jueves, 28 de agosto de 2014

No perder de vista lo principal: La soberanía nacional y popular

Jorge Cardelli (ACTA)

Toda la euforia del mundial va quedando en el camino mientras emerge la realidad con todo su peso, expresada a través del aumento de la pobreza, la inflación, la recesión y la creciente represión sobre los trabajadores y los sectores populares.

La realidad, que el gobierno mira como si no fuera parte de ella, también le es dura porque cada vez es más visible el agotamiento del intento neo desarrollista que ahora lo obliga a recurrir al ajuste fiscal y al enfriamiento de la economía. La inflación sigue siendo el mayor azote a los salarios. Ya ha pasado, según la proyección anual más moderada, el 32 o 33% y con ello supera el techo de las paritarias.

Este año será otro de pérdida de poder adquisitivo. El déficit fiscal se vuelve grave en tanto es un activador de la inflación y por otro lado no es visible cual es su horizonte. Se lo justifica como motorizador del consumo y por lo mismo activador de la economía. Pero eso es una generalidad, no motoriza nada y en realidad expresa una negación de la realidad: el carácter monopólico de nuestra economía dependiente.

El superávit en la balanza comercial se va achicando mientras crece el déficit en la balanza de pagos. Aumentan su peso los pagos de la deuda externa, las importaciones industriales para que funcione la economía, las importaciones de energía, la fuga de divisas aunque ahora este más controlada. La industrialización y la sustitución de importaciones quedaron en el camino. Somos deficitarios en la industria automotriz, la electrónica y también en otras con potencial tecnológico como para haber avanzado realmente en la sustitución de importaciones.

Nuevamente el látigo estructural de la dependencia cayó sobre el intento kirchnerista. La dependencia no es una cuestión coyuntural, es una relación de dominación que estructura y reestructura el país, en todos los planos, a través de los diferentes modos históricos de inserción en el mercado mundial con sus correspondientes hegemonías.

La crisis siempre llega por el mismo camino, déficit de la balanza de pagos, escasez de dólares.

Uno de esos latigazos de la dependencia se hizo sentir esta vez por vía del fallo del Juez Norteamericano Griesa, que nos exige que le paguemos a los especuladores que quedaron fuera de los dos últimos canjes. Compraron bonos por 48 millones de dólares y lograron una sentencia que les permite cobrar alrededor de 1500 millones de dólares.

Es importante señalar que el fallo del Juez Griesa es una muestra de la complicidad de la justicia norteamericana con lo peor del capital financiero. Es una verdadera agresión a nuestro país, por cuanto impone al gobierno argentino un tratamiento diferente del que decidió darle a los fondos que quedaron fuera de los dos canjes de deuda del kirchnerismo.

Pero también es importante señalar que toda esta pretendida imposición política por vía jurídica fue posible por la voluntad negociadora de los Kirchner y de los gobiernos que los precedieron, que no tuvieron ningún problema en ceder soberanía sometiéndose a la justicia norteamericana, en las operaciones financieras de emisión de bonos y que se continúa con los canjes de deuda del Kirchnerismo.

A partir del hecho objetivo del desconocimiento de Griesa de la decisión del gobierno argentino por vía jurídica, la Presidente Cristina junto a las expresiones más “ideológicas” del kirchnerismo, montó un relato donde denuncia a la justicia norteamericana por su carácter persecutorio, su carencia de fundamentos jurídicos, políticos y éticos y su aspecto atentatorio con las diferentes negociaciones que hoy se llevan adelante en el orden internacional por parte de los organismos financieros internacionales.

Este discurso, fogoneado a través del poderoso aparato mediático gubernamental, montado en una media verdad, la irracionalidad del fallo jurídico, y ante un pueblo con una fuerte tradición antinorteamericana como el nuestro, sensibiliza y hasta despierta adhesión en algunos sectores populares.

Al momento de escribir este trabajo, la Presidente está anunciando el envío de una ley al Congreso donde pretende recuperar soberanía, poniendo como lugar de pago a los bonistas que entraron en el canje el Banco de la Nación Argentina. Pero en el mismo lugar anuncia que le depositará a los fondos buitres lo que les corresponde si hubieran entrado en el canje. Todo esto en el marco de una gran retórica pagadora.

