lunes, 1 de julio de 2013

Las guerras. ¿Y después?

Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)

Reflexiones a partir de dos experiencias de post-guerra en Centroamérica: Nicaragua y Guatemala.

Terminada la guerra
volvió el soldado a casa,
pero no tenía ni un mendrugo.
Vio a alguien con un pan.
Lo mató.
¡No debes matar!
dijo el Juez.
¿Por qué no?
preguntó el soldado.

Wolfgang Borchert

I

Terminada esa catástrofe que fue la Segunda Guerra Mundial (60 millones de personas muertas y daños materiales incalculables, más todas las secuelas políticas, sociales y culturales por varias generaciones), las grandes potencias decidieron que nunca más se enfrentarían entre sí. Pasó ya más de medio siglo desde ese entonces, y todo indicaría que la decisión se está cumpliendo. La guerra es un fantasma que ya no se ha corporizado en lo que llamamos Primer Mundo. Pero el Sur del mundo, la enorme mayoría de países y pueblos pobres y excluidos de los beneficios del desarrollo, son quienes desde hace décadas vienen pagando el precio de la paz del Norte desarrollado. Allí también muchas de esas guerras (en general guerras civiles) llegan a su fin. Pero los procesos post-conflicto difieren enormemente de lo que puede verse en el modelo de la post Segunda Gran Guerra. Si en el Norte no volvió a ver enfrentamientos y se entró en un camino de prosperidad económica, en el Sur la violencia y la pobreza siguen siendo el común denominador, aunque formalmente terminen las hostilidades bélicas.

De esto pueden sacarse dos posibles conclusiones: 1) reflexionar sobre la post-guerra lleva necesariamente a pensar en el por qué de la guerra, su dinámica, su estructura; y de un modo más general, en el conflicto. 2) ¿Por qué la experiencia de post guerra en el Norte fue tan distinta a lo que puede verse como períodos post guerra en el Sur?

Para adentrarnos en el primer punto, permítasenos citar extensamente al colombiano Estanislao Zuleta: "Pienso que lo más urgente cuando se trata de combatir la guerra es no hacerse ilusiones sobre el carácter y las posibilidades de este combate. Sobre todo, no oponerle a la guerra, como han hecho hasta entonces casi todas las tendencias pacifistas, un reino del amor y la abundancia, de la igualdad y la homogeneidad, una entropía social. En realidad la idealización del conjunto social, a nombre de Dios, de la razón o de cualquier cosa, conduce siempre al terror y, como decía Dostoievski, su fórmula completa es "Liberté, égalité, fraternité... de la mort". Para combatir la guerra con una posibilidad remota pero real de éxito, es necesario comenzar por reconocer que el conflicto y la hostilidad son fenómenos tan constitutivos del vínculo social, como la interdependencia misma, y que la noción de una sociedad armónica es una contradicción en los términos. La erradicación de los conflictos y su disolución en una cálida convivencia no es una meta alcanzable, ni deseable; ni en la vida personal -en el amor y la amistad-, ni en la vida colectiva. Es preciso, por el contrario, construir un espacio social y legal en el cual los conflictos puedan manifestarse y desarrollarse, sin que la oposición al otro conduzca a la supresión del otro, matándolo, reduciéndolo a la impotencia o silenciándolo" .

La guerra, o las manifestaciones violentas en general, no son algo incidental, anecdótico. Hacen parte fundamental del fenómeno humano. "La violencia es la partera de la historia", pudo decir Marx sintetizando esa dinámica. Claro que esto no debe llevar a pensar en un "primitivismo" originario en virtud del que todo acto violento puede ser justificado. He ahí las bases del totalitarismo, de cualquier ideología supremacista.

Que el conflicto nos constituye es un concepto de no fácil asimilación, al menos en la tradición aristotélico-tomista y cristiana imperante en Occidente. El maniqueísmo de "buenos" y "malos" sigue impregnando nuestra cultura. Para Hegel, idea que retoma luego Marx, el conflicto, la lucha perenne de contrarios, es la estructura de lo real, sin más. Tanto en la esfera individual como en lo correspondiente a lo social, el fenómeno humano está atravesado por un desgarramiento existencial. La imagen de un sujeto -individual o colectivo- armónico y secularmente feliz no es sino mitología. El único paraíso es el perdido. Y justamente la misma producción mitológica, en su sentido más amplio, como constante en toda organización humana, no es sino la invocación a ese estado por siempre perdido -y no recuperable- de completud gozosa donde no hay lugar para las diferencias. El conflicto, el desgarramiento del que hablamos, no es sólo golpe físico, cañonazo o metralla. Es la dimensión misma, el horizonte en el que lo humano es, y asume las más diversas formas.

Aunque actualmente contemos con una "ingeniería humana" (¿lo humano puede ser producto de un tratamiento ingenieril?), una ética del triunfalismo, del happy end (de la que el american way of life es su matriz) y una visión todavía positivista-darwiniana del ser humano; aunque la consideración sobre la salud se siga haciendo a en lo fundamental partir de referentes biológico-homeostáticos importando más lo que dice la tecnología sobre lo que dice el sujeto que sufre; aunque se haya proclamado pomposamente que la historia terminó, la gente sigue en gran medida abrumada, angustiada, hablando, protestando, y en muchos casos pobre, terriblemente pobre. Que hoy día no haya referentes claros para dirigir esa protesta y viabilizar cambios, es otra cosa. Pero el malestar sigue estando. ¿De qué otra cosa nos hablan, si no, las expresiones espontáneas de una primavera árabe, el movimiento de indignados en Europa o las actuales rebeliones en Brasil?

Mientras se siguen gastando 35.000 dólares por segundo en armamentos, consumiendo cantidades siempre crecientes de drogas (legales e ilegales), aumentando los niveles de desigualdad entre ricos y pobres y trepando las cifras de miserables indigentes en el mundo, no puede menos que decirse que el conflicto, en tanto motor, está presente.

El conflicto -"ese fuego siempre vivo que une y desune" que ya mencionaba el griego Heráclito hace más de dos milenios- debe entenderse como oposición entre diferencias, como lucha entre disparidades, como contradicciones estructurales. "Lo real es contradictorio" [por tanto] "todo lo que existe merece desaparecer" . La negatividad, así entendida entonces, es fuente de movimiento, de creatividad.

Todo lo humano está signado por esta tensión originaria, por este conflicto estructural, en todo ámbito. Un paraíso bucólico libre de diferencias, de antinomias, tal "situación pacífica sólo es concebible teóricamente, pues la realidad es complicada por el hecho de que desde un principio la comunidad está formada por elementos de poderío dispar, por hombres y mujeres, hijos y padres [...], por vencedores y vencidos que se convierten en amos y esclavos" . Léase igualmente: ricos y pobres, Norte desarrollado y Sur subdesarrollado, o dialéctica del Amo y del Esclavo, según la llamó Hegel en el capítulo IV de la Fenomenología del Espíritu. Se hace más claro entonces el por qué de la violencia como partera de la historia.

Toda esta multiplicidad de contradicciones, todas en compleja concatenación, hacen a la riqueza de la experiencia humana. Al menos de la experiencia humana de la que hoy podemos hablar. La historia, las ciencias sociales -y también ¿por qué no?, la filosofía y el arte- dan cuenta de esta realidad. Así, hasta ahora, desde el hacha de piedra hasta el misil nuclear, y atravesados por la existencial angustia de la finitud, los seres humanos hemos venido viviendo estos dos millones y medio de años desde que nuestros ancestros descendieron de los árboles.

Un presunto paraíso de comunismo primitivo donde hubiera reinado la igualdad y la armonía no pasa de ser hipótesis teórica y se pierde en la nebulosa de los tiempos. ¿Qué vendrá en un futuro? Imposible saberlo; cómo seremos, cómo será la sociedad, si habrá guerras, todo esto no dejan de ser apasionantes preguntas; pero nada podemos aventurar. Tal vez pueda afirmarse que, aunque no sepamos hacia dónde va, la historia no ha terminado, aunque cierto pomposo discurso conservador así lo haya querido presentar recientemente.

Por lo pronto hoy, la guerra existe. Y la consigna dominante pareciera seguir siendo, como decían los romanos del Imperio: "si quieres la paz, prepárate para la guerra". Aunque terminó la Guerra Fría que mantuvo al borde del holocausto termonuclear a toda la Humanidad por espacio de varias décadas, las guerras continúan. Nuevas y despiadadas guerras, con tecnologías cada vez más mortíferas, con doctrinas militares más inhumanas poniendo en el centro de los combates a la población civil, golpeando siempre en los países pobres del Sur, dejando dolor y desolación a su paso. Pero más aún: con procesos post guerra que reafirman las injusticias estructurales que, en vez de achicarse con el tiempo, por el contrario crecen. Terminan las guerras…pero la paz nunca llega.

Si el final de esa monstruosa confrontación que fue la Guerra Fría hizo pensar -ilusoriamente, según vemos ahora- que las guerras iban quedando en el pasado, que pronto serían sólo triste historia, que se estaba entrando en el reinado de la paz y que, por tanto, si había paz, debería haber desarrollo… ¡pues nos equivocamos!

II

En Europa terminó la Segunda Guerra Mundial en 1945 e inmediatamente se hicieron dos cosas torales: se reactivó la economía destruida y se revisaron las atrocidades cometidas, juzgándolas debidamente, para no volver a repetirlas. Dicho en otros términos: Plan Marshall y juicios de Nüremberg. De ambas se puede hilar fino, y se encontrará que hay agendas ocultas, que hay fabulosos juegos de poder tras de las acciones visibles. El Plan Marshall, en realidad, fue la conquista del Viejo Mundo por los victoriosos capitales estadounidenses, principales ganadores y beneficiados de la contienda; fue, en otros términos, el inicio de una clase dominante global -que hoy se presenta triunfal como capitales planetarios-, y un freno a la expansión del socialismo, representado en aquel entonces por la Unión Soviética. Como sea, Europa se reactivó luego del desastre de la guerra, recibiendo una inyección de capital fresco equivalente a lo que hoy serían -calculando la depreciación histórica de la moneda- alrededor de 200.000 millones de dólares estadounidenses. ¿Recibieron los países centroamericanos que quedaron igualmente devastados luego de sus recientes guerras internas flujos similares de ayuda económica? Absolutamente: no.

Terminada que fuera esa barbarie en que consistió el nazismo como intento de conquista para los capitales alemanes de los espacios perdidos ante otras potencias europeas, las atrocidades que cometieron fueron juzgadas por los ganadores de la guerra. Por tanto, hasta la última piedra fue removida de la arquitectura nacionalsocialista que se había levantado en Alemania en la década del 30. Las atrocidades cometidas en la guerra (campos de exterminio, ideología supremacista aria, genocidio, torturas, experimentos biológicos, etc., etc.) fueron juzgadas como crímenes de lesa humanidad, imprescriptibles, vergüenza histórica para la Humanidad. Como tales, entonces, fueron condenados sus responsables. Eso, por cierto, ratifica que la historia la escriben los que ganan, pues nadie juzgó similares atrocidades cometidas por los ganadores de Washington, que se permitieron descargar dos bombas atómicas sobre población civil indefensa no combatiente en Japón cuando la guerra ya estaba prácticamente terminada y no se hacía necesaria tamaña barbaridad. Pero, como sea -más allá de la bochornosa parcialidad en juego- hubo un trabajo de esclarecimiento histórico y un juicio ejemplar para quienes cometieron excesos y violaciones a los derechos humanos. Y ahí están los ex campos de concentración convertidos hoy en museos del horror, de lo que no debe repetirse. De hecho, merced al trabajo de reparación histórica y continua revisión de su pasado vergonzante, Alemania es hoy el país de toda Europa que tiene menos presencia de grupos neo-nazis. ¿A quién se juzgó por los crímenes de guerra en Centroamérica? Absolutamente a nadie; y si se hizo, como en Guatemala, los factores históricos de poder se encargaron de rápidamente dar marcha atrás con la condena. ¡Aquí no ha pasado nada!

