martes, 5 de agosto de 2014

Paraguay: Cangrejos camaleónicos

José Antonio Vera (especial para ARGENPRESS.info)

El gobierno paraguayo que preside el pintoresco empresario Horacio Cartes, llega este 15 de agosto a su primer año de vida, exhibiendo una inobjetable habilidad camaleónica que arrancó ejerciendo el ostentoso como impune gatopardismo instalado en el último cuarto de siglo en el país por el Partido Colorado, hasta llegar a convertirse en un inconsciente imitador de ese tipo de cangrejo que tanto marcha para atrás como para el costado.

La consigna “Nuevo Rumbo”, con la que Cartes ganó las elecciones de abril del 2013, alimentó la esperanza en algunos sectores ciudadanos de que, finalmente, tras el Golpe de Estado contra el Gobierno progresista de Fernando Lugo en junio del 2012, nuevamente se podía esperar algún cambio favorable al pueblo en la conducción política del país.

Dos factores coadyuvaban al engaño. Primero, la no pertenencia del candidato favorito al desacreditado aparato colorado, al que, incluso en días de asumir y siendo afiliado de fecha reciente, prometió pulverizar y, segundo, que varios sectores se colgaron a la idea de que se abría la oportunidad de rectificar la marcha ruinosa del país, en manos de un hombre de inmensa fortuna, con un verbo de exitoso empresario nacionalista que prometía empleo para todo el mundo y sacar a Paraguay de su conocido ostracismo.

Cartes llegaba beneficiado, además, por la repulsa general que provocaba la indecencia instalada en los poderes del Estado por el fugaz gobierno golpista encabezado por el Partido Liberal que, a juicio de diversas fuentes, en su acto antidemocrático fungió de pion bien pagado de un plan urdido por Estados Unidos y las corporaciones transnacionales del agronegocio y la megaminería, suscripto por empresarios colorados.

Otro elemento que facilitó el triunfo electoral de Cartes fue la creciente decepción popular frente a la política de Lugo en áreas muy sensibles, como en el tema económico, donde su gabinete fue incapaz de esbozar alguna idea creativa para solucionar la exclusión social de un millón y medio de paraguayos, dos ahora, permitiendo que continuara la impunidad en la corrupta administración del Estado, y que el reclamo de tierra de 200 mil familias fuera desatendido, así como la condición de parias de los pueblos originarios.

La atención de la salud pública, con servicios de gratuidad en los hospitales de todo el país, junto al hecho de conseguir que Brasil aceptara triplicar su pago, a 360 millones de dólares, de la energía eléctrica que se lleva de la represa binacional Itaipú, fueron las dos conquistas más resaltantes de los cuatro años de Lugo, además de alguna mejora en educación y en la asistencia social, pero al mismo tiempo se permitió que aumentara el manoseo de la soberanía e intereses nacionales por parte de un número minúsculo de terratenientes y de los consorcios de la producción transgénicas y sus venenos, esos que suman dos por ciento de la población, acaparando el 86 por ciento de la mejor tierra.

Sobre ese colchón, formado por la abyecta administración liberal, cuya traición se aupó en el debilitamiento del gobierno del cambio, como se le conocía desde su asunción en el 2008, se instaló Cartes sin que le molestaran mucho sus primeros tropezones, parte por su inexperiencia política, que generó roces aún presentes con fracciones coloradas, y su idea de que manejar un país es igual que dirigir una empresa, donde la decisión es unipersonal y si sus oídos escuchan alguna crítica o queja del personal, se acalla rápidamente dado que el ejército de operarios de reserva está formando fila en las puertas de sus emporios.

Esa visión obtusa le está forzando virajes y el más evidente es su alejamiento del pueblo, al que le envía mensajes desde el extranjero o de los aeropuertos, en sus incesantes viajes, al tiempo que intensifica sus relaciones con mandatarios y con numerosos inversionistas, de esos sin patria que siguen apestando la tierra, que semana tras semana llegan a Asunción en tren de prospección, pero muy pocos repiten la visita. Estudiosos de la especulación financiera comentan que a esos operadores los auyenta el porcentaje de las coimas reclamadas.