Se denuncia a Griesa por obstaculizar nuestra voluntad pagadora y no por ser un agente del capital monopólico financiero norteamericano, socio responsable de la deuda fraudulenta a la que nos encontramos sometidos por la voluntad de la Dictadura Militar. Este gesto, aunque limitado, es valorable pero solo es complementario de lo principal, investigar el carácter fraudulento de una deuda externa impagable.

Pero en esta oportunidad el impacto del relato no tiene la fuerza de antes. Es que cada vez muestran más fragilidad lo que aparecía como logros kirchneristas. Una muestra de esto es el crecimiento de la represión y el retroceso en el plano de los derechos humanos, la voluntad de “amigarse” con los organismos financieros internacionales o recurrir al ajuste para controlar la inflación, bajar los salarios y recuperar los equilibrios macroeconómicos.

Lo que el relato kirchnerista oculta es el carácter fraudulento de la deuda externa demostrada por el juez Ballesteros en el 2000, a partir de la causa iniciada por el Dr. Alejandro Olmos ya en la Dictadura Militar. El gobierno de los Kichner, a partir de la declaración del default del Rodríguez Saa, debía por vía del Congreso de la Nación, siguiendo las investigaciones del Juez Ballesteros, auditar la deuda externa y decidir sólo el pago de la parte legítima. En lugar de esto decidieron legitimarla de conjunto, incluyendo su origen en la Dictadura y su carácter fraudulento.

Esto lo hicieron por vía de los canjes y presentando a estos como si fuera una negociación, que además de reducir el monto de la deuda, fortalecía nuestra soberanía. La realidad fue otra. La reducción de la deuda es discutible, la soberanía quedó en el camino porque el gobierno está dispuesto a pagarle a los especuladores por vía de una negociación que no ponga en peligro los canjes.

La respuesta de fondo a esta crisis de falta de dólares por parte del gobierno y con la solidaridad de las fuerzas políticas de oposición (UNEN, PRO y Frente Renovador) es volver al mercado internacional de capitales. Para ello cumplieron con las exigencias inmediatas de pagar a Repsol (6000 millones de dólares), arreglar con el Club de Paris (9700 millones de dólares) y pagar las deudas al CIADI (600 millones de dólares). La nueva exigencia que tenían que cumplir era la de llegar a un acuerdo con los Fondos Buitres. Pero ante la decisión de Griesa de poner en riesgo los canjes, el gobierno de Cristina decidió no cumplir la sentencia de Griesa e ir al default.

Estas exigencias inmediatas de las instituciones del capital financiero imperialista se expresan en nuestro país de manera concreta, a través de la palabra de los economistas de las fuerzas políticas opositoras de Massa, Macri y UNEN. La posibilidad de un acuerdo no está cerrada pero se deberá hacer en los marcos de que no se ponga en riesgo lo que el relato kirchnerista considera uno de sus logros más preciados, los canjes y lo que ellos consideran como su política de desendeudamiento.

En caso de que esto suceda lo más probable es que en una primera etapa, los fondos del mercado de capitales sirvan para pagar deuda y luego ir a un endeudamiento mayor. Los compromisos hasta fines del 2015 rondan los 30000 millones de dólares y las reservas no llegan a esos montos. Es claro que todo eso se pagará con mas endeudamiento y en esa perspectiva coinciden tanto el Gobierno nacional como la oposición con peso mediático.

El regreso al mercado internacional de capitales también tiene otras exigencias. En lo principal plantean que la estructura económica debe generar condiciones de pago en caso de nuevos endeudamientos y de repatriación de utilidades en caso de inversión directa. Esto, en la perspectiva del mercado internacional de capitales, implica un ajuste fiscal que se manifestará en los bolsillos de los trabajadores. La realidad es que el ajuste ya está en marcha desde el primer trimestre del año por lo menos y de manera creciente con la represión institucionalizada por parte del gobierno.

Por ejemplo la recesión ya no se discute y combinada con una inflación que no baja, tiene un efecto regresivo sobre los salarios que ya es una realidad. Dicho de otra manera, el proyecto de Cristina de regresar al mercado internacional de capitales viene caminando desde fines del año pasado por lo menos, El fallo de Griesa fue un traspié que ha complicado la estrategia del gobierno pero, mas allá del relato “nacionalista”, las negociaciones seguramente continuarán buscando arreglar antes de fin de año, con la condición de no afectar los canjes de Nestor y Cristina.