En Nicaragua ya hace años que formalmente terminó la guerra. Claro está que el promedio diario de muertes por acciones político-militares violentas se redujo ostensiblemente (de 20 por día -en el momento más álgido del enfrentamiento- a una cada tres días en la post guerra). Pero no hay dudas que la violencia todavía impera; y más aún en la zona y con la población que atravesó lo peor del conflicto. En Guatemala, igualmente, hace ya años se firmó la Paz Firme y Duradera; es real que no ha vuelto a haber enfrentamientos armados entre los grupos otrora combatientes: el ejército y el movimiento revolucionario. Pero la paz está muy lejos de llegar al país, y la impunidad sigue siendo una nota distintiva en la vida cotidiana. El mismo Estado, a través del Ministerio Público, reconoció que 98% de los ilícitos cometidos en el país nunca llegan a una sentencia condenatoria. La paz, claramente, no es sólo la ausencia de combates.

Evidentemente pasar de la guerra a la paz no es ni rápido ni sencillo. Y eso vale no sólo para Nicaragua o Guatemala, nuestros ejemplos seleccionados. El epígrafe que abre el presente texto pinta en forma magistral la dificultad de ese paso.

Ante este proceso de "pacificación" universal que pareció vivirse al acabarse la Guerra Fría cabe preguntar si realmente hoy asistimos a un cambio de fondo o todo fue sólo una recomposición coyuntural. Por lo tanto, aunque en estos pasados años se vio por todos lados a grupos guerrilleros deponiendo sus armas -por cierto mucho más que ejércitos regulares reduciéndose-, la población militar continúa (e inclusive sigue su tendencia creciente), la iniciativa de defensa estratégica (guerra de las galaxias) nunca se ha detenido, y las hipótesis de conflicto -alto secreto de Estado- siempre están presentes en la elaboración de las geoestrategias de las potencias. Es cierto que no se continuó con la loca carrera de acumulación de armas nucleares, pero de todos modos lo que existe hoy sirve para destruir varias veces el planeta. ¿Fin de la Guerra Fría? Cuesta creérselo…. La industria bélica sigue siendo, por lejos, el principal negocio del mundo.

Convengamos entonces que, aunque hablar de un período de paz general es, hoy por hoy, una quimera, al menos el fantasma de la guerra nuclear no tiene el lugar de preeminencia de años atrás. Siendo esto cierto, tanto en Nicaragua o Guatemala así como en el resto de países subdesarrollados que vienen saliendo de situaciones sangrientas, ¿cómo y cuándo el desarrollo?

Miremos antes las herencias que quedaron. ¿Qué dejaron las pasadas guerras? Para la gran mayoría de las poblaciones que la sufrieron, nada muy bueno. En Nicaragua, concretamente, el conflicto bélico dejó una pérdida valorada -según la Corte Internacional de Justicia de las Naciones Unidas- en 17.000 millones de dólares. Para un pequeño país que en sus mejores épocas de bonanza económica tuvo un saldo exportable de 300 millones de dólares anuales, el deterioro ocasionado por la guerra le significa varias décadas pérdidas. En Guatemala, el país más castigada en toda Latinoamérica por la guerra civil sufrida estos años, la cauda de muertos llega a 200.000, y la desaparición forzada de personas arroja la cifra de 45.000 (la más alta de todo el continente). Las aldeas arrasadas en los pasados años (de amplia mayoría indígena) son 669, y la población en general sufre aún una cultura de silencio que evoca la guerra continuamente. La anulación de la sentencia contra el general Ríos Montt no hace sino abonar esa cultura de terror.

Por otro lado, en Nicaragua o Guatemala, así como en los países que igualmente viven sus post-guerra y que casualmente son todos pobres y atrasados, además de los daños materiales directos nos encontramos con una cohorte de secuelas seguramente más terribles aún: vidas perdidas, mutilados, huérfanos, viudas, poblaciones enteras desplazadas, odio, miedo, resignación, culturas anómalas y enfermizas de violencia, autoritarismo, beneficencia, inmediatismo. En otros términos, una pérdida, un aplastamiento de derechos humanos que se torna sumamente difícil superar. ¡Y no hay Plan Marshall ni juicios de Nüremberg!

III

Trabajar por la paz y el desarrollo es un proyecto multifacético donde la reactivación económica es sólo un elemento, que precisa forzosamente de otros componentes. Trabajar por la paz y el desarrollo implica atender prioritariamente esos aspectos que, en apariencia, al menos para la lógica neoliberal, no son redituables: factores psicosociales de la población más golpeada -los desplazados, los desmovilizados, los niños de la guerra, las mujeres desprotegidas-: la cultura de la violencia que los marca, el asistencialismo en el que caen. Superar la guerra es recuperar la propia historia, procesar los fantasmas que siguen vigente, poder construir una perspectiva de futuro. Si no, se estará por siempre pegado al trauma de la guerra, y así no habrá posibilidad alguna de desarrollo.

De lo que se trata es de apuntar a esas poblaciones víctimas desde siempre, víctimas históricas, para crear las bases de un nuevo modelo de desarrollo, distinto al propuesto por el neoliberalismo imperante, donde cuente a la vez el crecimiento económico y la calidad de vida. Pero queda claro que sin una base económica reactivada y sin justicia, es absolutamente imposible pensar en un cambio efectivo. Terminadas las guerras de nuestros pobres países tercermundistas, nada ha cambiado en la estructura. Sólo quedaron los muertos y la destrucción, reafirmándose la cultura autoritaria y de impunidad.

"La cosificación, la descalificación de lo subjetivo, es propio del modo de ser, de carácter que predomina en las sociedades actuales". [Ello genera crisis]. "La crisis ha facilitado la emergencia de múltiples movimientos sociales que, en una y otra forma, cuestionan las grandes líneas de desarrollo de la civilización industrial, entre ellos: el feminismo, el movimiento autogestionario, el ecologismo, diversas expresiones libertarias y creativas en el campo de la salud mental, indicador privilegiado de calidad de vida" . Es decir: la crisis sigue estando. El fin de las guerras no la ha remediado, y además se tiene ahora el agravante que muchas de esas manifestaciones antisistémicas que mencionaba la cita, quedan en la protesta más visceral que en el planteamiento de transformación profunda de paradigmas.

Los problemas de la paz y el desarrollo son especialmente candentes en los países pobres del sur. ("En los países en desarrollo no es la calidad de la vida lo que corre peligro: es la vida misma" ). Pero no por ello dejan de pertenecer al Norte poderoso. En última instancia, mucho de la guerra y la pobreza del subdesarrollo del Sur tienen directamente que ver con la opulencia del Norte. Paz y desarrollo son cuestiones absolutamente globales.

Está claro que la calidad de vida no puede establecerse sólo en virtud de factores cuantitativos. El homo economicus, patrón de toda la sociedad moderna, definitivamente es parcial, y no sólo eso, sino ideológicamente peligroso. La tecnocracia economicista a la que determinada concepción de desarrollo nos ha llevado es insostenible. En nombre de ese desarrollo se ha construido un mundo en el que el 20% más rico de la gente registra ingresos por lo menos 150 veces superiores a los del 20% más pobre. En nombre de ese desarrollo se produjeron los genocidios más grandes de la historia, se esclavizaron continentes enteros, se devastó la naturaleza a tal punto que nuestra propia vida está en peligro, se llegó al borde del holocausto termonuclear, se llegó a tener la guerra como el principal negocio. Y la historia no se detuvo: la depredación, el saqueo y afán de superioridad de unos sobre otros continúa. Hoy, sin guerra nuclear a la vista, hay no menos de 20 frentes de batalla abiertos a lo largo del mundo; las armas las ponen los fabricantes del Primer Mundo, los muertos…, ya se sabe. Y las post guerra en esos desafortunados países no pasan de ser una buena oportunidad para que el Norte siga haciendo negocios, vendiendo prótesis o reconstruyendo lo destruido.

Si un perro de un hogar término medio del Norte come, en promedio anual, más carne vacuna que un habitante del Sur; si el segundo medicamento más consumido en todo el mundo son las benzodiacepinas (mordaza química leve); si todavía en la elaboración geoestratégica de algunas potencias se concibe una Tercera Guerra Mundial o guerras nucleares limitadas, evidentemente algo anda mal en la idea de desarrollo que alienta todas estas sinrazones, y la perspectiva de la violencia sigue siendo el motor. "La violencia es la partera de la historia"… ¡Cuánta razón!

La calidad de vida, la excelente calidad de vida -aunque entre los pobres lo que corra peligro sea la vida misma- no es un lujo del Norte; debe ser una aspiración para todos los seres humanos. En esa aspiración, el cuestionamiento de las guerras debe ocupar un lugar de preeminencia. Desde un planteo freudiano ortodoxo podríamos llegar a afirmar incluso que es imposible "excluir la lucha y la competencia de las actividades humanas. Estos factores seguramente son imprescindibles; pero la rivalidad no significa necesariamente hostilidad: sólo se abusa de ella para justificar ésta" . Que el conflicto nos constituya no es justificación para esta degradación de la calidad de vida a que asistimos cotidianamente. Por otro lado -y esto es lo que nos llena de esperanza- ¿quién dijo que el sujeto humano está condenado por una herencia biológica? ¿Quién dijo que la guerra es nuestro destino ineluctable?

IV

¿Cómo plantearnos seriamente la paz y el desarrollo? Con las asimetrías descomunales que nos recorren, se hace muy difícil ver posibilidades reales de ello, al menos dentro de las matrices actuales que rigen la aldea global. Aunque el Primer Mundo no es precisamente un paraíso, la pregunta vale más para el mundo subdesarrollado -que es la mayoría del planeta-; ahí están los principales polos de insatisfacción y pobreza.

Permítasenos plantearlo con una imagen plástica. Cuando visito por primera vez el área de intervención de un proyecto post guerra en Nicaragua, específicamente el municipio de Pantasma, en el departamento de Jinotega, al norte del país, voy a una de las comunidades rurales alejadas (Patastillar) para hacerme una impresión preliminar. El camino está en construcción, por tanto no podemos llegar con vehículos; hay que caminar. Son dos horas de marcha por estrechas veredas de montaña tropical, bajo lluvia torrencial y en medio del barro. Como hay posibilidades de que aparezcan grupos rearmados van a la cabeza de la fila brigadistas de salud desmovilizados de la ex-Resistencia Nicaragüense (la Contra), quienes conocen y pueden negociar mejor con los actuales guerrilleros. En el Patastillar no hay puesto de salud; va a tener lugar una jornada de vacunación y prestaciones médicas generales en la escuela.

