jueves, 11 de julio de 2013

La geopolítica detrás del secuestro presidencial

Rafael Bautista

El secuestro europeo del avión presidencial boliviano confirma la disposición estratégica de los nuevos peones imperiales en el tablero geopolítico del incipiente mundo multipolar. También muestra la insolencia de un poder imponente que acaba en la impotencia (pues hasta sus propios agentes se le rebelan); por eso no tiene reparos en humillar a quien se le plazca y, de ese modo, exponer a los cuatro vientos el verdadero lugar que ocupa una Europa en decadencia: la nueva colonia gringa está, no sólo para sacrificarse por el dólar, sino que se presta, como lo hiciera un “housenigger” o esclavo de casa, a hacer el trabajo sucio del amo.

Después de cinco siglos, Europa regresa a su condición periférica, cuando era nada respecto del mundo civilizado que lo protagonizaban árabes, hindúes y chinos. Es gracias a la invasión y al saqueo del Nuevo Mundo que Europa se proyecta al atlántico, como eje de su nueva condición de centro hegemónico mundial. La modernidad no fue nunca otra cosa que la administración de la centralidad europeo-occidental. La II guerra mundial le sirve a Estados Unidos para ser ese centro que hereda de una Europa en ruinas. En ese contexto, la guerra fría fue la tercera guerra mundial que la gana Estados Unidos (y la sufren los países pobres) e impone, desde entonces, un mundo unipolar.

Pero el siglo XXI manifiesta una nueva disposición global; aquél infatuado poder y su desmedida fuerza militar, acabó erosionando las bases de su propia hegemonía. La decadencia actual ya no es sólo del mundo imperial sino del proyecto que hereda y encarna. Cuando expone a una Europa reducida a mero apéndice colonial de una apuesta que ya ni siquiera es “americana”, sino impuesta por burocracias privadas financieras, muestra la fisonomía de una decadencia que, en medio de la más descomunal concentración de riqueza fruto del robo, enfrenta al mundo entero como su enemigo.

La crisis europea es apenas la escena doméstica de la nueva guerra que desata Occidente contra un embrionario mundo multipolar (que ya no se considera su “patio trasero”); no sólo contra los BRICS sino contra toda disidencia en el resto del mundo. La amenaza reclama inmediata obediencia, y lo acontecido con el secuestro del avión presidencial boliviano muestra a una Europa que, aunque acostumbrada a humillar a otros, resulta aún más humillada en su propia casa (pues ni siquiera Alemania abrió el pico en esta flagrante injerencia gringa en plena Europa). El primer colonizador del mundo moderno acaba siendo colonia. Es decir, la otrora cuna del renacimiento y la ilustración, la supuesta misionera de la civilización en el mundo, no halla en sí más argumento que no sea la sumisión y la capitulación a un poder que, para colmo, se encuentra en crisis terminal. Lo que manifiesta su elite gobernante es la pérdida de respeto por sí misma.

No en vano, el presidente ruso Vladimir Putin, a propósito de la injerencia europea en Siria -donde Europa regresa a su condición de genocida, armando a terroristas para derrocar a Bashar-al-Assad y, como en Libia, imponer la gula de Occidente; y donde Rusia ha frenado las ambiciones occidentales ofreciendo a Siria los misiles tierra-aire S-300PS ante cualquier ataque foráneo (si estos misiles son letales a cualquier avión de combate gringo, inglés o francés, imaginemos su versión superior, el nuevo sistema de misiles Vitiaz)-, interpela a la prensa europea y a su propio homólogo David Cameron: “yo estoy seguro de que ustedes estarán de acuerdo en que seguramente no deberíamos ayudar a gente que no sólo matan a sus enemigos sino que además mutilan sus cuerpos y se comen sus entrañas ante el público y las cámaras. ¿Es ese el tipo de gente que ustedes quieren apoyar? ¿Quieren ustedes armarlos? Si es así, parece que hay aquí muy poca relación con los valores humanitarios con los que Europa se ha comprometido y que ha divulgado durante siglos”.

La ironía del presidente Putin deja entrever lo siguiente: hay poca relación con esos valores porque, en realidad, Europa nunca ha creído en ellos, tampoco Estados Unidos. Un mundo hegemonizado por Occidente ha sido el más nefasto despliegue de dominación global que muestra, en la actualidad, hasta al propio derecho internacional como la expresión más sofisticada de su poder.

¿Qué otra cosa puede significar la violación de todo derecho internacional en el secuestro cometido a un avión oficial latinoamericano en espacio aéreo europeo? Esa violación responde a una anterior: el desprecio que Estados Unidos ha propinado a la propia Europa, mostrando que las decisiones soberanas de sus Estados son tomadas al otro lado del atlántico; es decir, que aquella violación no es otra cosa que la apostasía del concepto de soberanía, mostrando que el derecho internacional ya no tiene a los Estados como sujetos de derecho. ¿Cuándo comienza aquello? Con el neoliberalismo. Si el derecho de cada país se funda en la soberanía, ¿en qué se funda el derecho que promueve el neoliberalismo? Lo que produce el neoliberalismo es un sistema jurídico pertinente a la globalización del capital transnacional, de modo que los propios organismos y las instituciones mundiales (obedientes a ese poder) puedan sobreponerse a las propias soberanías nacionales.

En ese contexto, el secuestro por terceros, no sólo muestra el desconocimiento de toda soberanía sino el carácter obsceno que ha tenido aquello, lo cual nos acerca al concepto de violación. Por eso el secuestro no es algo episódico sino la más clara evidencia de la decadencia hasta jurídica del mundo hegemonizado por el imperio gringo. Las últimas invasiones militares que ha venido realizando Occidente han mostrado que el derecho internacional es apenas el guante que encubre la violación de todo derecho.

A partir de eso se puede colegir que los tratados que firman los países (como antes el ALCA o el TLC y ahora el tratado “Alianza del Pacífico”) son, en realidad, cesión sistemática de soberanía de nuestros países; pues lo que está siempre en juego es la disposición geopolítica de las respectivas áreas de influencia. Todo acuerdo comercial que emprende Occidente conlleva entonces la defensa de los intereses imperiales(los que ahora pugnan por sobrevivir en un mundo que ya no es el suyo). Europa resulta en esta guerra económico-financiera-mediático-militar apenas el empleado doméstico de la hegemonía gringa, pues si de intereses se trata, nadie como el excandidato presidencial John McCain lo ha puesto tan claro: “para Estados Unidos, nuestros intereses son nuestros valores y nuestros valores son nuestros intereses”.

En este contexto, analicemos la significancia geopolítica del hecho. La conjetura del error deslinda responsabilidades y pretende encubrir las tramoyas que se urden alrededor del hecho. Porque es bien sabido que, desde el 9-11, la comunicación entre la CIA, el Pentágono y el Departamento de Estado, ya no es fluida y menos armónica, de tal modo que hasta se desdicen, mostrando que ya no les inquietan los mismos desvelos. Ya no es sólo las corporaciones petroleras y el mundo financiero sino hasta el lobby israelí, quienes operan en estos organismos por encima del propio gobierno formalmente establecido. ¿Quién manda en Estados Unidos?, es una pregunta cuya respuesta depende de cada coyuntura específica.

Pareciera que hasta la inteligencia gringa es espiada, con el fin de filtrar sus propios informes, de modo que las decisiones que se toman se hallan influidas por otros propósitos. La coordinación del bloqueo aéreo no fue algo improvisado de cuatro países que, además y supuestamente, se encontraban en medio de una querella acerca del espionaje del cual eran objeto. Es decir, el fin premeditado de aquello no era, en realidad, Snowden (pues ya se sabe que Estados Unidos no desconocía su paradero) sino lanzar un mensaje de advertencia, además de, como en el golpe en Honduras, sopesar las reacciones. Entonces, desplacemos nuestra mirada hacia otro lado.

¿Por qué Estados Unidos es el artífice de la “Alianza del Pacífico”, la AP, cuyos signatarios son Chile, Colombia, Perú y México? El objetivo es impedir la creciente influencia china en Latinoamérica y, para ello, Estados Unidos no se ahorra medios para fracturar los proyectos de integración de nuestros países. La AP, junto con la “Trans-Pacific Partnership” o TPP y la estrategia “Indo-Pacífico” son el montaje estratégico que promueve Estados Unidos para cercar y contener a China. En nuestro continente, la AP restaura la influencia gringa, mediante la activación de un bloque conformado por los satélites gringos, para enfrentarse al MERCOSUR, a la UNASUR y al ALBA; del mismo modo como el golpe de Honduras sirvió para fracturar una integración centroamericana adversa a Estados Unidos.

Lo que se pretende es actualizar la “Doctrina Monroe” en plena guerra no declarada entre Occidente y los BRICS; por eso no es raro que España y Francia hayan actuado como observadores de la AP, y sus diarios, como “El País”, hayan festejado aquello que, decían, “no se trataba sólo de un tratado comercial” y que les era más atractivo que una nueva integración europea.

El involucramiento de estos países no es casual; con este añadido: ningún país firmante de la OTAN ofreció siquiera hospitalidad humanitaria al avión presidencial boliviano. Austria lo hace porque no es parte de la OTAN; es decir, la orden imperial no contemplaba las consecuencias que hubiese significado la imposibilidad de un aterrizaje forzoso. La flagrancia de aquello contemplaba una macabra jugada estratégica: ¿cuál sería la reacción de una Sudamérica fracturada?

Algunos presidentes así lo interpretaron, por eso el presidente Correa llama la atención de la ausencia del presidente protempore de la UNASUR, Ollanta Humala. En la reunión de urgencia que se realiza en Cochabamba, la contundencia de las declaraciones de, sobre todo, Venezuela, Ecuador y Argentina, remedian, de algún modo, la ausencia de los presidentes del bloque satelital (lo cual denota que, en medio de la decadencia imperial, ciertos gobiernos siguen pregonando una soberanía que no coincide con el grado de entreguismo que muestran sus apuestas económicas). Pero la contundencia no va más allá de la denuncia y es fríamente avalada por unas tibias representaciones que no parecen medir la envergadura del hecho. La sentencia del presidente Correa fue admonitoria: “o nos graduamos de colonias o…” ya sabemos.

Lo cual nos muestra que el colonialismo advertido en la actual Europa, hace también todavía nido en nuestros gobiernos. Que Dilma Roussef no asista al encuentro de UNASUR es ya señal que tiene sus ojos puestos más en el norte que en el sur. Por eso su propia población denuncia, en sus manifestaciones, aquel cambio de perspectiva. El modelo a la Lula que tanto pregonaban las elites intelectuales “políticamente correctas” cayó por su propio peso. Las ambiciones imperiales de Brasil tiene que pactar con los de arriba y ya no con los de abajo; lo cual significa: alejarse del sur y proponerse integrarse al norte.

Ni Lula se dio cuenta que trabajaron, en realidad, para la derecha; es decir, la nueva clase media que generaron ahora tiene pretensiones de primer mundo y, en ese sentido, ya no lucharían por el proyecto que los sacó de la pobreza -como advierte Eric Nepomuceno- sino defenderían únicamente su situación incluso, a costa de los demás, o sea, a costa de los pobres que genera toda nueva acumulación de riqueza. Moraleja: si en la pobreza se es revolucionario, parece que en toda riqueza anida el espíritu conservador. Entonces,¿es el fin de la lucha la riqueza? ¿Para qué luchan nuestros pueblos? ¿Para ser como el norte, que ya no sabe ser norte ni para sí mismo?

