a sus afiliados que ya no es rentable su permanencia y que traten de reincorporarse a la entidad estatal. Aquéllas están prácticamente quebradas, sin muchos recursos y esa es la situación actualmente. Entonces, proponen alargar más la edad de jubilación de hombres y mujeres hasta niveles prácticamente inauditos porque pretenden hacerlo a los 65 años cuando el promedio de vida en Colombia es de 67. La gente se estará pensionando, insisto, los pocos que tienen ese privilegio, y morirán al año o dos. Es un sistema inadecuado para las necesidades de la gente cuando han trabajado durante 40 años o más porque significa que se aumenta el número de años cotizados y tienen que trabajar 40/45 años para tener derecho a una pensión.
El otro problema es que los fondos privados de pensión son manejados por el capital financiero, muy rentables, que han producido fabulosas ganancias sobre las cuales el Estado no tiene ningún tipo de control porque ha propiciado este tipo de comportamiento.

Los dueños del país no quieren la paz

MH: Hoy, 18 de febrero, ha comenzado la VI ronda de negociaciones de paz entre el gobierno colombiano y las FARC. ¿Qué resultado han arrojado hasta el momento?

 RVC: Habría que considerar resultados a largo plazo y otros coyunturales. Estos últimos han favorecido a las FARC al volver a posicionarse en el escenario político colombiano, al recuperar presencia en los medios de comunicación. Ese es el resultado más importante en el corto plazo.
En el mediano y largo plazo casi no ha habido resultados importantes que se vislumbren porque algunos puntos de la agenda son fundamentales y requieren mucho tiempo para encontrar soluciones reales. Lo que está claro es que en el tema agrario, que es álgido, el gobierno colombiano y las fuerzas dominantes de este país no están dispuestas a ceder prácticamente nada, a que se realice una redistribución territorial, una reforma agraria, a tocar el poder de los grandes terratenientes y ganaderos y hay que decir que eso constituye la sustancia de la guerra. Si ese punto no se soluciona no habrá verdadera paz en Colombia y en ese terreno las posturas son verdaderamente contradictorias. A pesar que a primera vista se hayan dado unos aparentes acercamientos, en el fondo no son reales porque los representantes ligados a las clases dominantes, sobre todo los ganaderos, han dicho que no están dispuestos a repartir ni un centímetro de tierra.
No solo lo han dicho sino que también han organizado un ejército que se denomina “antirestitución” que está presente en 400 municipios del país y está asesinando a los líderes campesinos e indígenas que comandan las solicitudes de restitución de tierras.
Ni siquiera se trata de una reforma agraria cuando se habla de esto, sino simplemente que se les devuelvan las tierras a los campesinos que alguna vez las tuvieron y fueron desplazados de sus propiedades y años después se l es pide legalizarlas y cuando dan la cara los ejércitos antirestitución los asesinan para que nadie más siga reclamando.
En ese terreno, que es el primer punto de la agenda, no ha habido avances significativos. Además hay un problema de fondo que muestra la hipocresía del régimen y es que se adelantan conversaciones de paz en medio de la guerra. Ese es un problema porque le resta confianza y credibilidad a cualquier diálogo.
Las FARC decidieron el pasado 20 de noviembre adelantar un cese unilateral del fuego durante dos meses. La respuesta del Estado colombiano fue decir que no era creíble y que iban a seguir con sus operaciones de guerra como efectivamente lo hicieron. Durante dos meses siguieron bombardeando y mataron a muchos militantes de las FARC y a algunos de sus dirigentes. Cuando terminó el cese al fuego parcial decretado por las FARC y reiniciaron sus operaciones, el Estado colombiano inició una operación de desprestigio diciendo que no estaban cumpliendo las pautas, cuando es el mismo Estado el que se ha negado a que cesen las hostilidades. Dialogar en medio de la guerra es muy conflictivo y más aún en un medio como el colombiano cuando la opinión pública se encuentra tan condicionada por los medios de comunicación que son propiedad de los dueños del país que en realidad no quieren la paz.
El problema de la paz a largo plazo también está condicionada por los intereses de un sector que se ha consolidado que son las Fuerzas Armadas para quienes es más importante que haya guerra que paz.

MH: Mientras caminábamos veníamos comentando el hecho que pertenece a Colombia la cuarta flota de helicópteros de guerra más grande del mundo.

RVC: Es una aberración si tenemos en cuenta el grado de desarrollo del país que es muy atrasado si lo comparamos con las economías de EE. UU., Francia, Japón, China o Italia. No tiene industria ni agricultura propia y, sin embargo, es un país militarizado al extremo. Su ejército es uno de los más grandes del mundo y el que más ha crecido en los últimos 10 años. Se habla de 500.000 efectivos del ejército al que hay que agregar los familiares y todo lo relacionado con la seguridad, personal civil, de hospitales, la logística relacionada con el ejército, lo que nos da una cifra elevada de 2/3 millones de personas. En un país de 47 millones de habitantes estamos hablando de un peso significativo. Además, tiene inversiones, bancos, universidades, colegios, hospitales y a eso hay que agregar la policía que es parte de las Fuerzas Armadas. Tenemos un país supermilitarizado que ha invertido mucho en la modernización de su armamento, incluyendo tecnología aérea porque el Estado colombiano ha apostado, para ganar la guerra, a la modernización de la aviación y los helicópteros para bombardear y destruir los campamentos de la insurgencia y sus bases de apoyo que incluyen a campesinos e indígenas.
Eso viene haciendo el Estado colombiano desde hace varios años, lo que requiere una inversión constante y compra de aparatos a diversos países del mundo, por ejemplo, a Brasil que es uno de los países que más dota de tecnología militar a Colombia. También Rusia y principalmente EE. UU. desde hace 50 años. Esto se ha incrementado con el Plan Colombia. Si uno compara el poder de fuego del ejército colombiano con los ejércitos del continente, los únicos serían el de Brasil y el de Chile en menor medida. En capacidad de fuego, hombres, inversiones económicas es el más poderoso de la región con respecto al resto de los países.

Presidentes de la República están comprometidos en asesinatos contra la población

MH: El próximo 23 de abril Colombia dará cuenta ante la ONU por la vigencia de los Derechos Humanos en el país. Paralelamente cada 5 días muere un defensor de DD. HH. lo que representa un aumento del 49% respecto a 2011. ¿A qué atribuís la causa que se hayan incrementado este tipo de asesinatos en el último año?

