miércoles, 23 de abril de 2014

Entrevista al Dr. Andrés Carrasco (Parte I): Las estrategias tecnológicas que prometían las grandes empresas semilleras han fracasado

Mario Hernandez (especial para ARGENPRESS.info)
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Mario Hernandez (MH): Estamos escuchando a María José Cantilo interpretando “Depredadores”, tema con el cual recibimos al Dr. Andrés Carrasco con quien la última vez que nos comunicamos recién comenzaba la lucha de Malvinas Argentinas, el bloqueo a la planta de Monsanto, que hasta ese momento no había tenido mucha repercusión pero luego tomó una trascendencia muy importante.
Quisiera que nos aclarara algunas cuestiones científicas. Estuve viendo que en esta planta que intenta instalar Monsanto quieren producir una semilla de maíz llamada “Intacta”, aprobada por el gobierno, que es una semilla MON89034, una versión mejorada del MON810 que sintetiza tres venenos diferentes para matar orugas, mariposas y vaquitas de San Antonio.

Andrés Carrasco (AC): Tiene tres insecticidas más un herbicida.

MH: Resistente al glifosato y al glufosinato.

AC: Tiene cinco modificaciones genéticas.

MH: Quisiera que me explicara en qué consiste esta semilla.

AC: Es la nueva generación de semillas. Uno debería advertir a la audiencia que las grandes empresas semilleras cuando salieron al mercado hace 15 o 20 años con este tipo de tecnología, este tipo de estrategia tecnológica para producir insecticidas dentro de las semillas o porotos, decían que esa estrategia iba a ser superada por otras y que en los próximos 10 o 15 años a más tardar, no iban a utilizar ningún tipo de químicos.
Está visto que esas estrategias que prometían producir alimentos en forma intensiva, con monocultivo, no fueron exitosas. Entonces, lo que Ud. tiene hoy es una profundización de aquella vieja estrategia de usar químicos o sustancias tóxicas en el campo. A mi modo de ver, implica un fracaso de las estrategias empresariales que pensaron que eso lo iban a poder superar y cuando el ruido de hiciera muy, muy grande iban a salir con una novedad que iba a calmar los ánimos, pero no han sido exitosos. Por eso, Ud. ve que hoy en vez de tener un gen contra insectos tiene tres. Uno no le alcanza. Tampoco le alcanza con el glifosato solo, por lo tanto, tiene que agregar glufosinato. Seguramente en el futuro aparecerá el glifosato combinado con el LicanB o con 4D, lo cual nos dice de la profundización de la estrategia tecnológica de usos químicos para producir semillas.
Aprovecho para aclararle que las semillas no se producen en la planta de Córdoba sino en San Luis o alguna otra región más al suroeste. La planta de Monsanto, que parece está parada, que no va a ser fácil seguir construyéndola aunque la empresa haya dicho que van a hacer otro informe ambiental, porque el primero fue rechazado, ahí van a procesar y manipular la semilla, la van a tratar, van a usar otros químicos.

MH: Podríamos decir que la van a “curar”.

AC: Así es, le pondrán nuevos químicos y la van a embolsar para venderla.

MH: ¿La van a curar con insecticidas?

AC: Algunos plaguicidas y hongofungicidas tienen que usar porque sino una semilla puede ser atacada por algún bicho.

MH: Leí, aunque confieso que soy bastante ignorante sobre el tema, que van a curarlas con dos insecticidas de Bayer: Pancho y Gaucho.

AC: Puede ser, no sé los detalles.

MH: Se trata de dos agrotóxicos prohibidos en Europa y se van a utilizar 108.000 litros de Pancho.

AC: Es muy probable.

Lo importante es que la planta de Monsanto en Malvinas Argentinas está congelada

MH: ¿Qué significan estas cifras?

AC: Que todavía siguen dependiendo de agregar nuevos químicos para mantener el modelo productivo y que evidentemente a futuro eso no va a disminuir o ser sustituido por otra cosa, por lo tanto, para cultivar esas semillas van a usar más químicos o más modificaciones genéticas cuando tengan que procesarlas en los 160 silos que hay, porque son semillas para 3.500.000 de hectáreas, es una producción formidable.
Pero lo importante es que la planta está congelada, no han podido avanzar, lo cual supone otra reflexión porque el problema ahora lo tiene Monsanto. Ellos necesitan esa planta para su negocio.

MH: Tengo entendido que iba a ser la mayor planta de Monsanto en el mundo.

AC: Ellos necesitan procesar semillas para fraccionar y vender a los agricultores argentinos y de otras partes del continente, para lo cual necesitan una planta de ese tamaño. Si la gente se resiste y no la pueden construir tienen un problema de estrategia empresarial. ¿Dónde la van a hacer? Estarán pensando en irse a otro país, no sé, tampoco importa demasiado, importa que no pudieron progresar en base a la resistencia de las Madres de Ituzaingó y de Malvinas Argentinas.

MH: Quiero volver sobre la cifra de 108.000 litros de Pancho y 112.000 litros de otro insecticida que se llama Nativo. ¿Qué hacen con los desechos líquidos?

AC: Eso nunca lo aclararon. En un Impacto Ambiental tienen que decir qué hacen con los desechos después de usar esas sustancias y no es fácil trajinar con ellos, cuesta caro y seguramente pensaron que podrían engatusar fácilmente a la gente pero ésta se plantó. No conozco los procedimientos pero sé que no es fácil.
Por alguna razón el Impacto Ambiental que presentaron muestra su impunidad, su desprecio por la gente, porque seguramente hicieron una cosa que no sirve para nada, pero también su omnipotencia, su soberbia, porque dijeron los arreglamos con esto, pero no pudieron. La Secretaría de Medio Ambiente de Córdoba lo rechazó. Ahora tendrán que hacer otro, pero es más difícil porque van a tener que hacerlo en serio, a menos que tengan fuerza para cambiar leyes provinciales que los eximan de los requerimientos de las normativas actuales.