Me impresiona especialmente el servicio odontológico: quien tiene algún problema bucal concurre para que un dentista empírico, en el mejor de los casos le arranque la pieza dental mala, y no más. Ya de vuelta hacia Pantasma, al intentar atravesar un río crecido con las lluvias, la ambulancia se daña al mojársele el motor. Podemos salir del agua con la ayuda de dos bueyes que nos remolcan, y luego debemos continuar el camino a pie, pues el vehículo quedó dañado. Por supuesto, hay que caminar con sumo cuidado, porque de salirnos mucho de la carretera podemos tener la mala suerte de pisar una mina, herencia subterránea de la guerra. Todo esto es, sin exagerar, la constante cotidiana de cualquiera comunidad beneficiada con el proyecto post guerra (¿de reconciliación?). Caminar libre y tranquilamente por allí no es fácil; y si alguien tiene un trastorno odontológico debe contentarse con que le saquen el diente molesto. Claro que esto es todo un avance con respecto a lo que allí sucedía en los peores momentos de la guerra. Por tanto, ¿se está entrando en un período de paz y desarrollo? ¿Podría afirmarse que sí sin temor a equivocarnos?

La violencia que marca al mundo moderno no termina de desaparecer. Por el contrario: crece (hipótesis de conflicto de guerras nucleares limitadas, por ejemplo). Las Naciones Unidas, que se supone están para garantizar la paz mundial, aprobaron la intervención militar en Irak pese a que ya había terminado la Guerra Fría. Y en las naciones pobres que están saliendo de sus conflictos bélicos vivir todavía es peligroso (porque se puede pisar una mina, porque todavía operan los irregulares armados, porque enfermarse es un riesgo). Tal vez unos años atrás la vida era más peligrosa todavía; en ese sentido ha habido un mejoramiento. Quizá definitivamente haya que entender el desarrollo de esa manera: pequeños, muy pequeños pasos con los que la calidad de vida va mejorando. La idea quizá mesiánica del gran cambio, la revolución salvífica hoy, después de las recientes experiencias históricas de socialismo real, quizá deba replantearse. Ello, en todo caso, indica la urgente necesidad de revisar críticamente los supuestos con que se pretende transformar el mundo, generando así nuevas propuestas. ¿Cómo es posible que hoy arrastre más gente un telepredicador que un sindicato? ¿Por qué en estos últimos años no se ha podido pasar de explosiones espontáneas (primavera árabe, movimiento de indignados, etc.) que, en definitiva, no le hacen mella al sistema? Pero de todos modos, no podemos conformarnos con esas migajas ínfimas de suponer que "no estamos tan mal porque podríamos estar peor". En Guatemala no hay guerra, pero la cultura de impunidad y corrupción imperante recuerda que la guerra es siempre una consecuencia de ese clima de injusticia histórico. ¿Se está mejor hoy porque el número de muertos diarios bajó de 20 a 13?

Si la posibilidad de la guerra sigue estando presente entre todos los seres humanos (en el documento Santa Fe II -principio fundacional de la política neoconservadora de los principales factores de poder en Estados Unidos- es su eje), en el Tercer Mundo su posibilidad se acrecienta mucho más aún; por este mar de fondo de violencia contenida, por situaciones concretas de miseria extrema. ¿Por qué el África subsahariana vive en guerra casi perpetua? ¿Nacen genéticamente amantes de la guerra sus habitantes? Obviamente no. Por el contrario, se expresan ahí las contradicciones de un mundo que sigue teniendo en la brutalidad y la explotación inmisericorde su principal motor.

La vida, aunque a veces uno pueda cuestionarse si merece la pena vivirla, aunque no sea precisamente lecho de rosas, vale; y vale mucho. Pero el desarrollo que ha ido tomando la Humanidad llevó a esta situación trágica en donde buena parte de ella vive en situaciones tan tremendas que llegar al fin de la jornada sano y salvo es una aventura (porque en el transcurso del día puede morir de hambre, de sed, por falta de sistemas de salud, porque pisó una mina, asesinado por cualquier banda impune al servicio de los grupos de poder, porque lo picó una víbora y no había suero antiofídico). Alguna vez el Premio Nobel de Literatura, el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, dijo que en su país sólo borracho se podía vivir. ¿Será que embriagarse es efectivamente un buen camino para evadir un poco estas realidades tan asfixiantes? La cultura de la resignación es una forma (enfermiza) de afrontar esa realidad tremendamente dura. "Dios quiere angelitos", puede escucharse en la población rural de Nicaragua o Guatemala acostumbrada a tener casi siempre algún hijo muerto por las condiciones de dureza en que vive. La guerra, allí, se vive día a día.

La miseria en el Tercer Mundo atenta contra la vida, y de un modo dramático contra su expresión "espiritual", aunque esto, por prejuicios que debemos combatir de la manera más enérgica, no pareciera tener gran relevancia. Valga este ejemplo: en el momento de la desmovilización de la Resistencia Nicaragüense, OPS/OMS realizó una consultoría sobre el estado de salud psicológico de la tropa desarmada . Se constató ahí una prevalencia de trastornos post traumáticos del orden del 23% (casi un cuarto de los más de 20.000 desmovilizados). Se hicieron las recomendaciones del caso al Ministerio de Salud. De todo ese contingente un tercio se reinsertó en el departamento de Jinotega, zona por excelencia de los combates y de la militarización del país (donde está la aldea antes mencionada). Y curiosamente ese departamento ¡no tiene equipo de salud mental para poner en práctica la recomendación! No hay duda que la miseria condena a estar resignado. Es obligado que una comunidad que está saliendo de una experiencia tan traumatizante como la que se vivió en Nicaragua recientemente, necesita velar por su salud "espiritual". Pero la miseria impide ver estas cosas; o, al menos, entre la clase dominante, eso no interesa.

Algo similar puede decirse del caso guatemalteco: la impunidad recorre la historia del país de cabo a rabo, habiendo generado una cultura de transgresión que ya está normalizada, justificada. Quien fuera el principal conductor de los momentos más álgidos de la guerra, el general José Efraín Ríos Montt, bajo cuyo mando se produjeron las más sangrientas masacres del conflicto interno, posteriormente fundó un partido político y fue Presidente del Poder Legislativo, gozando de las más absoluta impunidad. Años después, cuando la dinámica política del país lo pudo sentar en el banquillo de los acusados como autor de crímenes de lesa humanidad, el juicio transparente que se le siguió lo sentenció como criminal de guerra, pero de inmediato los factores de poder para quien dirigió esas operaciones militares lo rescataron e hicieron anular la sentencia. ¿Se puede construir así una sociedad pacífica y respetuosa, confiada en las leyes y en la racionalidad? Sin dudas, la post guerra en los países pobres tiene más de "guerra" que de "post".

Si se ha vivido siempre resignado, amordazado, sufriendo, se puede seguir haciéndolo. Para la lógica dominante (para los grupos de poder dominantes) eso hasta tiene forma de imperativo. Si se ha vivido siempre así… ¡¿por qué cambiarlo?! Y en el peor de los casos, la guerra es una salida siempre presente como posibilidad.

Por todo lo dicho puede entenderse entonces que la paz es posible muy limitadamente. Mientras existan contradicciones antinómicas tan marcadas, mientras las diferencias sean tan irritantes, la posibilidad de una explosión fulminante está siempre presente. Hoy existe un clima de "paz" relativo (por lo menos no parece inminente una guerra nuclear de exterminio masivo). Pero la sociedad global sigue siendo un hervidero. Aunque no haya dirección clara en las explosiones sociales que se registran por ahí (las cuales son muchas, aunque no conmocionen al sistema en su conjunto) el malestar de fondo está. "¡Que se vayan todos!", era la expresión casi desesperada de los argentinos en el 2001, cuando defenestraron al por entonces presidente Fernando de la Rúa. Lo mismo podría decirse que levantan -quizá sin pronunciarlo explícitamente- muchos alzamientos espontáneos que vemos recorrer el mundo. El gasto incesante que las clases dominantes hacen en armas no es, precisamente, para fomentar la paz. Las armas están para ser usadas. ¡Y se usan!

V

¿Qué pasa con el desarrollo? Diría que, por ejemplo, en la comunidad de El Patastillar habrá desarrollo cuando tener un problema odontológico sea algo fácilmente solucionable. Porque no poder hacerse un tratamiento de conducto, o no poder salir de la casa porque el río está crecido, aleja de la buena calidad de vida. En Guatemala habrá habido desarrollo cuando presentar una denuncia policial pueda servir de algo y el linchamiento deje de ser visto como "justicia popular" ante la falta de respuesta del Estado y la desesperación de la población.

En Nicaragua y en Guatemala pasó la guerra; en muchos puntos de Latinoamérica pasó, al igual que en ciertas zonas de África, o de Asia. Entonces, todas las aldeas -pequeñitas y numerosísimas- homólogas al Patastillar que pueda haber por allí, ahora que no se sobresaltan y angustian al ritmo de los cañonazos y tableteos de ametralladoras ¿cómo entrarán a la senda del desarrollo?

Por un lado, restañando las heridas de la guerra y devolviendo confianza en las instituciones (¿juicios de Nüremberg?), fomentando una cultura que supere la impunidad crónica. Es decir, sanando heridas que no son sólo materiales, que a veces son más paralizantes que los daños físicos. Si esto se consigue, ¿cómo se construye el puente, se levanta la unidad odontológica integral, se supera la cultura del asistencialismo de que es preso cualquier refugiado o repatriado, se reemplaza la cultura de la violencia que sigue estando presente en cada mina todavía enterrada o en cada guerrillero/delincuente que no pudo producir su proceso de reinserción civil? Definitivamente, el desarrollo es una compleja suma de factores. Si se sigue viviendo con miedo y con el fantasma de la guerra siempre presente, es muy difícil cuando no imposible pensar en un desarrollo genuino.

Para ello no pareciera alcanzar la llamada cooperación internacional. Según escribía críticamente Luciano Carrino: "En el plano político la cooperación representa la voluntad de una parte de las poblaciones de los países ricos de luchar contra racismos, la pobreza, la injusticia social y mejorar la calidad de vida y las relaciones internacionales. Una voluntad que los grupos en el poder tratan de voltear en su provecho pues la cooperación para el desarrollo humano persigue objetivos oficialmente declarados pero sistemáticamente traicionados (…) Los datos sobre el uso global de los financiamientos de la cooperación parecen demostrar que menos del 7% total de las sumas disponibles es orientado hacia la ayuda a dominios prioritarios del desarrollo humano. El resto sirve para objetivos comerciales y políticos que van en el sentido contrario." Habrá que probar otros caminos entonces.

El fin de la Segunda Guerra Mundial significó una suerte de pacto entre los grandes poderes mundiales para no volver a enfrentarse, porque de hacerlo, les iba la vida en ello. Pero las guerras no han desaparecido de la faz del planeta, ni remotamente. En el Sur es donde las seguimos sufriendo. Ahora bien: con el "pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad" que la situación requiere, como reclamaba Gramsci, creamos firmemente y hagamos lo imposible para que ese supuesto destino ineluctable no se termine concretando. Y mientras procesamos nuestras post guerras (pero… ¿realmente terminaron?), sigamos apostando por algo más que la sobrevivencia. Como dijera el subcomandante Marcos, hagamos nuestra la idea, quizá no pacifista, pero sí humana, de poder llegar a empuñar "las armas para abrir paso a un mundo en el que ya no sean necesarios los ejércitos", es decir, un mundo donde nadie tenga que cuidar "su" propiedad atentando contra la vida de otro.