RVC: Si Ud. mira los reportes del Estado colombiano y sus organismos dedicados a los DD. HH. encontrará que cada vez que hay un anuncio oficial es positivo. Se dice que Colombia ha sido retirada de la lista negra de países violadores de los Derechos Humanos en el mundo. Así ha sido considerado en el último año por distintas organizaciones internacionales. El gobierno dice que es una muestra que las cosas están mejorando y ya casi no hay asesinatos relacionados con el tema. En realidad las cosas son completamente diferentes.
Lo que pasa es que casi no es noticia a nivel mundial pero se sigue dando de manera cotidiana a todos los niveles. No solo es el asesinato de abogados y defensores de Derechos Humanos sino de dirigentes sindicales, campesinos, estudiantes, profesores, de mujeres.
En el caso particular de Derechos Humanos se acentúa por varias razones. En los últimos años han sido denunciados varios miembros de las Fuerzas Armadas, particularmente del ejército y la policía, a raíz de lo que en Colombia se llaman los “falsos positivos” que es el asesinato de civiles que son presentados como guerrilleros muertos en combate a cambio de lo cual el Ejército da una recompensa económica. Esto ha generalizado la impunidad de las Fuerzas Armadas y llamó la atención de organismos internacionales que dijeron que era necesario que se investigara y juzgara a algunos de esos militares involucrados y también a quienes resultan comprometidos por declaraciones de paramilitares que están en EE. UU. y Colombia que han empezado a señalar a generales, coroneles y otros miembros del Ejército pero también a gobernadores, alcaldes y presidentes de la República comprometidos con el asesinato de campesinos y otros sectores de la población.
Ante todos estos hechos hay un panorama judicial muy agudo que hace que muchos abogados se conviertan en parte civil de las víctimas de estos crímenes. Para tratar de tapar y eliminar testigos se procede a asesinar defensores de Derechos Humanos e intimidar a este sector para que no siga con esta cantidad de procesos en marcha contra estos criminales pertenecientes al Estado colombiano.

Ecuador reafirma la necesidad de consolidar vías post neoliberales

MH: Acaba de ser reelecto el presidente Correa en Ecuador apoyado por el 57% de los electores. ¿Qué opinión te merece y si impacta en la realidad política y social colombiana?

RVC: Me parece importante porque permite consolidar un proceso aunque lleno de contradicciones. De todas formas, reafirma la necesidad de consolidar vías post neoliberales aunque todavía no sean post capitalistas. Ecuador es un ejemplo importante si tenemos en cuenta la crisis política y social que atravesó ese país a fines del siglo anterior cuando hubo varias insurrecciones populares, cambios de gobierno, pero el neoliberalismo seguía reinando. Ahora hay una propuesta diferente aunque como en la mayor parte de los gobiernos progresistas está presente qué modelo se consolida, si minero-exportador o se dirige hacia otro tipo de economía teniendo en cuenta que algunos de sus principales rubros de exportación son mineros, empezando por el petróleo.
En relación a Colombia recordemos que en el gobierno de Uribe, en 2008, se produjo una ruptura de relaciones a raíz del ataque criminal de guerra por parte del Estado colombiano en territorio ecuatoriano en el que fue asesinado Raúl Reyes, el segundo comandante de las FARC y 26 personas más, incluyendo a 4 mexicanos y un ecuatoriano. A raíz de eso se rompieron relaciones, pero es un hecho más de la conflictiva frontera entre Colombia y Ecuador. Todas las fronteras colombianas son conflictivas porque la guerra en Colombia se libra de manera importante en ellas. En Ecuador hay miles de colombianos refugiados, ha sido afectada por la política de guerra del Estado colombiano y por la política antidroga. Toda la fumigación aérea financiada por EE. UU. y que es parte de su política general, afecta los cultivos de los campesinos ecuatorianos cuando se fumigan los departamentos fronterizos de Colombia. Es una frontera con muchos problemas y se presenta un acercamiento durante el gobierno de Santos con el de Rafael Correa que prácticamente aceptó las explicaciones dadas por el colombiano aunque el problema todavía no se ha resuelto. El triunfo de Correa garantiza una continuidad en esa política.

En Irlanda fueron violadas más de 100.000 personas por sacerdotes

MH: ¿Qué reflexión te mereció la renuncia del Papa Benedicto XVI?

RVC: Me parece que el Vaticano es la monarquía más vieja que hay en el mundo que tiene más de 2000 años y es un régimen profundamente antidemocrático como lo vamos a ver en la elección del próximo Papa. Por las pocas cosas que he leído en estos días y conozco, hay bastantes contradicciones en el seno de la jerarquía vaticana, síntomas de corrupción, prebendas financieras y, además, la pedofilia que carcome a toda la Iglesia católica. En síntesis, problemas de prestigio, de legitimidad que al parecer Ratzinger no fue capaz de solucionar y, además, sus perspectivas eran de extrema derecha o sea un Papa que continuó lo hecho por Juan Pablo II de quien fue su principal aliado. Las principales encíclicas durante su reinado las escribió Ratzinger. Toda la persecución contra la Teología de la Liberación está concentrada en él. Estamos hablando de una Iglesia profundamente retrógrada, que no se adecua a la época, absolutamente proclive a los intereses del capitalismo y las grandes potencias, que ni siquiera tiene en cuenta la queja de los fieles en relación a los abusos de los sacerdotes que en algunos países son masivos como en Irlanda donde se habla de más de 100.000 personas violadas por sacerdotes en los últimos 50 años. Estamos hablando de cifras pavorosas que ponen en cuestión a una institución muy importante para la legitimidad del capitalismo.
Al parecer se va a reafirmar esta línea más conservadora, más tradicional, que incluso está planteando el regreso a ritos obsoletos y abandonados hace mucho tiempo.
Te quiero dar un ejemplo para el caso colombiano para que veas cómo opera esa Iglesia más conservadora en este país. Aquí tiene bastante fuerza el Opus Dei. Hace 8 días se realizó un matrimonio muy famoso que fue el de la hija de Procurador General de la República, un personaje casi de la Edad Media, de ultraderecha, que quemó libros en la ciudad de Bucaramanga no hace muchos años, absolutamente intolerante. Este personaje organizó la fiesta de matrimonio de su hija con un misa en latín como antes del Concilio Vaticano II, retrocediendo 50 años, el sacerdote dándole la espalda a los feligreses, con los ritos más tradicionales que solo reivindica la famosa disidencia del cura Lefevre en Francia. Eso demuestra el poderío de estos reaccionarios y uno de los últimos mensajes que envió el Papa antes de renunciar, lo hizo al Procurador felicitándolo por esa ceremonia de defensa de los valores católicos tradicionales.
Ese sector del Opus Dei está ligado en Colombia a distinto tipo de intereses y fue apoyo fundamental de la presidencia de Alvaro Uribe Vélez.

MH: Vamos a ir concluyendo.

RVC: Me complace mucho volver a hablar contigo y recordar mi paso por Argentina un país al que le debo mucho y ha sido muy solidario e importante para mí y al que deseo regresar así sea de paso prontamente.

MH: Te estaremos esperando con mucho gusto.

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Desde Venezuela: Habemus Papam, nada para festejar

Norberto Bacher (APORREA)

El humo blanco le anunció al mundo que la más alta jerarquía de la Iglesia Católica había logrado el consenso suficiente como para designar al sucesor del papa Benedicto XVI, que renunció frente a su impotencia para controlar la lucha de tendencias que corroe a la cúpula romana. Enfrentamientos de jerarcas que esta vez adquirieron estado público, pese al hermetismo tradicional y la verticalidad a ultranza que el Vaticano impone a sus asuntos internos.