La estrategia gringa consiste en calcular el grado de fracturación de Sudamérica, mediante la provocación hecha. Los países europeos no contemplan dar explicaciones porque se hallan bien respaldados y bien advertidos. Cualquier desafío de parte de nuestros países está también advertido; lo acontecido con el avión presidencial es tan sólo una muestra de lo que Estados Unidos es capaz de hacer (aunque aquel alarde de fuerza ya no es tanto, debido al anunciado recorte militar de hasta el 30%-debido sobre todo a los fracasos en Irak, Afganistán y, últimamente, Siria-, lo cual significaría la desaparición de 12 brigadas de combate terrestre y de hasta 33 unidades aéreas de combate; en tales condiciones, se dice, está difícil que Washington pueda emprender una ofensiva militar a corto o mediano plazo, ya que su capacidad militar en el plano operacional estaría seriamente reducida; sin contar con el hecho de que cerca al 60% de la marina gringa se encuentra acantonada en el pacífico, con el único objetivo de cercar a China)

Las revelaciones que hace Snowden no son las únicas sino forman parte de una serie de denuncias que han estado sucediendo hace ya un buen tiempo. Ya el ex comandante de las fuerzas nucleares de Estados Unidos, el general Cartwright, es acusado de espionaje por revelar al New York Times la operación “juegos olímpicos”(que consistía en introducir los virus informáticos Stuxnet y Flame en el complejo computacional de Natanz y sabotear así el programa nuclear de Irán), del mismo modo Jeffrey Sterling, ex empleado de la CIA, quien denunció la operación “Merlin”, Bradley Manning hizo lo mismo revelando informes de inteligencia, Thomas Andrew Drake denunció el programa “Trailblazer”, por el cual se busca introducir virus informáticos en cualquier computadora o celular, etc. Todos estos son considerados traidores (bajo la “EspionageAct” de 1915, que censura todo derecho a la información del país supuestamente más democrático del planeta) cuando, en realidad, lo que denuncian es la traición cometida por su gobierno a su propio pueblo y a su propia constitución. Lo que hace Snowden es eso: develar que su propio gobierno viola el derecho a la privacidad establecido constitucionalmente.

Demostrado lo que ya se rumoreaba, lo que irrita a Estados Unidos es la probable apuesta de las potencias emergentes de limitar el internet (en manos de los “servidores” Google, Facebook, Microsoft, Verizon, Apple, Yahoo y Skype, los cuales son supeditados al programa PRISM de la National Security Agency) y promover intranet nacionales, resguardando lo que es estratégico para cada nación: la información y la comunicación. Es curioso que la creación del panóptico (que se la debemos a Jeremmy Bentham) fue creada para el control de campesinos privados de sus tierras y obligados a trabajos forzados; lo que después representó el sistema carcelario, ahora nos enseña su máxima realización con las revelaciones de Snowden: si el imperio puede vigilar a todo el mundo, entonces nos encontramos encerrados en un panóptico global y el imperio asume para sí lo que representa un pan-óptico: el imperio se cree el ojo de dios.

Por eso no tolera disidencias, porque todas desafían, en última instancia, su pretendida omnipotencia. Lo que nos devuelve a su considerado “backyard”. Si no hay una respuesta decidida de nuestros países, entonces el secuestro del avión presidencial le sirvió para constatar que la fractura realizada con la AP, ha debilitado seriamente a la UNASUR. Si esto es así, entonces puede pensar en la recaptura de su inmediata área de influencia, ya que la reacción de los países se irá diluyendo en respuestas unilaterales, sin repercusión regional.

Geopolíticamente nos habrá vuelto a anular. Si no hay respuesta regional decidida al secuestro presidencial, le estaremos dando carta blanca al imperio en decadencia para iniciar una nueva ofensiva “monroeista”. Las oligarquías sudamericanas ya se encuentran animadas, fieles a su condición subordinada al dólar, pues el bajo crecimiento y la inflación regional (que se operan también desde afuera) son siempre argumentos para denunciar la incompetencia de los gobiernos populares en materia económica. Por eso resalta la miopía de Brasil que, siendo parte de los BRICS, no es capaz de liderar una apuesta regional definitivamente soberana, para posicionar su propia presencia en el contexto del nuevo orden multipolar.

Si cotejamos al TPP (la hermana gemela del AP) por sus miembros: Australia, Brunei, Malasia, Nueva Zelanda, Singapur y Vietnam, el mercado total que constituyen apenas bordea los 200 millones. Sólo Indonesia, que no forma parte de este acuerdo, supera a todo este mercado promovido por Estados Unidos, ya que cuenta con 245 millones de gentes. Los BRICS sin Brasil conforman más de 3000 millones de habitantes. Vayamos a Sudamérica. No sólo por el mercado sino hasta por el PIB, el conjunto de los firmantes de la AP no llega a igualar ni siquiera al PIB de Brasil, sin contar a los otros miembros del MERCOSUR. Es decir, la AP no es un bloque de peso que pueda desequilibrar al MERCOSUR o al ALBA.

Su conformación es más bien de carácter defensivo y quien se defiende, de China, no son nuestros países sino Estados Unidos. Pues hasta sus propios thinktanks, como el Consejo Nacional de Inteligencia, revela que, hasta el 2030, China logrará desplazar, en lo tecnológico, económico y hasta militar, a la suma conjunta de Europa y Estados Unidos del primer lugar en el mundo. Es decir que, quienes en nuestra región, apuestan su vida a Estados Unidos y Europa, apuestan, en realidad, a su muerte.

Sus mercados ya ni siquiera se sostienen a sí mismos. Por eso sus tratados comerciales buscan desesperadamente lograr crecimientos apropiándose de los crecimientos ajenos; no otra cosa ha sido la historia del desarrollo moderno: para generar desarrollo hay que producir subdesarrollo, como garantía del desarrollo. El primer mundo ya se da cuenta de que las propias fuentes de crecimiento y desarrollo no son aptas para los afanes desmedidos del famoso progreso moderno, por eso generan ahora dinámicas de guerra fría en el ámbito de las finanzas sobre todo, para expropiar la riqueza que genera el tercer mundo para beneficio propio. Pero ni eso tiene futuro y muestra de ello son los constantes periodos de inflación, deflación y estancamiento de la economía mundial.

No hay mejor coyuntura que ésta para desprenderse definitivamente de un sistema que, en plena decadencia, no halla otra forma de sobrevivir sino parasitariamente. Por eso juega sus apuestas hasta de modo suicida. Se juega su vida pero, en vez de adecuarse a un mundo nuevo, no sabe sino poner en peligro la vida de todos. Ni su pax americana consiente lo que fue la clave de su inspiración histórica, la pax romana: ésta fue posible porque el emperador Adriano desistió de su dominación y se retiró de Mesopotamia. La insistencia gringa no da muestras de igual sensatez y apuesta a la dominación pura, generando la posibilidad de una conflagración global.

Por eso en estos lados opta por la doctrina del “dog’scircle” o el “divide y vencerás”, algo que aprende del colonialismo francés e inglés, introduciendo elementos desestabilizadores con fuerte apoyo militar y económico (por eso la AP, dice “El País” de España, “no vislumbra sólo asuntos comerciales”). La confrontación que Estados Unidos ha destapado con el secuestro del avión presidencial es entre Occidente versus UNASUR y los BRICS (por eso la condena que hace Putin a España, Italia, Francia y Portugal -que ya no serían los PIGS sino los PIFS- es acertada: también fue un agravio a Rusia).

Se lleva a cabo la reunión de la OEA. La advertencia de Insulza es cierta: denunciamos y ¿después?, todo vuelve a lo mismo. Se trata de sentar un precedente, lo cual pasa por una firme decisión de revertir el desequilibrio de nuestras relaciones Latinoamérica-Europa. Ya es hora que nos demos cuenta que ellos necesitan más de nosotros que nosotros de ellos. Entonces vayamos por donde más les preocupe: la revisión de los acuerdos comerciales. La contundencia de ello no puede ser sino una decisión conjunta. Si no es toda la región, por lo menos que los países del ALBA y el MERCOSUR inicien aquello. Ojalá esto sirva para que el propio gobierno boliviano revise la presencia de Repsol y de todos los capitales españoles y europeos; pues lo que siempre han hecho, a nombre de inversión, es el saqueo indiscriminado de nuestra riqueza.

Dejar huérfanos a Bolivia, Ecuador, Venezuela y Argentina, es la apuesta geopolítica del incidente con el secuestro del avión presidencial en Europa; para de ese modo iniciar una definitiva recaptura gringa de su “patio trasero” (pues ya perdieron mucho en Medio Oriente). Si estos países -y Brasil- y la región en general no se dan cuenta de ello, quiere decir que nuestra vocación colonial no está a la altura de esta oportunidad histórica. Cinco siglos después Europa vuelve a su condición periférica, ¿no será señal de que nosotros volvamos, de una vez por todas, a nuestra condición libre y soberana, anterior a la invasión europea?

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Las manifestaciones en Brasil: Un balance político

Bruno Lima Rocha - Julia Klein (BARÓMETRO INTERNACIONAL, especial para ARGENPRESS.info)

La movilización contra el aumento de las tarifas de transporte público tuvo inicio en Porto Alegre, en Río Grande del Sur. Entre marzo y abril de 2013, dos manifestaciones reunieron diversos grupos frente al Ayuntamiento de la capital gaúcha, pidiendo la reducción del valor de los pasajes de autobús. Las protestas en Porto Alegre dieron origen a una serie de eventos, llevando a cientos de miles de personas a las calles en todo el país. La acción policial durante los actos fue cada vez más agresiva, rebelando a la población brasilera. La mayoría de los manifestantes eran jóvenes, sin experiencia política y dieron la voz a diversas reivindicaciones de los brasileros. La lucha por la revisión de precios de los pasajes dio fuerza a otras solicitudes, como la disminución de los gastos para la Copa del Mundo, el mejoramiento de los servicios públicos y el fin de la corrupción en el país.

Al llegar a la capital paulista, San Pablo, el movimiento convocado en Porto Alegre por el Bloque de Lucha por el Transporte Público, y organizado por el Movimiento Pase Libre (MPL) que se coordina a nivel nacional desde enero de 2005. Al llegar a Río de Janeiro y en San Pablo, la lucha puntual extrapola una pauta específica y se nacionaliza. Por eso la presidenta Dilma Rousseff convoca al MPL de algunas capitales, buscando dialogar con este sector legítimo, con gran capacidad de convocatoria y no pro gobierno.

El Movimiento Pase Libre, Dilma y la cabra en la sala

La reunión que el Movimiento Pase Libre tuvo con la presidenta Dilma Rousseff ocurrió el día 24 de junio, antes que la Jefe de Estado se reuniera con gobernadores y alcaldes de diversas capitales. Al mismo tiempo que sería una ligereza no reconocer la importancia de estas reuniones, nos deja mucho más esperanzados la postura pública del MPL que los cinco puntos del proyecto de Dilma para, en teoría, sacar al país del impasse. La delegación del Movimiento presentó propuestas a la Jefa del Poder Ejecutivo e inquirió si Dilma conocía las bases del movimiento (ella las desconocía) y salió con la impresión que no estaba por llegar ninguna medida concreta.

Cuando la presidencia considera alguna demanda como razón de Estado, abre el abanico de maniobras para hacer posible tal realización. Así viene siendo con las obras de la Copa y también con la Usina de Belo Monte (represa hidroeléctrica en tierras indígenas de la Región Amazónica) a pesar de los impactos y daños ambientales irreversibles a consecuencia de su construcción.

Esta vez, a pesar de toda la confusión en las calles, de la mezcla de civismo y lucha popular, de la gran prensa insuflando elementos despolitizados y aumentando la pérdida de foco, del equívoco entre movimiento no-partidario y una postura totalizante anti-partidaria; se ve una luz.

