jueves, 9 de enero de 2014

Se fue antes de que terminara el 2013, de donde nunca regresará

Alberto Maldonado (especial para ARGENPRESS.info)

No tengo reproches duros para el 2013; pero si uno que vale por cien: se fue para siempre el recordado Carlos Cisneros Cuadrado, el mismo que tuvo un hijo que se llama Carlos Alberto y una hija que le puso el nombre de Sobeida, que vive en Bélgica, con esposo y dos hijos. El era “el dueño” de El Telégrafo (estoy hablando de los años 60 del siglo 20) y me contacté con él, por esas cosas que tiene el destino. La fecha es lo de menos: se fue para siempre de este mundo, el lunes 30 de diciembre del 2013. Y para que nadie se queje, según su última voluntad, fue el martes 31 de diciembre (es decir cuando ya el 2013 fenecía) cuando fue cremado en el cementerio de Guayaquil; y sus cenizas serán llevadas a su hogar, del que nunca debió partir.

De Carlos Cisneros Cuadrado, casado con Alba Barros, por más señas, se pueden contar muchos episodios. Pero ninguno como el que le pasó en La Habana (Cuba) cuando Ecuador (Carlos Julio Arosemena había roto con Cuba) fue parte de una comitiva de periodistas-periodistas ecuatorianos, a ver qué pasaba en la isla; porque por estos lares, circulaban muchas versiones. La prueba más palpable es que Raúl Castro, el menor de los Castro, como Jefe de Gobierno, está celebrando en Santiago de Cuba, los 55 años de la revolución cubana que no ha dejado por hacer nada, a favor de su pueblo y de los pueblos de América Latina. ¡Que me estoy yendo por otros lados! Ya habrá tiempo de hablar de la Cuba revolucionaria. Por ahora me permitirán decir lo que le pasó al Carlos, en La Habana, Cuba.

Como queda dicho, formaba parte de una delegación ecuatoriana, de periodistas-periodistas que iban a ver lo que pasaba en la isla. El Carlos no sabía en este Ecuador, que era diabético, en situación avanzada. Sintió una gran sed en Panamá y se tomó una coca-cola enterita. Llegó a La Habana y allí le llevaron al hospital Almejeira, para salvarle la vida. Fue separado de sus amigos y compañeros, quienes siguieron la marcha por distintos lugares de la famosa Isla, mientas los médicos cubanos trataban de salvarle la vida al Carlos. A los 8 días del viaje (ni más ni menos) el Carlos ya mejorado (habría de vivir 40 años más) fue en un vehículo del hospital a reunirse con sus compañeros de viaje, para volver al Ecuador (vía aérea). Fue cuando un periodista cubano le preguntó al Carlos, en el aeropuerto de La Habana, que qué le había parecido la Cuba revolucionaria. Sin más el Carlos les respondió que “era un país muy hospitalario”

Del Carlos se pueden contar muchas anécdotas, cuando era periodista de verdad. Era hijo de un educador de Riobamba y se destacó en Guayaquil, como no podía ser de otra manera. El Carlos Cisneros que yo conocí era un abanderado de la Unión Nacional de Periodistas (UNP) núcleo del Guayas; y no podía ser su Presidente (igual que yo) porque éramos serranos, venidos a la gran capital económica del país: Guayaquil. Y el Carlos fue, durante su vida, un seguidor de la Federación Nacional de Periodistas (FENAPE) que era (según la Ley) el organismo que nos representaba a todos, nos guste o no.. Como que quisieron apoyarse (apoderarse es el término correcto) los señores dueños de la gran prensa, con el incorregible de El Universo a la cabeza (yo no lo nombro, porque ya está muerto) Pero no pudo. En esos tiempos (estamos hablando de los años 60-70 del siglo 20) los dueños de los diarios se quedaban poco a poco fuera de la UNP y los colegios de periodistas (representantes por la Ley) No hace falta decir que la vieja UNP no era del gusto de los señores de El Comercio , de El Universo, El Telégrafo (antes de la era Correa) y El Tiempo (de Cuenca) Pero, cosas de la vida y de la muerte, la UNP, una vez que un empleado de El Universo de Guayaquil, se apoderó de su dirección en Quito, pasó a ser la mimada de estos diarios. ¿Por qué será? Me pregunto a cada rato.

Estaba hablando del Carlos Cisneros. El Telégrafo de Guayaquil y Vistazo no olvidarán este nombre: Carlos Cisneros. Igual que los periodistas que quedan en el tablero (entre ellos me cuento yo) Del Oswaldo Avila, que escribe para el Telégrafo de hoy: Jorge Flor Cano, que fue periodista y abogado, al mismo tiempo. Y otros más. De los que se fueron (para otros lados) no quiero ni acordarme porque el Carlos me prohibió hablar de ellos. Ya están muertos los más. Guayaquil era la sede del periodismo “revoltoso” del que no se dice nada. La UNP del Guayas ha quedado como pantalla grande, lo mismo que el Colegio del Guayas; y el de Pichincha, también. La pregunta que no tiene respuesta: ¿a dónde iremos a parar los que estamos del otro lado?

De seguro que el Carlos no merecerá un comunicado de la UNP; peor de la FENAPE. En buena hora que se fue dirán los que sabemos: y los que no saben nada, peor. El Carlos era un luchador. Aunque tenía sus temas. Por ejemplo, no olvido que según el Carlos, cuando trabajaba para la CRG, decidió eliminar toda la parva de escritos que se habían acumulado y que estorbaban. Por si acaso, el Carlos sacó una copia fotostática de todos los escritos que iba a eliminarlos. Y así por el estilo.

Serán unos tres años, la última vez que los vi, en Quito. Había venido con el hijo y con la hija porque en la capital de los ecuatorianos había un “gallaso” en materia del corazón. No pudo hacerlo ver a su hijo (que nació con la polio, de otros tiempos, y nunca pudo andar) y se volvió a Guayaquil. Sabía (por rumores) que el pobre Carlos Cisneros andaba poco y cada día menos. Hasta que no quiso comer y la familia tuvo que allanarse a que el Carlos (más bien dicho sus cenizas) queden en casa (la ciudadela del periodista , en Guayaquil, por más señas) por siempre jamás amén. Hasta que vengan otros y quiten de ahí las cenizas, porque estorban. Tengo en Quito un compadre que dice que le han regalado, en las navidades del 2013, unas camisas. El compadre pregunta: ¿quién o quienes se podrán)

Y colorín colorado; que todos teneos que morir, algún día yy algún rato. Solo que el Carlos se fue al lugar de donde no regresará.

He dicho.

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