jueves, 24 de julio de 2014

Venezuela: Centenario del oro negro

Mario Esquivel (PL)

La economía venezolana, apoyada en reservas probadas de hidrocarburos de 298 mil 353 millones de barriles (las mayores del planeta), acumula ya un siglo de estrecha vinculación con la explotación del llamado oro negro.

En la historia del panorama energético nacional el 31 de julio coincide con el inicio de la operación comercial del pozo Zumaque I en 1914, pionero de una larga lista de instalaciones similares que proliferan en la geografía del país.

Denominado con el código de MG-1 por encontrarse en el campo petrolero Mene Grande en el estado de Zulia, el pozo adquirió el nombre de su ubicación en los predios de la hacienda Zumaque.

No obstante, hay leyendas que atribuyen esa designación a un vocablo indígena utilizado para reconocer a un arbusto que crecía precisamente en esa zona.

Con una producción diaria promedio de 264 barriles, el pozo fue perforado por la Caribbean Petróleum Company en el Cerro La Estrella, denominado así por la llamada máquina estrella que se utilizo para su ejecución.

En la obra se emplearon cabrias de madera construidas en el sitio y taladros de percusión, lo cual llevó a graves problemas para dominar la presión del yacimiento.

Con una profundidad de 135 metros, el Zumaque ratificó el potencial de un país que ya en el lejano 1878 reportó el hallazgo de petróleo en el estado de Táchira, fronterizo con Colombia.

En la agenda energética figura además el caso de El Barroso II, en la costa oriental del Lago de Maracaibo, cuando el 14 de diciembre de 1922 ocurrió el reventón del pozo que dejó como saldo una enorme columna de crudo presente por casi nueve días.

Frente a políticas de carácter privatizador como la de convenios operativos y la denominada apertura petrolera, el gobierno aplico en la primera década del presente siglo la estrategia de Plena Soberanía.

Lanzada por iniciativa del fallecido presidente Hugo Chávez, devolvió al pueblo la soberanía sobre un enorme potencial de hidrocarburos que dejó de servir a los intereses de grandes transnacionales.

Los convenios operativos escondían concesiones petroleras bajo el esquema de contratos de servicios, donde las regulaciones vigentes en ese momento consideraban la posibilidad de negocios de ese tipo que ayudaran a Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa) en sus funciones, sin que ello implicara la adquisición de derechos sobre las reservas de crudo.

Sin embargo, con esa concertación Pdvsa entregó a terceros las actividades de prospección y producción, las cuales estaban reservadas por la ley a las empresas del Estado.

Unido a ello, los negocios en la Faja Petrolífera del Orinoco se concertaron tomando en cuenta la clasificación de bitumen para el crudo extrapesado de esa zona, lo cual significaba un menor precio a la hora de su comercialización.

Esa especie de privatización encubierta se extendió a actividades no esenciales, entre ellas el transporte de crudo, sistemas informáticos, eléctricos y de inyección de gas.

Como contraparte, bajo la Plena Soberanía el gobierno impulsó la migración a la figura de empresas mixtas de los antiguos convenios operativos, bajo el principio de que los yacimientos de hidrocarburos pertenecen al Estado y son bienes del dominio público.

Además, su funcionamiento ocurre bajo las normativas de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, donde se señala que las actividades de exploración y producción de petróleo y gas podrían ser realizadas por empresas donde el Estado tenga el control de sus decisiones, por mantener una participación mayor del 50 por ciento del capital social.

Pdvsa trabaja asimismo para disponer en el país de capacidades de producción de una parte importante de los equipos e insumos que requiere en sus operaciones, entre ellos taladros petroleros, bombas sumergibles y tuberías sin costura.

Las cifras más recientes, correspondientes al 2013, confirman lo acertado de la política energética en los últimos 15 años, pues la estatal venezolana se colocó en la quinta posición del orbe entre las empresas de su tipo, con 140 mil trabajadores desplegados.

También es sexta del planeta por las capacidades de refinación, situadas en 2,8 millones de barriles diarios, de los cuales 1,5 millones en el extranjero, y ocupa similar posición en materia de producción de crudo.

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