Luego de la instancia con la presidenta, los delegados del Movimiento Pase Libre no quedaron impresionados con la dimensión que tomó la lucha, y menos todavía salieron con la guardia baja. Es interesante notar la buena capacidad de articulación entre el basamento teórico de la causa defendida (el transporte como un derecho y no como un negocio) y las relaciones con las otras demandas no atendidas en la última década.

Luego de diez años de co-gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) y otros partidos que antes fueran de izquierda, siempre aliados con lo peor de las oligarquías brasileras y sus grandes agentes económicos, los movimientos populares casi se desarmaron.

Es de la naturaleza de la política que las nuevas formas de organización social se conviertan en frentes sociales no manipulables. En la semana en que el núcleo duro del Poder Ejecutivo y su “vendedor de marketing” colocan una cabra en la sala, en el auge de la paranoia de los “golpes cibernéticos”, realmente la mejor noticia es saber que el Movimiento Pase Libre no se va a entregar.

Tres lecciones políticas de las protestas en Brasil

El Brasil ya no será como antes, no al menos en términos de cultura política. Después de diez años de apatía y 21 años sin manifestaciones masivas, el país se reencuentra con la lucha política de calle y de masas. Algunas lecciones fueron transmitidas, ente las cuales destacamos tres:

Primero, la noción de que los derechos fundamentales no son fruto de la acción institucional, y sí de la lucha colectiva. Dentro del rigor fiscal y de la contingencia de presupuestos públicos, una política distributiva es el fruto directo de la presión popular. De lo contrario, la rutina de las agendas burocráticas siempre supera a la mayoría silenciosa. Cuando una parte de esta mayoría se moviliza, los ocupantes de puestos clave en el Estado se ven contra la pared.

Segundo, la idea de auto organización. Este concepto, fundamental para el sindicalismo, también llamado de independencia de clase, estaba olvidado. NO cabría más colocar a la gente en la calle utilizando como vanguardia una enorme franja roja o amarilla, para hacer un desfile cívico-ciudadano con parlamentarios o candidatos a cargos electivos. Todavía estamos lejos de la consigna de Argentina en diciembre de 2001 (“que se vayan todos”) pero al menos esta instaurada la desconfianza en el proceso decisorio de los gabinetes y en el juego de los poderes constituidos.

Tercero, se nota que finalmente Internet cumple con su destino manifiesto: el de alcanzar a quien se encontraba atomizado, desorganizado. Este papel de hablar con la mayoría que no hace política día a día y se informa poco, fue posible a través de la red mundial de computadoras, en especial en las redes sociales. Las conversaciones entre personas conocidas, grupos afines por causas específicas o temáticas particulares, finalmente consiguió masificarse en Brasil. Hace cinco años participamos en una investigación de campo donde se apuntaba al uso diario de la Web entre jóvenes de 14 a 20 años. Este era banal, para fines privados y sin temas de fondo. Aumentó el tiempo de navegación y de uso de la Internet móvil. Proporcionalmente, el diez por ciento de millones de usuarios hicieron la diferencia en estas jornadas.

El saldo es positivo. La democracia representativa es ejercida por personas en cargos electivos, de confianza, comisión y grupos organizados en pro de los agentes económicos. La democracia que emerge de las calles brasileras es otra. No tiene “paciencia histórica” y aprendió la comprensión viendo el “caminar por arriba” “yaciendo y rodando”. Primero se presiona para después negociar márgenes de conquistas. Definitivamente esta es una nueva etapa política, pero sus avances dependen de la unidad de la izquierda que está a la izquierda del gobierno, por lo tanto no gubernista y sin haber pactado con lo peor de la oligarquía y de los agentes económicos brasileros a lo largo de estos últimos diez años. Respecto a esta posible unidad, elaboramos la conclusión de este texto.

Respecto a la unidad de las izquierdas en el momento actual, participamos algunas nociones básicas

1) La unidad de las izquierdas es cada vez más necesaria, pero dentro de esta unidad es imprescindible separar el pro gobierno de las izquierdas que no comparten el pacto de tal gobernabilidad.
2) Infelizmente los medios alternativos todavía ligados al gobierno y los militantes todavía sinceros que en ella militan, siempre parecen tener una condición binaria, creando así una falsa dicotomía: Las críticas a Dilma están ligadas a la derecha y abren camino al neoliberalismo, luego, tenemos que trabar la Unidad y pelear por la hegemonía del “gobierno en disputa”. La afirmación es falsa. No hay gobierno en disputa, menos todavía hegemonía en juego. Vivimos dos concepciones, donde el Consenso de Brasilia disputa con el Pos Consenso de Washington. Ninguno de estos proyectos es “de izquierda” sea cual sea la tradición evocada.
3) Al apuntar a esa condición binaria, se acaba por defender la vacilación. Ya vivimos antes ese momento, cuando el vacilante gobierno João-Jango- Goulart (1961-1964, seguido por el golpe militar del 10 de abril de 1964), del todavía más vacilante Partido Trabajador Brasilero (PBT, partido creado por Getulio Vargas y que tenía semejanzas con el Partido Justicialista de Argentina), varguista con posición dudosa, llevó a la clase trabajadora a recibir un Golpe de Estado sin condiciones para resistirlo)
4) El lema de la época era “¡manda brasa, presidente!” y la tragedia de la omisión política terminó con un caudillo en huída (Jango) y otro trasvertido frontera abajo (Leonel Brizola) y años para reorganizar los andrajos del Partido Comunista (entonces de línea Moscú, que se recusó a resistir en armas al Golpe). Los héroes y mártires de la lucha contra la dictadura pagaron ese precio por el pueblo brasilero.
5) Es hora de tener el valor de decir. Existen compañer@s válidos aún dentro del Partido de los Trabajadores. Éstos, por más reformistas que sean realmente creen en la socialización del poder y la renta. Insistimos, estas personas son valiosas, más ese partido y sus aliados ya no lo son. Menos todavía sus dirigentes políticos de carrera. Luego, no puede haber unidad con estos operadores políticos.
6) Las conquistas en forma de anuncios de futuras políticas públicas emergentes solo vienen porque ganamos las calles, a trancos y barrancos, pero ganamos, y por la izquierda, sin hacer coro o referencias a los pro gobierno. Esta es la única unidad de acción que interesa y ninguna otra.

Bruno Lima Rocha es politólogo, periodista y docente de relaciones internacionales, Julia Klein es periodista.

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Los pueblos votan las propuestas que les aseguran la masividad de las políticas sociales (II)

Mario Hernandez (especial para ARGENPRESS.info)

A 10 años de gobierno kirchnerista entrevistamos a Julio Gambina, economista de izquierda.

Mario Hernandez (MH): Estábamos escuchando a Adriana Tula en “Copla y viento” y “El anhelo de tu pañuelo” en voz, con el acompañamiento de Colacho Brizuela en guitarras, Tukuta Gordillo en sikus, Rubén Lobo en batería, quien también acompañó a Mercedes Sosa, entre otros. Hoy abandonamos el rock nacional en las próximas dos horas para escuchar a esta folclorista tucumana que esperamos tener próximamente en vivo en FM La Boca.
Ahora lo prometido. Estamos en comunicación con Julio Gambina cumpliendo con un compromiso que hicimos a la audiencia hace tres semanas atrás. Voy a hacer de abogado del diablo en defensa de la sojización, la megaminería, el fracking, etc., pero antes me gustaría que nos dieras tu opinión sobre los últimos acontecimientos en Brasil.

Sin movilización popular no hay posibilidad que cambie nada

Julio Gambina (JG): En primer lugar es un gran acontecimiento popular, son grandes movilizaciones sociales, estamos hablando de más de un millón de personas en las principales ciudades y ya han generado una propuesta de movilización nacional de las principales centrales sindicales para el próximo 11 de julio.
Pensar que en Brasil se movilicen las grandes centrales sindicales es lo más parecido a un paro nacional y está dando cuenta de una nueva situación en ese país. Brasil no tiene la tradición argentina de paros nacionales, de movilizaciones, de una organización sindical puesta en la calle. Por eso tenés un acontecimiento de nuevo tipo donde aparece un nuevo sujeto social, popular, juvenil, de las favelas, que reclama en principio por el transporte pero las reivindicaciones se han extendido a la salud, la educación, etc. Lo que se pone en cuestionamiento en los sectores más radicalizados es la propia mercantilización. Piensen que no solo critican los pocos centavos de aumento del transporte, sino que plantean el Pase Libre, es decir, la gratuidad del servicio. La vez pasada habíamos hablado de que una consigna a levantar en esta época es la desmercantilización porque lo contrario es la pérdida de derechos, la creciente mercantilización de la educación, por ejemplo, donde cada vez pesa más la educación privada en Argentina, Brasil, en toda América Latina y el mundo. Lo mismo sucede con la salud y, por lo tanto, la mercantilización de la salud y la educación son hechos.
En el caso del transporte es gravísimo. En nuestro país con los accidentes ferroviarios lo tenemos claro. Hay que pensar que salud, educación, transporte son derechos de la sociedad. La energía también lo es. Cuando una parte de la sociedad brasileña sale a las calles para reclamar contra la mercantilización quiero leerla como una lucha anticapitalista aunque muchos de los movilizados no tengan suficiente conciencia de lo que significa luchar por el pase libre en el transporte, por un boleto gratuito y aunque haya sectores de la derecha como es el caso de la prensa monopólica, que se apoya para aprovechar a debilitar un gobierno que no es propio.
Los medios de comunicación, la derecha no confían en el gobierno de Dilma como no confiaban en Lula y aprovechan la movilización popular para tratar de debilitarlo política, institucional y electoralmente, tratando de acumular fuerzas para volver a un estado de situación deseable para las clases dominantes.
Enfatizo esto, porque aunque la derecha y los medios de comunicación juegan, no hay que confundirse que lo principal es una gran movilización popular en Brasil, incluso algunos sectores más tradicionales de organización y lucha, como es el caso de las centrales sindicales, salieron a posteriori y el mismo Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST) también hizo una especie de comentario crítico porque no se movió de entrada acompañando la movilización, aunque la ha visto con gran satisfacción y no solo acuerda con las reivindicaciones principales sino que en los lugares donde tiene fuerza se ha incorporado y participado activamente, empujando un proceso de radicalización de las demandas y aprovechando para presionar sobre cuestiones débiles planteadas como es el caso de la reforma agraria. El movimiento popular brasileño ha dinamizado a toda una parte del movimiento de izquierda más radicalizado para moverse en una dinámica de confrontación con las clases dominantes.
Parecía que los gobiernos de Lula y Dilma se corrían progresivamente hacia el centro, centro-derecha y derecha para generar gobernabilidad y ganar votos. Hay un libro recientemente publicado con un reportaje a Lula donde dice que no estaba muy de acuerdo con una Carta al pueblo brasileño que se difundió en el 2002 para ganar votos de centro y derecha, pero reconoce que fue acertada.
Esta movilización viene a contrarrestar esta opinión de Lula y a llamarle la atención al gobierno del PT, que en tanto partido de los trabajadores, si quiere seguir gobernando Brasil en este sentido, no alcanza con noticias de crecimiento de la economía ni con políticas sociales masivas como “Bolsa Familia”, que le ha permitido ingresos a una parte de la población, sino que ésta está demandando más desmercantilización. Insisto en esto porque en los últimos cuarenta años se instaló ideológicamente, desde el golpe de Estado en Chile en 1973, que lo más eficiente para la organización económica de la sociedad es el mercado que no es otra cosa que la dominación de los poderosos, de las transnacionales y de los organismos internacionales que generan proyectos, programas y propuestas para satisfacer las necesidades del gran capital, por lo tanto, la señal del movimiento popular brasileño, ese gigante de gran cantidad de población, el más poblado de América Latina, es que no se conforma con datos oficiales de una macroeconomía creciente, de un Brasil que se presenta como quinta potencia industrial, como parte de una nueva dinámica que disputa hegemonía mundial junto a China, India, los llamados BRICS, sino que la sociedad quiere más derechos, satisfacer necesidades y por eso apunta a la desmercantilización.
Es un gran tema que la izquierda mundial tiene que asumir. Esto sostuvo Ernesto “Che” Guevara en 1964 en los debates en Cuba donde proponía como política de organización económica tratar de ir contra la Ley del valor, la ley por excelencia de organización del mercado, que explica el intercambio de mercancías en la sociedad capitalista y, por lo tanto, ir contra ambos, contra la mercantilización, es un tema importante y creo que Brasil nos deja enseñanzas enormes. Como dicen varios amigos y compañeros de militancia y reflexión, ojalá Brasil termine impactando en Argentina, sobre todo en este tiempo donde todo es lucha electoral, conquista de votos, generar sintonía y seducción con los votantes.
Lo importante es una reflexión profunda para que se vea que el problema es el capitalismo, la mercantilización y, por lo tanto, lo que hay que intentar es disputar por otro orden social. Eso se está cocinando en Brasil, lo que no quiere decir que termine siendo exitosa una propuesta popular, antiimperialista, anticapitalista que construya socialismo en Brasil, pero sin movilización popular no hay posibilidad que cambie nada.

