viernes, 25 de julio de 2014

Ileana Alamilla: “Resolver penalizando”

CERIGUA

La migración ha sido propia del reino animal, como un proceso natural en busca de un mejor clima; hasta los vegetales lo hacen con un poco de ayuda; la especie humana lo ha hecho a lo largo de su historia; sin embargo ahora nuestros gobernantes se reúnen para ponerse de acuerdo sobre cómo restringir esa “catástrofe”, esa “irresponsabilidad” de la gente, de movilizarse libremente por el mundo, señaló la periodista Ileana Alamilla.

Alamilla, en su publicada en Prensa Libre, que tituló en esta ocasión como “Resolver penalizando”, destacó que hasta grandes y elevados muros se han construido para evitar el paso de la gente de un lugar o de un país a otro; es así como un derecho humano básico se convierte en una conductas indeseable y se decide penalizar esa garantía fundamental.

En Guatemala, hombres y mujeres salen rumbo al norte, buscando las oportunidades que no encuentran aquí; cuando llegan a su destino, si lo logran, conocen perfectamente los sufrimientos que tuvieron que pasar en el camino, las vejaciones que aguantaron, las reiteradas veces que tuvieron que intentarlo hasta lograrlo.

Ya en “los Estados”, consiguieron “estabilizarse”, trabajando de “sol a sol”; cotidianamente sienten la inseguridad emocional que provoca ser “ilegal”, el deterioro de la autoestima ante la discriminación que se vive por ser morenitos, chaparros hispano hablantes y “sin papeles”.

Sin embargo, cuando reciben noticias de la “patria”, esa que los expulsó porque no tenía nada decente que ofrecerles para forjar su futuro, se enteran que ese futuro por el cual están trabajando, sus hijos, está en inminente riesgo ante la violencia, pues aquí los jóvenes suelen ser los principales victimarios y víctimas de las conductas criminales, indicó Alamilla.

De esa cuenta y aún con la congoja de saber los riesgos, sufrimientos e incertidumbres que significa aventurarse en ese camino de la migración, deciden “mandarlos a traer”; allá con ellos podrán evitar que caigan en el abismo de las “maras”, como actores activos o pasivos; el amor a sus hijos los lleva a asumir los retos y sufrir, en silencio, desde el momento en que comienza la aventura en los pueblos de donde parten, hasta que lleguen allá con ellos, sus progenitores.

Finalmente, Alamilla subrayó que acá, en Guatemala, nos rasgamos las vestiduras por la “irresponsabilidad” de esos “malos padres y madres”, y decidimos que enfrenten la justicia por “abandonar” a sus hijos; ¡Vaya paradojas las de la vida chapina!.

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