viernes, 25 de julio de 2014

GESTAMP: Fijate de que lado de la mecha te encontrás

OTRO VIENTO

En abril de este año, la empresa multinacional de capitales españoles Gestamp ubicada en Escobar, Buenos Aires, y dedicada a la fabricación de autopartes; decidió suspender a 65 trabajadores de planta, con motivo de la caída en la actividad automotriz. La medida iba a durar 30 días, los suspendidos percibirían el 65% de su salario y no debían presentarse a trabajar hasta reincorporarse al siguiente mes.

Sin embargo, en mayo la empresa decidió renovar las suspensiones a los mismos trabajadores. Ante lo cual éstos se opusieron decidiendo en asamblea que las suspensiones fueran rotativas, por considerar que extender la suspensión nuevamente a los mismos equivaldría a un virtual despido. La repuesta de la empresa no tardó en llegar: 67 telegramas, 67 despidos con causa, es decir, sin indemnización.

Ante tamaña arbitrariedad, los trabajadores decidieron convocar un paro para el día 7 de mayo que, ante la falta de respuesta de la empresa, se fue extendiendo y radicalizando hasta llegar a tomar la fábrica durante cinco días, provocando con ello que se pare la producción tanto en Gestamp como en las industrias automotrices dependientes de sus insumos (Ford, Volkswagen, General Motors y Peugeot).

A raíz de las medidas tomadas, el Ministerio de Trabajo provincial dictó una conciliación obligatoria con el objeto de que se levante la toma, disponiendo la apertura de una instancia de diálogo por el plazo de 15 días hábiles, que incluía la reincorporación de los despedidos. Sin embargo, insólitamente tres días después fue revocada, con la excusade que se trataba de un conflicto “pluripersonal” y no sindical porque el reclamo no contaba con el aval del Sindicatode Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA).

La circunstancia de que el conflicto no cuente con el aval del sindicato es una realidad, pero de ningún modo puede ser utilizada como argumento para revocar la conciliación ya que desde los inicios el sindicato estuvo contra los trabajadores, es decir, a favor de las suspensiones y despidos. Cómo va a ser de otra manera si la conducción del SMATAen cabeza del afín al kirchnerismo, Ricardo Pignanelli, es una ferviente defensora de los intereses empresariales.

El mismo Pignanelli dejó en claro su postura al manifestar públicamente: “No son trabajadores y están bien despedidos”. Los métodos de la burocracia son por demás conocidos, el asesinato de Mariano Ferreyra en manos de la patota sindical de la Unión Ferroviaria es un claro ejemplo de ello.

Asimismo, es trascendental resaltar que los despidos estaban específicamente dirigidos a la planta número cuatro ya que allí desarrollaban sus tareas trabajadores -algunos a la vez militantes políticos- que no se conformaban con las migajas ofrecidas por sus patrones y por eso mismo cuestionaban la conducción sumisa de Pignanelli. Por lo cual, se busca no solo sacar del medio a los activistas sino también disciplinar al resto de los trabajadores para que vean qué es lo que les sucede a los que luchan.

Por otro lado, en un gesto manifiestamente fascista, las dirigencias de los sindicatos que componen la CGT oficialista se reunieron en el marco de la Confederación de Sindicatos Industriales de la República Argentina, con el objeto de diseñar una estrategia conjunta para combatir la “infiltración” de la izquierda en las fábricas. ¿Hasta dónde puede llegar la obsecuencia de la cúpula sindical ante el agotamiento del modelo y las políticas de ajuste? ¿Quiénes son verdaderamente los infiltrados?¿Los burócratas que en vez de defender los intereses de los trabajadores se arrodillan ante las patronales o los trabajadores que se organizan para luchar por sus derechos?

Por cierto, el círculo no se cierra aquí, falta mencionar la participación fundamental del Estado que, ante las medidas de fuerza tomadas por los trabajadores, respondió militarizando la fábrica. Respecto a esto, Cristina Fernández lanzó desde Río Gallegos un discurso netamente antiobrero: “La fuente de trabajo no se defiende tomando fábricas”. ¿Y cómo se hace entonces para evitar ser despedido ante la triple alianza antiobrera?

Lo que se pretende desde el gobierno y la oposición pro patronal es un movimiento obrero desarticulado y servil a los intereses empresariales. Por esto mismo, en un contexto donde las empresas deciden reducir sus costos de producción, la única alternativa para la clase es la genuina organización de las bases en conjunto con las organizaciones de izquierda para poder desarrollar un plan nacional de lucha con el objeto de frenar el abuso de las empresas y, de este modo, garantizar el mantenimiento de los puestos de trabajo.

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