MH: El 11 voy a estar llegando a Brasil para participar de un Congreso de fábricas recuperadas, así que voy a poder ver de cerca la movilización a la que hacías referencia. Qué extraño. La única vez que fui a Brasil en 1984 participé de la gran movilización por las ¡Direitas Ya!, en Río de Janeiro, en abril, y ahora vuelvo a vivir un acontecimiento similar.

JG: El tema que señalás de 1984 era una reivindicación por la democratización y hay que enfatizar el fenómeno porque de nuevo Brasil nos está poniendo agenda en América Latina y el mundo, sobre la cuestión de la democratización en un primer lugar. No solo la democratización de la política sino de la economía. Cuando se está pidiendo transporte gratuito se está pensando en los sectores populares. Los que usan el transporte público de pasajeros en Buenos Aires y en cualquier parte del mundo son los sectores de menores recursos, aquéllos que están más necesitados, por lo tanto, generar una conciencia de que la sociedad se haga cargo de resolver esa demanda de los sectores más empobrecidos, es poner una propuesta de agenda política, institucional, económica y social de magnitud.

MH: Te había lanzado un desafío la última vez que te entrevisté respecto de las políticas que podríamos denominar neo-extractivistas que son llevadas adelante por los gobiernos llamados progresistas en América Latina, por los que no son progresistas también, pero en particular me interesan los casos de Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela. Dije que iba a hacer de abogado del diablo, entonces voy a arrancar preguntándote si no hay un vínculo estrecho entre la Asignación Universal por Hijo (AUH) y las retenciones agropecuarias en nuestro país.

JG: Totalmente de acuerdo, no necesitás ser abogado del diablo, lo hemos escrito y en realidad inspirado en un escrito de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) que hace ya un par de años estudió qué es lo que pasa en toda América Latina y concluyó que países tan distintos como Colombia y Venezuela, Chile gobernado por la derecha, por Piñera o Uruguay, gobernado por el Frente Amplio, por mencionar enfoques políticos de gobierno diferenciados en la región, lo que podríamos llamar gobiernos de derecha en América Latina como el colombiano, el chileno, el peruano o el mexicano y gobiernos de izquierda como el venezolano, boliviano y ecuatoriano, y gobiernos que pueden ubicarlos como quieran nuestros oyentes, pero podríamos decir en el medio, en disputa, como Uruguay, Brasil y Argentina, todos tienen políticas sociales masivas y la condición de posibilidad, como la Asignación Universal por Hijo en Argentina, el bono Juancito Pinto en Bolivia, La Bolsa Familia de Brasil, o nombres distintos que tienen todos esos planes en la región, son producto del superávit fiscal por la situación especial de riqueza natural, extendida y explotada por las transnacionales en todos los países que mencioné, a izquierda y derecha.
Acá hay un problema estructural, que no empieza con los gobiernos actuales, sean de derecha como el de Piñera, del Frente Amplio de Mujica o el argentino actual. Acá se generaron condiciones históricas de inserción de América Latina en el capitalismo mundial hacia 1600/1700/1800, para una inserción subordinada como productores de materias primas. Hay que pensar que Potosí hacia 1810 tenía 200.000 habitantes cuando Buenos Aires, en plena Revolución de Mayo, apenas llegaba a 25/30.000. Potosí era una gran urbe hacia 1810 y fue superexplotada, destruida su población indígena nativa y la naturaleza en la que había cantidad de minerales. En la actualidad, América Latina ha vuelto, y no estoy hablando del 2013, sino de fines del siglo XX, comienzos del XXI, a ser un proveedor privilegiado de recursos naturales al sistema capitalista mundial, sea EE. UU., Europa o el desarrollo capitalista que empujan los BRICS, sea China o India.
Chile es el gran proveedor mundial de cobre como Bolivia es el gran reservorio de litio en el mundo, en segundo lugar está Argentina, que a su vez lo es de hidrocarburos no-convencionales, que anima a Chevron a invertir en nuestro país y hoy cuando ves el debate electoral, Massa que aparece como crítico del gobierno, dice: ‘hay que abrir las puertas a la inversión externa para explotar los hidrocarburos no-convencionales en Argentina’, profundizando la explotación extractivista, afectando la naturaleza y a las poblaciones que crecientemente en Argentina están rechazando la tecnología del fracking, en tanto y en cuanto se van enterando de lo que significa.
Por ahora, el rechazo se da en pequeños pueblos y ciudades de la Patagonia, donde los Consejos Deliberantes por unanimidad, incluyendo a la fuerza de gobierno, están rechazando este tipo de tecnología contaminante.

MH: José Luis Gioja, gobernador de San Juan, que impulsa la megaminería en su territorio, fue el más votado. Los pobres urbanos en América Latina, son la base social y electoral de todos los gobiernos que mencionastes. Inclusive hubo expresiones que se han presentado como alternativas de izquierda, por ejemplo, el caso de Marina Silva en Brasil o Alberto Acosta en Ecuador y fracasaron. No quiero mencionar a Pino Solanas porque desubicaría a los oyentes respecto de su posición actual, aunque en algún momento también se ubicó en ese lugar.

JG: Me faltaba decirte que en el estudio de la CEPAL terminan diciendo que a izquierda y derecha en América Latina se mantienen las políticas sociales masivas porque aportan al consenso electoral de las poblaciones de esos países. Los pueblos terminan votando aquellas propuestas que les aseguran la masividad de las políticas sociales.
Esto dificulta la constitución de un sujeto popular, por ejemplo, a Alberto Acosta, quien pese a estar rodeado de movimientos indígenas, campesinos, de trabajadores, de una base intelectual más o menos ampliada, de un programa más o menos desarrollado para el Ecuador, o en el caso de Marina Silva en Brasil que es parecido, no alcanzan a constituirse en propuestas populares extendidas porque no queda claro en la constitución de un sujeto popular movilizado. Por eso enfaticé tanto lo que ocurre en Brasil porque te demuestra que al brasileño que se moviliza no le alcanza la política social masiva sino que quiere ir por todo. Esto es lo importante.
Te insistí con lo de Pino porque con estas alianzas electorales se está equivocando porque sigue diciendo lo mismo contra el fracking, es más, está filmando una película, pero se choca con una alianza, que él dice que es transitoria, con quienes se aliaron con Lavagna en el 2005 o con De Narváez en el 2011.

En Argentina está haciendo falta discutir alternativa política

MH: Y que ayudaron, como es el caso de Prat Gay a fugar dólares, cuando era un alto directivo de la Banca Morgan, a través del Aeropuerto de Ezeiza en diciembre del 2001. Me indigna ver las pintadas con la estrella roja de cinco puntas y a Prat Gay + Victoria Donda.

JG: Me parece importante que conversemos estos temas y lo hagamos con altura discutiendo con los mismos protagonistas porque uno puede pensar con toda la sana y buena intención de ganar espacio electoral, pero para mí va a contramano del sentido principal de lo que decíamos al comienzo de la nota sobre qué nos deja la enseñanza de Brasil.
Yo creo que hoy tenés un escenario electoral en Argentina que está llevando el debate al terreno que quieren las clases dominantes de cómo normalizar el sistema capitalista en nuestro país, cómo hacer un capitalismo serio, normal y, por lo tanto, el gobierno aparece a la izquierda de una oposición que está levantando banderas republicanas, liberales, que en las propuestas económicas, en general, terminan planteando ajustes contra los trabajadores, disminución del gasto público, libertad de movimiento de los capitales, por eso se enfrentan a la cuestión del control del dólar, terminan pidiendo devaluación y, por lo tanto, el debate político electoral queda como una cuestión entre el gobierno y la oposición. Lo que está haciendo falta en Argentina es discutir alternativa política.
Es interesante que una parte del FAP no haya aceptado el convite de esa alianza UNEN, que parece un remedo de la Alianza del ’99 contra Menem, del gobierno de De la Rúa o cualquier otro atajo. No hay atajo para construir alternativa política.

MH: El discurso dominante es que no hay otra alternativa. Por eso hay que hacer extractivismo, sojización, etc.

JG: América Latina está entrampada…

MH: Insisto en esto, porque cuando te oponés a estas políticas te dicen que sos antimoderno, negás el progreso, sos un ecologista infantil, pachamamista, etc.

JG: Hay que llevar muchos argumentos y recordar a todos que este extractivismo contemporáneo primero fue permeado por reformas estructurales, se generaron las condiciones institucionales con la reforma del Código Minero en Argentina, por ejemplo, con los permisos para los transgénicos en la década del ’90, con Menem. El gran crecimiento argentino en la actualidad se explica por la megaminería a cielo abierto, la expansión de la sojización que está consolidada en el Plan Alimentario 2020, lo mismo que el Plan Industrial con una Argentina armaduría, más que de producción, de ensamble. La industria automotriz argentina no es para promover las autopartes como en los ‘60/’70, para vender automotores en el mercado interno, sino para favorecer el negocio de las terminales transnacionales y generar una política de enclave para exportar autos. El Salón del Automotor que acaba de terminar en Buenos Aires, con autos de última generación, que no están pensados para que los compren los trabajadores argentinos tal como en los ‘60/’70, cuando también los compraban los pequeños y medianos empresarios. Había una difusión de una industrialización para el mercado interno. La industria contemporánea, no solo de Argentina, sino de toda la región es para una inserción subordinada a la economía mundial.
El tema de esta modernización que nos plantean es para llenarse de dinero, de ganancias, los Monsanto, los Cargill, Syngenta, las grandes transnacionales de la alimentación y la biotecnología que son los que se benefician y, obviamente, se asientan en el poder tradicional oligárquico, de los terratenientes y que ahora subsumen a los pequeños propietarios de tierra que terminan alquilando a los pool de siembra. Por lo tanto, el modelo productivo de nuestro país, o de cualquier otro de Sudamérica, es un modelo productivo que está impuesto por las condiciones institucionales que se generaron en los ’80 y ’90 para que se despliegue con mucha fuerza.
Uno de los investigadores de la Fundación de Investigación Social y Política (FISYP) que está haciendo su tesis de posgrado sobre el tema del agronegocio y estudiando la orientación crediticia del BM, dice que hay que estudiar a quién le presta para ver cuál es la orientación de EE. UU. que domina la institución crediticia, en primer lugar, y de las clases dominantes a escala mundial, cuáles son los modelos productivos internacionales.
Vos tenés que el BM en los ’90 dio préstamos en Argentina para la reforma del Estado, para el ajuste estructural y en la actualidad, en el siglo XXI, en los gobiernos kichneristas para ser mucho más concretos, la orientación ha sido reorientar el modelo agropecuario para desarrollar infraestructura que permita la salida de producción primaria, principalmente de la zona de la pampa húmeda y el norte. Pensá que la soja se ha expandido de la pampa húmeda hacia el Chaco y, por lo tanto, los créditos del BM financian el desarrollo de la infraestructura necesaria, carreteras, etc.

