jueves, 21 de agosto de 2014

México: Invisibilizan autoridades acoso sexual en demandas laborales

Angélica Jocelyn Soto Espinosa (CIMAC)

El 90 por ciento de las trabajadoras padecen hostigamiento laboral y acoso sexual en sus centros de trabajo, pero además enfrentan obstáculos para denunciar la agresión y acceder a la justicia, dijeron expertas.

La académica Jeniffer Cooper, investigadora del Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG) de la UNAM, afirmó que 90 por ciento de las mujeres padecen o han padecido una situación de hostigamiento o acoso sexual por parte de sus pares varones o de sus superiores en sus empleos.

Señaló que durante más de 10 años de acompañar a las víctimas de hostigamiento o acoso sexual se ha percatado que cuando buscan justicia se enfrentan a distintos obstáculos, motivados por “lagunas” en el sistema penal y por la “misoginia” de quienes lo conforman.

Al participar en el conversatorio “Derecho al trabajo digno y a un ambiente laboral libre de violencia para las mujeres”, organizado por la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) y en el que estuvieron presentes académicas de la UNAM, funcionarias y representantes de diferentes sindicatos que conforman la Unión Nacional de Trabajadores (UNT).

Jeniffer Cooper explicó que en primera instancia, el personal que atiende a las víctimas no está lo suficientemente capacitado o sensibilizado, por lo que al recibirlas cuestionan el tiempo que guardaron silencio o tardaron en denunciar, acusó.

Esto ocurre incluso con los abogados que deben defender los casos, quienes además aseguran que ellas (las víctimas) provocaron la agresión, o decidieron permanecer en situaciones de riesgo, criticó.

También, abundó, es muy común que entre las excusas que frenan los procesos penales estén la falta de pruebas o de testigos, esto incluso cuando existen alternativas del derecho internacional y que podrían ayudar a “construir la evidencia”.

La especialista recordó que ha sido una lucha muy amplia que se reconozca en los juicios el acoso sexual como un riesgo laboral, ya que ocurre en el lugar de trabajo.

Denunció que esta problemática se vive con mucha frecuencia en la UNAM, donde los Tribunales Universitarios no actúan con efectividad y la ocurrencia de acoso sexual por parte trabajadores, alumnos y profesores contra trabajadoras, estudiantes y académicas no siempre es castigada.

Además, existen muy pocas denuncias laborales por acoso sexual, ya que la mayoría está clasificada como despido injustificado, por lo que la frecuencia de este flagelo no se está visibilizando, acusó.

Asimismo, Cooper destacó que se hace creer a las víctimas que el agresor ya fue separado del cargo, pero éste permanece “oculto” por los patrones mientras el proceso avanza, pero luego de un tiempo le regresan su empleo.

A esto, integrantes de la Red de Mujeres Sindicalistas agregaron que en las Juntas de Conciliación y Arbitraje no se reconoce el acoso sexual como un delito en materia laboral, sino como discriminación, por lo que desvinculan el delito del ambiente laboral.

Esto dificulta que se castigue al responsable, que se realicen capacitaciones y programas preventivos al interior de los centros de trabajo, y que se erradique este tipo de agresiones que afectan casi totalmente a las mujeres, señalaron.

No obstante, se tiene que reconocer que la lucha feminista y de las trabajadoras ha tenido muchos logros al respecto, entre ellos está el de colocar en la Ley Federal de Trabajo (LFT) el acoso sexual como causal de despido para quien lo cometa.

También que las mujeres al interior de los sindicatos estén más fortalecidas, no padezcan los mismos niveles de violencia que en el pasado, y que los compañeros varones se sensibilicen y se unan en la lucha, enfatizaron.

Sin embargo, de nada sirve que las jóvenes al interior de las escuelas y las mujeres en los centros de trabajo se empoderen, conozcan sus derechos y denuncien, si los sistemas de justicia siguen siendo “misóginos” y siguen obstaculizando las denuncias.

Cooper también señaló que puede identificarse un patrón común entre los agresores, lo que podría ayudar a la identificación de más víctimas y la procuración de evidencias.

Precisó que entre las acciones más comunes está el de aprovecharse de la relación de poder, en la que el agresor es un superior de la víctima o busca que ésta se encuentre en una situación de vulnerabilidad.

Luego “actúan engañosamente”, es decir, mantienen una actitud protectora y paternal, para hacer creer a la víctima que sólo está buscando su bienestar, lo cual confunde a las mujeres, quienes en algunos casos tienen agradecimiento o idolatran al agresor.

Explicó que también procuran aislar a la víctima, las llaman a lugares solitarios o les piden que las acompañen fuera de los centros de trabajo. Después de un tiempo, los agresores intensifican sus vejaciones y lo que empezó como una insinuación puede derivar en una agresión sexual.

Es muy común que si la víctima no detiene la agresión éstas persistan, y una vez que denuncian los agresores busquen culpabilizarlas, desprestigiarlas o confundirlas.

Suelen repetir estos patrones con diferentes mujeres, por lo que es muy común que exista más de una víctima. Asimismo, se allegan de aliadas y aliados que, conscientemente o no, buscan inhibir a la víctima de denunciar y proteger al agresor.

Daños irreversibles

Algunas mujeres presentes en el conversatorio reconocieron que han padecido acoso sexual, pero que ha sido difícil hacer frente a esta violencia, ya que está muy naturalizada en los centros de trabajo.

“Cuando lo hablas -detallaron- incluso las mismas compañeras te dicen que estás exagerando, que es parte del ambiente laboral o que si no te gusta simplemente renuncies”.

Las afectaciones de haber vivido un acoso sexual repercuten en el estado de ánimo de las víctimas hasta el grado de ocasionarles una depresión profunda. También se sienten responsables de la agresión y experimentan temor de perder el empleo o de tener problemas con sus parejas si denuncian, explicó la experta.

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