Por primera vez en la historia de la iglesia la designación recayó en un latinoamericano, el cardenal argentino Bergoglio. Sin duda que en el juego de alianzas internas del principado eclesiástico que permitió su elección habrá pesado su capacidad para restablecer el equilibrio institucional e invisibilizar las fracturas interiores que cruzan a la curia romana y al estrecho círculo de poder espiritual y económico que la rodea. Esa será su misión prioritaria, porque la iglesia necesita recuperar la credibilidad de millones de creyentes en sus cúpulas y en sus pastores, como una condición indispensable y urgente para detener la fuga de creyentes que se vienen alejando de ella en los últimos años, en múltiples direcciones, socavando las bases materiales de su poder milenario.

Para frenar esa sangría, en su estilo conservador, el nuevo papa estará obligado a imponer algunos cambios en la conducta de sus miembros, en la vida interna de sus estructuras y en la forma de abordar el impacto que la crisis capitalista tiene en la subjetividad humana, para que no sea tan notoria como en los mandatos de sus últimos antecesores la contradicción entre la prédica oficial de la iglesia y el hacer de la iglesia como institución, más allá de las posiciones de algunos de sus sacerdotes y laicos.

Pero desde la época feudal, en que la Iglesia Romana devino en un poder casi absoluto en occidente, que se prolongó bajo la hegemonía burguesa, aunque mucho más limitado, y se proyecta aún hasta estos tiempos de declinación capitalista, en la elección de un papa la dimensión política siempre está en el centro de las decisiones del cónclave de cardenales. Aunque no aparezca con la crudeza como cuando los Borgia compraron el papado u oscurecida por disputas teológicas o no siempre sea la más publicitada, como ocurrió en este caso.

En aquel pasado feudal y en este presente capitalista, el papel de la iglesia como soporte ideológico para justificar la persistencia de las sociedades clasistas ha sido decisivo. Por eso su institucionalidad es garantía para las clases explotadoras, más allá de ocasionales encontronazos con algunos gobiernos.

Así ocurrió con el nuevo papa, que como integrante de las altas esferas de la iglesia argentina, guardó un silencio funesto y cómplice cuando la última dictadura, la de Videla y compañía, torturaba y desaparecía miles de ciudadanos, incluso muchos católicos profesantes, en algunos casos para acallar rebeldías y en otros por simple inercia del terrorismo de Estado. Como parte de esa jerarquía el entonces obispo se aferró al peso de una tradición histórica y ante el dilema de defender la sobrevivencia del sistema o la vida humana, no titubeó en contribuir a resguardar la primera.

La masividad e influencia de la fe católica en América Latina no es reciente. Sin embargo el acceso al papado de un representante de su iglesia recién se produce ahora. Seguramente diversas causas influyeron para eso y muchas nunca serán conocidas. Pero hay una lectura política de esta elección que es inocultable.

Es en América latina donde está ahora el epicentro de los cambios sociales que pueden sacudir el futuro de un capitalismo que no termina de recomponerse de una de su crisis más grave y que navega en una incierta deriva entre aplicar más neoliberalismo o un improbable regreso al capitalismo regulado de la posguerra. Es en América latina donde el horizonte socialista empieza a ser visualizado más allá de las vanguardias, por amplios sectores del pueblo. Es en América latina donde los ecos de las luchas sociales y políticas revolucionarias de los años sesenta nunca pudieron ser silenciados del todo y reaparecen en múltiples rebeldías. Es en América latina donde crece el antiimperialismo que tiene hondas raíces. Es en América latina donde las luchas sociales no se ven enturbiadas por luchas sectarias en el seno del pueblo. Es en América latina donde ha reaparecido la necesidad de la unidad de los pueblos y hay pasos importantes dados, como el ALBA, UNASUR, CELAC. En fin, es en América latina donde crecen liderazgos capaces de fortalecer la unidad de las amplias masas, aunque queda un largo camino por recorrer y muchas líneas del pensamiento y la acción revolucionaria por despejar y afianzar.

El entusiasmo que despertará en millones de creyentes de la región esta designación de un papa latinoamericano, como supuesto reconocimiento a una parte postergada de la cristiandad, en verdad tiene el definido objetivo de ser un contrapeso significativo para oponerse a los vientos de cambio que soplan en este continente. Es decir, una vez más, la iglesia institucional como garante del capitalismo, como factor decisivo de la contrarrevolución mundial. Una vez más la utilización de los sentimientos de religiosidad popular para transformarlos en una atadura ideológica de las amplias masas a los valores que sustentan y justifican la supervivencia de las clases explotadoras.

En realidad esta estrategia política del Vaticano no es novedosa. Su más reciente antecedente puede encontrarse en la designación del polaco Wojtyla cuando era necesario acelerar la embestida de las fuerzas del capitalismo mundial contra el comunismo burocrático del este europeo, que ya mostraba serias fisuras internas, para acelerar su derrumbe. Como papa, Juan Pablo II cumplió a cabalidad su misión política contrarrevolucionaria, no sólo en el este europeo, sino en América latina, expulsando o aislando dentro de la iglesia a todos los sectores de la misma que, haciéndose eco de las necesidades de sus pueblos, se habían incorporado a las luchas por las transformaciones sociales y contra la explotación.

Adicionalmente, el nuevo papa viene de la tradición jesuita, que como es conocido es el sector de la iglesia que tiene mayor cultura social y mayor perspectiva estratégica para cumplir los fines para los cuales fue designado.

No es osado vaticinar que a corto plazo veremos en nuestras tierras americanas, atrás de las misiones pastorales, una fuerte ofensiva para encausar los procesos políticos, que, como el bolivariano, confrontan seriamente con los poderes tradicionales, hacia posiciones de “paz social”, es decir complacientes con los históricos enemigos locales e internacionales de los pueblos.

Sólo queda preparase con mayor firmeza para este combate que viene, ahora sin Chávez al frente.

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Los papistas, los críticos y los más papistas que el Papa

Emilio Marín (LA ARENA)

El inicio del papado de Francisco dividió las opiniones en tres. Los hay papistas de la primera hora, los críticos del obispo Bergoglio y, los más desubicados, los más papistas que el Papa.

Tras su elección el 13 de marzo por el cónclave de obispos, Francisco, que es Bergoglio, fue formalmente entronizado el martes, cuando se dio un baño de multitud en la plaza de San Pedro. Dio su primera misa, recibió a presidentes de algunos de los 132 países que asistieron al Vaticano y emitió algunas señales doctrinarias. Estas fueron tomadas como signos políticos del nuevo tiempo que empezó a correr.

En simultáneo, en la Catedral de Buenos Aires y muchas iglesias, el Obelisco y el Congreso, hubo transmisión de lo que sucedía en Roma, misas y declaraciones de políticos. Hasta las paredes de la Capital se vistieron con afiches laudatorios del Pontífice, casi como si el Vaticano quedara a metros de la Plaza de Mayo o fuera parte del Estado.

A propósito, el cronista cree que lo mejor para Argentina sería contar con un Estado realmente laico y no confesional, con separación clara entre esta institución y la Iglesia.

