viernes, 28 de marzo de 2014

El oleoducto Keystone XL, un dilema para Obama

Deisy Francis Mexidor (PL)

Tras poco más de cinco años, parece que la administración del presidente estadounidense, Barack Obama, emitirá una decisión sobre la conveniencia de construir la extensión XL del polémico oleoducto canadiense Keystone.

La conductora de unos mil 900 kilómetros atravesaría una zona ambientalmente sensible en las tierras aceiteras de Alberta, para mover cerca de un millón de barriles de petróleo al día hasta refinerías de la costa de Estados Unidos en el golfo de México.

Los partidarios del proyecto dicen que estimularía la economía estadounidense y mejoraría la seguridad energética, haciendo hincapié en que un nuevo gasoducto es la manera más barata y segura de transportar crudo de arenas bituminosas de Canadá a refinerías de su vecino geográfico.

Sin embargo los ecologistas, quienes han realizado un sinnúmero de protestas incluidas encadenarse cerca de la Casa Blanca, argumentan que se pondría en peligro el suministro de agua en varios estados, se exacerbaría el cambio climático y se dispararía el peligro de fugas.

NBC News consultó con expertos de ambos lados del debate para ofrecer algunas posibles respuestas y sacó a flote criterios encontrados.

Los defensores del proyecto alegan que con el rápido crecimiento del "crudo por ferrocarril" han ocurrido una serie de descarrilamientos como el del pasado año en la ciudad de Lac Megantic, en Quebec, el cual dejó un saldo de unas 50 víctimas mortales.

Por lo tanto justifican que no hay nada mejor que "construir la tubería", porque además el trasiego por la vía férrea es más caro y podría aumentar el costo final para los consumidores.

En cualquier caso, algunas empresas ya están avanzando con la expansión del transporte ferroviario, independientemente del destino final de la conductora.

Cerca de 16 diferentes proyectos de terminales de ferrocarril se han anunciado en Canadá y Estados Unidos, cuyo potencial para transportar petróleo es alrededor de 1,5 veces más que el volumen proyectado de Keystone XL.

Durante un discurso el pasado año, Obama dijo que el aval del proyecto dependía de la seguridad de que "no exacerbe considerablemente el problema de la contaminación de carbono".

Más, hay una esencia: Estados Unidos necesita el petróleo para impulsar su economía.

Algunas claves

El hecho de que Estados Unidos consuma más hidrocarburo del que produce propulsa a la política exterior de Washington a buscar y controlar el petróleo de otras naciones.

Sin dudas, como sostienen algunos observadores, las consecuencias geopolíticas de este déficit del llamado oro negro ha lanzado a Estados Unidos contra Venezuela, Irán, Irak y Libia, y por supuesto, tiene una inapreciable fuente en la explotación del crudo en la provincia canadiense de Alberta.

De acuerdo con los análisis, la producción de petróleo ha estado por delante de la infraestructura y por los nuevos volúmenes tuvo que ser transportado a las refinerías en Estados Unidos a través de la red de carreteras y ferrocarriles.

Y fue entonces que el operador de canalización TransCanadá vio la oportunidad de facilitar esta infraestructura.

Muchos creen que el Keystone aún no se ha materializado pero no es así. El proyecto comenzó en febrero de 2005, con un primer tramo desde Hardisty, en Alberta, hasta la frontera estadounidense.

La obra obtuvo la aprobación en septiembre de 2007 y el gobierno de la Casa Blanca le concedió un permiso para que la tubería cruzara la frontera en marzo de 2008, o sea, la Fase 1 del oleoducto recorre miles de kilómetros desde Hardisty, en Canadá, hasta Patoka, en Illinois, y está en funcionamiento desde junio de 2010.

Luego vino la Fase 2 del oleoducto, que lleva el "crudo sintético" y "dilbit" bombeado por debajo de Alberta hasta los tanques de petróleo en Cushing, Oklahoma.

Esa extensión entró en operaciones en febrero de 2011, mientras que una tercera etapa lleva la petrolera canadiense al mercado de Port Arthur, en Texas.

Conteos de prensa aseguran que ese flujo de petróleo se inició en este oleoducto en enero de 2014, al tiempo que los productores del hidrocarburo en Estados Unidos solicitan una rama de la Fase 3 hasta las estaciones cercanas a la texana Houston, con el propósito de elevar la capacidad de almacenamiento en el medio oeste.

TransCanada opera el oleoducto Keystone en todo el territorio estadounidense desde 2010, con la aprobación del gobierno federal y sus agencias, así como el permiso de todos los estados que atraviesa. Sin embargo, propuso una cuarta fase de la conductora desde 2008: el proyecto Keystone XL, que ofrecería una segunda ruta por el noroeste, desde la cuenca sedimentaria del oeste de Canadá, en Alberta.

Casi un sí expedito

A finales de enero, el Departamento de Estado concluyó que esta obra "es de interés nacional" al publicar una declaración de impacto ambiental. La conclusión de la dependencia federal no ve riesgos significativos al entorno.

Todo lo contrario a lo que esgrimen ecologistas e indígenas. Patrick Marcel, un anciano y científico del Pueblo Originario Athabasca Chipewyan en Alberta, describe el proceso de extracción petrolífera de las arenas de alquitrán como algo terrible. "Arrasan todos los árboles y la tierra para llegar al petróleo. Es algo terrible, una devastación al 100 por ciento", alertó.

Por su parte los investigadores afirman que las emisiones de dióxido de carbono resultantes de la extracción, el transporte y la quema de tanto petróleo de arenas alquitranadas resultarían en el equivalente de poner 37 millones de coches más en las carreteras o las emisiones procedentes de 51 plantas de carbón.

Un hecho que ocurre cuando los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera han superado las 400 partes por millón por primera vez en tres millones de años.

Grupos de ambientalistas estadounidenses advierten que "este es momento de poner manos a la obra para enviar el mensaje al presidente (Barack) Obama de que Keystone XL no pasa la prueba climática y tiene que rechazarlo".

Pero los indicios sugieren que el gobernante dará el sí al proyecto XL, pues el Departamento de Estado aseguró que no aumentará el calentamiento global.

Además, los expertos coinciden en que la propia trayectoria de Obama sobre el gasoducto apunta a que le ofrecerá respaldo. Él mismo sancionó en 2012 los planes para el ducto que ya está en funcionamiento en la Fase 3.

Justo en febrero, Obama dijo en una reunión de los gobernadores estatales que su pronunciamiento sobre la tubería será, sin retrasos, en mayo de 2014, algo que para entendidos es casi imposible.

Un sí ahora al proyecto podría dañar la imagen del Partido Demócrata en sus bases electorales en estados como California y Nueva York, en tanto un rechazo sería un regalo para los republicanos en sus bastiones, que incluyen Nebraska y Texas, apuntan conocedores del tema.

Por eso hay no pocas coincidencias en que Obama aprobará Keystone XL solo después de las elecciones de medio término del próximo noviembre.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.