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Arde Catatumbo

Juan Diego García (especial para ARGENPRESS.info)

El levantamiento campesino en la región del Catatumbo (frontera de Colombia con Venezuela) ya deja cuatro muertos, decenas de heridos, múltiples detenciones y al parecer algunos desaparecidos. Miles de labriegos resisten desde hace dos semanas la acometida de fuerzas combinadas de la policía antidisturbios, el ejército regular y unidades especializadas de la contraguerrilla. Campesinos pobres (muy pobres) “armados” con palos, machetes y piedras intentan defenderse de la acción combinada de estas “fuerzas del orden” que buscan sofocar una protesta silenciada por los medios de comunicación pero por fortuna divulgada al mundo entero en las redes sociales.

Las peticiones de los campesinos no podrían ser más justas: que el gobierno cumpla con las promesas hechas a una población carente de los más elementales servicios públicos, que se proceda sin violencia en la erradicación de los cultivos ilícitos y que se haga realidad la sustitución de estos cultivos, única forma de supervivencia de gentes empobrecidas en extremo, desplazadas a las zonas selváticas y ahora nuevamente amenazadas cuando en sus tierras se proyectan grandes inversiones. Entonces, y de nuevo, los campesinos sobran.

La región del Catatumbo fue primero “limpiada” por paramilitares (masacres, desapariciones, desplazamientos, robo masivo de tierras); luego vienen los militares y aseguran la zona mediante los planes llamados de “consolidación”, tras lo cual aparecen los grandes empresarios nacionales -y sobre todo extranjeros- a comprar tierra a precios de saldo e invertir en grandes proyectos mineros, agroindustriales o sencillamente a acaparar tierras para especular. Pero a pesar de los golpes recibidos la comunidad campesina ha logrado mantener la resistencia tal como se demuestra de manera fehaciente con la actual movilización que ha obligado al gobierno central a aceptar una negociación.

El asunto tiene mucha significación porque los campesinos no solicitan nada que no haya sido anteriormente pactado con la administración, es decir, piden que se cumpla con lo que en su día el gobierno prometió a la comunidad. Además, paradójicamente, todo lo solicitado está contendido en los acuerdos sobre el primer punto en los diálogos de La Habana entre el gobierno y la insurgencia, arrojando entonces serias dudas sobre la voluntad del presidente Santos -o peor aún-, sobre su capacidad real para atenerse a la palabra dada.

En Colombia es normal que a un movimiento de protesta ciudadana se responda primero con medidas de violencia extrema. Se empieza por deslegitimarlo convirtiendo en un acto criminal lo que en cualquier estado de derecho sería una expresión normal del conflicto social, justificando así la violencia de militares, policías y paramilitares. Tras la represión vendrá la oferta de diálogo, las promesas que jamás se cumplirán, la desactivación programada del movimiento y nuevas medidas de represión (esta vez de forma selectiva para eliminar la dirección del mismo). Y así hasta que las condiciones objetivas que han producido el conflicto vuelvan a generar la explosión ciudadana.

Seguramente que tales tácticas son bastante comunes pero su uso reiterado en Colombia pone en entredicho la supuesta naturaleza democrática del país y ayuda a comprender mejor las raíces del conflicto armado. En este país andino tales tácticas son toda una tradición desde la misma época colonial. En efecto, al mayor levantamiento popular contra la Corona española (la Insurrección Comunera de 1781) las autoridades, incapaces de detener mediante la represión militar la marcha de los insurgentes sobre Bogotá envían al Puente del Común (a la misma entrada de la ciudad) a Monseñor Caballero y Góngora para conseguir mediante promesas que los insurrectos desistan de su intención de tomar la capital. El arzobispo alcanzó su propósito y los alzados en armas se retiran confiando en unas promesas que, por supuesto, nunca se cumplieron. Dispersadas las fuerzas populares, los principales dirigentes de la revuelta fueron ajusticiados, descuartizados y sus restos repartidos por aquellos lugares de los cuales había partido el levantamiento para “escarmiento de ésta y futuras generaciones”.

La estrategia funcionó entonces pero fue la semilla del levantamiento posterior que dará fin al impero colonial español en este país. No se pierde la legitimidad en vano, algo que debería considerar el presidente Santos, quien en un acto de absoluta irresponsabilidad ha acusado públicamente a los campesinos y sin prueba alguna de estar dirigidos por la guerrilla (que hace presencia activa desde hace décadas en esta región); ha desconocido la naturaleza legal de sus organizaciones y, sobre todo, ha dado carta blanca a los gatillos fáciles de militares y policías para que hagan uso de sus armas con el resultado conocido de la muerte de cuatro campesinos y heridas graves a varias decenas más. Un reportero de televisión captó a los militares emboscados disparando sus fusiles contra gentes desarmadas, envalentonados seguramente por las declaraciones de su jefe máximo, el señor presidente de la República, don Juan Manuel Santos.

Si el gobierno no quiere solucionar de otra forma problemas tan sencillos como éste del Catatumbo (las peticiones no pueden ser más modestas) arroja con ello serias dudas sobre su voluntad real de llevar a la práctica lo acordado con la Insurgencia en La Habana. Si es que no puede, la cosa es aún peor: en Cuba las FARC-EP estarían dialogando en vano al tratar con quien no representa el poder efectivo. En cada caso, no solo ellos sino la sociedad toda (y en particular los movimientos sociales) tienen toda la legitimidad del mundo para exigir al gobierno una posición clara y el fin de las ambivalencias de hablar de paz y al mismo tiempo disparar sobre gentes indefensas.

Los Comuneros no entraron entonces a Santa Fé de Bogotá. Pero un par de años después el mismo pueblo se encargó de poner las cosas en su sitio. Ojalá Humberto de la Calle (negociador del gobierno en La Habana) no quiera hacer de moderno Caballero y Góngora (quien, cosas de la vida, de negociador/traidor pasó luego a Virrey), pues nada indica que los insurgentes se vayan a contentar con meras promesas. Tampoco los movimientos sociales están dispuestos a ver, como aquellos Comuneros, las cabezas de sus dirigentes puestas como escarmiento en las plazas públicas.

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Brasil: Cuando la democracia directa tomó las calles

Juan Luis Berterretche (especial para ARGENPRESS.info)

La democracia “representativa” vigente en Brasil se manifiesta en una alianza de la ultraderecha ruralista, la “centroderecha” del PMDB, la “centroizquierda” de partidos envilecidos menores como el PCdoB, y la “izquierda” del PT, juntos en un gobierno de coalición para aplicar un programa anti-popular impuesto por la dictadura del mercado. Cualquier semejanza del PT actual con el que protagonizó las luchas sindicales y anti dictatoriales, es pura fantasía.

Una respuesta muy oportuna

Era tal el convencimiento que el gobierno tenía de que habían desarticulado y desmovilizado a los movimientos populares por medio del consumismo, del clientelismo electoral y el asistencialismo social, que ante el levantamiento multitudinario se declararon “atónitos” y “perplejos”.

En el presupuesto para 2013 el gobierno destinó al pago de intereses y amortizaciones de la deuda pública -con que lucra el capital financiero- 12 veces más que a la Educación, 10 veces lo concedido a la Salud, 40 veces más que a “Bolsa Familia” que alimenta a más de 4 millones de hogares y 180 veces lo otorgado a la reforma agraria. Desde 2011 vienen frenando las expropiaciones para la reforma agraria y centenares de miles de familias esperan sobreviviendo bajo cubiertas negras de plástico, el postergado otorgamiento de tierras. Este año detuvieron la demarcación de tierras indígenas y pretenden extender la minería a cielo abierto a toda la Amazonia. Ningunearon a los servidores públicos de la Salud y la Enseñanza que pedían aumentos y más recursos para sus sectores. Dejaron deteriorarse el transporte colectivo, cedieron a la avidez de los empresarios del sector subiendo el boleto, mientras incentivaban la compra de automóviles. Luego de aumento tras aumento en los alimentos y el transporte, Dilma anunció que el segundo semestre de este año haría un “festival de licitaciones” para represas, autopistas, puertos y otras obras de infraestructura que enriquecen empresas constructoras y que atropellan, tierras indígenas, campesinos pobres, pescadores ribereños y quilombolas. El “festival” comenzó en el primer semestre, adjudicando en mayo a las multinacionales, bloques de explotación petrolera en el territorio de 76 asentamientos de la reforma agraria y comunidades quilombolas, en el nordeste del país. El gobierno da un impulso descarado a la minería multinacional, a la agroindustria y la transgenia agrícola /1 en el camino de una contra-reforma agraria provocando múltiples conflictos con pequeños productores, pobladores y trabajadores rurales y ambientalistas. En las grandes ciudades, con la coartada de los mega-eventos deportivos, en favelas y barrios periféricos han lanzado una contra-reforma urbana favorable a la especulación inmobiliaria y destructora de las organizaciones comunitarias. Y el Congreso amenazaba con una enmienda constitucional que impediría a la fiscalía investigar la corrupción (PEC 37) y con otra que pondría freno definitivo a la demarcación de tierras indígenas (PEC 215). Y todo esto en medio de un “festival” de coimas y sobornos en las obras de los mega-eventos deportivos.

La sorpresa para los tres poderes de la institucionalidad es que Brasil no tiene tradición de “violencia revolucionaria” y no obstante ocupó pacífico las calles, creciendo en cantidad y descontento, resistió los ataques y las provocaciones de la policía militar, que de inmediato pasó a ser el símbolo de la brutalidad anti-democrática. La Policía Militar no tenía en el manual que su enfrentamiento a las enormes movilizaciones populares no podía equipararse al vandalismo impune con que actúan hace décadas contra las protestas puntuales en la periferia y la brutalidad con que tratan a los pobres, los indigentes y excluidos.

Las intensas movilizaciones en más de 400 ciudades ya tienen en su haber un freno total a los aumentos del transporte y en Porto Alegre se impuso una “tarifa cero” parcial. El martes 25/06 la cámara de diputados asustada enterró la PEC 37 que intentaba preservar la corrupción impidiendo investigaciones de la fiscalía (Ministerio Público). Pero mantiene la amenaza de la PEC 215 que permitiría el avance sin límites del agro-negocio y la minería en las tierras indígenas, para presionar sobre la promesa que les hizo el PT en mayo pasado, de detener la demarcación. Ahí la mordida de plusvalía es demasiado grande como para renunciar a ella de inmediato. De cualquier forma estamos frente a grandes victorias de la movilización que la imponen como la forma legítima y efectiva de alcanzar demandas populares.

Las propuestas de Dilma

Las cinco propuestas de la presidente Dilma para responder a las demandas de la calle son en verdad un truco para ganar tiempo sin dar en efectivo nada. El gobierno intenta desmovilizar y apaciguar el movimiento. Es sintomático que la primera propuesta reitera la subordinación de su gobierno a la Responsabilidad Fiscal. Éste es un mensaje dirigido al capital financiero y al imperialismo. La disciplina presupuestaria a la que adhiere la Ley de Responsabilidad Fiscal es la primera obligación de un Estado sumiso al Consenso de Washington, un programa económico de USA para esquilmar al continente.

La Cámara de diputados sabía que algo debía otorgar a la rebelión callejera que exigía más recursos para los gastos sociales y aprobó en la madrugada del 26/06 destinar el 75% de los royalties del petróleo del Pre-sal para Educación y el 25% para Salud. Se distribuye “con generosidad” algo que todavía está a 6 kilómetros de profundidad en el océano. Pero además los royalties que obtendría el Estado brasileño es apenas el 8% de la renta petrolera, el 92% restante va para las transnacionales que se apropian del crudo brasileño en las licitaciones.

