viernes, 1 de agosto de 2014

Lucha contra desempleo: ¿Batalla perdida en Francia?

Amílcar Morales (PL)

Desde el arribo al poder del presidente François Hollande la lucha contra el desempleo es una de las prioridades del gobierno francés, pero uno tras otro los programas aplicados fracasaron y el índice de este flagelo aumenta sin cesar.

Cuando el mandatario ocupó el Palacio del Elíseo en mayo de 2012 la tasa de paro absoluto aumentaba desde hacía 13 meses consecutivos y afectaba a dos millones 922 mil personas en edad laboral.

De hecho uno de los temas principales de la campaña electoral fue el enfrentamiento a la falta de trabajo y entre las razones que llevaron a Hollande al cargo figuró la promesa de resolver este problema y reactivar la economía nacional.

Veintisiete meses más tarde, sin embargo, el fenómeno crece en lugar de disminuir y en estos momentos hay más de tres millones 390 mil ciudadanos sin ningún tipo de colocación, una cifra histórica en el país.

Si a ellos se suman quienes consiguieron un contrato a tiempo parcial o con salarios reducidos la cantidad rebasa los cinco millones.

En realidad no es que las autoridades se hayan desentendido del tema, sino que la vía adoptada no fue la correcta.

Ya desde junio de 2012 el entonces ministro de Trabajo, Michel Sapin, reforzó las oficinas de la agencia Pole Emploi, entidad encargada de llevar un registro de quienes están sin trabajo y acompañarlos en la búsqueda de un puesto.

A finales de ese mismo año comenzó a funcionar el programa "Empleos del futuro", el cual consiste en dar una subvención a las entidades públicas que contraten a jóvenes sin preparación, sobre todo de las áreas más desfavorecidas, y les garanticen un proceso de aprendizaje.

El año siguiente se presentó el plan denominado "Contrato de generación" destinado a las empresas privadas, que recibirían ventajas fiscales si por cada joven contratado, mantenían un trabajador de edad avanzada para utilizarlo como instructor.

Ninguna de estas iniciativas dio los resultados esperados y Hollande fracasó en su promesa de comenzar a invertir la curva ascendente del desempleo a finales de 2013, lo que tuvo un fuerte costo político para el gubernamental Partido Socialista (PS) en los comicios municipales de marzo de este año.

En esas elecciones el PS perdió el control de más de 150 ciudades y pasó al segundo lugar, por detrás de la conservadora Unión por un Movimiento Popular.

La derrota provocó la renuncia del primer ministro Jean-Marc Ayrault y de su gabinete y el nombramiento como nuevo jefe de gobierno de Manuel Valls, quien adoptó en seguida el plan contra el paro conocido como "Pacto de Responsabilidad".

Este nuevo proyecto había sido anunciado por Hollande a principio de año y consiste en otorgar privilegios fiscales por 30 mil millones de euros al sector privado a cambio de generar nuevas fuentes de trabajo e invertir más en el país.

La iniciativa fue criticada por los principales sindicatos, entre ellos la Confederación General del Trabajo, que la consideró un regalo a los patronos, sin ninguna garantía del cumplimiento de la contraparte.

En efecto, el Movimiento de Empresas de Francia aceptó las ventajas ofrecidas por el gobierno, pero rechazó comprometerse con un número fijo de empleos.

Mientras, la tasa de paro sube y los pronósticos son pesimistas en lo que respecta al resto de 2014, a pesar de los esfuerzos del presidente por contener el mal.

Numerosos especialistas consideran que el problema radica en el método empleado hasta ahora, cuando el énfasis está basado en rebajar el costo de la mano de obra, en lugar de estimular otros mecanismos de la economía, entre ellos el poder de compra familiar y el consumo estatal.

De acuerdo con el Observatorio Francés de Coyunturas Económicas (Ofce) los estímulos fiscales o financieros a la empresa privada, en particular a la industria, tienen un efecto limitado, porque los empresarios de todas maneras dejan de contratar personal cuando acumulan una gran cantidad de productos terminados y no los pueden vender.

Por otra parte, señala la entidad, las políticas de austeridad impuestas por la Comisión Europea para equilibrar las finanzas públicas en los países miembros de ese bloque, se traducen en un efecto recesivo sobre la economía.

Para ahorrar dinero, los Estados tienen que disminuir personal, rebajar los subsidios a las familias menos favorecidas y cortar los gastos de las entidades públicas, todo lo cual tiene un impacto negativo en el consumo global.

El verdadero motor del empleo, asegura el Ofce, está en el desarrollo del Producto Interno Bruto (PIB), el cual debe crecer de manera sostenida en 1,5 por ciento para generar nuevas fuentes de trabajo, pero esa cifra está bastante lejos de la realidad francesa.

Durante los últimos dos años el PIB prácticamente no se movió y este año el gobierno proyectó un alza del uno por ciento, si bien la Comisión Europea y el mismo Instituto Nacional de Estadísticas aseguran que será de sólo 0,7 puntos.

El diputado de Val-de-Marne y presidente del Movimiento Republicano y Ciudadano, Jean-Luc Laurent, dijo recientemente ante la Asamblea Nacional que el crecimiento cero del PIB y el alza del desempleo no son fenómenos naturales, sino más bien el producto de una política equivocada.

En las actuales condiciones, sentenció el Ofce, aún cuando la reactivación económica comenzase ahora y se consolide el año próximo, para diciembre de 2015 habrá 150 mil desempleados más en el país.

De momento la batalla contra el paro parece estar perdida, pero si de aquí a los comicios presidenciales de 2017 el gobierno no logra revertir esos resultados, deberá entonces prepararse para una derrota electoral.

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