Entre el relato del gobierno nacional construido sobre medias verdades y el de los opositares con peso mediático, construido también sobre verdades parciales, por ejemplo la corrupción gubernamental o los problemas de la gestión de gobierno como causa de la crisis actual, queda oculto lo principal, el carácter dependiente de nuestra estructura económico social y su subordinación a las políticas neocoloniales de las potencias imperialistas. El caso del fallo del Juez Griesa es un ejemplo en el plano del capital financiero oligopólico de una política neocolonial y las respuestas gubernamentales de nuestro país, desde los Kirchner para atrás son un ejemplo de subordinación dependiente.

Las investigaciones y denuncias de Alejandro Olmos, el correspondiente fallo del Juez Ballesteros y el señalamiento por el mismo de la responsabilidad del Congreso Nacional de investigar el proceso de endeudamiento a partir de de mostrar en su fallo, con muchos elementos, su carácter fraudulento; la no investigación por parte del Congreso, siendo que los Kirchner contaban con la suficiente mayoría y poder político, muestra la decisión de subordinarse a la fuerza del capital monopólico financiero imperialista. Usaron esa fuerza para el canje de Néstor y Lavagna y otro posterior que en los hechos legitimaba la deuda fraudulenta y cedía soberanía a los tribunales norteamericanos.

El incumplimiento del Congreso de esta responsabilidad, siendo que es parte del aparato del estado, en complicidad con el Poder Ejecutivo y con la anuencia del poder legislativo, muestra en la realidad a quién responde el estado, especialmente en su núcleo dirigente. La oligarquía terrateniente, el agronegocio, el capital oligopólico imperialista, el extractivismo minero y petrolero y la llamada burguesía nacional trucha que en realidad es intermediaria de los diferentes proyectos de dependencia, son los que dirigen las orientaciones del aparato del estado, a través de las diferentes mediaciones de los núcleos históricos de bipartidismo, justicialistas (los más fuertes) y radicales (acompañantes esenciales).

También son claves en esta mediación los medios masivos de comunicación controlados por el capital oligopólico comunicacional y las organizaciones de intelectuales orgánicos que los alimentan, produciendo un conocimiento alimentado de verdades parciales, pero por sobre todo ocultando los objetivos neocoloniales del imperialismo en alianza con las clases dominantes de la estructura dependiente de nuestro país.

La rebelión popular en nuestra historia de emancipación
Hay que ver a lo largo de nuestra historia el papel central que jugaron las rebeliones populares en el nacimiento de grandes fuerzas políticas nacionales como la UCR y el peronismo, pero como por falta de compromiso antimperialista, terminaron siendo herramienta centrales de la dominación neocolonial, por vía de la sistemática rearticulación de la dependencia, orientando nuestro aparato productivo a las exigencias históricas e imperiales del mercado mundial.

Estoy hablando del Yrigoyenismo, su nacimiento en la Revolución del Parque y su gran triunfo, la ley del Sufragio Universal de 1912 y que llevara a Yrigoyen a la presidencia en 1916 o del Peronismo, que lo hizo posible el 17 de Octubre de 1945 y que abrió el ancho cauce de las conquistas sociales de los trabajadores. Este estado ha tomado decisiones que han sido avances revolucionarios, como el Juicio y Castigo a los militares genocidas, que han calado hondo en la conciencia popular y antimperialista, cuando el origen de las mismas emergió de grandes rebeliones populares.

Esas rebeliones canalizaron su fuerza en el estado por vía electoral pero luego fueron incapaces de profundizar la organización popular y los avances revolucionarios realizados. Luego vinieron las neutralizaciones, los retrocesos y finalmente la adaptación a las exigencias de las orientaciones imperialistas predominantes. Una herramienta clave para estos retrocesos hasta el año 76 fueron los golpes de estado, donde el del 76 se destaca por su carácter claramente genocida y brutal en la represión a las organizaciones populares y revolucionarias.

A partir de fines del 83, luego de la derrota del intento de la Dictadura de perpetuar su proyecto político, se estableció el orden político actual, republicano, que lo único que tiene de democrático es la periodicidad de las elecciones y lo que fuimos conquistando las organizaciones populares con la lucha sistemática. El ejemplo emblemático es el juicio a los militares genocidas. La estabilidad de este orden político se asentó en el compromiso de las dos estructuras bipartidistas históricas de ser ellos los que en la dirección del estado siempre se adecuaran a las exigencias de la dominación neocolonial. En realidad el “Nunca Más” era doble, nunca más a los golpes de estado y nunca más a los proyectos nacionales, populares y democráticos por vía electoral. La rebelión del 2001-2002 los asustó porque emergió una crisis de hegemonía. No olvidemos que las clases dominantes tienen terror a la rebelión popular.