El sistema de evaluación es una trampa que el Conicet sabe jugar muy bien

MH: Cuándo un científico denuncia este tipo de situaciones, ¿qué pasa?

AC: Uno se liga palos por todos lados. En general los productores, asociaciones como la Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (Aapresid), con Gastón Fernández Palma a la cabeza, quien dice que es médico, gente como Trucco, que son importantes jugadores en este negocio, Huergo de Clarín se enojan y usan toda la munición que tienen. La principal es la descalificación y el ninguneo. Como tienen muchos medios en general lo hacen en ausencia y no hay debate, es sumamente arbitraria.
En definitiva los empresarios están defendiendo sus intereses económicos y tienen enredados, empastados en el sometimiento a ese modelo a científicos. No solo científicos sueltos sino, en la misma dirección y con mayor grado de gravedad, pedazos grandes del INTA, de las Universidades de Santa Fe y Rosario y del Conicet, que es un fiel subordinado y obsecuente jugador a favor de darle la razón a estos intereses, por lo tanto, no quiere tener científicos que estén diciendo cosas que no le cierran con sus alineamientos.
Hay distintas formas de tirarles munición, pero el Conicet tiene una muy pesada que tiene que ver con lo laboral porque uno es miembro de la carrera de investigador y cumple con una serie de requisitos, es evaluado periódicamente, le pagan un sueldo para compensar esa dedicación, radicado en el sistema de evaluaciones ya sea por promociones, becarios, subsidios, etc., que les permite ejercer discriminaciones sin ningún empacho. Por ejemplo, le pueden poner a uno que está en contra de los transgénicos y viene hablando hace años y tiene cosas hechas al respecto, como evaluador a alguien que trabaja con transgénicos y los desarrolla y que públicamente se ha expresado en un polo diferente. Eso no debería existir en el sistema de evaluación. Es una trampa que el Conicet sabe jugar muy bien.
En el proceso de evaluar a una persona ya sea para darle un becario, un subsidio, promoverlo, es donde ellos juegan y emiten dictámenes y decisiones que pretenden ser disciplinadoras. Negando un becario, una promoción, más allá de los méritos que uno tenga, ellos juegan con ese sistema de evaluación, no al servicio de la ciencia sino del juego político de la institución.
Hay muchos científicos que trabajan con Huergo, Trucco, etc. y tienen organizaciones, fundaciones y plata como, por ejemplo, la de Grobocopatel, aunque por detrás también deben estar las transnacionales. Hay una imbricación profunda en los lugares de investigación como en Santa Fe y Rosario donde a los institutos privados no se los puede separar de los oficiales porque están involucrados científicos del Conicet, no vaya a creer que contra su voluntad. Si miramos la totalidad de la masa de investigadores en el país, los que están en este juego es una pequeña porción, pero son muy poderosos porque en general son prestigiosos y sino el mismo Conicet les construye el prestigio año a año para que su palabra sea legitimadora.
Hay todo un mecanismo que la industria transnacional y los productores argentinos han explorado con picardía y ellos necesitan para seguir adelante con estos negocios y modelos productivos que científicos supuestamente no sospechados de estar mezclados con ningún interés, los legitimen a través de su expresión pública. Hay unos cuantos y cada vez va a haber más porque el proceso de legitimación también está desafiado por el discurso contrario, entonces ahí se va a establecer un debate que va a durar un tiempo hasta que alguno encuentre la manera de saldarlo. No es difícil hacerlo, el problema es que ellos no debaten, enuncian y dicen ‘el que no está con los transgénicos está entorpeciendo la ciencia’ y eso es una barbaridad, pero como hay mucho cholulismo en los sectores medios argentinos, las palabras de algunas personas están sobrevaluadas, se hacen sentir.
También es un espacio de ida y vuelta. Uno prevé que en el futuro las instituciones tendrán que dar mayor grado de precisión acerca de qué están apoyando, qué es lo que están facilitando, qué están subvencionando. Yo creo que tarde o temprano esto se termina, tardará más o menos, pero se termina, porque es una construcción muy virtual.
Hoy, uno ya está convencido que la tecnología transgénica, más allá de los efectos tóxicos de los agroquímicos, es una tecnología sumamente rudimentaria, que tiene muchos problemas de sustentabilidad biológica, desafíos por solucionar y que no lo van a poder hacer porque no tienen en cuenta determinadas y más modernas hipótesis de cómo funcionan los organismos vivos. Entonces, es una tecnología, no es ciencia.
Si un científico que trabaja en el laboratorio y hace demostraciones científicas dice a un diario que criticar a los transgénicos es una actitud anticientífica está negándose a sí mismo porque uno podría esperar ese tipo de afirmaciones de alguien que no sepa. Es un juego que tiene un alto contenido político.

MH: Se me terminó el programa pero me quedé con algunas preguntas y Ud. con algunas respuestas cuando estaba por hablar del componente político, por eso lo invito a continuar esta charla el martes que viene.

AC: No hay problema.

Del programa radial Metrópolis que se emite por FM La Boca (90.1) - Buenos Aires - Argentina los martes de 21:00 a 22:00

El Dr. Andrés Carrasco es profesor de Embriología (UBA) e investigador del Conicet.

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