Los recursos que le faltan a los servicios sociales, se los lleva la Deuda Pública que absorbe el 42% del presupuesto en 2013, un mecanismo para enriquecer al capital financiero y a rentistas nacionales y extranjeros. Sólo revocando la Ley de Responsabilidad Fiscal, eliminando la generación de mega-superávits primarios que funcionan como variable de ajuste de las cuentas públicas e iniciando una auditoría para rechazar toda la deuda ilegítima, se estaría actuando con soberanía nacional respecto a los recursos públicos y a favor de las necesidades sociales de la población brasileña.

La propuesta de una Constituyente para debatir la reforma política fue el primer globo que se pinchó. El sistema judicial fue quien de inmediato saltó en contra, nada de soberanía popular, la conducción del Estado es privativa de la élite oligárquica. Enseguida el PMDB, aliado de “centro-derecha” del PT rechazó cualquier posibilidad de una Constituyente. Con las experiencias de Venezuela, Bolivia y Ecuador al respecto, la Constituyente se transformó en el leviatán para la burguesía y el imperialismo en América Latina. La Constituyente entonces fue rebajada a un referéndum o plebiscito con 3 preguntas. Para Correio da Cidadanía “separada de cambios sustanciales en el pacto de poder existente”...”cualquier reforma política es pura perfumería.” Y concluyen: “En el pronunciamiento de la presidente Dilma, de concreto y palpable apenas la reafirmación de los compromisos de mantener la austeridad fiscal. Puesto contra la pared por la población, el gobierno del PT se esmeró en tranquilizar al gran capital y al gran hermano del norte: aquí en las tierras de Brasil todo continuará como antes.” /2

Otra las propuestas de Dilma era catalogar a la corrupción como crimen hediondo. La votación aprobatoria del Congreso no significa gran cosa. La corrupción es un aspecto inseparable y un fundamento básico del sistema capitalista. Y los integrantes de la Institucionalidad siempre encuentran mecanismos de evasión de ese tipo de leyes e incluso cuentan con la complicidad de la justicia burguesa para defender su impunidad.

Pero no está todo dicho.

A partir de este enfrentamiento de los movimientos que han tomado las calles ejerciendo la “democracia directa” contra los poderes del Estado y su vacía, elitista, corrupta, “democracia representativa”, se abre una situación muy favorable para que la rebelión popular obtenga otras conquistas.

La gran incógnita es cuál será el camino para que estos movimientos multitudinarios no sean corroídos y terminen extinguiéndose sin pena ni gloria. O sean absorbidos por la institucionalidad burguesa, cercenando su potencial transformador. Por el momento hay un atributo alentador de los movimientos: su horizontalidad democrática y su tendencia al debate abierto. Estos movimientos, con sus debilidades e imprecisiones, son una superación respecto a rebeliones del pasado en el continente, con líderes mesiánicos y autoritarismo sustentado por burocracias siempre ineficientes, despóticas y a la larga, prostituidas.

¿Cómo articular a los componentes de esos movimientos para que puedan enfrentar con éxito a la actual “democracia representativa corrompida”? ¿En partidos y sindicatos? Con diferencias de región a región, hay una gran desconfianza hacia partidos y sindicatos porque en su mayoría, hasta ahora, han jugado la carta de la indiferencia frente al golpe de timón a la derecha que dio el gobierno del PT. Hay excepciones: en Florianópolis en la movilización del movimiento por el pase libre (MPL) el jueves 27/06 hubo presencia con banderas del Sindicato de los Trabajadores del Transporte Urbano (Sintraturb), una alianza esencial para el MPL.

Pero esa división impuesta por la socialdemocracia en el siglo XIX entre lo social y lo político es la razón principal de que la central única de trabajadores (CUT), que representa especialmente a la élite del movimiento obrero brasileño, y otras centrales menores se hayan mantenido al margen de las movilizaciones. Durante los gobiernos del PT han aceptado la subordinación a la institucionalidad burguesa y se han demostrado incapaces de defender los intereses populares. Los movilizados intentan superar esas instituciones imprimiéndole a los movimientos un carácter social-político indivisible: las reivindicaciones son defensivas, económicas, democráticas y también políticas. La realidad les ha mostrado que en esta nueva época, ni los sindicatos ni las centrales han defendido con firmeza sus derechos. Y los partidos supuestamente de “izquierda” han sido incapaces de resistir las tentaciones y privilegios de la institucionalidad capitalista. Las pocas excepciones confirman la regla.

En la agitación callejera, algunos abucheos o forcejeos contra los portadores de banderas del PT u otros partidos del gobierno como el PC do B, son explicables. Los petistas de inmediato responsabilizaron de la agresión a la derecha y los grandes medios por sus consignas contra la corrupción y la demanda de que el movimiento fuera “sin partidos”. La Rede Globo -el gran partido político del capital que ya sufrió ataques de los movilizados en las semanas pasadas-, trata de desvirtuar las demandas y desviar el descontento hacia el anti-partidismo y el nacionalismo patriotero de derecha /3. Pero, el rechazo al PT de muchos jóvenes proviene sobre todo de su ejercicio del poder en alianza con ruralistas y otros personajes nefastos y aplicando una política que no pone en primer lugar las necesidades populares. Los petistas que se suman a las movilizaciones deben dejar la susceptibilidad a un lado e integrar el movimiento con humildad sin intentar aparatearlo. Es claro que muchos de ellos no apoyaban la derechización del partido y mantenían en alto su visión programática “socializante”. Pero la desconfianza de algunos jóvenes con el PT es legítima y solo se diluirá cuando vean que sus activistas apoyan las demandas y sus militantes están codo con codo con quienes marchan en las calles por cambios radicales.

Una visión utópica

La Comuna de Paris no abandonó ni el sistema democrático representativo ni el sufragio universal. La diferencia fundamental con las elecciones parlamentarias burguesas era el carácter de revocables en todo momento de los representantes. Es decir no se los elegía por un plazo de años y durante ese plazo eran inamovibles. La revocabilidad indicaba que la democracia representativa estaba subordinada a la voluntad de la mayoría y si no se cumplía su mandato el representante era destituido. Además de esa revocabilidad en todo momento de los delegados o representantes se estipuló que todos ellos se hallarían obligados por el mandat impératif, (mandato imperativo) es decir instrucciones precisas de sus electores que no podrían cambiar o modificar. Lo opuesto a lo que rige en la democracia burguesa, donde los parlamentarios pueden desvirtuar o contradecir los deseos de sus electores en sus decisiones, con total impunidad.

Lejos de perder validez, las lecciones que nos legaron los comuneros a través de los textos de Marx y Engels /4, siguen siendo un horizonte democrático de la humanidad, totalmente vigente.

Por ahora la única tendencia definida, entonces, es que los jóvenes se nuclearon alrededor de una serie de consignas que son social-políticas y democráticas pero aún no se tiene una clara definición programática.

Las movilizaciones en Brasil todavía no alcanzaron a formular un programa que dé sustento a una visión utópica. Según David Harvey: “Hay varias maneras de construir una visión utópica. Creo que siempre existe la necesidad de tener en mente una visión utópica, de una manera u otra, un lugar al que deseamos llegar, aunque al final no lleguemos, en cierto sentido no importa mucho si se llega o no. Si se tiene una visión, tratando de cambiar las cosas, estas se mueven en una dirección u otra”...“Y creo que necesitamos un modo de construcción por la negación. Si se comprenden los aspectos del capitalismo que no nos gustan, ¿qué rechazaríamos?, cómo sería una sociedad que ya no funcionara sobre la base del valor de cambio, sino sobre la base del valor de uso...” /5

No obstante no esté formulada aún una visión utópica los movimientos ya aplicaron un modo de construcción por la negación (no al aumento del transporte, no a la obras de los mega eventos, no a la impunidad de la corrupción, etc.) del cual se desprende un esbozo de programa. Para los activistas sociales y políticos independientes o partidarios no es el momento de centrarse en el derecho a portar banderas, aunque eso sea una justa reivindicación democrática. Es tiempo de intervenir en las movilizaciones junto a los jóvenes, colaborar en su organización y defensa, ganar su confianza y -con humildad y sin preconceptos- ayudar a formular una visión utópica nacional del movimiento en base a sus consignas movilizadoras.

Notas:
1) Brasil es el segundo mayor productor de Organismos Genéticamente Modificados (OGMs) del mundo, perdiendo solamente para Estados Unidos. Un estudio realizado por la Céleres, consultoría enfocada en agro-negocios, divulgó que Brasil posee 37,1 millones de hectáreas destinados a la plantación de transgénicos. Esa cantidad representa más de la mitad del territorio destinado a actividades agrícolas que, según o IBGE, representa 67,7 millones de hectáreas en 2013. En Brasil, el producto que mas posee variedades transgénicas es la soja. A Céleres analizó también que 88,8% del cultivo total de soja para la zafra 2012/13 es genéticamente modificado.
2) Dilma o povo não está para brincadeiras. Correio da Cidadanía 25 06 2013 http://www.correiocidadania.com.br/
3) El miércoles 26/06 los movimientos que defienden la democratización de los medios de comunicación citaron un acto frente a la Rede Globo en Sao Paulo para el miércoles 03/07 y es posible que el rechazo al monopolio informativo de Globo se intensifique.
4) Karl Marx, La Guerra Civil en Francia 1871 y Federico Engels, Introducción a La Guerra Civil en Francia, Edición de 1891.
5) David Harvey, Spaces of hope (Espacios de esperanza) (California Studies in Critical Human Geography) Apéndices. University of California Press, 2000.

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Brasil y la revolución social

Manuel E. Yepe (especial para ARGENPRESS.info)

Cuando cientos de miles de brasileños salieron a las calles de Sao Paulo (400 mil personas), Río de Janeiro (300 mil) y otras grandes ciudades brasileñas para protestar contra el alza en las tarifas del transporte público y denunciar la corrupción de los políticos, la noticia causó sorpresa en todo el mundo.

Luego, la represión policial del 13 de junio detonó un asombroso proceso de masas comparable con el de 1992, cuando los brasileños tomaron las calles al grito de “Fuera Collor” (contra el expresidente Collor de Mello). Las dimensiones de las movilizaciones evidenciaron que la situación política nacional entraba en una nueva etapa. Un factor diferenciador de las movilizaciones brasileñas respecto de las que se han venido sucediendo con cada vez mayor frecuencia en diversas partes del mundo se apreció en que éstas han tenido lugar en un país gobernado por líderes que disfrutan de un alto grado de aprobación popular y han tenido innegables éxitos en sus políticas sociales con programas de bienestar popular muy apreciados por las masas humildes. En el plano internacional, se les reconoce el mérito por haber situado a la nación entre las diez primeras economías del mundo y se evidencia el papel protagónico que ellos desempeñan en la promoción de la unidad latinoamericana.

Otra diferencia ha sido que el discurso oficial de respuesta ha tenido un carácter inusualmente receptivo, respecto a lo acontecido en otros países en circunstancias comparables. Dilma Rousseff se declaró orgullosa de las movilizaciones y Lula señaló que “esas voces de las calles deben ser escuchadas porque nadie con sano juicio puede estar contra ellas”.

Ha sido como si se estuviera evidenciando en las masas, no una voluntad de detener al gobierno sino, por el contrario, de empujarlo. Se aprecia que Brasil vive un proceso cuyas características están aún tomando forma. Si bien todas las corrientes políticas parecieron sorprendidas, enseguida éstas comenzaron a disputarse la orientación del movimiento en un contexto en el que la izquierda –aunque sumamente fragmentada- es el conductor principal indiscutible y por ello las masas le imponen el deber de evitar que la derecha se apropie del mando de las movilizaciones en función de sus objetivos y en perjuicio de las aspiraciones del pueblo y los intereses más generales de la nación.

