viernes, 28 de marzo de 2014

Chile y la falta de democracia para un debate postergado

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Minutos después y quizás a los pocos segundos, de que el senador del Partido Por la Democracia, Jaime Quintana, apareciera en los medios diciendo que en Chile para romper los cimientos del llamado modelo neoliberal se necesitaba una máquina retroexcavadora, se dejó caer la espesa lluvia de ataques y comenzó la degradación del debate.

La derecha local, troglodita y derrotada, comenzó a evocar al período del gobierno de Salvador Allende y en un sentido no disimulado la ruptura institucional del golpe militar. Recuerdo en una entrevista que le hice a un señero ex senador de la república, de la otra república que duró hasta el golpe militar de 1973, el radical Juan Luis Maurás, una frase: “Mire, la derecha en Chile en la década de 1950 no necesitaba del estímulo del macartismo para perseguir a los comunistas. Era suficientemente anticomunista y reaccionaria en su tradición para hacerlo”.

La frase del insigne político del radicalismo revelaba una tesis que yo no compartía pero que se ha sustentado en el tiempo: de que en Chile la derecha era tan auto referente y ciega en su anti izquierdismo, que el país podía prescindir de la infiltración de la inteligencia estadounidense para combatir la influencia soviética.

El símil del senador Quintana con la retroexcavadora aplicada para desenraizar el modelo y la respuesta enfurecida de la derecha es genial porque contiene el mismo realismo del senador radical citado y abre un debate que ha estado siempre mediatizado por la falta de democracia y la autocensura desde la dictadura. La frase, criticada por algunos miembros de su propio partido, revela ese pliegue de auto regulación en la convicción por el cambio.

El llamado modelo neoliberal, que de liberal tiene muy poco, si se indaga bien, representa un ajuste permanente a las economías basado en doctrinas neoconservadoras de la sociedad y de la economía y que han generado las desigualdades y la amenazante concentración de poder que tiene a los estados en el límite de su descomposición. Este es el debate medular en una mayoría de países y que Chile los subsume con eufemismos porque no sale del impacto traumático post dictadura.

Sin embargo el concepto de extraer la raíz del modelo, se conecta con los movimientos sociales que estallaron en 2011 donde se palpaba un ambiente de desenraizar las bases del modelo. Como síntoma, es más generalizado del que se quiere admitir en los cuarteles de la moderación convertida en freno a cualquier tipo de transformación sustantiva. Las condicionantes de un sistema político de mayorías que se anula a sí mismo impide ver con la otra inteligencia la propiedad del concepto central aludido.

"Hay que sincerar las propuestas y transparentar", dijo Quintana y es difícil no estar de acuerdo. Ha insistido en un debate de verdad, pendiente por más de 24 años en Chile. Se anticipa con un tema que es global como son las definiciones de transformación socioeconómica antes del despeñadero. No es la imagen del freno brusco que se le aplica a la locomotora desbocada que representa el capitalismo, en la interpretación de revolución según Walter Benjamín. Es de inteligencia política el reconocer el rechazo global al modelo neoliberal en términos ciudadanos.

A la globalización le incomoda especialmente su ineficacia en la gestión política. Es una forma de producción de bienes y servicios con un sistema político vulnerado de tal forma que al hacerlo su aliado operacional, terminó por deslegitimízalo. El modelo neoliberal colocó al estado liberal en la crisis política más grave de su historia y que se admite con retórica que elude la raíz del fenómeno.

La idea central de la Nueva Mayoría, la coalición que apoya a la recién asumida presidenta Michelle Bachelet en su segundo mandato, consiste en implementar un programa para salir del modelo. Esto implica trabajar una transformación de base, restableciendo algunas estructuras de producción de bienes y servicios y algunos principios de organización social. No se trataba de remodelar todo el mecanismo de hacer funcionar una nación, aunque sí se aspiraba a restituir antiguos derechos de acceso a oportunidades y a la formación de nuevas plataformas de funcionamiento; más participativas y de naturaleza más ciudadana.

Los tres ejes principales en la declaración de principios pre-eleccionario, - reformas en la educación, en el sistema tributario, y en la Constitución-, no están distantes del concepto de excavar. Aunque encienda pasiones en una derecha adocenada que insiste en asumir protagonismo después de medio siglo de fracasos, grafica lo que las manifestaciones de 2011 reclamaban: No más modelo neoliberal.

Escuche decir: “Lo de la retroexcavadora no fue una frase inteligente”. Bien, con esa inteligencia, seguramente la que apela a la administración pura y convencional del modelo sin debatirlo a fondo, no existen buenos ejemplos y así le ha ido también al mundo. El estado de situación mundial con una beligerancia en alza reflejada en guerras, particiones y desestabilizaciones como las que se exhiben en la Europa más oriental, África, Siria, Venezuela, y otras partes de Asia y esta región, denota una globalización golpeada por el modelo que rige y que se está quedando sin legitimidad política que no sea la de una derecha agitando golpes de estado.

Con la batahola generada por las palabras del senador Quintana, se ha detectado una vez más que la madurez de su democracia y el asentamiento de valores republicanos que le atribuyen a Chile, políticos y académicos influyentes, es una exageración propia de evaluaciones parciales, sesgadas, y en el fondo expresión de mala política y débil academia.

En el Chile post segunda guerra mundial, los antecedentes han demostrado que ni los políticos ni los académicos que influyeron le apuntaron en el diagnóstico y los procesos subyacentes salieron a la superficie sin aviso. La predominancia del gran capital por sobre la pequeña y la gran política operan detrás de un gran muro y los fenómenos políticos y sociales se observan como la punta de un iceberg. En eso reside la soberbia: en no aceptar las limitaciones del análisis y en la desidia de no someterse a evaluaciones más rigurosas. Ese es el desafío de las políticas públicas aplicadas con uno solo tipo de inteligencia u objetivo.

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