MH: Te agrego la revalorización del transporte ferroviario.

JG: Si uno piensa en Urquía, senador del kirchnerismo, que fue noticia en la crisis del 2008, es el productor Nº 1 a través de su Compañía General Deheza, provincia de Córdoba, de aceite de soja en Argentina y tiene un tren privado que saca la producción del interior de esa provincia y la deposita en el puerto de Rosario, el principal puerto de salida de la producción primaria y de derivados de soja, entre ellos el aceite. Agregá que la terminal portuaria también es privada. Te quiero señalar que este gran empresario monopólico del aceite de soja, que lo industrializa, kirchnerista políticamente, que es parte del Poder legislativo y la política de estos años, si no tenía la privatización menemista del puerto y los ferrocarriles, hoy no tendría cómo canalizar su producción que realiza en el interior de la provincia de Córdoba, con lo cual quiero señalar que el BM, en tanto y en cuanto poder mundial subordinado a EE. UU., porque el presidente del BM siempre es un estadounidense, desde que se creó a la salida de la II Guerra Mundial hasta la actualidad, y sus préstamos fueron en los ’90 para esas reformas estructurales y en la actualidad para promover este tipo de modelo productivo en el campo que incluye créditos a los pequeños y medianos productores para generar eficacia y competitividad. Son palabras que caen muy bien en el oído de un pequeño productor que es inducido a dejar los cultivos regionales como algodón en Chaco, frutillas en Coronda o papa en Balcarce.

A la izquierda del gobierno hay un amplio espectro que intenta organizarse y luchar

MH: Te quedan tres minutos para plantear las alternativas a ver si dejamos una luz de esperanza.

JG: Tu propuesta inicial era interesante. Decías voy a hacer de abogado del diablo porque hay muchos argumentos a favor de este modelo productivo. Incluso señalaste que San Juan tiene el gobernador más votado porque la población quiere resolver necesidades inmediatas y entonces no le importa si se destruye la cordillera de los Andes, lo que importa es que haya recursos para poder ir al supermercado todos los días. Mientras tenga dinero en el bolsillo acepta cualquier modelo productivo y de desarrollo.
Yo sostengo que lo primero que tenemos que discutir en Argentina, incluso con gente de nuestro amplio espectro y espacio político, que creen que el tema es llegar a ser concejales, diputados, intendentes y está bien ganar posiciones institucionales, pero hay que hacerlo con un pueblo movilizado, por eso la primera propuesta es tener un diagnóstico claro de lo que está pasando, adónde nos están llevando y si no lo queremos, hay que construir alternativa política. No hay atajo.
En este escenario político electoral hay que denunciar que nos están metiendo en un debate gobierno u oposición. Entonces, aquél te dice al oído: ‘no te mezclés con la oposición porque eso camina para la derecha’ y hay quienes te dicen que a la izquierda del gobierno hay una pared. Falso. Hay un amplio espectro que intenta organizarse, lucha por No a Famatina, no al fracking, a la sojización, a los pueblos fumigados, a la contaminación, a Botnia. Hay muchos no y hay que construirlos como sí.
La propuesta alternativa es trabajar por la soberanía alimentaria, energética, financiera, son sí que la sociedad mundial está construyendo y por eso me entusiasmo cuando veo que en Brasil se levanta la voz por la desmercantilización. Imaginate que en Argentina fuéramos capaces de levantar un movimiento popular masivo que reivindique la salud y la educación públicas, el transporte y la energía públicas, ahora que hace mucho frío y los pobres se calefaccionan con el gas en garrafa que es el más caro.

MH: O por un plan de energías alternativas como la solar y los vientos, donde Argentina tiene un gran potencial, entre los más grandes del mundo, y no hay un proyecto a pesar de los grandes problemas y gastos que tenemos de energía.

JG: Esta semana hubo una reunión de la Federación de Trabajadores de la Energía (FETERA) de la CTA, en La Pampa, y han sacado un pronunciamiento bien claro en el mismo sentido de lo que estás diciendo, con lo cual la expectativa esperanzadora es que en Argentina hay muchísima gente que se organiza y lucha por otro modelo productivo, de desarrollo y que experiencias como las de Brasil o Turquía están mostrando que estamos en un tiempo donde no solo hay proyecto neoliberal, el que comenzó en Chile hace 40 años con terrorismo de Estado, sino que hay un movimiento popular que con muchísimas dificultades está buscando una orientación para definir un rumbo alternativo.
Me parece que es un tiempo para argumentar, para dar muchas opiniones, para debatir francamente y mejorar las argumentaciones porque no alcanza con consignas.

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El Gran Hermano de la Argentina de los K

A. Guerrero (PRENSA OBRERA, especial para ARGENPRESS.info)

La NSA, el servicio de inteligencia norteamericano para el que trabajaba Snowden, actuaba en colaboración con el espionaje europeo. Julian Assange denuncia la “agresividad” de los espías argentinos. Un oficial del Proyecto X al frente del Ejército.

“Es así como operan los servicios de inteligencia”, dijo Barack Obama en Tanzania, para responder a los indignados pedidos de explicaciones de los gobiernos europeos por el sistema de espionaje organizado por los Estados Unidos y denunciado por el ex agente Edward Snowden, que afecta incluso a los Estados de la Unión Europea (Folha de S. Paulo, 2/7). Por supuesto, antes de lanzar esa peculiar confesión, Obama había negado que el aparato de inteligencia de Washington espiara a sus aliados de Europa, pero lo que vale es eso: “Así operan los servicios de inteligencia”.

No es cierto que entre bueyes no haya cornadas. Las hay y pueden ser fortísimas, sobre todo en tiempos de crisis. Sin embargo, las cornadas no pasarán en este caso de unos cuantos gritos más o menos sonoros. Francia, Alemania e Italia, por ejemplo, pidieron explicaciones a Obama y algunos hasta amenazaron con suspender las negociaciones por el acuerdo comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea. Pero, si ese acuerdo corre peligro no es por el espionaje, sino por la crisis que adquiere, cada vez más, características de guerra comercial.

Seguramente por eso, el presidente de la Comisión Europea (CE), José Manuel Durâo Barroso, dijo impulsar el esclarecimiento del espionaje “pero abogó, al igual que grupos conservadores y la canciller alemana, Angela Merkel, por seguir adelante con las negociaciones” (Tiempo Argentino, 4/7).

En materia de espionaje, nadie tiene derecho al pataleo. Días después de conocerse la denuncia de Snowden, el vespertino francés Le Monde explicó que Francia hace lo mismo con su propio sistema de inteligencia. “La totalidad de nuestras comunicaciones son espiadas -dice el diario parisino. El conjunto de los e-mails, SMS, los listados telefónicos, los accesos a Facebook y Twitter son conservados durante años” (véase Página/12, 8/7). Por su lado, el semanario alemán Der Spiegel informa que “la NSA norteamericana (el servicio al cual pertenecía Snowden) trabaja mano a mano con los alemanes y otros países occidentales”.

Esa sociedad de espías internacionales, ese Gran Hermano en el cual todos intentan convertir al mundo, explica el encarnizamiento con el cual Estados Unidos y sus aliados europeos -es decir, hasta los espiados- persiguen a Snowden, convertido en un paria sin visado en la zona de pasajeros en tránsito de un aeropuerto de Moscú. Ese tipo de denuncias, esas filtraciones, sí ponen en peligro todo un andamiaje que por definición exige el secreto y, por eso, ninguno de ellos puede permitirlo. Esa persecución implacable es sufrida en carne propia también por Julian Assange y por el soldado Bradley Manning, encarcelado en Estados Unidos.

¿Cómo andamos por casa?

“Quédense tranquilos, salvo que estén haciendo algo que no corresponda. Ahí sí, puede ser que estén en el Proyecto X”, dijo tiempo atrás la Presidenta al conocerse el plan de espionaje interno organizado por su entonces ministra de Seguridad, Nilda Garré, con el aparato de inteligencia de Gendarmería Nacional.

Mientras tanto, Julian Assange, refugiado desde hace un año en la embajada de Ecuador en Londres por haber revelado una enorme cantidad de información de inteligencia, dijo, en una entrevista con Infobae, que la Argentina tiene el sistema de espionaje “más agresivo” de América Latina. Assange se refería al Sistema de Federal de Identificación Biométrica (Sibios) que se puso en funcionamiento aquí y permite llevar un registro de datos personales, huellas dactilares e imágenes faciales de los ciudadanos.

Según la Presidenta, el Sibios permitirá “luchar contra el delito” con mayor eficacia. Seguramente, la señora alude a quienes hagan “algo incorrecto”, al igual que quienes van a parar al Proyecto X.

Ahora, para mejorar esa eficacia, ha puesto al frente del Ejército al general César Milani, jefe de Inteligencia de esa fuerza desde 2007. Milani se dedica al espionaje desde su lejana juventud: en 1976 ya era oficial de esa área, y en tal condición tomó parte del Operativo Independencia, dedicado, con la excusa de combatir a un insignificante foco guerrillero instalado en el monte tucumano, a perseguir, secuestrar, torturar y asesinar activistas obreros y estudiantiles.

En la interna militar, Milani estaba entre los oficiales superiores más próximos a Garré cuando esta mujer era ministra de Defensa. En otras palabras: es uno de los generales vinculados más íntimamente con el Proyecto X, con el espionaje a militantes sociales, políticos, periodistas e incluso funcionarios del oficialismo a los que se quiere tener de rehenes para que no digan inconveniencias.

Resulta obligatorio organizar una campaña internacional por la liberta de Manning y el cese de las persecuciones a Assange y Snowden, y, para empezar por casa, exigir el desmantelamiento de un aparato de inteligencia -que, además, muestra por todos sus costados supervivencias de la dictadura- orientado a perseguir a los luchadores sociales cuando esa lucha, precisamente, recrudece.

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El hambre es un crimen. Omar Giuliani: “Si para que los pibes coman hay que protestar, está claro que la niñez no es la prioridad”

ACTA

Fuimos al Ruca Hueney en General Rodríguez y, luego de un caliente guiso de arroz con lentejas, charlamos con Omar Giuliani, quien además de coordinar el hogar infantil integra la Mesa de la CTA de la provincia de Buenos Aires. He aquí lo que dijo. Pase y lea.

- El principal conflicto es que no tenemos políticas públicas serias para nuestros pibes, y eso se ve expresado en que desde hace 6 meses, desde diciembre, no cobramos las becas. Eso quiere decir que el abandono hacia nuestr@s pib@s tiene que ver con una lógica del gobierno provincial, que considera que la problemáticas de los chicos y chicas se resuelven a través de la criminalización de la pobreza. Porque es el mismo gobierno que en vez de pagar a los hogares asistenciales, insiste en bajar la edad de imputabilidad. Y que el año pasado invirtió aún más en “cárcel de menores” como ellos las llaman. Entonces el problema es grave, porque si nos cuesta trabajar, educarnos, viajar, tener salud y vivienda digna, es porque el gobierno quiere solucionar el problema de la niñez a través de la represión.