Y eso no va en desmedro de que esa iglesia -mayoritaria en esta orilla del Plata sin gozar del apoyo de sus fieles como en otros tiempos-, tenga la mayor libertad de movimientos para hacer su tarea. Está muy bien que exprese de mil modos su enorme alegría por la conversión en Papa de uno de los suyos. Eso es muy respetable, como fe, sentimiento y visión del mundo, aunque con el límite de que los popes de esa religión no deberían entrometerse en los asuntos internos del Estado, su legislación, la justicia y el presupuesto nacional.

Los papistas

Se cita a Napoleón afirmando que la victoria tiene muchos padres y la derrota ninguno. Los acontecimientos romanos comprueban que ese aserto también se aplica allí. Es que el triunfo de Bergoglio por sobre los otros candidatos a reemplazar a Benedicto XVI, más algunos gestos suyos bien orientados (austeridad, sencillez, preocupación por los pobres, relación de la Iglesia con la gente y diálogo interreligioso) le granjearon más apoyos dentro y fuera de la feligresía.

Se nota que el Papa busca sumar fuerzas para acometer pesadas tareas que lo aguardan tras los muros del Vaticano. De allí que en un bien propagandizado estreno de gestión se vistió sin oropeles, pidió y dio bendiciones, se detuvo a consolar a discapacitados, fue a un penal a visitar jóvenes en conflicto con la ley y dijo a las autoridades eclesiásticas -desde obispos hasta sacerdotes-, que debían caminar hacia el pueblo y sensibilizarse por los más pobres.

Con ese enfoque, trasuntado por el propio nombre que eligió, Francisco (emparentado con aquello de "pobreza franciscana"), el Papa se metió a muchísima gente en el bolsillo. Por supuesto que en esto colaboraron en nuestro país todas las publicaciones y medios que desde el 13 de marzo no hablan de otra cosa que de la "papamanía", incluso los oficialistas.

Los obispos argentinos, su Episcopado, el arzobispado de Buenos Aires, los colaboradores de Bergoglio, los jesuitas y no jesuitas, etcétera, están de parabienes. Y otro tanto los políticos que cultivaron una buena relación con el obispo, tales como Mauricio Macri, Daniel Scioli, Elisa Carrió, Gabriela Michetti, Julián Domínguez, etcétera.

Ellos son los papistas, que siempre valoraron a Bergoglio y ahora mucho más. Están convencidos de que Francisco sacará a la Iglesia de sus propios atolladeros y crisis. Y confían en que hará una contribución especial a la unidad nacional y reconciliación de Argentina, que para esos políticos supone darle una flor de penitencia a Cristina Fernández, una "pecadora" para la mayoría de esos opositores. Ella merecería una excomunión, según los cruzados de Clarín y "La Nación". O directamente un tiro en la cabeza, como se desprende de las declaraciones del genocida Jorge R. Videla a la revista española "Cambio 16".

En cambio el Papa recibió a la presidenta y fue muy amable con ella. Todo un político...

Los críticos

El vocero vaticano, el jesuita Federico Lombardi, trató de refutar las críticas de algunos intelectuales y periodistas argentinos contra el pasado del Papa, diciendo que era una campaña difamatoria de grupos de izquierda. Un macartismo demodé, que le hizo flaco favor a la idea de que el 13 de marzo había comenzado una nueva etapa vaticana.

Algunos renegados del progresismo, como Jorge Lanata, dispararon munición gruesa contra Horacio Verbitsky, considerado el artífice de esas críticas al obispo que llegó a Papa. Ayer en Clarín, el ex director de Página/12 cuestionó a quien sigue escribiendo para ese diario; refritó viejas denuncias en contra del autor de "Robo para la corona", de supuesta relación con la Aeronáutica durante la dictadura. Más específicamente, de haber trabajado con el almirante Juan J. Güiraldes en un libro sobre la aeronáutica.

La táctica de Lombardi, Clarín y Lanata es simple: matar al mensajero. El problema no es tanto lo que escribió profusamente HV, sino -sobre todo- lo que pasó en esos años de dictadura y el rol cómplice, cuando no colaboracionista, de la Iglesia.

Eso no lo inventó Verbitsky, como tampoco se confabuló con Emilio F. Mignone para crear la historia de los dos curas villeros (Yorio y Jalics) secuestrados en el Bajo Flores y torturados en la ESMA. Eso efectivamente ocurrió y ambos relataron que fueron denunciados por el entonces Provincial de los jesuitas. Por eso un laico que trabajó la mayor parte de su vida para la Iglesia, como Mignone, incluyó en su libro una opinión descalificadora sobre los pastores que entregaron sus rebaños. Esa crítica incluyó a Bergoglio.

Los tres hijos de Mignone salieron esta semana a respaldar a su padre, ya fallecido, y le dieron la razón al periodista de Página/12. Paradojalmente, el mismo Jalics dijo ahora desde Alemania que había llegado a la conclusión de que Bergoglio no había sido su denunciante, creencia que sí tenía antes.

Horacio González, titular de la Biblioteca Nacional, en una reunión de Carta Abierta, fue crítico del significado de la designación de Bergoglio. Puede ser un retroceso, aseguró, y repitió ese concepto en el programa "Palabras más, palabras menos".

Abuelas de Plaza de Mayo, con la sencilla contundencia de Estela de Carlotto, dijo que Bergoglio no se acercó nunca a ellas ni a ningún organismo de derechos humanos. Hoy se cumplen 37 años del golpe y el Papa sigue ausente, en falta: para muchos creyentes podría ser pecado.

Más papistas que el Papa

En estos diez días posiblemente lo más irritativo a la vista haya sido la voltereta de aquellos políticos, intelectuales y dirigentes de entidades humanitarias que solían despellejar a Bergoglio, o al menos contarle las costillas de su supuesta colaboración con la dictadura, y de golpe se hincaron ante él.

Si esa mutación fue motivada por razones políticas, tendría una justificación, pero deberían haber sido explicitadas. Sería honesto y perfectamente lícito, propio de alguien que descubre que estaba en un error y desea repararlo.

La crítica no alcanza tanto a políticos como Guillermo Moreno, uno de los más fervientes admiradores de Bergoglio, porque él compartía muchos postulados del conservadurismo popular y el tronco común de Guardia de Hierro. Que el secretario de Comercio diga que el Papa es argentino y peronista, como José I. Rucci, es un acto de coherencia.

No así en Hebe Bonafini, quien lo había defenestrado como "basura de la dictadura" en 2007 y ahora descubre sus bondades pastorales y expresa su confianza en que el personaje se sumará a una campaña mundial para erradicar la pobreza.

Ver a Andrés Larroque y La Cámpora promoviendo una misa en una villa porteña, en coincidencia con la asunción de Francisco, no se compadece con la política de esta rama juvenil del kirchnerismo que en estos años, como su gobierno, tuvo serios enfrentamientos con el arzobispo.

Gabriel Mariotto, Emilio Pérsico y Juan M. Abal Medina también hicieron profesiones de fe papista, en un giro más oportunista que copernicano. Por encima de ellos, quien orienta esa nueva táctica es la presidenta de la Nación. Como interpretó José P. Feinmann, que acuerda con el polémico emprendimiento, ella busca "disputar" el Papa para el kirchnerismo.

