viernes, 9 de mayo de 2014

España: Queda prohibido el antifascismo

Félix Población (LA MAREA)

No tengo por el fútbol, tal como se concibe hoy su gran y turbio negocio empresarial y mediático, la más mínima querencia. Más bien lo repelo. Sí guardo por el deporte, concebido como un juego, el mismo gusto que me despertó en los lejanos años de mi militancia como socio infantil del Sporting. Dicho esto, que me identifica siquiera sea de memoria con el club gijonés, paso al “histórico rival”, el Real Oviedo, cuya trayectoria esta temporada en Segunda B tiene muy disgustada a su parroquia, que un año más ha visto frustradas sus expectativas de ascender de categoría, tal como ciudad y afición merecen.



“Ama al Oviedo, odia al fascismo”, leí hace un par de meses en una imagen que daba noticia de esta pancarta, suscrita por la Peña Otero del barrio obrero del mismo nombre y ubicada en las gradas del estadio ovetense. Por esos días, María Díaz González, la actriz avilesa conocida como La Vikinga, había sido agredida por unos ultras del Real Oviedo que voceaban gritos fascistas tras el partido disputado con el Real Avilés. La pancarta fue retirada por orden de la directiva del club carbayón, originando la consiguiente polémica.

Quienes defendieron esa postura consideraban que el deporte nada tiene que ver con la política y que así como el deporte une, la política desune. Daban crédito, pues, al fascismo como ideario con el que es posible hacer política (algo que hasta el mismo Franco negó), desconociendo o eludiendo la consideración de que allí donde el fascismo se implanta no hay posibilidad de ejercer la política. Política, tanto en su acepción griega como latina, es una actividad en virtud de la cual una sociedad libre, compuesta por hombres libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva.

Hace días, un grupo de aficionados ultras entró en el estadio del Real Oviedo durante un entrenamiento del equipo, lanzó varias bengalas e increpó a los futbolistas al tiempo que les lanzaba billetes de dinero falso. Alertados por la directiva, numerosos efectivos de la Policía Nacional acudieron al lugar para identificar a esa veintena de airados individuos.

Me ha sorprendido leer al pie de la noticia, siendo tan resolutivo y al parecer nutrido el destacamento policial, que la directiva del club no haya adelantado hasta ahora si tomará medidas contra el comportamiento de esos seguidores, cuando tan expeditiva se mostró con la pancarta aludida. Si no lo hiciera, ¿cuál será el próximo altercado en la agenda de estos ultras?

El contenido de la citada pancarta y su deseable seguimiento por parte de quienes acuden a presenciar un evento deportivo (llámese amor si se quiere a la afición apasionada por el equipo de fútbol de nuestra ciudad, llámese odio a la aversión a todo ideario basado en la intolerancia), fomentaría que no se dieran episodios tan vergonzosamente racistas como lanzarle a un jugador un plátano -según ocurrió con el barcelonista Alves recientemente-, agresiones efectivas como la sufrida por mencionada actriz o agresiones verbales como las de esos ultras en el Carlos Tartiere.

Debería reconocer la directiva del Real Oviedo que esa pancarta prohibida bien podría servir de recordatorio para combatir todo tipo de comportamientos que pretendan rememorar -por mínimo que puedan parecernos los síntomas- la enfermedad de la intolerancia y la violencia que el fascismo protagonizó en la historia de nuestro país y de Europa.

Que el Ayuntamiento de Oviedo haya decidido hermanar la ciudad con el emirato árabe de Fujairah, donde existe la pena de muerte y se deporta a los homosexuales, se flagela a las mujeres por adulterio y los ciudadanos carecen de derechos sindicales y de expresión, refuerza la idea de que la alerta contra el fanatismo y la intransigencia nunca sobra. Máxime después de haber conocido que la colonia judía de Odesa, según leo en Público, prepara su evacuación de urgencia ante las amenazas y atentados a las sinagogas por parte de la ultraderecha ucraniana.

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