-¿Ruca Hueney como todos los hogares de la provincia de Buenos Aires, funcionan, o deberían funcionar, con el pago de las becas que el gobierno abona por cada chico o chica?

- Ya desde el vamos es una vergüenza, porque para nosotros nunca existió paritarias, ni actualización de la canasta básica de alimentos. Se podría decir que nuestros pibes no fueron quienes se beneficiaron con la “década ganada”. Porque además de estar marginados, el propio estado los marginas más. Nos quieren meter en un lugar de caridad, y de dádiva, cuando en realidad tiene una responsabilidad este Estado, pero son las organizaciones sociales quienes se estan haciendo cargo de bancar a nuestros hijos, con vivienda, educación y agua potable.

- ¿Contabas que desde hace mucho tiempo no veías chicos que no sepan usar baños, lo que te denota la situación de l@s pib@s?

-Hay un deterioro cultural muy importante. Hoy estamos recibiendo a los hijos de los pibes que expulsó el neoliberalismo, y los nietos de quienes expulsó la dictadura. Es una destrucción sin parar de nuestra clase trabajadora. Cada vez más se observa en nuestros pibes un deterioro cultural enorme, no es casual que las escuelas son diferentes en el centro de la ciudad y en la periferia, no es casual que exista la promoción social en las escuelas cuando hay pibes que no tienen capacidad para aprender porque no están bien alimentados, o porque no fueron estimulados. Este es un proceso que trajo la dictadura, que profundizó el neoliberalismo y que en esta última década no se paró, se sigue profundizando con nuestros pibes.

Es en esta situación, que tenemos que soportar cosas obscenas como que el ministro Navarro firme un protocolo con UNICEF para el tratamiento de la violencia hacia nuestros pibes, cuando el principal violento es nuestro propio Estado, porque si hace 6 meses que no pagan para que los chicos coman el responsable está claro.

-¿Con la lucha y los reclamos se solucionan los problemas?

- En verdad desde provincia dicen que es un problema que está enmarcado en la disputa con Nación, en la pelea del partido gobernante y que no le giran los fondos. Y la verdad, es grave que un funcionario diga que no tiene como resolver la vida cotidiana de 9.000 pibes y pibas que tienen becas en la provincia. Cada vez que protestamos o cortamos la calle aparece la plata. Eso quiere decir que guita hay, y también quiere decir que nuestros pibes hoy no son prioridad, porque el gobierno pone la plata donde más le importa. Y es difícil pensar que un país que dice que está ganando una década, hoy no sea la prioridad sus hijos.

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Por la secularización del calendario escolar oficial en Mendoza

Federico Mare (MDZOL)

Debate sobre las celebraciones religiosas en las escuelas de la provincia y una decisión judicial.

A la memoria de Florencia Fossatti

De acuerdo a la Primera encuesta sobre creencias y actitudes religiosas en Argentina,1 en el Nuevo Cuyo las minorías no católicas representan el 17,4% de la población, y dentro de la mayoría nominalmente católica, la feligresía practicante no llega al 25% del total de habitantes. Las iglesias evangélicas reúnen al 11,8%; el segmento irreligioso (personas agnósticas, ateas e indiferentes), al 5,3%; y el resto de los credos (judaísmo, islamismo, cristianismo ortodoxo, budismo, etc.), al 0,4%. Tan sólo el 29,4% asiste con asiduidad a los lugares de culto, y apenas el 20,1% canaliza su fe a través de instituciones religiosas, razón por la cual es lícito inferir –haciendo una proyección estimativa– que el catolicismo practicante, en la región cuyana, oscilaría entre el 17 y 24%.2 En lo que se refiere al culto a la Virgen y los santos, el 58% (sic) de las personas encuestadas –católicas en su mayoría– manifestó no haber participado de él durante el último año.3

Sin embargo, la Dirección General de Escuelas hace caso omiso de esta compleja realidad sociocultural, y actúa como si en Mendoza las creencias y prácticas católicas fuesen tan unánimes y ubicuas como en los lejanos tiempos de la Colonia. Aunque injustificable, resulta comprensible: el anacronismo y el confesionalismo suelen ir de la mano. Comprensible, pero también preocupante, y mucho, puesto que de la DGE depende nada menos que la escolarización de las nuevas generaciones de mendocinos y mendocinas. ¿Qué clase de educación pública es aquélla que hace proselitismo religioso y privilegia a un sector de la sociedad en desmedro del pluralismo y la interculturalidad? ¿Qué clase de educación pública es aquélla que conculca la libertad de conciencia y pensamiento, que vulnera la igualdad de trato y no respeta plenamente a las minorías religiosas e irreligiosas de Mendoza?

Hace muy mal la DGE en incluir dentro del calendario escolar oficial el Día del Patrono Santiago y el Día de la Virgen del Carmen de Cuyo.4 En Mendoza la educación pública es laica, y dichas efemérides son de carácter exclusivamente católico-romano. Estando plenamente asegurada la libertad de culto merced al art. 14 de la Constitución Nacional y el art. 6 de la carta magna provincial, las personas e instituciones privadas de la comunidad educativa que, siendo devotas a la Virgen del Carmen y al Patrono Santiago, deseen celebrar el 25 de julio y el 8 de septiembre, pueden hacerlo perfectamente sin necesidad de que el gobierno provincial se extralimite imponiéndoles a todo el estudiantado y personal docente, directivo y no docente de los establecimientos estatales –haciendo tabla rasa autoritariamente con la diversidad de cosmovisiones– feriados y actos conmemorativos ostensiblemente sectoriales, propios del santoral católico y ajenos por completo al calendario cívico.

Mendoza forma parte de Argentina, y Argentina es un país laico. Así lo establece la Constitución Nacional. En efecto, el art. 75 (inc. 22) señala expresamente que nuestro país adhiere a la Declaración Universal de Derechos Humanos, el Pacto de San José de Costa Rica, la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y la Convención sobre los Derechos del Niño, cinco tratados internacionales de primerísimo orden que consagran de manera categórica los principios de libertad de pensamiento y conciencia, la igualdad de trato y la no discriminación, así como también –pues constituyen su corolario– el derecho a la honra y dignidad personales y el respeto a las minorías, garantías fundamentales que son, a todas luces, incompatibles con el confesionalismo.5

En Mendoza la enseñanza pública es laica porque así lo establece expresamente su constitución (art. 212, inc. 1), y también –en conformidad con ella– la ley provincial de educación (art. 4, inc. c). Y así como la educación de ningún modo puede ser reducida al diseño curricular, puesto que abarca muchas otras aristas o dimensiones importantes de la cultura escolar (normas de convivencia, simbología y ceremonial, relación docente-estudiantes, etc.), tampoco la aplicación del principio de laicidad educativa debe jamás limitarse a la sola enseñanza de contenidos conceptuales dentro del aula. Los actos conmemorativos también forman parte de la educación. Y dado que las escuelas públicas de Mendoza son laicas, laico debe ser igualmente el calendario que regule su desenvolvimiento a lo largo del año lectivo.6

Es verdad que la DGE invoca una normativa jurídica para justificar la inclusión de ambas efemérides en el calendario escolar. Pero esa normativa está viciada de raíz, puesto que su origen es espurio, de facto; y su contenido, manifiestamente contrario a la letra y el espíritu de nuestra constitución. Se trata de dos decretos provinciales de la última dictadura militar –fechados el 6/9/76 y el 30/8/80– que, además de estar reñidos con la legitimidad democrática, resultan a todas luces incompatibles con la ética de derechos humanos que proclaman tanto la Constitución Nacional –y diversos tratados internacionales a los que Argentina ha suscrito–, como la carta magna de Mendoza.

Los sectores confesionalistas, se sabe, suelen apelar al remanido argumentum ad numerum. Aducen que el catolicismo en Mendoza es mayoritario, y que, por ende, el supremacismo católico sería democrático. Se trata, claramente, de una falacia, pues si el solo predominio numérico justificase legal y moralmente las políticas públicas, entonces el antisemitismo en la Alemania nazi debiera ser considerado legal y moralmente legítimo. Bien entendida, la civilidad democrática nunca podría reducirse al mero primado de la mayoría. Ella también supone –no hay que olvidarlo– el respeto de las libertades fundamentales y garantías constitucionales. A espaldas de las mayorías ciudadanas no hay democracia auténtica, cierto. Pero tampoco la hay a espaldas de los derechos humanos. Se convive en democracia únicamente cuando la soberanía popular y el pluralismo van de la mano.

Asimismo, el establishment confesionalista alega que la conmemoración de las mencionadas efemérides en las escuelas públicas no controvertiría el principio de laicidad educativa en tanto su contenido simbólico trascendería lo religioso en sí. Arguyen que ambos actos escolares poseen un plus de significación cultural que va más allá de la fe católica. En el caso del Día del Patrono Santiago, ese plus sería el sentido de pertenencia provincial, so pretexto de que la tradición católica atribuye a dicha figura legendaria el «santo patronazgo» sobre Mendoza. Y en el caso del Día de la Virgen del Carmen de Cuyo, el aditamento cultural extra-religioso estaría dado por la gesta sanmartiniana del Cruce de los Andes y el compromiso activo del pueblo cuyano con la causa de la emancipación sudamericana.7 Pero al menos en este caso, la dicotomía maniquea del todo o nada resulta falaz. Se trata de un falso dilema, habida cuenta que –como veremos enseguida– existe una tercera alternativa superadora, no sólo en el plano de las conjeturas teóricas, sino también a la luz de ejemplos prácticos muy concretos.

La coartada del confesionalismo resulta muy endeble, ante todo, porque conlleva el reconocimiento tácito de que el núcleo del imaginario de ambas conmemoraciones es confesional, católico. Nadie plantea que las significaciones del 25 de julio y el 8 de septiembre se reduzcan asépticamente a lo religioso. Claro que ellas poseen otros componentes culturales. Lo que se plantea es que sus significaciones, sin ser exclusivamente religiosas, son eminentemente religiosas, como las denominaciones mismas de ambas conmemoraciones lo delatan. Sugerir –como desgraciadamente se ha hecho– que el laicismo mendocino desprecia el sentido de pertenencia provincial y la gesta sanmartiniana no es más que una falacia de espantapájaros, una chicana.

Pero la coartada es también endeble por otra razón. Si fuese cierto que la renuencia de la DGE a suprimir ambas conmemoraciones del calendario escolar oficial no respondiera a una connivencia con el confesionalismo católico, sino al deseo bienintencionado de evitar que ese plus cultural extra-religioso se perdiese, ¿por qué no opta por secularizar dichas efemérides? ¿Por qué no toma la decisión política de redefinirlas en un sentido laico que resulte más inclusivo? Siguiendo el ejemplo de Uruguay, donde –por ej.– el 25 de diciembre es reconocido oficialmente como jornada no laborable bajo la denominación “Día de la Familia”,8 el 25 de julio y el 8 de septiembre –de haber buena voluntad– podrían ser redefinidos en su denominación y contenido como “Día de la Provincia de Mendoza” y “Día de la Gesta Sanmartiniana” respectivamente. De esa forma, los valores de civilidad que se desea promover (sentido de pertenencia provincial y rememoración de la gesta sanmartiniana) quedarían resguardados sin ninguna necesidad de perpetuar los antivalores de la incivilidad (supremacismo católico y conculcación de los derechos humanos tutelados por la laicidad).9

No obstante, preciso es admitir que la secularización de dichas conmemoraciones, aunque supondría un avance importante, no sería una solución ideal. Al fin de cuentas, las fechas seguirían siendo las mismas, y con razón se podría vislumbrar en esa continuidad de orden calendárico un solapado tributo a la vieja referencialidad confesional. De aquí que el reclamo de supresión lisa y llana de las efemérides del 25 de julio y 8 de septiembre resulte más que atendible, pues la preservación de aquellos elementos culturales extra-religiosos que –según se aduce– sería necesario preservar, podría ser hecha en fechas alternativas que no tengan ninguna connotación confesional y cuya elección resulte de un acuerdo general en el seno de toda la comunidad educativa. De hecho, la nómina entera de actos escolares conmemorativos –como materialización de la política de la memoria del sistema educativo– debiera ser fruto de ese amplio consenso democrático desde las bases y no una decisión administrativa unilateral.

