jueves, 9 de enero de 2014

México: La DEA como Pedro por su casa

Eduardo Ibarra Aguirre (FORUMENLINEA)

Que la Administración para el Control de Drogas (Drug Enforcement Administration) se movió y actuó en México cuando menos durante 2006-12 como Pedro por su casa, es una percepción generalizada pero colocarle a la labor intervencionista de las agencias de seguridad de Washington hechos, fechas, nombres y apellidos mexicanos y estadounidenses, como lo acaba de hacer una investigación de la reportera Doris Gómora, coloca el delicado tema en otra perspectiva.

No se trata sólo de la actividad injerencista de los cuerpos policiacos y de investigación del imperio y su gobierno, a la cual ya acostumbraron a los ciudadanos los otrora titulares del Ejecutivo federal que actuaron con nombres secretos (Litempo) como supuestos informantes de la Agencia Central de Inteligencia en los años 60 y 70 del siglo pasado. O el presunto genocida que, de acuerdo a la denuncia presentada por más de 30 mil mexicanos ante la Corte Penal Internacional, coadyuvó con entusiasmo al baño de sangre que costó la vida de más de 90 mil compatriotas, por abrir de par en par las puertas de México y subordinarlo más a los intereses geoestratégicos estadounidenses en su fracasada y hasta farsante lucha contra las drogas ilícitas, también para hacerles el trabajo sucio a cambio del reconocimiento de Felipe Calderón como presidente del país, tras una elección cuyos resultados oficiales todavía ponen en duda más de la tercera parte de los electores.

Se trata sí, de la abierta participación de agentes y jefes de la DEA y fiscales de Estados Unidos en más de 50 reuniones, documentadas por El Universal, para negociar con capos del narcotráfico mexicano su no extradición a Estados Unidos a cambio de, por ejemplo, asumir la condición de “testigo protegido” de la DEA y/o para delatar a jefes de la competencia, de otros cárteles, favoreciendo de hecho a las bandas criminales que “cooperaron”.

La información periodística que por desgracia no divulgan ampliamente otros medios impresos y electrónicos bajo el falso prurito de la exclusividad, con el cual el beneficiado es el gobierno de la mayor alberca de drogas ilícitas de la aldea global, sólo con trampolines extranjeros, es tan apabullante que no hubo un solo senador, ni siquiera de los favorecidos con un escaño por Calderón Hinojosa, que salieran en defensa de éste.

Los líderes de las bancadas exigieron que Enrique Peña, su gobierno, investigue las negociaciones que llevaron a cabo en México, la DEA y fiscales estadounidenses con capos del narcotráfico, lo cual “habría sido una de las causas de la exacerbada violencia en las calles durante el sexenio” de la hipócrita y puritana guerra contra las drogas.

La abstracta exigencia de los senadores en cuanto a que “se debe aplicar la ley” en estos casos, que Washington “observe la legislación mexicana y los protocolos internacionales” (Emilio Gamboa dixit), no repara en la función del Senado como coadyuvante en el diseño y supervisión de la política exterior azteca, e ignora el destacadísimo rol jugado por Felipe del Sagrado Corazón de Jesús para que las agencias de Estados Unidos actuaran en México sin limitaciones.

En efecto, con las reuniones de agentes de la DEA y fiscales con capos del narcotráfico, “se vulneró la seguridad nacional”, pero no sirven para gran cosa los tradicionales “llamados a misa” para que Washington “respete las leyes mexicanas”, pues si las irrespetó fue con la autorización de los titulares de Los Pinos y la Procuraduría General de la República cuando menos, y éstos tienen todavía garantizada la impunidad oficial al ejercer como cónsul en Milán, embajador en EUA y becario en Harvard.

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