¿La gente puede cambiar o no? El cronista cree que sí, al menos teóricamente puede hacerlo aunque algunas personas no lo harán. Las declaraciones de Videla, por ejemplo, demuestran que morirá haciendo la apología del genocidio y alentando la violencia antidemocrática.

El caso de Bergoglio, por supuesto, no es el mismo. Puede cambiar. Pero esa evolución, a futuro, demanda como cosa básica y para empezar, una admisión de culpas del pasado setentista.

Y también demanda nuevos pensamientos en asuntos importantes como la separación de la Iglesia del Estado, cese de la homofobia, admisión de la ley de matrimonio igualitario y el divorcio, darle a la mujer iguales derechos dentro de la Iglesia, etcétera. Y no se ve que en estos temas haya una nueva mirada ni un plan del flamante Pontífice. Mientras estuvo en Buenos Aires resistió tenazmente las reformas estudiadas y propuestas para un Código Civil más moderno y democrático. Y ahora que es Papa puede volcar su pulgar aún más hacia abajo.

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La última dictadura militar a través de una fotografía

Federico Iglesias (ANRED)

En estos días en que la Iglesia Católica Argentina vuelve a estar en la picota del debate debido al nombra- miento como Papa de Jorge Bergoglio y sus posibles vinculaciones con la última dictadura, reflexionar sobre esta cuestión puede ser un ejercicio interesante para revisar algunas consideraciones que sobrevuelan la opinión pública, como el rol de la Iglesia en tanto institución y el de su jerarquía en tanto actores políticos en los tiempos del terrorismo de Estado. En este sentido, quisiéramos reflexionar sobre las estrategias y formas en las que la fotografía El dictador Videla reza en una misa en la Capilla Stella Maris, -1981, del argentino Eduardo Longoni- se entrelazan con la historia de la última dictadura cívico-militar.



Proponemos pensar dicho período a partir del análisis y “lectura visual” de esta foto. Para ello analizaremos sus condiciones de producción (en qué contexto fue tomada, en qué medios se publicó, etc.), centrando el análisis en su trayectoria, es decir, en los diversos contextos y soportes en los que fue reproducida, para comprender los significados cambiantes y contradictorios que la misma asume en diferentes momentos, particularmente en su utilización como sostén visual del discurso del régimen a través de la prensa. Finalmente, puesto que toda fotografía es tomada por fotógrafos, en este caso por reporteros gráficos, analizaremos brevemente su rol en el contexto de la última dictadura ya que estos fueron un actor relevante en cuanto eran “los ojos públicos” de lo que ocurría en el espacio público, y en ocasiones también en los intersticios del régimen al que pocos tenían acceso.

La fotografía como documento histórico

La fotografía es una imagen de la memoria captada por un ojo mecánico que la fija en un instante arrancado a su temporalidad. Sin embargo, lo que la fotografía no puede “retener” ni fijar en sí misma –como sí puede hacerlo la memoria– es el significado que asumen esas “apariencias atrapadas” que la componen. En palabras de John Berger: “las fotografías no narran nada por sí mismas. Las fotografías conservan las apariencias instantáneas” (Berger, 1998: 71). En el caso de nuestra fotografía, esas apariencias instantáneas sólo cobran relevancia y alcanzan espesor histórico en la medida en que su interlocutor participe de alguna manera en la historia de la que dichas apariencias fueron arrancadas.

Esta fotografía es de una potencia tal, que la denotación es casi connotativa de ese contexto que se restituye en el recorrido visual que propone la toma. Los tres pilares que daban sustento ideológico al régimen –Dios, Patria y Familia- aparecen claramente representados en la fotografía. En el caso del primero, la figura del obispo y el ámbito eclesiástico; en el caso del segundo los militares adustos –uniformados y de civil–; y el último, pese a la ausencia femenina en la foto –que abriría todo un campo de análisis desde la perspectiva de género–, la imagen de la familia se condensa en el niño que recibe la comunión, en el que la prolijidad de su cabello, el brillo de sus zapatos y la pulcritud de su vestimenta delatan la dedicación de una madre –y/o niñera– “como Dios manda”. En tanto documento histórico esta foto nos ofrece un marco y un fresco de época en ese niño que recibe la hostia, y en el militar con sable y uniforme de guerra que cierra la imagen por izquierda. Videla está de civil, y a poco de convertirse en ex presidente de la república, pero otro uniforme se adelanta detrás de su gesto de cristiano luego de haber comulgado. En otro nivel, e insertando la foto en un conjunto de documentos, podría simbolizarse a través de ésta, las connivencias de la jerarquía eclesiástica con el régimen militar en la construcción de una imagen que el régimen quería construirse de sí mismo, para reafirmar los valores morales e ideológicos que sostenía por medio del terror. Claro que para ambas operaciones la foto en sí misma no dirá nada, (más allá de las intencionalidades políticas que pudo haber tenido el fotógrafo al momento de tomarla) sino que habrá que ponerla en diálogo con un contexto, es decir, con un conjunto de documentos y testimonios que refuerzan las lecturas de la imagen en los diferentes sentidos posibles.

La fotografía que analizamos fue tomada por Eduardo Longoni, el 24 de marzo de 1981 –el último año del gobierno de Videla y el anteúltimo de la dictadura–, en la Capilla Stella Maris, en una misa en conmemoración por los cinco años del Golpe de Estado y en homenaje a las “víctimas de la subversión”. Los reporteros que se ven al fondo de la imagen, y los que pueden adivinarse de este lado, dan un indicio de que la misa tuvo una amplia cobertura en la prensa gráfica. La foto fue publicada en diferentes medios periodísticos cuando fue tomada en 1981, y en el año 1983 –con el título de “30.000”– en la tercera muestra El Periodismo Gráfico Argentino de la cual Longoni fue uno de los fundadores. En el año 1988 la foto fue publicada en el libro Democracia Vigildada: fotógrafos argentinos, editado por Fondo de Cultura Económica y con prólogo de Miguel Bonasso, en el que 28 reporteros gráficos documentan diversas etapas de los años de dictadura militar. Mucho tiempo después la foto fue publicada –con el epígrafe que figura en este trabajo- en el libro Violencias, Argentina 1980-2003, de Eduardo Longoni, publicado por la Secretaría de Derechos Humanos de la Ciudad de Bs. As, en 2006.

La escena que representa la foto es el último tramo de la misa, en el que los feligreses comulgan ingiriendo una hostia que representa el cuerpo de Cristo, y que es un momento de reflexión y oración interior de cada comulgante. Parecería que el fotógrafo tuvo tiempo de “componer”, –lo que le da un cierto halo de esteticismo a la foto– la escena, es decir de esperar al momento en el que el niño estuviese por comulgar, ubicándose en una posición privilegiada –la primer hilera de bancos– para contrastar ese momento sobre el plano de Videla arrodillado.