Huelga aclarar que la redefinición oficial de ambas efemérides religiosas en un sentido laico y más inclusivo bajo ningún punto de vista sería un impedimento para que los colegios privados católicos continuaran conmemorándolas del mismo modo en que lo han hecho hasta ahora. No está en discusión la vigencia del derecho de libertad religiosa, sino el avasallamiento del principio de laicidad dentro de la escolaridad pública, en nombre de una libertad religiosa mal entendida, abusivamente conceptuada. Nada impediría a las instituciones educativas católicas celebrar el 25 de julio y el 8 de septiembre como los días del Patrono Santiago y de la Virgen del Carmen, es decir, religiosamente, de acuerdo al significado y al protocolo que ellas reivindiquen.

Conmemorar en las escuelas públicas los días del Patrono Santiago y de la Virgen del Carmen de Cuyo es rendir tributo a unas creencias que son patrimonio exclusivo del catolicismo romano, y que, por consiguiente, resultan extrañas y altamente controversiales para las otras cosmovisiones, sean ellas religiosas (protestantismo, judaísmo, islamismo, etc.) o irreligiosas (indiferentismo, deísmo, agnosticismo, ateísmo). Por otra parte, a diferencia de otras efemérides del santoral (Navidad y Reyes por ej.), las del 25 de julio y 8 de septiembre no han experimentado un proceso de secularización transcultural que las haya vuelto más inclusivas o menos confesionales. Fuera de los ámbitos estatales donde su conmemoración constituye un mandato oficial, únicamente la feligresía católica practicante se hace eco de las mismas, un segmento de la sociedad mendocina que –como ya se ha apuntado– está por debajo del 25%.

Es indudable que el catolicismo romano –con independencia de la valoración personal que se tenga de él– ha incidido, y mucho, en la conformación histórica de la cultura y la identidad argentinas. Nadie puede negar que muchas antiguas tradiciones de este país tienen su origen en creencias y prácticas de dicha religión. Ahora bien, la pregunta que debemos hacernos es si la «tradicionalidad» de una práctica cultural –es decir, su antigüedad o raigambre histórica– es razón suficiente para mantenerla en el presente. Pienso que no. El integrismo católico, en su afán de justificar la persistencia del confesionalismo en Mendoza, suele apelar a lo que en lógica se designa argumentum ad antiquitatem («argumento de antigüedad»), falacia medular del pensamiento conservador que consiste en afirmar –como hiciera Edmund Burke, el célebre crítico de la Revolución Francesa– que todo aquello que es tradicional o viene de antiguo es intrínsecamente bueno y debe ser preservado. ¿Cuál es el problema con este argumento? Que si se lo da por válido, habría que aceptar innumerables violaciones a los derechos humanos: el racismo, la xenofobia, el antisemitismo, la tortura, el imperialismo, la violencia de género, el terrorismo de Estado, la esclavitud, el genocidio, etc., dado que todas estas prácticas culturales tienen tras de sí una dilatada trayectoria histórica. Todas ellas entrañan viejas y arraigadas tradiciones que explican acabadamente su reproducción social, a lo largo del tiempo, hasta el presente. Se impone por tanto, a fin de no caer en el vale todo del relativismo cultural, la necesidad de discernir entre tradiciones deseables y no deseables, entre tradiciones compatibles con la civilidad de los derechos humanos y la convivencia democrática, y tradiciones que no lo son. Y para realizar ese saludable ejercicio de discernimiento, forzosamente ha de trascenderse la retórica tradicionalista y la demagogia patriotera mediante una reflexión ética racional de amplias miras humanísticas.10

De cualquier modo, la idea según la cual el catolicismo tiene algo así como el monopolio de la argentinidad es por demás discutible. A diferencia de otros países latinoamericanos, Argentina ha estado desde sus orígenes fuertemente influida por el liberalismo, en cuyo seno la laicidad ha gozado siempre de un lugar preeminente. Muchas de las concepciones y prácticas confesionalistas que hoy padecemos tienen en realidad una antigüedad harto discreta. Algunas apenas se remontan al decenio menemista y la última dictadura militar; otras, al Onganiato; un tercer grupo, al primer peronismo y los tres gobiernos de facto que lo precedieron entre 1943 y 1946; y un último grupo, el más añejo, a la Década Infame.11

Por todas estas razones, y porque considero que la plena vigencia de la laicidad –como principio jurídico y político– pero también ético y pedagógico, constituye un requisito esencial para la sana convivencia democrática, el pluralismo y la interculturalidad –en tanto y en cuanto protege y promueve la libertad de conciencia y expresión, la igualdad de trato y el respeto a las minorías–, hago un llamamiento en favor de la secularización del calendario escolar oficial hoy vigente en Mendoza. Obligar a más de 70 mil personas no católicas –personas que estudian o trabajan en la escuela pública–12 a participar de forma pasiva y reverencial en conmemoraciones extrañas y contrarias a lo que dicta su conciencia, representa no sólo un acto de prepotencia transido de autoritarismo, sino una verdadera afrenta a la dignidad humana. Que yo sepa, nadie estudia ni trabaja en las escuelas públicas las 24 horas del día los 365 días del año. Quienes asisten a dichos establecimientos y quieren rendir culto comunitario a la Virgen o los santos, pueden y deben hacerlo fuera del horario escolar en los numerosísimos lugares de culto que la Iglesia católica posee a lo largo y a lo ancho de la provincia. Pero jamás, en el ejercicio de su propia libertad religiosa, debieran cercenar la libertad religiosa y de conciencia del resto –la libertad de una persona termina donde empieza la libertad de otra.

La ocasión en que se publica este texto es por demás oportuna: la filial San Rafael de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), con el patrocinio del Dr. Carlos Lombardi –un jurista y académico de intenso compromiso con la causa del laicismo–, ha presentado recientemente un recurso de amparo ante el Juzgado Civil nº24 de la capital provincial en el que precisamente formula ese reclamo público. Asimismo, la ONG sanrafaelina demanda que se prohíba la exhibición de símbolos religiosos (crucifijos, imágenes de la Virgen y los santos, etc.) y demás prácticas confesionales (por ej., el rezo de acción de gracias durante los refrigerios a instancias del personal docente y/o directivo) en todas las escuelas públicas de Mendoza. Agotada la vía administrativa (la DGE nunca dio respuesta a las notas que le fueron remitidas), la APDH-San Rafael ha resuelto iniciar la vía legal. La ética y el derecho están de su lado. Ojalá se haga justicia.

Quisiera concluir este escrito desempolvando algunos breves pasajes del discurso que Emilio Civit, allá por 1883, siendo diputado por Mendoza en el Congreso Nacional, pronunciara en el marco del célebre debate parlamentario que precedió a la sanción de la Ley 1420 de Educación Común. Aunque por incomodidad ideológica muchos prefieran olvidarlo, es bueno recordar que Civit fue uno de los grandes adalides del laicismo en nuestro país y en nuestra provincia.

El proyecto de la Comisión, estableciendo la enseñanza de la religión en las escuelas, es contrario a nuestros antecedentes históricos y es contrario a las disposiciones de nuestra Constitución. Es contrario, porque el pueblo argentino, dado su desenvolvimiento, dadas su evolución y su organización social, ha manifestado desde sus orígenes marcadas tendencias a la libertad de conciencia.

[…] En una escuela donde no se enseña religión, se puede enseñar moral.

[…] Sin libertad de conciencia no hay libertad, no hay libertad política ni libertad social.13

Cuán saludable sería que la DGE, en tributo a la memoria de quien manifiesta reconocer como prócer provincial, hiciera verdaderamente de la laicidad un principio orientador de su política educativa. Pues a decir verdad, hasta ahora sólo ha visto en ella una engorrosa limitación jurídica cuyos alcances prácticos –un poco por lenidad judicial y otro poco por falta de reglamentación– pueden ser reducidos o minimizados con relativa impunidad. Urge que la DGE se sustraiga de la tutela clerical y se comprometa en serio con la educación laica, para lo cual debe comprender y asumir que la educación laica no se restringe a la dimensión curricular. Pero a la luz de los hechos, resulta difícil imaginar que ese replanteo de política educativa se produzca por generación espontánea en las altas esferas del gobierno. Sólo se producirá si los sectores progresistas de la comunidad educativa y de la sociedad en general toman conciencia de su vital importancia y comienzan a propiciarlo, a demandarlo, a dinamizarlo a través de la acción colectiva.