Este es el núcleo duro de la crisis política de nuestra Argentina. Un pueblo que no ha vacilado en llevar adelante grandes rebeliones para conseguir avances revolucionarios. Por ello el mérito de Duhalde y del Kirchnerismo para las clases dominantes es que supieron recuperar la gobernabilidad o, como decía Kirchner, salir del infierno del 2001-2002.

Pero siempre lo dejaron claro: queremos un “capitalismo serio”. Para ello tuvieron que hacer importantes concesiones al movimiento popular.

La brutal devaluación del 2002, el default y la aparición de China como otra potencia imperialista emergente en los marcos del orden imperialista mundial, le posibilitaron al kirchnerismo reformular un proyecto dependiente con un discurso antineoliberal y antinorteamericano. Esto y las concesiones al movimiento popular le permitieron tomar distancia del neoliberalismo duro y pronorteamericano de Menem y de la debacle de De la Rúa.

La historia del Siglo XX de nuestra patria está llena de rebeliones populares y solo alguna de ellas llegó a convertirse en una fuerza política organizada con un programa de contenidos nacionales, populares y democráticos. Esta fuerza se construyó básicamente desde el gobierno al que arribaron por vía de mecanismos electorales. La insuficiencia de sus programas y la falta de consecuencia con una voluntad de liberación nacional y social generaron las condiciones para que fueran derrotadas por las estructuras políticas y militares de las clases dominantes. El saldo de este proceso son las estructuras actuales del bipartidismo.

Necesitamos un Frente nacional, Popular, Democrático y de Emancipación
Dicho lo anterior el desafío de construir una alternativa consecuente de liberación nacional y social continúa pendiente. Como dice un aforismo latinoamericano “transitar de la rebelión a la revolución”. Esta alternativa no es solamente un capricho voluntarista sino la necesidad de superar la creciente profundización de la crisis estructural de la dependencia argentina. Señalo solo dos elementos centrales de esta crisis como mínimo.

En el plano productivo el carácter estructural de la crisis se expresa por un lado en que se profundiza la desindustrialización del país y a su vez la industria que se desarrolla es crecientemente dependiente de la inversión extranjera y del financiamiento de las importaciones necesarias por parte de las exportaciones agropecuarias. Desde la Dictadura en adelante no se ha detenido el proceso de desindustrizaciòn y a su vez la industria que se desarrolla es altamente dependiente (en lo tecnológico y en sus orientaciones estratégicas) del capital imperialista.

Hoy más que nunca necesitamos avanzar en la industrialización de nuestro país en una dirección autónoma, sustentable y a través de un proyecto que sea compatible con la producción de recursos naturales existente en nuestro país. Necesitamos trabajo genuino y no artificial, inventado para justificar el subsidio que permite garantizar la gobernabilidad.

Por otro lado la crisis estructural de la dependencia se expresa en que la función de la producción agropecuaria es exclusivamente la de la exportación para producir los dólares necesarios para financiar las importaciones, las remesas de utilidades del capital imperialista, la deuda externa, las patentes de la dependencia tecnológica y muchas veces el turismo. Esto genera una profunda distorsión del uso de la tierra, limitando así su uso potencial en la dirección de la producción de alimentos para nuestro pueblo y en la producción de insumos para nuestro desarrollo industrial. Esto en el marco de una inmensa depredación ambiental. Es clave avanzar en una reforma agraria por vía de garantizar el acceso democrático a la tierra. La tierra es de todos los argentinos y su uso debe estar en función de las necesidades del conjunto y no de unos pocos terratenientes.

Otros dos centros de la crisis estructural de la dependencia son la energía y el transporte. De lo dicho anteriormente se ve rehabilitada la hipótesis histórica de que de la crisis estructural de la dependencia no se sale con más dependencia sino con una profunda transformación del aparato productivo de nuestro país. Esto es imposible sin arribar al aparato del Estado y con el suficiente poder popular para producir avances revolucionarios reales y no terminar gestionando una nueva reformulación dependiente con la consecuente generalización de la pobreza de nuestro pueblo.