Podemos identificar dos puntos centrales que conforman los focos de interés de la imagen: Videla arrodillado y el niño que comulga. Por otra parte, el soldado de sable y uniforme de guerra que cierra la imagen por la izquierda aparece como un punto de fuga en tensión con la persona de civil y encorvada que se retira por el centro de la imagen luego de haber comulgado. Por medio de líneas verticales la foto segmenta diferentes elementos atravesados por una línea horizontal que guía la mirada y ofrece un recorrido visual desde el gesto del sacerdote dando la hostia al niño, hasta el plano de Videla arrodillado. Este plano condensa buena parte de la tensión de la foto, en la expresividad del genocida, reforzada por la escala y el tamaño que ocupa en relación al resto. En este sentido resalta la expresión del rostro del genocida Videla en pose de oración.

La foto es nítida, iluminada por la luz que ingresa a través de los ventanales laterales que asoman detrás de los feligreses uniformados y de civil que presencian la misa. El color blanco y negro, así como la tonalidad grisácea de la foto, es una referencia temporal (las cámaras de fotoperiodismo eran blanco y negro) y por lo tanto del contexto de la foto. En este sentido cabe observar, siguiendo Cartier-Bresson, que "el blanco y negro era el poder de la evocación", hay algo en la fotografía en blanco y negro que potencia ese poder evocación, y es que al no haber color en la imagen, la mirada se concentra en los aspectos centrales como la composición, las texturas y en el caso de nuestra foto, en la historia que restituye en su lectura visual.

El recorrido visual que plantea la foto conjuga los principales elementos que conforman los valores y sostenes de la dictadura: un uniformado de guerra, un sacerdote ofreciendo la hostia a un niño “de bien”, militares adustos y cristianos, y un presidente que reza arrodillado luego de haber comulgado. En la foto predomina un orden icónico de “paz y orden” (del tipo que predomina en las iglesias reforzado por el tono militar), resaltándose la perspectiva “civil” del régimen, en un espacio cerrado y tan cargado de simbolismo como lo es una capilla. Esta puesta en escena se comprende mejor en relación al nivel contextual de crisis al interior de la Junta Militar, que se manifestará poco tiempo después cuando Videla sea desplazado de la presidencia por el general Viola. Por otro lado, la pose de Videla refuerza la connotación que la prensa había construido de él, una imagen familiar y cristiana. Sin embargo, la dimensión militar se insinúa presente en la perspectiva que ofrece el soldado con uniforme de guerra que “custodia la escena” sable en mano desde el fondo de la imagen. El dinamismo de la fotografía está dado por la tensión entre el peso de la imagen del cura y el niño comulgando, con la de la pose de Videla arrodillado.

En síntesis, el orden icónico es muy relevante en esta fotografía ya que parece que ningún elemento está puesto al azar, lo que da cierto equilibrio dinámico a la secuencia de la foto. En este sentido, la riqueza icónica de la foto está reforzada por la composición de los objetos que apuntan a la construcción de un discurso legitimador del régimen dictatorial. Sin embargo, esta foto puede tener una doble connotación dependiendo del contexto y el medio en el que aparezca, ya que ciertas fotos tienen el poder de “persistir en la memoria, de reactivarse después de largos períodos y convocar nuevas vivencias e ideas” (Maloseti Costa, 2003). Capturar ese significado cambiante –en el que reside la fuerza visual de la fotografía– es “una tarea difícil desde el momento en que toda descripción o comentario verbal acerca de la imagen implica una traducción. Sin embargo, no hay solo palabras, sino también prácticas, operaciones materiales que interactúan y modifican, activan y desactivan los poderes de las imágenes en tanto artefacto cultural.” (ibíd.)

Fotografía de prensa y dictadura militar: los derroteros de una imagen fotográfica

Como tantos otros regímenes autoritarios, la última dictadura militar buscó a través de la prensa, y específicamente a través de las fotografías que ésta publicaba, un sostén legitimador y promotor de sus prácticas y valores políticos. No fue necesario para ello intervenir desde el Estado a los principales diarios del país, puesto que los mismos venían abogando por el golpe de Estado e inmediatamente se plegaron al discurso militar por lo menos hasta que éste se tornó insostenible. La foto aquí analizada fue publicada por muchos diarios del interior del país para los que la agencia en la que trabajaba Eduardo Longoni cubría las noticias y enviaba radiofotos. En estos diarios, solo se mostraba en esa fotografía a un presidente de rodillas luego de haber comulgado. Como se mencionó anteriormente, Videla está de civil porque la imagen que se quiere dar de él hay que entenderla en el contexto de tensiones políticas que atravesaba la dictadura a causa de las diferencias en el seno de la Junta Militar, en ese año de recambio presidencial, en el que la crisis económica y las denuncias por los crímenes de lesa humanidad habían cobrado dimensiones particularmente graves. Es allí donde la foto cobra significado y alcanza un denso espesor histórico.

En un trabajo reciente y pionero sobre este tema, Cora Gamarnik demuestra que la fotografía de prensa ocupó un lugar destacado en la construcción del discurso periodístico que apoyó, justificó y ayudó a expandir la imagen que la dictadura quería dar de si misma Si bien esta utilización de la imagen con finalidades políticas en la prensa no es ninguna novedad para la época, la vuelta de tuerca que representa la dictadura en torno a la utilización de su imagen en la prensa gráfica, además de exceder el estrecho límite de la caricatura y el humor político con el que se había “representado” y legitimado el derrocamiento de Ilia en 1966 (Gamarnik, 2011), tiene que ver con su relación con los crímenes de lesa humanidad y el terrorismo de estado que, a través de esas imágenes buscaron ocultar y tergiversar, en su afán de legitimar, apoyar y promover en la sociedad argentina los principales mandatos del régimen militar. Las fotos publicadas en los diarios hablaban de un país “irreal”, –el de la “normalidad”, el orden y la “paz de cementerio”– o mejor dicho, hablaban de la irrealidad que parecía vivirse en los medios de comunicación masivos que ocultaron deliberadamente lo que estaba sucediendo, con el afán de legitimar y promover los mandatos de la dictadura en la construcción del consenso social que buscaba el régimen.

Paralelamente a la construcción de su imagen pública, los medios del periodismo gráfico se abocaron a construir la imagen del enemigo, “subversivo”, tal como lo venían haciendo con anterioridad al golpe: “la no imagen, la no personificación, la ausencia de cualquier marca de identidad de los militantes que eran secuestrados y asesinados fue, antes y después del golpe, la estrategia de deshumanización por excelencia más utilizada por la prensa” (Gamarnik, 2011 p. 61). Esta estrategia de deshumanización no fue la única. “La otra forma de representar a la ‘subversión´ es la publicación de fotografías que se saca posteriormente a la realización de operativos represivos: fotos de arsenales encontrados, clínicas clandestinas, casas cuyos frentes fueron tiroteados, etc., en donde la idea de subversión actúa por contigüidad” (op. cit, 64), es decir a través de la relación causa-efecto, en las que se busca asociar a los denominados “subversivos” con las consecuencias de sus actos. En cambio, las “víctimas de la subversión” tienen nombres, familias, historias que hablan de su “calidad de víctimas”. Esta llamativa diferenciación en el tratamiento visual de los diferentes actores sociales es la clave para entender el funcionamiento homogéneo de la prensa masiva que se alineó con el discurso de la dictadura. Las fotos que circulaban en los diarios eran semejantes en cuanto altratamiento que se les daba.