Brasil no ha hecho una revolución social. Aunque las masas populares hayan logrado imponerse por su número en los procesos electorales que han puesto el poder político formalmente en manos de la izquierda, el poder real es compartido con otras fuerzas. Entre estas últimas están las que representan al empresariado capitalista nacional, no siempre dispuestas a subordinar sus intereses económicos propios en aras de objetivos patrióticos, aunque coyunturalmente participen en alianzas con la izquierda como fuerzas políticas nacionalistas, en base a concesiones recíprocas.

De hecho, ni Lula da Silva ni Dilma Rousseff recibieron, al obtener sus altos cargos en las respectivas elecciones, mandato popular alguno para hacer la revolución social. Incluso, Lula se vio obligado a firmar una especie de compromiso público a “respetar los contratos”, lo que equivale a obligarse a mantener los fundamentos del sistema económico neoliberal y la democracia representativa burguesa.

Además, ellos representan no solo al partido en que militan sino a la coalición de varios partidos que les propició la victoria y, por tanto, se deben mover en sus actuaciones de gobierno dentro de los límites que les permitan tales agrupaciones partidistas.

De todo ello se desprende que, para lograr un mandato suficiente para hacer la revolución social que es necesidad de su pueblo y vocación y voluntad de sus dirigentes más altos, el camino podría ser el de una formidable movilización popular como la que parece estarse incubando. Se requerirá para ello de grandes líderes, de los que, además de Lula Da Silva y Dilma Rousseff, dispone ampliamente la izquierda brasileña que, además, tendrá que disponerse a actuar como frente único contra las tentativas de la derecha de adueñarse del movimiento así como para propugnar salidas anticapitalistas en los impredecibles contextos que se les presenten.

La “crisis” brasileña no tiene más salida que por el camino de la izquierda. De la inteligencia y habilidad de los revolucionarios de ese país dependerá cuánto se logre o cuánto se deje de obtener en las circunstancias actuales.

Como recordara en alguna ocasión el propio Lula, la política es el arte de lo posible para, en algún momento, intentar lo imposible. Y ese momento pudiera haber llegado.

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Dos fallos recientes de la Corte Suprema de Justicia de la Nación

Alejandro Teitelbaum (especial para ARGENPRESS.info)

El 18 de junio del 2013 la Corte Suprema de Argentina dictó un importante fallo en materia de libertad sindical y del derecho a no sufrir una disminución del salario.

El mismo ha pasado casi desapercibido a causa de la resonancia que tuvo otra sentencia de la Corte declarando inconstitucional la ley de reforma del Consejo de la Magistratura.

No comentaremos un tercer fallo reciente - importante- de la misma Corte (ya lo hemos hecho en Argenpress del 7 de junio de 2013) que levantó el embargo contra Chevron, donde el Poder Ejecutivo, por intermedio de la Procuradora Gils Carbó, y la Corte Suprema de Justicia coincidieron en la defensa y protección de los intereses de la empresa transnacional.

Comentaremos entonces los dos primeros fallos.

I. El voto de seis sobre siete miembros de la Corte relativo a la ley de reforma del Consejo de la Magistratura tiene dos partes : una especie de recuento del derecho constitucional argentino vigente y la aplicación a la interpretación del artículo 114 de la Constitución Nacional, de los principios de interpretación de los textos legales (literal, gramatical, lógico, los debates en la Asamblea Constituyente, etc). Realizado este ejercicio la Corte Suprema confrontó la ley de reforma del Consejo de la Magistratura con el artículo 114 de la Constitución y llegó a la conclusión –indiscutible para quienes opinan con ciertos conocimientos jurídicos y buena fe- de que dicha ley es contraria al art. 114, es decir, es inconstitucional.

Y la otra parte del voto mayoritario de la Corte es una reflexión política, en el marco de un Estado como los actualmente existentes en buena parte del mundo, incluida Argentina, que parafraseando a Arturo Enrique Sampay llamamos « Estado de Derecho liberal burgués ».

Una de las características del sistema institucional de dicho tipo de Estado es lo que algunos llaman la división de los poderes, pero que es más correcto llamar división de funciones de un mismo y sólo poder : el poder de las clases dominantes.

La mayoría de la Corte entendió – con razón- que las reformas en el sistema de elección del Consejo de la Magistratura, alteraría esa división de poderes, que nosotros llamamos funciones , sometiendo al Poder Judicial a la tutela del Poder Ejecutivo de turno (el actual y los sucesivos) al compás de los resultados electorales.

Esta división de funciones es uno de los elementos del Estado de Derecho liberal burgués, surgido de las revoluciones burguesas del Siglo XVIII, destinado a perennizar el sistema capitalista, que conquistó el poder político con dichas revoluciones.

La división de funciones entre Ejecutivo, Legislativo y Judicial tiene importancia en la medida que sirve para contrarrestar la tendencia de los Ejecutivos a concentrar poder en detrimento de las prerrogativas de los otros dos poderes. Esta tendencia, que existe desde siempre, se ha acentuado enormemente en los últimos tiempos a escala mundial.

Unos la llaman crisis de la democracia representativa.

Otros la llamamos crisis total e irreversible de la democracia burguesa.

Si alguna vez en los sistemas llamados democráticos (incluidas las « grandes democracias occidentales ») el Estado pareció mediar (y en cierta medida medió) entre los intereses diferentes o contradictorios de las diversas clases y capas sociales, ahora los Gobiernos administran los Estados y los organismos estatales supranacionales como simples mandatarios del gran capital, particularmente del capital financiero.

Mientras funcionó, la división llamada de poderes a veces ayudó –en circunstancias sociales y económicas propicias, en particular un fuerte poder combativo de los trabajadores- a permitir cierto grado de participación de las clases populares en las decisiones político-sociales.

Ello sirvió para consolidar el principio formal y la creencia popular de que « todos son iguales ante la ley ». Cuyo máximo momento de realización son las elecciones periódicas, en las cuales el pueblo (o la parte de él que aún cree en las elecciones) da un « mandato » a sus « representantes » que éstos nunca cumplen.

Pero los escépticos dicen : « todos son iguales ante la ley pero algunos son más iguales que los otros ». Formulado de manera más académica : todos son iguales ante la ley pero son desiguales ante el derecho de propiedad. Hay unos pocos que son propietarios de los instrumentos y medios de producción. Y la gran mayoría es sólo dueña de su fuerza de trabajo, manual y/o intelectual.

Y ese es el límite, fundamental e insalvable, de la democracia burguesa. Límite que ahora se puede percibir a escala mundial con toda claridad.

De modo que el debate entre partidarios y opositores de la ley de reforma del Consejo de la Magistratura elude la cuestión de fondo.

Los partidarios hablan de « democratización » del Poder Judicial, cuando en realidad con el procedimiento propuesto se trata de poner el mismo bajo tutela del Poder Ejecutivo actual y de los Gobiernos sucesivos en función de los resultados electorales.

Veremos más adelante que esta invocación del actual Gobierno a la participación popular se contradice groseramente en los hechos, cuando se trata del movimiento obrero.

Los opositores a la ley de reforma tienen razón cuando denuncian las tendencias monopolizadoras del poder del actual Gobierno, pero eluden la cuestión de fondo de la crisis de la democracia representiva en todos sus estamentos. Entre ellos el problema sin resolver –y en los hechos de imposible resolución- de un Poder Judicial « independiente » y/o sensible a los intereses de las mayorías populares, en el seno de una sociedad dominada por una minoría propietaria.

En diferentes países se han adoptado distintos sistemas, para intentar independizar – o darle una apariencia de independencia- al poder judicial del poder político, incluida la elección directa de los jueces por el voto popular.

Por ejemplo en Bolivia el Tribunal Supremo de Justicia es elegido mediante sufragio universal, como lo establece la Constitución de 2009.

Pero, aclaración necesaria, las precandidaturas tienen que ser aprobadas por la Asamblea Legislativa Plurinacional (Cámara de Diputados y Cámara de Senadores) por una mayoría de dos tercios; las elecciones se realizan de manera totalmente independiente de las elecciones políticas y ni los candidatos, ni persona alguna, pueden realizar campaña electoral bajo sanción de inhabilitación. Sólo se pueden difundir los currículos de los candidatos y ésos no pueden pertenecer a organizaciones políticas. (Artículos 181 y 182 de la Constitución de Bolivia). Notables diferencias con la ley de reforma del Consejo de la Magistratura votada por la mayoría parlamentaria y declarada inconstitucional por la Corte Suprema de Argentina.

Desde hace tiempo en la mayoría de los Estados de Estados Unidos son elegidos mediante el sufragio universal los jueces a nivel del respectivo Estado, no los jueces federales. Esas elecciones suelen ser un verdadero concurso de demagogia y de lobbyings a favor de uno u otro candidato, como relata John Grisham en su libro « La apelación ».

Es indiscutible que, en las condiciones de los estrechos límites del Estado de Derecho capitalista y sus inherentes carencias democráticas, es preferible una cierta independencia de las funciones judiciales y legislativas frente al Poder Ejecutivo. Lo que puede poner algún límite al ejercicio arbitrario del Poder. Más que arbitrario, al servicio de intereses de grupos particulares económicos locales y transnacionales.

II. Hace ya varios decenios que no poca gente percibió las limitaciones estructurales de la democracia burguesa y buscó y propuso paliativos, aunque sin poner en cuestión el problema de fondo : la propiedad privada de los instrumentos y medios de producción y de cambio.

Esos paliativos son de distinta índole, bajo el nombre genérico de participación popular o democracia participativa.

Como formas de intentos participación popular existen los movimientos sociales, que son sistemáticamente vigilados, reprimidos y espiados por el Poder, tanto en Argentina (Proyecto X, infiltración en movimientos sociales, etc) como en todo el mundo. Por ejemplo en Estados Unidos Edward Snowden ha revelado algo que ya se sabía, por lo menos en parte : las grandes redes electrónicas pasan a la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) del Gobierno estadounidense toda la información y las comunicaciones personales que circula por las mismas.

Pero mucho antes de que existieran los diferentes movimientos sociales actuales, nació el movimiento social por excelencia : la organización de los trabajadores.

Decimos « por excelencia » porque su función específica es cuestionar el reparto de la torta, es decir la participación de los trabajadores en el producto de su propio trabajo y así, de manera indirecta, poner en tela de juicio la propiedad privada de los medios de producción y de cambio.

Como sin los trabajadores ningún sistema puede existir, el Poder debe negociar con sus organizaciones. Y por supuesto trata de hacerlo en condiciones ventajosas. Por eso trata, simultánea o alternativamente, según las circunstancias, de intervenir en ellas, de domesticarlas, marginarlas, corromper a sus dirigentes, perseguirlas, reprimirlas, etc.