Hablar de una alternativa nacional, popular y democrática implica gestar un espacio dirigente, el Frente Nacional, Popular y Democrático y de Emancipación, capaz de constituirse en una herramienta clave para los siguientes objetivos:

*Contribuir y promover el desarrollo de un gran frente social de organizaciones populares que motoricen las luchas populares, teniendo como horizonte profundizar la movilización popular y en torno a un programa reivindicativo compartido. En esta construcción la CTA debe jugar un importante papel como así también las organizaciones campesinas, de pueblos originarios y de sectores populares donde la pobreza gesta sistemáticamente desigualdad y niega la existencia de derechos.

*Contribuir y promover el desarrollo de un gran frente electoral que nos permita aproximarnos al estado y a su vez hacer uso de este para profundizar la organización popular. El horizonte es arribar al poder del estado con el apoyo de la movilización popular, a los efectos de contar con la suficiente fuerza para avanzar en un programa de profundas transformaciones económicas, políticas y culturales, en síntesis revolucionarias o de liberación nacional y social.

*Contribuir y promover el desarrollo de un programa antiimperialista, nacional, popular y democrático, que haga visible la dominación neocolonial y el carácter estructural de la dependencia, que represente los intereses de los sectores populares y que estos a su vez sean, de diferentes maneras, protagónicos en su elaboración. Un programa no es un producto de intelectuales ni un listado de reivindicaciones populares. Es una síntesis de ambas cosas y por sobre todo es una guía para la acción política desde el estado. Una acción que debe ser profundamente democrática. Una guía para la acción hacia las transformaciones económicas, sociales y culturales buscadas. En ese programa es clave que no solamente estén presentes las reivindicaciones de los trabajadores y de los sectores populares sino también, cómo será su protagonismo en el logro de las mismas. Este programa debe incluir los objetivos de una profunda transformación del estado en la dirección de una república popular y democrática.

*Contribuir y promover el desarrollo y la formación de dirigentes populares con una clara conciencia antiimperialista, antioligárquica, democrática y comprometida con las transformaciones necesarias para hacer realidad los objetivos históricos de independencia económica, la justicia social, la soberanía política, la unidad latinoamericana y en los marcos de una república popular y democrática.

*Contribuir y promover el desarrollo de una perspectiva ideológica y cultural que recoja las tradiciones revolucionarias del pensamiento universal, de nuestros pueblos latinoamericanos y de nuestra Patria. Es desde este pensamiento desde donde debemos convocar a los sectores medios progresistas, mostrando la decadencia de las perspectivas ideológicas neoliberales y la riqueza de horizontes que se abren desde una mirada intelectual, que es capaz de incorporar tanto el conocimiento científico como el que se produce en el trabajo productivo y colectivo o en las luchas populares y culturales. Riqueza que surge de hacer visible la dominación cultural neocolonial y de la sistemática reflexión en torno a la práctica de transformaciones sociales y políticas revolucionarias.

El Movimiento Político, Social y Cultural o el Frente, Nacional, Popular, Democrático y de Liberación emergerán como una síntesis de este espacio dirigente y de su convergencia, en unidad, con las luchas populares de los movimientos sociales y de las fuerzas electorales populares y democráticas.

Para finalizar me parece importante señalar que en la actual etapa de la construcción de la alternativa nacional y popular el eje de la soberanía sobresale con particular fuerza. Esto se muestra en la necesidad de denunciar y confrontar, por vía de la movilización popular, con la voluntad pagadora de la deuda externa fraudulenta, con la entrega al capital extranjero de nuestros recursos naturales y en la creciente extranjerización de las industrias que tuvieron origen nacional y a su vez los dueños de la tierra y el agronegocio en su proyecto de primarización de nuestra economía, convirtiéndola en una estructura altamente dependiente de las exportaciones al mercado mundial.

Finalmente quiero decir que soy conciente de que esta reflexión, motivada por el tema de la deuda externa, esta en un plano indiscutiblemente abstracto, pero persigue el fin de aportar a la comprensión del proceso global de construcción del Movimiento Político, Social y Cultural de Liberación, que aspira a convertirse en una herramienta de dirección del desarrollo organizativo y político del movimiento popular, en la dirección de la liberación social y nacional.

Jorge Cardelli es Secretario de Cultura de la CTA.

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