En esa estrategia de “humanización”, el rezo de Videla viene a confirmar simbólicamente la inserción de Argentina en el mundo “occidental y cristiano”, –y lo que ello implicaba, es decir, la derrota de la “subversión”– a la vez que resaltaba la imagen del hombre que había “encabezado” ese proceso, resaltando su lado“humano”, como lo mostraban las fotos en los que se lo veía con su familia, como un buen padre y esposo, o como un militar preocupado por los valores morales y el destino de su patria, que desde un comienzo se construyó en torno al presidente de facto Jorge Rafael Videla.

Para el momento en el que fue tomada la fotografía, y tal como afirma Pilar Calveiro (1998), la dinámica concentracionaria de las desapariciones y torturas cometidas por la dictadura eran conocidas socialmente. Aunque en diversos grados según los grupos sociales, ya sea por la campaña desde el exterior o por la creciente denuncia de las Madres y otros organismos de derechos humanos, los desaparecidos eran un tema instalado en la agenda política de buena parte de la sociedad. Las primeras solicitadas en los diarios, reclamando por los desaparecidos comienzan tempranamente en el año 1977, cuando las Madres y los familiares publican durante aquel año las primeras solicitadas en la prensa gráfica. Esta “oposición” que se expresaba en los medios gráficos tenía su paralelo y era producto, del proceso de movilización social significativo del año 1981. En este sentido, Cora Gamarnik sostiene que “en julio de 1981 se producen dos hechos que marcan un cambio tanto desde el punto de vista político como cultural: comienza “Teatro Abierto” y se emite el primer documento público de la Multipartidaria cuya “Proclama al país” pide el retorno al estado de Derecho y la vigencia de la Constitución, la normalización de la actividad partidaria y gremial, la recuperación del salario y un cronograma para la institucionalización, entre otros reclamos. Lentamente la Multipartidaria va ocupando el lugar de oposición política” (Gamarnik, 2009). En este contexto caracterizado por la crisis del régimen militar y el ascenso de las luchas anti-dictatoriales, la foto es apología y denuncia a la vez, apología de los valores del régimen militar, y denuncia de la connivencia de la Iglesia Católica. De esta manera la violencia simbólica de la imagen se condensa en el gesto del genocida Videla arrodillado en pose de rezar.

La misa en la que participaba Videla, durante el 24 de marzo de 1981 en la Capilla Stella Maris, estaba dedicada a homenajear a las víctimas de la subversión, quienes eran considerados héroes de la patria. Según testimonio del fotógrafo, la foto la tomó “a dos años de haber empezado a trabajar como fotógrafo en la Agencia Noticias Argentinas, pero además estudiaba Licenciatura en Historia, y sabía que estaba gestando documentos valiosos para otro tiempo.” Es interesante esta afirmación porque nos advierte que la composición de la foto apuntaba a un sentido que en el momento no podía expresar, así como de la intencionalidad política del fotógrafoy el talento estético con el que compone la imagen. Pero más allá de sus intencionalidades, la foto ocupaba un lugar en varios textos que hablaban de los crímenes cometidos por la “delincuencia subversiva” en aquella conmemoración de los cinco años del golpe de estado. Sin embargo, Longoni es muy consciente de esto cuando afirma al respecto: “En el caso de la foto de Videla rezando mucha gente me ha preguntado cuan peligroso fue poder realizar esa toma, como me animé, que pasó luego de las publicaciones […] La dictadura militar, que hacía desaparecer personas, torturaba, violaba y hasta robaba muebles de las casas de los desaparecidos, se reivindicaba cristiana. Por lo cual hacer la foto de Videla rezando no era una tarea difícil”. No sólo no era una tarea difícil sino que en buena medida cuadraba con la imagen que Videla construía de sí mismo.

No obstante, la foto pronto encontró el significado que el autor quería darle, ya que la misma fue exhibida en 1983 en la tercera muestra El Periodismo Gráfico Argentino de la que el autor fue uno de los fundadores. Según el testimonio de Eduardo Longoni, "la foto de Videla rezando se expuso en la muestra de 1983 en la sede de la OEA en la Avenida de Mayo, bajo el título de "30.000". Recuerdo que esa muestra estaba prevista para los últimos meses de la dictadura y fue prohibida, la tuvimos que pasar para diciembre, ya que el 10 de ese mes asumió la presidencia Raúl Alfonsín. Hicimos gestiones con el que iba a ser ministro del interior del gobierno radical, Antonio Troccoli, quien nos prometió gestionar su apertura apenas asumiera el gobierno democrático. Fue una muestra muy convocante, y en ciertos horarios la gente hacía cola en la calle para poder entrar a recorrerla." En aquella muestra, que exponía las fotos que la censura no permitía publicar en los diarios, nuestra foto se re-significaba y en ese contexto escapaba de alguna manera a la censura de sentido con la que había sido publicada en diversos diarios del país. El título elegido debe entenderse en relación a la consigna impulsada por los organismos de derechos humanos que cobraba fuerza por entonces de “aparición con vida de los treinta mil desaparecidos”. Si bien esta no era la única consigna política en relación a la lucha anti-dictatorial y específicamente en relación a los desaparecidos, la misma se convirtió en la consigna que encabezaba las Marchas de la Resistencia llevadas a cabo por las Madres de Plaza de Mayo y los organismos de derechos humanos. Tal como plantean Ana Longoni y Gustavo Bruzzone, “la consigna ‘Aparición con vida´ siguió siendo central en el discurso de la Madres por mucho tiempo, apelando no ya a la coyuntura política inmediata o a la exigencia de que sea el Estado el que reconozca su responsabilidad en el genocidio, sino más bien a la dimensión ética e incluso redentora de esa invocación” (Longoni, 2008: 33-34). El título de esa foto exhibida en una muestra de carácter abiertamente anti-dictatorial aludía a los “30.000” y parecía denunciar a los culpables y responsables de su desaparición a través del motivo fotográfico que componía su imagen.