III. De ahí la importancia del segundo fallo, que queremos comentar, de la Corte Suprema de Justicia del 18 de junio de 2013 , en materia de libertad sindical y del derecho a no sufrir una disminución del salario.
(Asociación de Trabajadores del Estado s/ acción de inconstitucionalidad (Rebaja de remuneraciones de agentes municipales- Libertad sindical - Libertad para todos los sindicatos - Convenio N° 87 de la OIT - Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones de la OIT )

La Asociación de Trabajadores del Estado (A.T.E.) y el señor Alberto Molina, empleado de la Municipalidad de la Ciudad de Salta, promovieron la acción local de inconstitucionalidad
solicitando que se declarara la invalidez del decreto 5/2003 mediante el cual, el Intendente de dicha ciudad, invocando una situación de emergencia general, dispuso una rebaja de las remuneraciones de los agentes municipales. La Corte de Justicia de Salta rechazó la acción de ambos actores. Para asi decidir, por un lado, entendió que A.T.E. "carecia de legitimación
para representar los intereses colectivos" de los trabajadores del municipio salteño, por cuanto, para la fecha de promoción de la demanda, solo actuaba en el ámbito indicado como
entidad sindical simplemente inscripta dado que otro sindicato, la Unión de Trabajadores Municipales de Salta, gozaba de la personería gremial (art. 28, cuarto párrafo, de la ley 23.551) y, por ende, era este último, según lo dispuesto por el art. 31 del antedicho cuerpo legal, el que tenía el derecho exclusivo de representar los mencionados intereses colectivos.

Además, la Corte de Salta consideró inatendible la pretensión formulada a título individual por el señor Molina [contra la disminución de su salario en un 20%], con base en que la medida en cuestión fue adoptada dentro del marco de la situación de emergencia declarada en el municipio a partir de su adhesión a la normativa de emergencia nacional y provincial; que las quitas se produjeron.

La Corte Suprema de Justicia se pronunció en esta causa en forma positiva sobre dos temas fundamentales: el derecho a la integridad del salario y el derecho a la libertad sindical.

1) Sobre el derecho a la integridad del salario la Corte citó su propia jurisprudencia diciendo que « el salario es el medio por el cual el trabajador "se gana la vida". Dato elemental, por cierto, pero de esencial relevancia para esta litis, toda vez que constituye el eje mayor para esclarecerla. En efecto, la expresión entrecomillada, no por su sencillez, deja de ser más que elocuente para mostrar la directa e indisociable atadura que une a la remuneración con la vida misma de un empleado y, regularmente, de su familia. Ganarse la vida es obtener, como mínimo, lo necesario para acceder a la salud; a la educación; a la cultura; a un nivel de vida adecuado, lo cual incluye, ínter alía, alimento adecuado, vivienda adecuada y vestido adecuado; al descanso, entre muchos otros bienes del terreno de los derechos humanos económicos, sociales y culturales. Empero, y por lo mismo, la proyección del salario es de alcances incluso mayores, dado que también comprende el ejercicio de los derechos humanos civiles y politicos, desde el momento en que, conforme al ya universalmente consolidado principio de interdependencia e indivisibilidad de los derechos humanos, el antedicho ejercicio es "imposible" sin el goce paralelo de los derechos económicos, sociales y culturales ».

La Corte citó el artículo 14 bis de la Constitución Nacional y XIV de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y otros instrumentos regionales e internacionales tales como los Pactos Internacionales de Derechos Civiles y Políticos y de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, la Declaración Universal de derechos Humanos, todos con jerarquía constitucional en Argentina. Citó también jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y los comentarios del Comité del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales sobre el articulado de dicho Pacto.

Mencionó también la Corte la obligación general de asegurar el derecho de las personas "a una mejora contínua de las condiciones de existencia" (Art. 11.1 del Pacto Internacional de Derechos Económicos Sociales y Culturales)

Refiriéndose a la rebaja del salario del recurrente (20%) fundada en una situación económica de emergencia, la Corte señaló de manera muy pertinente: « Por un lado, que las llamadas "medidas de ajuste" derivadas de "crisis económicas" y una "grave escasez de recursos", hacen que los esfuerzos de las autoridades por proteger los derechos económicos, sociales y culturales adquieran una urgencia "mayor, no menor". Y, por el otro, que la "protección" de las "capas vulnerables de la población" es, precisamente, "el objetivo básico del ajuste económico" … En todo caso, ha de tenerse muy presente que existe una "fuerte presunción contraria a que dichas medidas regresivas sean compatibles con el Pacto Internacional de Derechos Económicos Sociales y Culturales (PIDESC) ». La Corte aludió en varias ocasiones a la noción de progresividad en las condiciones de vida y que para ese fin el Estado debe emplear el « máximo de los recursos disponibles ».

Con esos fundamentos la Corte Suprema declaró la inconstitucionalidad del decreto que impuso las quitas salariales.

2) Sobre el derecho a la libertad sindical

Esta cuestión es de trascendental importancia para el movimiento obrero argentino pues las organizaciones sindicales perdieron su independencia frente al Estado en el segunda mitad del decenio de 1940, situación que continúa hasta el presente.

La necesidad, desde su punto de vista, de someter el movimiento obrero a la tutela del Estado la explicó el entonces Secretario de Trabajo y Previsión, coronel Perón, a los « señores capitalistas », como él los llamaba, en un discurso en la Bolsa de Comercio que pronunció el 25 de agosto de 1944. (http://archivohistorico.educ.ar/sites/default/files/VI_31.pdf).

El « daño colateral » de esta tutela estatal fue y sigue siendo la existencia de una cúpula sindical burocratizada, con frecuencia corrupta (hay entre ellos multimillonarios) y a veces mafiosa, algunos de cuyos miembros colaboraron con las dictaduras y también con los Gobiernos legales en la represión de los militantes obreros combativos, pese a lo cual permanecieron atornillados a sus cargos durante decenios. Y otros aún permanecen.

La burocracia sindical es un verdadero cáncer en el movimiento obrero argentino.

Sobre la cuestión planteada por la Asociación de Trabajadores del Estado la Corte dijo : « Que los agravios expresados por A.T.E en torno de su aptitud para representar los intereses colectivos invocados… son admisibles en cuanto se afirman en la incompatibilidad de dicha norma [la ley 23.551 de Asociaciones Sindicales]con el art. 14 bis de la Constituci6n Nacional y el Convenio N° 87 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ».

Citó la Corte su propia doctrina constitucional en el mismo sentido asentada en fallos anteriores ("Asociación Trabajadores del Estado cl Ministerio de Trabajo" y "Rossi, Adriana Maria cl Estado Nacional - Armada Argentina") recordando nuevamente el artículo 14 bis de la Constitución Nacionales y normas internacionales como la Convención Americana sobre Derechos Humanos (art. 16), el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Convenio N° 87 de la OIT relativo a la libertad sindical y a la protección del derecho de sindicación.

Siguió diciendo la Corte : « Sobre tal base, la Corte declaró la inconstitucionalidad de ciertas disposiciones de la ley 23.551, en la medida en que concedian a los sindicatos reconocidos por el Estado como más representativos -mediante el otorgamiento de la personeria gremial- privilegios que excedian de una prioridad en materia de representación en las negociaciones colectivas, de consulta por las autoridades y de designación de delegados ante organismos internacionales, lo cual iba en detrimento de 'la actividad de los sindicatos simplemente inscriptos que compartian con aquéllos,total o parcialmente, el mismo ámbito de actuación ».

Concluyó la Corte : « Que, en suma, corresponde declarar la inconstitucionalidad, por un lado, del art. 31.a de la ley 23.551 [de Asociaciones Sindicales], en cuanto impidió que A. T.E. representara los intereses colectivos invocados por considerárselo un derecho exclusivo de la asociación sindical con personeria gremial ».

IV. En el mismo sentido, la Comisión de Expertos en la Aplicación de Convenios y Recomendaciones de la OIT presentó a la 102a reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo que se acaba de celebrar en Ginebra, sus observaciones sobre la aplicación en Argentina del Convenio 87 sobre la libertad sindical y la protección del derecho de sindicación. (http://www.ilo.org/dyn/normlex/es/f?p=1000:13100:0::NO::P13100_COMMENT_ID,P13100_LANG_CODE:3084273,es:NO)

La Comisión de Expertos recuerda en sus observaciones que se encuentra pendiente de resolución el pedido de « personería gremial » presentado por la CTA en agosto de 2004, que en varias ocasiones, la Comisión, al igual que la Comisión de Aplicación de Normas de la Conferencia y el Comité de Libertad Sindical urgió al Gobierno a que se pronuncie sin demora sobre esta cuestión y que desde hace numerosos años sus comentarios se refieren a ciertas disposiciones de la Ley de Asociaciones Sindicales núm. 23551 de 1988, y del correspondiente decreto reglamentario núm. 467/88 que no están en conformidad con el Convenio.

La Comisión recuerda que las cuestiones legislativas pendientes son la personería gremial y los beneficios que derivan de la personería gremial.

Y concluye :

En sus observaciones anteriores la Comisión tomó nota de que la Corte Suprema de Justicia de la Nación y otras instancias judiciales nacionales habían declarado inconstitucionales algunos de los artículos de la Ley de Asociaciones Sindicales que son objeto de comentarios por parte de la Comisión. … »La Comisión aprecia que las sentencias dictadas por la Corte Suprema de Justicia de la Nación y otras instancias judiciales nacionales y provinciales van en el sentido de superar una parte de los problemas en instancia, de conformidad con el Convenio… Al tiempo que toma nota de los avances mencionados por el Gobierno en materia de negociación colectiva y de salarios, que la Comisión saluda, espera firmemente que, tras una examen tripartito de las cuestiones pendientes con el conjunto de los interlocutores sociales, se tomarán las medidas necesarias para poner la Ley de Asociaciones Sindicales y su decreto reglamentario en plena conformidad con el Convenio. La Comisión pide al Gobierno que informe en su próxima memoria sobre toda medida adoptada al respecto ».

V. Cabe señalar que los partidarios del sistema vigente (es decir asociaciones, federaciones y confederaciones con personería gremial otorgada por el Estado, únicas por rama autorizadas a negociar, a recaudar cotizaciones sindicales, etc.) sostienen desde siempre que así se mantiene la unidad del movimiento obrero, lo que le confiere mayor fortaleza. Pero olvidan que, en los hechos, esa unidad no existe, que la unidad decretada por el Estado burgués en el interés de los « señores capitalistas » no es lo mismo que la decidida libremente por los trabajadores mismos, en sus lugares de trabajo, en la lucha por sus reivindicaciones.

Está a la vista el fruto podrido de la unidad decretada por el Estado : la burocracia sindical.

Como decíamos en el Párrafo II precedente, hace decenios que se buscan y existen paliativos a los límites de la democracia burguesa bajo la denominación genérica de democracia participativa o participación popular, en forma de diferentes movimientos sociales. Pero el movimiento social por excelencia, decíamos, más que centenario, es el movimiento obrero.

El actual Gobierno dice que quiere democratizar la justicia a través de la participación popular. Pero se resiste heroicamente a permitir la democratización del movimiento obrero ignorando los fallos judiciales y las reiteradas e insistentes recomedaciones de la OIT.

En realidad no quiere la democratización del poder judicial sino ponerlo bajo su tutela, pues no le basta con los jueces que se prestan para enterrar expedientes incómodos para las autoridades. Y persiste en mantener su tutela sobre el movimiento obrero y en oponerse a su democratización.

Como de costumbre, este Gobierno confunde a buena parte de la opinión pública bautizando a sus acciones con nombres totalmente opuestos a su contenido : llama fondos del Bicentenario (alusión a la gesta de la Independencia) los destinados a pagar una deuda externa en buena parte ilícita ; hace votar una ley de medios presuntamente antimonopólica que abre las puertas de par en par a los monopolios transnacionales de la información ; « nacionaliza » YPF para entregarlo al capital transnacional, etc.