Notas:
1) La encuesta fue realizada en el año 2008 bajo la dirección del sociólogo Fortunato Mallimaci (UBA) y el patrocinio del Conicet. El relevamiento de la región del Nuevo Cuyo (Mendoza, San Luis, San Juan y La Rioja) estuvo a cargo de la Dra. Azucena Reyes y su equipo de investigadores (UNCuyo). Con un relevamiento de 2.403 casos, su nivel de confiabilidad es del 95%.
2) Ciertamente, estos guarismos no dan cuenta de la religiosidad de Mendoza en particular, sino de la religiosidad del Nuevo Cuyo en general –región de la que también forman parte San Luis, San Juan y La Rioja–. Pero Mendoza, según el último censo nacional, por sí sola concentra el 55% de la población regional, circunstancia que se tuvo en cuenta a la hora de seleccionar la muestra para la encuesta. Además, en comparación con las otras provincias cuyanas, su grado de modernidad sociocultural es mayor (el único conglomerado urbano con una población superior al millón de habitantes en toda la región es el Gran Mendoza), razón por la cual cabe suponer que, en su caso, los mencionados índices que dan cuenta del proceso de secularización han de ser ligeramente superiores a la media regional, o al menos no inferiores a la misma.
3) Este último dato no aparece consignado en la versión édita de la Primera encuesta…, ya que el ítem “Prácticas religiosas” sólo ofrece los guarismos nacionales, sin el desglose por regiones. La información la obtuve por medio de una comunicación personal del Lic. Ezequiel Potaschner (integrante del equipo que tuvo a su cargo el relevamiento de la zona del Nuevo Cuyo), de fecha 8/7/2013.
4) Cfr. Resolución 2616/12 de la DGE.
5) Aunque es lamentablemente cierto que la carta magna de nuestro país, en su art. 2, prescribe que “El Gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano”, tanto la doctrina constitucional en su mayor parte (Humberto Quiroga Lavié, Susana Cayuso, Mª Angélica Gelli, etc.), como la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (fallo Sejean, 27/11/1986; fallo Villacampa, 9/2/1989), han interpretado dicha prescripción de manera restringida, esto es, sostenimiento no como adopción de un credo oficial, ni como trato preferencial del Estado a una determinada confesión en todos los órdenes, sino como mero subvencionamiento (sostenimiento económico), entendiendo que la República Argentina es aconfesional, lo cual tira por tierra las pretensiones de juridicidad del integrismo católico. A la hora de esclarecer el sentido del art. 2, ha sido clave la reconstrucción histórica de los debates que antecedieron a la sanción de la Constitución de 1853. A la luz de los mismos, quedan aclarados los verdaderos motivos y alcances del discutido sostenimiento. La idea de que, para poder interpretar correctamente el segundo artículo de la carta magna, hay que analizar la controversia constitucional del ’53, no es nueva. Tres decenios después de sancionarse la constitución, Emilio Civit, en medio del memorable debate parlamentario de la Ley 1420 de Educación Común, manifestó, en defensa de la posición laicista, lo siguiente: “El origen de este artículo es bien conocido. El artículo constitucional es bien claro: él declara que el Estado argentino sostiene el culto católico. Pero ¿por qué lo sostiene? Porque el gobierno de Rivadavia tomó todos los bienes, todos los recursos y todas las entradas de que disponían las comunidades religiosas; […] Recuerdo que el señor Frías, cuando se revisaba la Constitución del año 53, proponía un artículo que terminantemente declaraba la religión católica, como religión de Estado, y ese artículo fue rechazado por la Convención”. Weinberg, Gregorio (ed.), Ley 1420: debate parlamentario (1883-1884). Bs. As., Ceal, 1984, t. I, pp. 90-91.
6) Por otra parte, se pueden citar también, en respaldo de la enseñanza laica, varios artículos de las leyes 20.206 de Educación Nacional y 26.061 de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes relativos a la libertad de conciencia, la igualdad de trato, el respeto por la diversidad y el derecho de las madres, los padres y tutores a elegir para sus hijas e hijos un tipo de escolaridad que no resulte lesivo a las convicciones familiares.
7) Se evoca, como si fuese un argumento concluyente, la decisión de San Martín de declarar a la Virgen del Carmen de Cuyo como generala del Ejército de los Andes. También su presunta catolicidad. Nuevamente se pretende hacer de la tradición una fuente de legitimidad absoluta e inapelable, sustraída al escrutinio de la reflexión ético-racional. Considerar a priori todas las acciones y palabras de los próceres, sin excepción, como encomiables, resulta por demás peligroso. ¿Qué hacer, por ej., con el famoso dictum “no ahorre sangre de gauchos”? ¿Hay que ensalzarlo y ponerlo en práctica sólo porque es de Sarmiento? Seguramente se opine que no. Y eso pone de manifiesto cuán problemático es hacer de la tradición, por sí sola –sin ningún contralor de la racionalidad ética–, una suerte de «imperativo categórico». En cuanto a la religiosidad de San Martín, hay que tener en cuenta que este tema ha suscitado desde siempre muchísima polémica en la historiografía argentina. No es mi intención entrar en ella, puesto que no soy un especialista en el tema. Pero sí quisiera llamar la atención sobre lo siguiente: ¿es correcto justificar la conmemoración del Día de la Virgen del Carmen en las escuelas públicas de Mendoza arguyendo que San Martín era católico cuando se está muy lejos de un consenso académico al respecto, cuando son muchas las voces autorizadas (la erudita Patricia Pasquali por ej.) que plantean –con argumentos muy atendibles– que era masón y/o deísta? Por caso, la conmemoración de la Revolución de Mayo y la Declaración de Independencia, más allá de las distintas interpretaciones historiográficas que hay en torno a las mismas, no resulta mayormente problemática, porque hay un consenso muy amplio sobre su alta valía histórica. Por el contrario, en lo atinente a las convicciones religiosas de San Martín, prima un gran disenso. Así, por ej., son varios los historiadores que atribuyen la decisión de San Martín de declarar a la Virgen del Carmen como generala del Ejército de los Andes a motivos prácticos de índole político-militar y no a su presunta devoción mariana. En fin, que la DGE haga de cuenta que no hay debate sobre toda esta espinosa cuestión, y que naturalice la tesis del revisionismo católico como si se tratase de una verdad evidente fuera de toda discusión, representa un grave error.
Afirmó Pasquali en su biografía del prócer: “Resta decir unas pocas palabras acerca del persistente esfuerzo por negar todo vínculo de la Logia y, sobre todo, de San Martín con la masonería por parte de quienes sólo ven en ella al tenebroso e implacable enemigo de la Iglesia Católica, cuya defensa asumen, y pretenden librar al Padre de la Patria de la excomunión decretada por el Papado contra los miembros de la Orden. Se trata de un planteo erróneo, estéril y anacrónico. Los liberales ilustrados a cuya estirpe pertenecía el Libertador, si ingresaban en la masonería, era para luchar contra el absolutismo y por la libertad; no eran anticatólicos —porque el principio de tolerancia les imponía respeto a todos los credos— sino anticlericales, que es algo bien distinto, pero de todas maneras esa fue otra batalla que recién se libraría cuando San Martín ya no existiera. Más bien debería recordarse, por corresponder al tiempo en el que él actuó, que el pontífice romano condenó la revolución independentista americana; seguramente ésta fue la raíz de la indignación que alguna vez la causaría al prócer el intento de reanudación del vínculo con la Santa Sede por parte del gobierno argentino, no su impiedad. De familia católica, respetaba el ritual vigente en la sociedad de su tiempo y la religiosidad popular (ello explica que contrajese matrimonio religioso, que el Reglamento de Granaderos a Caballo impusiera el rezo de las oraciones por la mañana y del rosario por las noches y la asistencia a misa los domingos; que se preocupase siempre de tener un capellán para la atención de sus soldados, etc.); pero, una vez que hubo abandonado la vida pública, se mostró como un creyente despegado de toda práctica religiosa personal. Nada más elocuente al respecto que su testamento, en el que sólo invoca a Dios todopoderoso, a quien confiesa reconocer como Hacedor del Universo, sin hacer alusión alguna a la Iglesia, como era lo usual en un católico; a la vez que prohibió que se le hiciera funeral alguno. Por otra parte, parece pueril ya discutir su evidente filiación masónica, lo que no significa que fuera un instrumento ciego de la Logia; por el contrario, llegó a desobedecer sus mandatos cuando así se lo impuso su rectitud de criterio, aun a sabiendas de que podría pagarlo bien caro, como finalmente le sucedió” (Pasquali, Patricia, San Martín: la fuerza de la misión y la soledad de la gloria. Bs. As., Emecé, 2004, pp. 131-132).
8) Algo que, desde ya, para nada impide que todas aquellas personas e instituciones privadas que quieran celebrarlo cristianamente como Navidad lo sigan haciendo sin ningún problema, ya que la libertad religiosa impera allí, como aquí, sin menoscabos.
9) Existe, de hecho, un ejemplo mucho más cercano y reciente de cuán factible resulta modificar una vieja conmemoración escolar tanto en su denominación como en su imaginario y ceremonial: el 12 de octubre. En el año 2010, el gobierno nacional argentino, por sugerencia del INADI, sustituyó el hispanista Día de la Raza por el más pluralista Día del Respeto a la Diversidad Cultural. Indudablemente, el necesario replanteo crítico de la Conquista se quedó a mitad de camino, tal como lo denunciaron con mucha razón numerosas voces de los pueblos originarios. Pero esta cuestión excede el propósito de este escrito. Lo cierto es que la redefinición de las efemérides escolares es posible y deseable, y la DGE haría bien en tomar nota de ello.
10) Por caso, ¿hay que quedarse de brazos cruzados ante la alta mortandad por accidentes en la vía pública so pretexto de que el desapego por las normas de tránsito es parte de la idiosincrasia argentina? ¿Acaso la cultura es y debe ser inmutable? ¿Quienes practican el deporte del pato deben volver a la atávica costumbre gauchesca de embolsar el cadáver de un pato a modo de pelota? Definitivamente no. La conservación de tradiciones puede y debe ser selectiva. De lo contrario, en Europa central y oriental se seguirían haciendo pogroms contra las comunidades judías; en Massachusetts, cazas de brujas; en México, sacrificios humanos al dios azteca Xipe Tótec; y en la moderna Esparta, infanticidios eugenésicos por despeñamiento... Panta rhei, “todo fluye”, dijo Heráclito; y enhorabuena eso vale también para la cultura, que no es ninguna entelequia momificada e intocable, sino, simplemente, todo lo que la sociedad hace, deshace y rehace en su andadura histórica. En Cataluña, por ej., se han prohibido hace tres años las corridas de toros –una antiquísima tradición que se remonta, por lo menos, al Medioevo– por juzgárselas un espectáculo sanguinario y cruel, y nadie que tenga un mínimo de sensatez vio en ese cambio cultural nada semejante a un apocalíptico naufragio de la catalanidad.
11) En Argentina, el auge del confesionalismo católico es un fenómeno relativamente tardío, que acontece ya bien entrado el siglo XX. Es a partir de la década del ’20, y más claramente durante los años ’30 y ’40, que se produce lo que el historiador Loris Zanatta ha denominado con justeza “clericalización de la vida pública”: identificación exclusivista de la nación argentina con la fe católica, proliferación de símbolos católicos en dependencias oficiales y espacios públicos, interpolación de efemérides del santoral en el calendario cívico, etc. La Argentina liberal de fines del siglo XIX y principios del XX, sin ser la Francia de la III República ni el Uruguay batllista, dio pasos muy significativos por la senda de la separación entre Iglesia y Estado: la subordinación de los tribunales eclesiásticos al fuero civil, la enseñanza pública laica, las escuelas normales, el registro civil de nacimientos y defunciones, las políticas sanitarias higienistas, la secularización de los cementerios, el matrimonio civil, la Reforma Universitaria… Y más atrás en el tiempo, tampoco faltan las experiencias históricas que pueden ser consideradas antecedentes del proceso de secularización impulsado por la Generación del ‘80 : el laicismo escolar de Sarmiento, la Constitución Nacional de 1853 (que proclamó la libertad de culto), las reformas rivadavianas, la Carta de Mayo, la abolición de la Inquisición por la Asamblea del Año XIII, el ala morenista de la Generación de Mayo (Castelli, Monteagudo, etc.), la masonería (cuyos orígenes se remontan al período tardocolonial), etc. etc.
Por supuesto, los sectores integristas podrían argüir que esos antecedentes nada tienen que ver con las «verdaderas» tradiciones de la argentinidad, pero razonar de este modo también es falaz. Se trata del sofisma no true Scotsman, falacia que consiste en excluir un elemento del conjunto al que objetivamente pertenece alegando motivos subjetivos de orden esencialista cuya validez se da por sentada (petición de principio). En su libro Thinking About Thinking (1975), el filósofo inglés Antony Flew lo ejemplificó del siguiente modo (de ahí la jocosa denominación no true Scotsman):
A.— Ningún escocés echa azúcar en su avena.
B.— Pero a mi tío Angus, que es escocés, le gusta echar azúcar en su avena.
A.— Ah, sí, pero ningún verdadero escocés echa azúcar en su avena.
12) En su informe La educación de Mendoza en datos (2008), la DGE sitúa la matrícula de la escolaridad pública provincial en torno a los 389 mil estudiantes. Si se calcula el 17,4% (minorías no católicas) de dicha cantidad, se obtiene una cifra cercana a los 68 mil. Pero esa ponderación no incluye al personal docente, directivo y no docente, de modo que estimar en más de 70 mil el número de personas no católicas insertas en la escolaridad pública mendocina, dista mucho de ser un cálculo temerario, máxime si se tiene en cuenta que han transcurrido varios años desde la confección de aquel informe y que la población provincial ha crecido.
13) Weinberg, ibid., p. 80 et sq.

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