jueves, 2 de enero de 2014

España: Acerca del aborto

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

A menudo echo de menos en las tertulias y debates radiofónicos y televisivos, e incluso en las columnas periodísticas, alegatos sólidos, contundentes, irrefutables (aunque siempre hay contumaces) acerca de asuntos sociales graves o muy graves. Da la impresión de que a algunos o a muchos les interesa practicar la retórica como la esgrima de salón, es decir, con la punta del florete embolada, pues en el fondo el principal objetivo no es llegar a conclusiones sabias sino que el debate ocupe cuantas más horas mejor con argumentos circulares. Pues en este sistema en general y en el sistema hispano en particular, de la cháchara inacabable se alimentan la publicidad, los medios y los parlamentos. Los resultados provienen, no del diálogo y del consenso, sino de la acción y principalmente de la maquinación...

Por ejemplo, en el tema eterno del aborto y frente a la derecha de la caverna, sus gobernantes, sus políticos, sus clérigos y quienes se alinean con ellos sin hacer la más mínima reflexión personal, hay a mi juicio cuatro argumentos que no debieran dar lugar a dudas ni a más réplicas pero no se emplean.

Cuando esa gente que alardea de preocuparse por la vida en ciernes y no tanto por la vida consolidada afirma categóricamente que el aborto es asesinato, ¿por qué nadie les responde?:

1º habida cuenta que los países europeos más avanzados tienen legislaciones sobre el aborto similares a la ley que este gobierno y su camarilla se proponen derogar, ¿creen realmente que los gobiernos de aquellos países y quienes los practican o contribuyen a practicarlo son “asesinos” dignos de presidio con doctrina Parot?

2º habida cuenta que los códigos civiles basados en el código napoleónico sólo consideran “persona” “al feto que tuviere figura humana y viviese veinticuatro horas enteramente desprendido del claustro materno”, ¿qué asesinato puede haber cuando aún no existe la “persona”?

3º habida cuenta a) la demografía galopante y b) el hecho de que el sistema capitalista y concretamente España no encuentran la manera de adecuar la producción de los bienes básicos, al consumo indispensable para las personas vivas, ¿por qué se preocupa el gobierno más por los proyectos de vida (el embrión) que por las personas vivas y su bienestar?

4º habida cuenta que en la generación de vida la contribución del macho es casi irrelevante, por ocasional, al lado de la esencial que es la de la hembra (el macho no corre riesgos, deposita la semilla y se va, mientras la hembra vive dramáticamente el “evento”), ¿por qué empeñarse en que el parecer del hombre en los parlamentos sea tan vinculante como el de la mujer, y no dejar que, después de oído el hombre pero sin que su parecer obligue, sea ella, la mujer, exclusivamente la que decida a este respecto?

Si la sociedad elevase un poco el nivel de su conciencia, éste último debería ser el único que zanjase la cuestión. Claro que para esto quedan siglos, como siglos fueron precisos para ver una aberración en la esclavitud o en la exclusión de las mujeres del voto y del gobierno de la sociedad.

Jaime Richart es antropólogo y jurista.

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