martes, 25 de marzo de 2014

La primera y la segunda transición

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Ha muerto Suárez, el artífice de la transición de la dictadura a la democracia; de la dictadura real a la democracia nominal. Suponen los apologistas de la transición que la transición fue un éxito político de Suárez que hubo de doblegar a los albaceas franquistas para legalizar, por ejemplo, el partido comunista.

Pues bien, ya que está en boca de todos -y cuando se dice todos en España hay que hablar de políticos y periodistas- el obligado panegírico post mortem de Suárez, es el momento de analizar el momento en que se pasaba de 40 años de dictadura a una democracia de mínimos que dura otros 40.

El nacimiento de la democracia fue una "concesión" del poder franquista al pueblo. Y la democracia siguió el curso de todo lo que es una concesión y los efectos de toda concesión. Como concesión es todo lo que el empresario paga al trabajador y regula para él, por más que hable de consensos o pactos. El poder franquista, desaparecido Franco, transigía admitiendo la entronización de la democracia. Y los albaceas testamentarios de Franco no podían entregar las credenciales si no a la clase social y castas políticas (aún sin política) predominantes. Pues ¿dónde estaban los representantes del pueblo? ¿Quién los convocó para el pacto social imprescindible para la nueva etapa? Ni nadie de entre los procuradores de las Cortes franquistas hizo un llamamiento a esos representantes, ni los eventuales representantes que hubieran deseado estar vieron ocasión alguna de pronunciarse sobre la transición y el modo de hacerla... Todo fue un cocinado por miembros de la clase integrante del franquismo.

Así nació la democracia, así nació una Constitución y una monarquía; ambas fruto del miedo de todo el país a un nuevo golpe de Estado si no se aprobaban ambas inmediatamente. Así nació, viciada de consentimiento por lo que toca al pueblo que no estuvo presente, un régimen a su vez viciado de una ley electoral que favorecía el bipartidismo y el privilegio estructural de las castas que cada día que pasa más lo disfrutan.

La maniobra tramposa funcionó, pero si tuvo alguna justificación o queremos encontrársela, ahora que han pasado cuatro décadas desde que murió el dictador es el momento de dar audiencia al pueblo, ofreciéndole -nueva concesión- la oportunidad de pronunciarse sobre cómo desea que sea el modelo, la gobernación y la nueva singladura de España.

Nunca podrá verse en España una democracia a la altura de las restantes de la Europa Vieja hasta que los perdedores, los hijos y los nietos y los biznietos de los perdedores de la guerra civil no se sientan de algún modo resarcidos. Y la única manera de sentir profundamente el resarcimiento es situándose las capas de la sociedad¡ generación tras generación¡ que perdieron esa guerra y siguen desde entonces sufriendo las consecuencias en numerosos aspectos (nivel de renta, posición, influencia, etc), al mismo nivel de poder e influencia que tienen los herederos de las clases sociales que dominaron y siguen predominando en esta democracia de cartón piedra que es la democracia española.

En resumidas cuentas, Adolfo Suárez vehiculó la primera transición de la dictadura a la democracia. Bien, démosle gracias por ello y a otra cosa. Ahora son innegociables los preparativos para la segunda transición de la democracia corrupta plagada de corruptos en todos los estamentos, a una democracia real donde el pueblo sea el verdadero y más robusto participante...

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