jueves, 12 de junio de 2014

Comores: Maniobras contra la descolonización

Roberto Correa Wilson (PL)

La República Islámica de Comores figura entre los países de África menos conocidos internacionalmente, sin embargo esta pequeña nación ubicada en pleno Océano Índico, muestra como pocas en la región las ambiciones de dos metrópolis europeas por controlar ese territorio.

La posición estratégica del Archipiélago de las Comores, frente a la costa oriental del continente, a la entrada del Canal de Mozambique y entre Madagascar y la costa de Tanzania, constituye un punto importante en el Índico.

El archipiélago es de origen volcánico y sus principales islas son Gran Comore, la mayor en extensión; Anjouan, Mayotte y Moheli, y numerosos islotes y arrecifes.

Las islas son conocidas desde la antigüedad. En el siglo XV los árabes se establecieron en el territorio y fundaron varias dinastías. Y en el siguiente siglo se inició el asedio de los portugueses, holandeses, franceses y británicos.

Era la época en que los futuros imperios coloniales europeos comenzaban su rivalidad para apoderarse de amplios territorios africanos, someter a sus pueblos y saquear sus cuantiosas riquezas naturales.

Fue precisamente en el siglo XVI cuando los portugueses, los primeros europeos en pisar suelo africano, iniciaron el comercio de esclavos hacia América, continuado por traficantes de Holanda, España, Francia y Gran Bretaña.

Los africanos obtenidos fundamentalmente en las regiones occidentales del continente, eran enviados a las colonias del denominado Nuevo Mundo y vendidos a los dueños de plantaciones agrícolas para trabajar en régimen de esclavitud.

Con esa fuerza de trabajo esclava que los enriquecía, sustituían a la población autóctona aborigen menos resistente a las duras labores del campo y el trato cruel a que eran sometidos sus habitantes por capataces y propietarios de haciendas.

En la región oriental del continente, al igual que en otras partes de África, Gran Bretaña y Francia fueron protagonistas de agudos enfrentamientos por controlar nuevos territorios. Con tales objetivos arribaron a Comores conquistadores ingleses y franceses.

En 1591 Gran Bretaña se apoderó del archipiélago, y comenzaron a llegar las invasiones procedentes de la vecina Madagascar, integradas por británicos y aventureros de otros países europeos. El control británico en Comores se extendió por casi dos centurias.

A principios del siglo XIX, cuatro sultanes imperaban en cada una de las islas, hasta que el de Anjouan, la segunda ínsula por su extensión territorial, sometió a los de Moheli y Mayotte. Una rebelión en esta última favoreció al sultán de Madagascar y la isla pasó a su poder.

Francia al acecho

Esta situación fue aprovechada por el colonialismo francés para suscribir pactos de protección con unos jefes locales en detrimento de otros y con posterioridad se apoderó del archipiélago.

Francia ocupó Mayotte en 1843 y las demás islas las adquirió mediante tratados en 1886. La que París no pudo obtener mediante esos engañosos convenios, la consiguió con el uso de la fuerza contra los que se oponían a sus planes.

La firma de pactos de protección fue ampliamente aplicada por Gran Bretaña y Francia en muchos países del continente, valiéndose en unos casos de la debilidad de algún grupo tribal en el poder, y en otros, promoviendo contradicciones interétnicas.

Gran Comore, Anjouan, Mayotte y Moheli, ubicadas geográficamente a miles de kilómetros de Europa, se convirtieron en territorio de Francia sin consultar a la población autóctona, e incorporadas a la posesión de Madagascar, que había caído en manos de París.

Los comorenses observaban como sus escasas riquezas agrícolas partían hacia la metrópoli, especialmente su producción de aceites esenciales destinados a la industria perfumera gala, mientras que se hundían en la pobreza y eran duramente reprimidos por las fuerzas de la metrópoli.

Hacia la descolonización

No fue hasta el término de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) cuando Francia separó nuevamente a las Comores de la isla de Madagascar, las que tuvieron desde 1961 una autonomía interna y siete años después cierta autodeterminación, aunque el poder en la práctica era de los colonizadores, a través del Alto Comisario francés destinado en las Comores.

Las autoridades de la nación europea utilizaron disímiles maniobras para impedir la independencia comorense, desmembrando el archipiélago. Pretendían mantener al país bajo estatus colonial a pesar de lo avanzado del siglo XX, cuando casi toda África ya era independiente.

París no pudo impedir la descolonización del llamado Archipiélago de los Perfumes, la única nación de África que como herencia colonial tiene al inglés y al francés de idiomas oficiales, además de hablarse árabe y veinticuatro lenguas africanas, entre ellas el swahili.

Con la liberación de Comores en 1975 se cerraba otro capítulo en la triste historia de la esclavitud y colonización en África, un continente dramáticamente explotado por las ambiciones de riqueza y poder de potencias extranjeras.

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