En este sentido, y para finalizar, vale destacar la importancia que tuvieron las muestras El Periodismo Gráfico Argentino iniciadas en el contexto de la dictadura en tanto ejercicio de libertad de expresión y de apertura de espacios de resistencia cultural y política contra la dictadura. Como afirma Cora Gamarnik: “Hacia el interior del campo que conforman los propios reporteros se produjeron también múltiples consecuencias. La muestra fue producto y consecuencia de las circunstancias particulares que vivían los fotógrafos de prensa durante la dictadura en sus múltiples sentidos: el lugar que ocupaban en los medios, la posibilidad de desarrollo profesional y la coyuntura política que se vivía. El desafío al poder al que contribuyó la misma aunque más tímidamente en la primera y más explícitamente en la segunda (1982) y la tercera (1983), marcó un quiebre respecto a cómo se vivía la intimidación de la dictadura en la vida cotidiana de los fotógrafos. Esto influyó decididamente en sus futuras acciones y en lo que iba a ser una marca característica de su quehacer profesional: enfrentar el peligro de la represión en forma directa, tratar de sacar fotos prohibidas o con doble sentido y estar allí donde se desarrollaban los conflictos” (Gamarnik, 2011). La primera muestra inaugurada en 1981 fue desarrollada en un contexto muy hostil hacia los reporteros gráficos. En este sentido, en un trabajo de reconstrucción sobre aquella prestigiosa muestra El Periodismo Gráfico Argentino de 1981, Cora Gamarnik afirma que “cuando empiezan a sucederse distintas manifestaciones en contra de la dictadura, la persecución a los reporteros gráficos, las golpizas y el robo de rollos comienzan a ser parte de la rutina del trabajo cotidiano. Los reporteros gráficos efectivamente eran casi los únicos que podían documentar (a pesar de que no saliese publicado en el país) lo que se ocultaba en forma sistemática, ya que la televisión estaba mucho más controlada. Como efecto de la censura, de la autocensura, del silencio y la exclusión, los fotógrafos más comprometidos buscaron la forma de seguir sacando fotos muchas veces bajo el paraguas de una prensa oficialista”, (Gamarnik 2009).

En tiempos de la dictadura se organizaron tres muestras de este tipo, en 1981, 1982 y 1983. Ésta última debió, sin embargo, como mencionaba Longoni anteriormente, inaugurarse a comienzos de la democracia. Cora Gamarnik analiza el desarrollo de estas muestras y señala que “en esta edición participaron en total 107 fotógrafos con 321 fotografías, 19 fotógrafos más que en 1982 y 37 más que en 1981. Muchos fotógrafos coinciden en señalar que fue esta tercera exposición la mejor lograda, en todo sentido: en organización, en afluencia de público y en cuanto a impacto visual y demostración política” (Gamarnik, 2011). En el contexto de la apertura democrática y junto a las crecientes demandas de justicia y aparición con vida de los treinta mil desparecidos promovidas por los organismos de derechos humanos, la fotografía de Eduardo Longoni se volvía sobre su “significado” original hasta convertirse en un ícono de la denuncia de la doble moral del régimen genocida, así como de la connivencia del clero con el régimen militar en tiempos de la dictadura. Se podrá objetar que una foto no es prueba suficiente y es verdad. Pero como dijimos anteriormente, se trata de insertar la lectura de la foto en un contexto más amplio, y ponerla en diálogo con los documentos que corroboran la colaboración de la Iglesia Católica con el régimen militar, y es precisamente a partir de esta constatación compartida por todo el arco político de las organizaciones de derechos humanos que la fotografía cobra relevancia y se vuelve denuncia. Si no es como evidencia, por lo menos puede ser un buen punto de partida para reflexionar sobre qué nos dicen esas “apariencias atrapadas” que conforman una escena fotográfica sobre nuestro pasado reciente, y específicamente sobre la última dictadura militar.

Conclusiones

El poder de síntesis de esta imagen fotográfica logra condensar, en la complejidad de su recorrido visual, la trama íntima de la dictadura más feroz que conoció nuestro país. En esta trama perversa, la fotografía analizada nos permite desnudar los pilares sobre los que el régimen militar intentó montar un discurso y una imagen de sí mismo, que poco a poco fue descascarándose y dejando entrever las peores atrocidades que pueden llegar a cometerse en nombre de una ideología y determinados valores morales sostenidos a través del terrorismo de Estado.

En este proceso que va desde la legitimidad y el consenso inicial hasta la deslegitimación y caída de la dictadura, y en el que convergen una serie de factores de diversa índole –la crisis económico-financiera, las graves denuncias nacionales e internacionales por los crímenes de lesa humanidad, las divisiones internas dentro de la cúpula militar, una creciente movilización política y sindical, etc.– muchas de las fotografías que en algún momento aparecieron en diarios y revistas reforzando la imagen que el régimen buscaba construir de sí mismo, comenzarán a ser leídas e interpretadas con el signo contrario, es decir, para la denuncia de ese régimen de facto que gobernó por medio del terrorismo de Estado.

En este contexto, los reporteros gráficos jugaron un papel clave, ya que eran ellos quienes “captaban” las imágenes de la dictadura en diferentes situaciones, en un clima de trabajo complejo y peligroso. El destino inmediato posterior de sus fotografías muchas veces escapaba a su voluntad puesto que, no sólo que en muchas ocasiones las fuerzas de seguridad les requisaban y quitaban los rollos, sino que además eran los editores de los diarios y agencias de noticias, generalmente en connivencia con la censura, quienes seleccionaban las fotos “adecuadas” para las notas que cubrían. En el caso de la foto de Eduardo Longoni,–recordemos que en ese momento el fotógrafo cursaba la licenciatura en historia en la UBA– su calidad de documento histórico se ve potenciada, en tanto que la foto fue tomada, según palabras del fotógrafo, con una explícita intencionalidad histórica: “sabía que estaba gestando documentos valiosos para otro tiempo” (testimonio del autor).

El trabajo de los reporteros gráficos no solo ha significado una cantera de documentos históricos, sino que en algunas ocasiones hasta han torcido el rumbo de los acontecimientos sociales y contribuido al esclarecimiento de, otra vez, los crímenes cometidos por la represión de las fuerzas de seguridad estatales. En este caso, la referencia es a los sucesos del 26 de junio de 2002, la denominada “Masacre de Avellaneda”, en la que la Policía Bonaerense asesinó a Maximiliano Kosteky y a Darío Santillán, militantes del MTD Aníbal Verón. Es interesante analizar los avatares de esas fotografías para entender el valor que pueden alcanzar las imágenes en tanto prueba documental. En este sentido, Julio Menajovsky y Gabriela Brook analizaron este tema haciendo énfasis en lo que posibilitan las nuevas tecnologías en cuanto al uso y lectura de esas imágenes, tomando como caso testigo a la “Masacre de Avellaneda”. Y al respecto, afirman que “la publicación en sí de esas fotografías de prensa sufrió avatares que terminaron de ponerlas en el centro de todo el episodio. Tanto en Clarín como en La Nación (…) la secuencia de fotos que permitió identificar al asesino apareció publicada solo dos días después de los hechos, el 28 de junio, y un día después de que ambos medios la tuvieran. (…) Las fotos no se publicaron de inmediato, pero cuando sus autores tomaron consciencia de lo que habían registrado, su propia lectura fue la primera que las convirtió en testimonio documental” (Menajovsky, 2006: 86). En este caso la fotografía no sólo adquiere valor histórico, sino que por sobre este se impone un valor de testimonio documental irrefutable en ámbitos como la justicia, lo que a su vez le otorga credibilidad y legitimidad social.

Si bien todo aquel que toma una foto puede ser consciente del posible valor de esa foto para el futuro, el lugar y el momento en los que se encuentran muchas veces los reporteros gráficos, le otorgan al fotógrafo una posición privilegiada para “capturar” determinadas imágenes que, debido a su peso histórico, poseen un gran poder simbólico, convirtiéndose en fotografías icónicas de un período o proceso histórico. En este sentido, el potencial didáctico y pedagógico de este tipo de imágenes puede ser muy fructífero para la enseñanza de la historia.

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