La corrupción campea como nunca antes. Cierto es que esa lacra ha existido desde que Paraguay dejó de ser la República Soberana que fue entre 1811 y 1870, cuando su independencia y progreso, con justicia y equidad social, sepultaron los ejércitos vecinos de Brasil, Argentina y Uruguay, inducidos y luego endeudados por el imperio inglés, en la Guerra de la Triple Alianza. El grado actual de saqueo institucionalizado difícilmente pueda ser superado, tanto en la actividad estatal como en la privada.

Aparte el contrabando importante, que es gimnasia cotidiana de grandes empresarios al frente de modernos supermercados, de estaciones también nuevas de servicios de combustibles, de la cadena de grandes edificaciones de torres con pretensiones manjatarianas que se levantan por diversas zonas de las principales ciudades del país, de las inmensas playas de venta de vehículos, de las enormes ventas de granos, por miles de millones de dólares sin pagar impuestos, cada minuto de las 24 horas del día, el país paga mil dólares en gratificaciones y en sobresueldos de funcionarios.

En las binacionales energéticas de Itaipú, con Brasil, y Yaciretá, con Argentina, los altos directivos perciben salarios mensuales superiores a los 25 mil dólares. En el Parlamento, hay cuatro aguinaldos (ahora amenazados por escandalosos), mientras que en las dos cámaras se registra una inmensa fuga anual de dinero que utilizan diputados y senadores en viajes privados, hacia los balnearios más cotizados del extranjero.

Hay crecimiento del Producto Interno Bruto, en paralelo con el crecimiento de la miseria y la cantidad de paraguayos sobreviviendo en la lona y comiendo basura. Desde hace semanas medio millón debieron abandonar sus hogares por la crecida de los ríos y las autoridades municipales y nacionales, son incapaces de ofrecer la más mínima solución, salvo la de trasladarlos a todos a los cinturones de las ciudades, sin contemplar ocupaciones, distancias de los empleos de los pocos que tienen la suerte de tener uno, del transporte, de los colegios, y de los servicios básicos, en fin, un plan perverso cuyo objetivo es ocupar esos espacios costerios para levantar talleres de maquila en el marco de la Alianza Público Privada.

Ese drama esconde la tragedia de que la mayoría de esas familias que habitan las costas asuncenas, son campesinos expulsados de sus tierras por el chantaje que ejercen las empresas de los cultivos transgénicos, en particular la soja, y de la ganadería, en un accionar impune que incuba otro renglón de crecimiento, que es el del territorio nacional, pues la suma de los títulos de propiedad es superior a la superficie de 400 mil kilómetros cuadrados. El fraude, con la duplicidad de títulos o de títulos sin ningún valor legal, o la compra de notas para exámenes, también se registra desde hace años en la entrega de diplomas universitarios, constituyendo una de las causas del atraso cultural paraguayo.

Este país ha vivido desde la década del 40 del siglo pasado bajo regímenes tiránicos, siendo el más conocido, por el grado de represión y latrocinio, el que encabezó el General Alfredo Stroessner con su Partido Colorado y el Ejército, entre 1954 y 1989, pero con relación a sus compromisos financieros internacionales, sumando las dos décadas siguientes, ese tiempo de 60 años puede ser considerado positivo en comparación con el proceso actual de endeudamiento externo.

El gobierno golpista encabezado por Federico Franco, de junio 2012 a agosto 2013, inició la ruinosa venta de bonos del Estado que Cartes ha continuado en este último año, llevando al país por los mismos oscuros senderos que, en pocos años, han producido los conocidos estrangulamientos financieros y económicos suscriptos por los regímenes dictatoriales que asolaron el subcontinente americano desde la mitad de los años 60, sumando deudas espurias en complicidad con los organismos crediticios, tales el FMI, BM, el BID, todos obedientes de la Reserva Federal, así como el Banco Europeo, el Club de París y sus adláteres de la OMC y la OCDE.

Hasta hace poco, Paraguay aparecía al abrigo de los buitres, pero la conducción financiera de su actual gobierno, aplicando políticas de endeudamiento desenfrenado que recuerdan las de Martínez de Hoz y la de Domingo Cavallo, en Argentina entre 1976 y 2001, con el mismo pérfido argumento de que esos préstamos adquiridos en el extranjero serán destinados para el desarrollo de la infraestructura y los servicios sociales, permite mirar un futuro paraguayo tenebroso en el empañado espejo del país vecino, víctima de similares prácticas de venta de la soberanía, para enriquecer mafias políticas de adentro y de afuera.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.