Es de esperar que el fallo de la Corte sobre la libertad sindical y la integridad de los salarios y las recomendaciones de la OIT sobre el restablecimiento de la libertad sindical ayuden a un proceso de democratización y de unidad del movimiento obrero impulsado desde los lugares de trabajo.

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La desigualdad salarial entre varones y mujeres: Una tendencia que se reitera

Ester Kandel (especial para ARGENPRESS.info)

La reiteración de los datos de la brecha salarial entre varones y mujeres coexiste con otras situaciones irresueltas, como la doble jornada laboral y la falta de políticas públicas para la crianza de la primera infancia. En muchas ocasiones, por este motivo, las mujeres se ven obligadas a realizar trabajos a tiempo parcial.

El análisis reciente del salario y las condiciones de trabajo, publicado por la FISYP, destaca un ingreso salarial promedio por la ocupación principal de los trabajadores por 3.881 pesos mensuales, siendo peores las condiciones de ingreso de las mujeres trabajadoras, con un ingreso de 3.289 pesos al mes, y especialmente bajo ingreso de los jóvenes, quienes perciben 3.082 pesos cada mes (Cuadro I) (1), reafirma una tendencia más que centenaria.

La precariedad laboral, agudizó esta situación y es por eso que nos encontramos frecuentemente con este problema: “escondí el embarazo para que no me echen, porque estaba sola y no tenía a quien pedirle ayuda”, confía Pilar. Hoy la mujer es telefonista en un sanatorio privado” (…) (2)

Aunque las condiciones laborales se han modificado, vale recordar que la inserción laboral desigual de las mujeres al inicio del sistema capitalista fue acompañada por el discurso que avalaba la existencia de un mercado de trabajo sexualmente segregado y alrededor del salario se sostenía que los salarios de los varones debían ser suficientes no sólo, para su propio sostén, sino también para el de una familia. A esta idea se agregaba la de salario suplementario para la mujer, así se justificaba las remuneraciones menores de las trabajadoras.

En los artículos sobre Las mujeres dentro de las organizaciones sindicales, (3) recientemente publicados, reseñamos el contexto y las vicisitudes que vivieron las mujeres en el mercado laboral desde el inicio del capitalismo, como en su relación con los trabajadores en los sindicatos. Los distintos reclamos contribuyeron a sortear muchos obstáculos, sin embargo existe un límite que pone el sistema de relaciones laborales basadas en la explotación de las patronales con la solidaridad de los Estados.

Los hechos actuales nos demuestran que persisten modos de discriminación laboral en forma directa e indirecta, abonadas por otros discursos que intentan ocultar esta realidad.

En este sentido el principio de igualdad de oportunidades entre varones y mujeres en el ámbito laboral es un objetivo a conseguir.

¿Es posible lograrlo en una sociedad desigual?

Desde el movimiento de mujeres y particularmente desde las secretarías de género de los sindicatos se viene reclamando por modificar el estado expuesto pero concluimos del mismo que lo plantea la FISYP, éstas tienen que ser “el piso sobre el cual construir la agenda de reivindicaciones y lucha por las mejoras en el salario, las condiciones de empleo y trabajo y en definitiva, por la emancipación de los trabajadores”, abordando las relaciones de clase y género.

Notas:
1) Gambina, Julio, Salarios y condiciones de trabajo a fines del 2012, ACTA, Domingo 23 de junio de 2013.
2) Clarín, 17/6/13.
3) Publicado por Argenpress y CTA Capital.

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Gils Carbó, el Caso “Chevron”, Justicia Legítima y las “Corpo”

Carlos Alberto Kreimer (PLAZA DE MAYO)

El fallo judicial a favor de la petrolera Chevrón: un paso a favor de las corporaciones multinacionales.

En el torbellino de sentencias judiciales que arrasó la primera plana de los medios en los últimos días -“Consejo de la Magistratura”, “Libertad gremial y ley de asociaciones sindicales”, “Cepo Cambiario”, “Aumentos pretendidamente no remunerativos en convenciones colectivas”- pasó casi inadvertida la decisión de la Corte Suprema en el caso “Chevrón” que solo mereció alguna referencia tangencial de algún comentarista político. Para mejor ilustrar al lector es necesario no solo hacer un análisis del caso sino, además y al decir de los guionistas de cine, “sembrar información”.

El problema a energético

Después de diez años de década ganada, de haber los chicos K salido a la calle eufóricos y con los dedos en V por la apropiación (¿expropiación?) de parte de las acciones de YPF (las que estaban en poder de Repsol) y de casi un año y medio de tripulación de la petrolera estatal por el mago Miguel Galuccio, el panorama es desolador. De un país autoabastecido en el 2003, se pasó a otro que importa anualmente la friolera de entre 12 y 15 mil millones de dólares en energía, según la previsión para el 2013 (un destacado economista –insospechado de ortodoxo- señalo: “todo el modelo o relato se reduce a cambiar soja por energía”). Además YPF sigue disminuyendo su producción en casi todos sus rubros a pesar del significativo aumento de sus productos en surtidores (casi un 20% en lo que va del año).

Vaca muerta (o “viva” para nuestra creativa Cristina)

Este reservorio de energía no convencional (“shale-petróleo” y “shale-gas”) descubierto en el último lustro, constituye la nueva joya de la corona nacional. Según los especialistas estaría entre los cuatro yacimientos o cuencas con más reservas del planeta y nos convertiría casi en un país del privilegio árabe. Para la explotación de Vaca Muerta hace falta un inversión de unos 36.000 millones de dólares en cinco años para, dentro del mismo lustro, empezar a disfrutar de sus rindes. Esta suma no es excesiva si, por ejemplo, advertimos que significa el diez por ciento de cuanto va invirtiendo Brasil para extraer el petróleo “off shore”, sin haber sacado hasta ahora una gota. No debe dejar de señalarse que los ecologistas se oponen a la explotación de estos yacimientos con muy fuertes argumentos, por el tremendo daño ambiental que ocasionan, pero en este caso correremos del análisis esta, no menor, cuestión para cuyo abordaje el autor de esta nota no califica.

Chevrón y los litigios

La más avanzada multinacional –por capital y tecnología- para encarar Vaca Muerta es Chevrón y hacia ella se han dirigido los mayores esfuerzos de Galuccio, para intentar salir del pantano en el menor lapso posible. Pero la subsidiaria de ESSO enfrenta dos problemas. El primero es que Repsol ha promovido un juicio contra YPF por nada menos que 10.500 millones de dólares ante organismos internacionales por el pago de las acciones apropiadas, y amenaza a todo colega que intente una sociedad con la petrolera vernácula de hacerle pagar los perjuicios (si bien es cierto que las extractoras de petróleo están acostumbradas a hacer negocios en países y en situaciones complicadas, no lo es menos que “entre bomberos no se pisan la manguera”). Al segundo problema nos referiremos a continuación.

Ecuador y Chevrón

TEXACO, luego convertida en CHEVRON (ambos nombres del grupo ESSO), fue condenada en Ecuador, donde explotaba yacimientos convencionales, a pagar a un grupo de vecinos del lugar de extracción, por daños ecológicos o ambientales, la friolera de 19.000 millones de dólares. La multinacional alegó que “la sentencia fue obtenida en un proceso judicial viciado de fraude, extorsión y cohecho” (no nos consta, por no haber examinado el expediente extranjero, la veracidad de esta alegación, aunque se debe admitir que el monto excepcional de la condena alguna sospecha despierta). Sea como fuere la sentencia en un país amigo de los K, que forma parte de la selecta minoría con la que mantiene amables relaciones, está firme y debe ser cumplimentada. Para ello, un juez ecuatoriano remitió a este país un exhorto (formalidad de un requerimiento de un juez a otro), para que, nada más y nada menos, “embargue los bienes que pertenecen a Chevrón Argentina SRL sobre cuentas, créditos por venta de hidrocarburos, créditos litigiosos, cuotas sociales o participaciones accionarias” (estas medidas se amplían atrapando a otras contratantes o subsidiarias de ESSO). En buen romance: CHEVRON no puede hacer un negocio en la Argentina –donde ya tenía firmadas cartas de intención con YPF justamente para explorar y explotar “Vaca Muerta”- sin que cualquier activo, se llame como se llame, le sea chupado por los ecuatorianos; o sea al mago Galuccio le escupieron el asado. Presentado en Primera instancia el exhorto, se hizo lugar al mismo y se ordenaron las medidas; entendiendo el magistrado de primera instancia que el exhorto reunía todos los recaudos formales que los tratados de cooperación internac ional, firmados por ambos países, contemplan. Chevron apeló y a pesar de que con picardía eligió la Sala de la Cámara Civil y Comercial Federal y que, con muy prestigiosos abogados algunos “neoliberales” y otros “nacionales y populares” planteó el único argumento que cabía -o sea falencias formales-, igual la perdió.

Sentencia de la Corte Suprema

El expediente llegó a la Corte donde, por razones políticas más que jurídicas, hubo intención de admitir el recurso (y ello es explicable teniendo en cuenta que, si seguimos por el camino que eligió “el relato”, terminaremos calefaccionando los hogares con braceros). Una mayoría de seis miembros dio la razón a la apelante haciendo un análisis de las normas procesales y las similares del tratado internacional entre Argentina y Ecuador, por razones absolutamente formales y sin ingresar en las cuestiones políticas o de fondo las que –bueno es decirlo- tampoco fueron planteadas por los apelantes. En voto disidente el casi centenario socialista Fayt refutó impecablemente los argumentos de sus co-supremos, y rechazó las razones de la multinacional, analizando las mismas normas cuestionadas (como le mandó decir por su chofer a la Presidente: “Estos son los hechos. Los comentarios son libres”). Fue público –o al menos así lo destacaron los medios- que el mago Galuccio festejó con champaña el fallo y llamó inmediatamente a Chevrón para que venga al país el negociador. Pero parece que hasta que no se arregle con Repsol no se pone un dólar.

El dictamen de la Dra. Gils Carbó

La Procuradora General de la Nación, como manda la ley, dictaminó con carácter previo en el exhorto de Chevrón. Pudo haber hecho como la mayoría de la Corte y “de taquito” resolver el tema por meras razones procesales dándole la razón a ESSO. Pero, como Ecuménico (el Guapo del 900 de Samuel Eichelbaun) fue mas allá de lo que el político a quién reportaba (don Alejo ) le pedía, y agregó: “…El interés público de la actividad desarrollada por la recurrente (Chevrón Corporation) conforme el artículo 1 de la ley 26741 y la trascendencia económica del embargo me llevan a la convicción de que la decisión apelada puede producir agravios de carácter irreparable a intereses esenciales de la Nación vinculados con la política energética y el desarrollo económico del país. Así el caso involucra una cuestión de gravedad institucional…”. O sea que para la Dra. Gils Carbó entre los intereses de ecologistas del Ecuador y los de ESSO deben primar los de la petrolera multinacional por estar vinculados con la política económica y el desarrollo nacional. Solo le faltó agregar que la “corpo” a la que hay que derrotar es al Grupo Clarín y no la insignificante ESSO cuyos intereses son esenciales para desarrollar la política energética nacional.

Justicia Legítima y las “Corpo”

Cuando vemos en la realidad cómo se comporta la abanderada del espacio “Justicia Legítima” (que debería estar presidido por el prestigioso magistrado Oyarbide) no cabe duda que lo que se pretende no es el distanciamiento de la justicia de los importantes grupos económicos para garantizar su imparcialidad, sino el acercamiento obsecuente a los mandatos de la Presidente.

Carlos Alberto Kreimer es miembro del Club Político Argentino.

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